Despierto, luego estoy vivo.

pexels-photo-3025562Yo creo que cada vez que despierto, agradezco estar vivo y al mismo tiempo le dejo todo al misterio de la incertidumbre, pues desconozco qué me trae cada amanecer.

Hoy cumplo una semana de haber comenzado la radioterapia.

El primer día estuvo rodeado de mucho temor en virtud de las preguntas del novato.

Todo es nuevo y desconocido. La ubicación de la clínica, el parqueadero, los pasillos para llegar al instituto de cancerología, la unidad de radiología, los enfermeros y asistentes, la sala de espera y principalmente los pacientes.

Antes de sentarme, doy un vistazo curioso a mi alrededor. El horizonte es variopinto. Pacientes de todo tipo y sus acompañantes… todos ellos con una historia impresionante y sobre todo con el motivo de consulta y tratamiento visibles.

Honestamente lo confieso, el panorama es dantesco. Digno de una película de zombis o por qué no, el mejor lugar de inspiración para los expertos en efectos especiales y maquillaje.

Los vestigios de lo que fue un tumor, o la presencia innegable del mismo, campean mostrando el poder del cáncer.

El sitio no es agradable y el silencio hace que la espera sea infinita. Afortunadamente me acompaña mi esposa y aprovechamos para continuar una conversación doméstica, mientras espero que la voz amplificada de la auxiliar de enfermería diga mi nombre.

Finalmente lo escucho y me lleno de valor para enfrentar lo desconocido. Al mismo tiempo llaman a otro paciente. Vamos caminando rápido por un corredor eterno similar al de los laberintos de los aeropuertos rumbo a la taquilla de inmigración.

Uno de los técnicos en radiología me dice que espere en un pequeño cubículo y me alcanza unas prendas quirúrgicas desechables.

El miedo, me vuelve solidario y busco conversación. El otro paciente responde a mi llamado de auxilio y comenzamos un diálogo frente a la misma pregunta. – ¿y a usted porque le van a hacer radioterapia? -Tengo un tumor en el cuello que no han querido operar y esperan que disminuya de tamaño para poderlo intervenir, me responde-.

pexels-photo-556666Al escucharlo, me sentí despierto por lo tanto vivo. Pues con el otro paciente descubrí que en mi caso estoy mejor, luego del combate que he sostenido. Mis heridas de guerra son menores en comparación con el cuadro que dejé en la sala de espera.

Estoy agradecido con la vida y sus circunstancias. Todo a conspirado a mi favor, pero sé que tiene un precio. Nada es gratuito o al azar porque en el fondo tiene un propósito y es lo que debo descubrir para ser consecuente con el Universo.

Confío en que esto que está pasando, pasará, porque es bueno que pase…pues al fin y al cabo pasará. “…Porque todo pasa y nada queda, porque lo nuestro es pasar…”, como decía el poeta Antonio Machado.

Mientras vivo la experiencia de la radioterapia, en estos primeros días, sin dolor y sin molestia, espero con paciencia lo que está por venir, con la única certeza de que lo que estoy viviendo tiene mucho de enseñanza para mí.

El silencio facilita la iluminación.

pexels-photo-884788Yo creo que, los momentos que más disfruto por estos días, son los que vivo en las madrugadas.

Mi reloj biológico, ha experimentado cambios significativos y precisamente a las cuatro de la mañana, me lanza de los brazos de Morfeo, hacia los placeres de la meditación contemplativa en medio del frio que amortiguo con la ayuda de un saco felposo y de una deliciosa bebida caliente.

A esa hora el silencio es majestuoso, antes de que se despierte el mundo. Entonces aprovecho para silenciarme también. Y descubro que cuando facilito este mutismo, aparece la iluminación. Y esto sucede cada vez que logro disminuir el parloteo mental, para darle paso a la paz que transforma la ansiedad en serenidad infinita.

El contacto con el ahora, hace más intenso el sentimiento de estar vivo en este momento.

Entonces me pregunto: - ¿Cómo puedo sacarles partido a estos instantes para hacer de mi existencia, algo valioso? -.

Debido a que para mí es claro que, si no logro conectarme con el momento presente, me pierdo de la magia de vivir con la clarividencia que otorga el para qué.

Observo y escucho lo que hay fuera de mí, y por un momento me confunde la idea de que todo aquello sea una proyección de mis esperanzas y temores.

