Soy el pintor, frente al lienzo en blanco de mi propia vida

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Yo creo que soy responsable de las experiencias que vivo. Y que lo que pienso, imagino, sueño y deseo, son los materiales que van creando mi futuro.

Es por esto por lo que, como un pintor frente al lienzo en blanco de mi vida, voy dándole pinceladas a las condiciones dañinas del resentimiento, la crítica, la culpa y el desamor por mí mismo. Mi sufrimiento viene de la manera como pienso, sin embargo, como al fin y al cabo son pensamientos, los puedo cambiar, antes de que se conviertan en decretos.

Puedo liberarme del pasado dañino, desde el perdón estratégico; en primer lugar, hacia mí mismo; es decir, me perdono y me acepto y de esta manera, estoy dispuesto a aprender la lección que se encierra en cada acto negativo de mi vida.

El poder del ahora es maravilloso, el secreto está en ubicarme en el momento presente, para evitar la tentación de castigarme con el pasado o jugar a la ilusión del futuro que no existe.

Cada vez que descubro que estoy respondiendo de una manera autolimitante, sé que puedo reprogramar mis viejos conceptos, pues para la actualidad que vivo, no son funcionales.

Como la mente y el cuerpo trabajan en equipo, es decisiva la constante comunicación entre ambos para lograr la sinergia psíquica, obligatoria a la hora de reportar equilibrio emocional. Mi cuerpo finalmente termina siendo el depositario de la confusión, ansiedad, miedo y angustia generados por el pensamiento.

Entonces, algunos dolores de cabeza, de estómago, de espalda, y demás órganos blancos, registran información acerca del universo psíquico, que el cuerpo interpreta como físicos, pero que pertenecen al mundo emocional.

Como soy el resultado de mis experiencias y sistemas de creencias, puedo detectar aquellas que ya no sirven para mi propósito y las puedo abandonar, para crear unas más funcionales de acuerdo con la lectura juiciosa de mi autoactualización.

Al visualizar mi nuevo mapa de creencias, confirmo que está al servicio de mi permanente construcción como persona, y estoy más consciente de que mi mente y mi cuerpo trabajan en conjunto para mi supremo bien.

Acepto cada situación que me acontece como un regalo de la vida para mi aprendizaje, porque esas experiencias “difíciles” tiene una razón muy específica y entonces me doy el permiso de darme cuenta de lo que estoy haciendo, y cómo lo estoy haciendo y de quien soy, para garantizar la permanente evaluación de mi proceso vital.

En cada acontecimiento hay lecciones por aprender. Y sé que la situación en la que me encuentro hoy, se me ha dado para aprender de la mejor manera posible, sobre mi mismo y mi potencial.

Mi vida está llena de emociones maravillosas, debido a la incertidumbre de lo porvenir, y en cada momento descubro que no hay nada que temer, porque todo lo que viene para mí está diseñado para mi bien.

Por eso recuerdo a mi madre cuando me dice: “No hay mal que por bien no venga” dándome la alegría de la esperanza, que regala la fe, para estar dispuesto avanzar sin temor a lo desconocido, con absoluta confianza.

Yo creo que nada de lo que sucede es por casualidad o por azar; y que soy el pintor que va creando milagros en el lienzo de mi vida.

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