Mentiras piadosas.

coffee-1869820_960_720Yo creo que es muy importante dejar de mentirme.

A veces me descubro, justificando los comportamientos de otras personas, diciéndome mentiras piadosas, para no afectar la relación que tengo con estos seres queridos. Por lo tanto, termino patrocinando conductas que a todas luces me afectan.

Es común que, entre clases me siente a descansar, en los espacios abiertos que ofrece la universidad. Me tomo un cafecito, para tonificar mi alma, a pesar de la prohibición de mis médicos en relación con el consumo de esta bebida. Dejo que el tiempo se deslice, y entre sorbo y sorbo, voy pensando en la siguiente clase y en la manera y el método que voy a utilizar, para compartir con mis estudiantes de psicoterapia humanista existencial, el trabajo personal que representan estas inquietudes vitales, cuando me doy permiso de mirar para adentro.

Me acompaña un libro del terapeuta de turno, según el programa que he diseñado para el semestre, es decir de Carl Rogers, Gary Yontef, Fritz Perls, Abraham Maslow, Viktor Frankl, Rollo May, o Irving Yalom, para con su permanente lectura, iluminar el flujo de pensamientos que se atropellan, en la oscuridad, antes de salir a la luz, en el salón de clase.

Por un momento, cierro los ojos, respiro profundo y la primera idea que aparece seductora, para comenzar la charla, salta en medio de la maraña de ideas y sentimientos.

-Colegas, les digo: Una de las tareas más complejas, por lo dolorosa para el ego, es la de aprender a perder y desapegarse, en materia de afectividad-.

Porque el secreto del juego de la vida, en el sagrado arte de vivir, consiste en discriminar cuándo se justifica actuar y cuándo no. Porque el temor a equivocarme acecha en cada movimiento que realizo, en el enorme ajedrez de la existencia, especialmente en el trato y convivencia con los seres queridos.

Parece como si todo el tiempo estuviera buscando aprobación de ellos. Entonces me siento vulnerable, porque en medio del proceso de amar, pierdo el control de muchas situaciones cotidianas, por el miedo a perder la supuesta dependencia que yo mismo he creado, comprando, paz, tranquilidad y compañía, a muy alto precio.

Entonces como buen detective psíquico, comienzo a rastrear el origen de mis temores. Y los ubico en las expresiones parentales y escolares que me educaron para satisfacer las necesidades de los otros, más que las propias. Porque no era bueno ser egoísta, sino todo lo contrario, el mejor de los altruistas.

Así, aún hoy, me preocupa mucho el qué dirán los demás, y me confronto con la sensación de que no voy a merecer su aplauso, sino más bien su reproche y rechazo.

Luego comprendo y acepto que precisamente la rueda de la vida me enseña a trabajar en lo que considere cierto y valioso para mi crecimiento personal, independiente de la aprobación de los otros, porque no se trata de su vida, sino de la mía.

Comienzo por discriminar cuándo es necesario, por no decir obligatorio, decir mentiras piadosas para acariciar el ego de los demás, y cuando son innecesarias, porque terminan afectando mi propia integridad emocional.

Yo creo que, voy a cometer más sincericidios, para liberarme del lastre que representan las mentiras piadosas que agradan a los demás.

¿Te extraño?…o ¿dependo de ti?

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Yo creo que extrañar es sinónimo de depender. Y creo que aquello de lo que dependo, es en definitiva lo que me esclaviza. La mayor libertad, está en no necesitarte.

Quien dice: “necesito un cigarrillo o un trago”, es un esclavo, porque depende física y psíquicamente de dicho consumo; pues como la ansiedad es intolerable, siente que no puede vivir sin ello y sufre síndromes de abstinencia e infiernos similares; sin embargo, no extraña su presencia como tal, sino que el organismo pide a gritos que fume o beba licor, y es comprensible, porque depende de él para sentirse bien. Continuar leyendo

Acariciar con las palabras…

water-1988279_960_720Yo creo que las palabras matan, así como tienen el poder de dar vida…Mi propuesta es que aprendamos a acariciar con las palabras, no sólo las verbales, sino también, las gestuales y corporales.

Las palabras tienen un enorme poder. Tanto así que, con palabras terapéuticas es posible sanar a una persona, en tanto que con palabras agresivas, insultantes o mal intencionadas podemos lastimar, herir y sugestionar negativamente a los seres con quienes vivimos y/o trabajamos.

De otro lado, se ha comprobado el importante papel que juega la sugestión en nuestras propias vidas al lograr procesos de curación a partir de expresiones positivas expresadas por el propio enfermo, sus familiares o amigos más cercanos.

Las palabras y expresiones de un jefe pueden ser mortales para sus colaboradores si se expresan en momentos emotivos sin que medie la razón o el entendimiento.

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