De paso, agradezco la existencia de cada una de las personas con las que me he encontrado y me encontraré en el camino; pues han sido y serán mis maestros y espero que estos encuentros hayan sido significativos también para ellos.

Reconozco entonces que ningún encuentro ha ocurrido, ni ocurrirá al azar y tienen su propósito, si me permito aprender de dicho intercambio sincrónico.

Nuevamente tomo conciencia de la quietud característica de esta hora de la madrugada, respiro profundo y agradezco a la vida.

Lentamente las primeras luces de la mañana vienen acompañadas del canto de muchos pájaros que entonan alegres himnos a la vida. Más allá, el sonido de la civilización y en mi atalaya, recibo los rayos de luz que me obligan a salir del refugio mental, para comenzar un nuevo día.

pexels-photo-2730217En el sagrado arte de vivir … el secreto está en no aferrarse al pasado con miedo, sino más bien en soltarse a la aventura de lo que está por venir, con la certeza de que todo lo que venga será para bien y para un aprendizaje superior, sin resentimiento, sin culpa, y sobre todo sin tristeza.

Por todo esto, es mi propósito, ser y estar consciente, desde el desapego, siguiendo la idea del maestro Shunryu Suzuki, pues afirmaba: “cuando haces algo, debes quemarte por completo como una buena hoguera, sin dejar rastro de ti”.

Yo creo que cada mañana renazco. Por lo tanto, tengo el día de hoy para vivir intensamente, con plena conciencia, conectado con el presente, para de esta manera ir construyendo futuro.

La quimio.

pexels-photo-4625626Yo creo que lo más importante en este momento de mi vida es conectarme con el ahora; sobre todo porque vivo tan inconscientemente que sólo cuando se presenta una situación límite comienzo a darme cuenta y a hacerme cargo.

Como preparación psicológica y moral para la quimio, le pedí al peluquero de la casa que procediera a pasar la cuchilla para irme acostumbrando a mi nuevo aspecto. Las barbas que me acompañaron en este último periodo fueron cayendo al suelo en compañía del abundante pelo de la cabeza.

Con mi nueva imagen, a las siete de la mañana, me dirigí asustado a la sala de oncología de la clínica, donde todo estaba preparado de manera milimétrica para mi llegada. Tenía asignado un espacio con mi nombre, una silla cómoda y una enorme cantidad de bolsas con diferentes líquidos que iban a pasar por mi sangre gracias a un catéter preinstalado en la vena basílica.

-Don Juan, usted va a estar hoy aquí todo el día, ¿trajo almuerzo y algo con que entretenerse? – dijo con cariño y amabilidad sincera la enfermera.

Primero me tomaron los signos vitales, me pesaron e hicieron las preguntas de rigor en torno a cómo me sentía, por si tenía algún dolor.

Luego comenzó la preparación del cuerpo, con sueros que acondicionaban el estómago para evitar las náuseas y el vómito. Y casi al medio día, las primeras cargas de la quimioterapia.

Mas tarde me visito el médico, y me explicó todos los cuidados que debía tener por la inmunosupresión.

Miré a mi alrededor y vi otros combatientes, de diversas clases y actitudes. Los vencedores y los vencidos. Los derrotados y los valientes con ganas de vivir. Decidí unirme al clan de los ganadores.

De pronto apareció un violinista que rompió la tensión del momento. Tocó melodías dulces y románticas, pero debo reconocer que las cuerdas me suenan tristes y nostálgicas. Hubiera preferido una papayera estridente que despertara del letargo a todos en aquella sala.

La jornada se hizo larga…pero logré pasarla alegre y optimista. Trabajé, soñé, dormí y medité.

En este momento, estoy en reposo, esperando la nueva sesión de quimioterapia, con la certeza de que el éxito de este tratamiento está en mi actitud y en la manera optimista, como aquí y ahora construya futuro.

Yo creo que cada cosa que sucede trae muchos aprendizajes si estoy dispuesto a recibirlos con agradecimiento.

Viviendo…día a día.

pexels-photo-4921275Yo creo que Eckharth Tolle tiene razón cuando dice que: -” la libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres el “pensador”.

En el momento en que empiezas o observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia mas allá del pensamiento, y de que el pensamiento solo es una pequeña parte de esa inteligencia.

También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna, surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar”-.

Desde el lunes estoy viviendo día a día, porque comencé un proceso de centrarme en el ahora.

Cuando despierto en la mañana , doy gracias por un nuevo día para vivir. Me dirijo a la cocina y el olor del café recién hecho, me da un nuevo ánimo y me recuerda que estoy vivo.

Preparo el desayuno, dejando que los aromas penetren y evoquen tantos momentos maravillosos.

El olfato tiene una memoria tan poderosa, que permite que recuerde de manera vívida, aquí y ahora, instantes de mi vida pasada que viajan con la velocidad de la luz, gracias al olor del pan tostado y el crujir del cuchillo esparciendo la mantequilla, mientras degusto cada bocado.

El momento del baño, es majestuoso. Todavía puedo moverme con elasticidad y coordinación.

pexels-photo-66346Cada giro de la mano, mientras paso el jabón, lo hago de manera consciente dando gracias por la coherencia de los movimientos. El agua cae deliciosa y me refresca. Me siento limpio y listo para el día.

Vestirme todavía es posible. La autonomía, hace parte de la libertad y la no dependencia. Elijo la ropa que voy a usar y luego la luzco con la felicidad de un niño que sabe que está estrenando indumentaria.

Me dirijo a mi sitio de trabajo y aún puedo laborar en lo que más me gusta hacer. Al menos esta semana mi garganta respondió a las órdenes que mandó mi cerebro y pudo ser audible y sobre todo entendible para mis interlocutores. Regresé feliz a casa, con la satisfacción del deber cumplido.

Mi cansancio fue compensado con una exquisita cama limpia, almohadas cómodas y la música que más me gusta para relajarme y entrar en sueño profundo.

Y a mi lado una pareja amorosa, que en medio de apapaches y expresiones de afecto profundo, me preguntaba por mi día y por la tarea realizada, al menos por hoy.

Estoy viviendo el día. No estoy pensando en mañana ni mucho menos en el pasado.

Estoy confiado en que todo lo que pasa tiene que pasar y es bueno que pase, pues al fin y al cabo pasará.

Yo creo que he decidido no ser el pensador, sino más bien quien observa.

Para dejar pasar y confiar en un nivel de conciencia superior. Pues al fin y al cabo no soy dueño de mi destino, sino un espectador del viaje… mientras dura.

Agradecer, es lo más importante.

robin-european-robin-erithacus-rubecula-red-46166Yo creo que hoy es el día preciso para agradecer.

Esta mañana, muy temprano me despertaron los sonidos maravillosos de la naturaleza. Cada amanecer, en una increíble precisión por su programa, los cantos de muchos pájaros colmaron con armonías diversas los espacios del cielo, para recordarme que tengo otro día para vivir, otro día para trabajar en lo que amo y otro día para hacer lo que me place hacer.

Sin embargo, si me acostumbro o me descuido, cada día que pasa, lo podría considerar como rutinario y a veces hasta eterno, como algo dado, que es obligatorio y que sucede sin cambio. Pero hoy se me antoja pensar que podría ser el último día que tengo para trabajar, aprender, disfrutar, para sufrir, para llorar, para amar y perdonar.

Vivo como si fuera a persistir en el tiempo, pero pocas veces me pregunto – ¿y si hoy fuera mi último día?-.

Entonces busco múltiples opciones en la razón, que me responde con argumentos prefabricados. Pero luego me dirijo al corazón que tiene para mí respuestas salidas del sentimiento y la emoción.

Me dice que, si hoy fuera mi último día, lo dedicara aquello que tengo pendiente desde el amor y el perdón con mis seres queridos más cercanos.

Y posiblemente me invitaría a darles las gracias por tantos aprendizajes compartidos y tantas experiencias ricas en emociones, perdones, reconciliaciones, abandonos y encuentros para de esta forma aquilatar el valor de esas personas tan importantes que han pasado por mi vida.

Encuentro que todo lo que he vivido ha sido necesario para el crecimiento y aprendizaje de mi alma.

Y además porque si la vida me regala otro tramo de existencia, lo debo aprovechar intensamente porque el tiempo es poco para todo lo que tengo por hacer.

Hoy agradezco también, a mis sufrimientos, tristezas, angustias y decepciones.

Agradezco los momentos de dolor profundo que me causaron muchas personas y pido perdón para todos aquellos a los que pude haber hecho daño sin pretenderlo y para aquellos a quienes lastimé desde mi inconciencia.

Hoy es un día maravilloso para decirle gracias al Universo por haberme elegido para cumplir tareas muy específicas en las vidas de las personas con las que he tenido y tendré contacto.

Y sobre todo un día especial para perdonarme por no haber hecho lo suficiente hasta el momento, para cumplir la misión encomendada.

Esta mañana, en medio del festejo de la naturaleza, sentí una profunda necesidad de decirle gracias a la vida al recordar este famoso y bello poema En Paz, de Amado Nervo, que dice: Continuar leyendo

¿Existen antídotos contra la tristeza?

pexels-photo-2535859Yo creo que la mejor recomendación para lidiar con la tristeza, es precisamente reconocerla y aceptarla; es decir…reconocer que estoy triste y que me puedo dar el permiso de estarlo, para luego de atravesar por este período, salir avante y pasar al otro lado del abismo.

En la cultura de donde provengo, llorar no es permitido para un hombre. Se niega esta posibilidad con el argumento de que la hombría se demuestra a partir de la dureza de los sentimientos. La inexpresividad es premiada como un acto heroico, y el llanto, las quejas y los lamentos son castigados o censurados porque indican debilidad que puede aprovechar el enemigo.

Toda esta paranoia te convierte lentamente en un super vigilante de ti mismo y de los demás. Y cualquier manifestación sospechosa de afecto, alerta los mecanismos de defensa, entonces las murallas para proteger el sentimiento se yerguen poderosas para evitar que sucumbas y que las lágrimas derritan al débil corazón sentimental.

Yo creo que llorar es necesario, por no decir obligatorio, para sentir precisamente la propia humanidad. Y que no se trata de crear trincheras, diques y fortines para ocultar los verdaderos sentimientos, sino de reconocer que, en medio de la debilidad, las verdaderas fortalezas del alma y del espíritu se manifiestan triunfantes.

Yo creo que más bien se trata de aceptar la tristeza como una compañera ocasional, cuando de pérdidas, rechazos, abandonos e ilusiones rotas se trata.

De otro lado está la alegría, como respuesta contraria. Como un bálsamo que limpia la herida y cicatriza poderosamente aquel vacío que dejó lo que consideraba propio, perteneciente y que reporto como una ausencia.

El tiempo para el duelo es importante, porque es un tiempo para mí. Es un regalo que me permito…para estar en contacto con mi mismidad y para lograr en medio del dolor agudo, el llanto, la melancolía y la tristeza más honda, el desahogo, la tranquilidad, la paz y la serenidad necesaria para continuar el camino, a pesar de la herida profunda que poco a poco va sanando, porque es lo normal, claro, si yo lo facilito y lo tramito.

Por todo esto es por lo que estoy de acuerdo con Buda cuando dice: – “El dolor existe, lo que no debe existir…el sufrimiento…porque el sufrimiento surge cuando me resisto al dolor”-.

Entonces en medio de una pérdida significativa, también acepto que puedo despedir con amor, y agradecimiento lo que pude vivir en su compañía y todo el aprendizaje alcanzado, mientras estuvo presente.

Gracias a esta pandemia, he comprendido aún más, el valor de la vida y la inexorabilidad de la muerte; porque en cada momento, cuando converso con las personas que han perdido seres queridos durante este tiempo, me doy cuenta de lo importante de darse permiso de llorar y estar triste… para luego levantarse en medio de la alegría que regala la resignación y el entendimiento de la ley de la vida, para elaborar un nuevo proyecto de vida…sin lo perdido.

Por eso sé que debo vivir…mientras tenga vida y amar y agradecer mientras llega la hora de partir.

Todo resulta como tiene que resultar o la magia de la sincronicidad.

pexels-photo-3844581Yo creo que en medio de la adversidad…siempre aparece una puerta que se abre, una mano que se tiende, una ventana que permite ver la luz al otro lado de la oscuridad.

En la semana anterior, me encontraba ocupado con algunos chequeos médicos para comenzar el año. He vuelto una costumbre que, en el mes de enero, vaya al médico internista para que con su ayuda y conocimiento me ordene exámenes de rutina para conocer con más detalle cómo voy de salud.

Luego de terminado el chequeo preliminar, aproveché para consultarle sobre una protuberancia que me sentía en el cuello al lado izquierdo muy cerca de donde comienza la oreja. La expresión del galeno, lo dijo todo. -Esto no me gusta, exclamó y te voy a mandar una ecografía de cuello-.

El mismo día de la ecografía aproveché para programar otros exámenes, entre ellos la endoscopia.

Primero pasé por la mirada escrutadora de la radióloga quien de manera inmediata me alertó sobre el peligro que veía en las imágenes de su ecógrafo. -Debe mostrarle esto ya mismo a su internista, dijo, pues creo que debe hacerse una biopsia-.

Confieso que salí asustado, pero tenía el otro examen en los próximos quince minutos. Para mi sorpresa la anestesióloga, con un lenguaje más científico que humano, me explicó que, para el procedimiento de la endoscopia, necesitaba una anestesia especial y que me podría complicar durante la misma, por lo tanto, recomendaba ir a un centro hospitalario de nivel superior para estar seguro de ser atendido si se presentaba una emergencia. Pensé -esto está sucediendo por algo-.

De manera simultánea, recibí la llamada del médico internista que, conocedor del resultado de la ecografía, aunque sereno, le alcanzaba a percibir su preocupación. Debe dirigirse inmediatamente a la clínica, afirmó, porque usted debe entrar por urgencias ya que hay que operarlo, de ser posible hoy mismo.

En ese momento comprendí que nada en mi vida se daba gracias al azar y que todo lo que estaba sucediendo hacia parte de una cadena de acontecimientos predestinados, con absoluto sentido y orden lógico.

Cómo los centros de urgencias de la ciudad estaban colapsados por el tema del covid-19, no sabía a donde ir. Entonces el médico sugirió uno de ellos y me indicó que allí preguntara por una doctora en particular. Al llegar, ella ya estaba enterada de todos los pormenores de mi situación y en menos de dos horas, me encontraba instalado en una habitación de la clínica, esperando la visita del cirujano, especialista en cabeza y cuello.

Cuando llegó, luego de mirarme y hacer algunas preguntas claves, de forma cálida, afectuosa y serena, y con una expresión de quien tiene el conocimiento afirmó que estaba comprometida la parótida que está localizada en el ángulo de la mandíbula en la parte delantera y bajo la oreja.

Por mis estudios de neuroanatomía y fisiología de la cabeza, como una materia obligatoria en la formación como psicólogo, sabía que esta glándula es la mayor responsable de producir gran parte de la saliva del cuerpo. Es la glándula más grande y compleja del conjunto glandular, y contiene los ganglios linfáticos parotídeos. Y para acabar de completar el cuadro, el nervio facial y la arteria carótida la atraviesan, y en ella nace la yugular. Entonces ya sabía que venía para mí.

Finalmente, el experto dijo: -en su caso es obligatorio operar y allí mismo en el quirófano, voy a pedir un estudio con ayuda del patólogo-.

En fin, en menos de una semana sucedieron eventos en cadena, tocados, siento yo, por una fuerza superior, pues lo “milagroso” de cada suceso sólo podría explicarse de esta manera, si entiendo la sincronicidad de la que habla Jung, cuando se presentan dichos eventos: como una ciudad en toque de queda, urgencias colapsadas, camas y ucis al tope, cirujanos en vacaciones, y el fantasma del virus navegando de modo omnipresente y yo superando cada obstáculo de manera expedita, porque tuve al cirujano conocedor del tema, el mejor anestesiólogo especialista en cirugía cardiovascular y un equipo de auxiliares completamente entrenados para este caso.

En el momento que escribo estas líneas estoy convaleciente, animado, con un dolor controlado con desinflamatorios y analgésicos, con un dren y con el apoyo de antibióticos poderosos y en casa, para evitar complicaciones nosocomiales.

Con la firme creencia de que cada cosa que sucede tiene que suceder y si sucede es para aprender de mí mismo y de la vida, tengo la esperanza de que si estoy vivo…y tengo esta segunda oportunidad, es para aprovecharla desde el agradecimiento, y la corrección de lo pasado hacia el futuro.

Yo creo que todo resulta como tiene que resultar, porque de alguna manera está diseñado para el proceso de aprendizaje, dentro del sagrado arte de vivir.

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