Un alto en el camino

Yo creo que de vez en cuando es necesario hacer un alto en el camino para descansar y si es posible, también para meditar.

Sin embargo, en tiempo de vacaciones sacamos pocos momentos para la reflexión y el análisis; pues nos dedicamos a las actividades frenéticas y comerciales de comprar regalos y elementos para las fiestas de fin de año. O nos sumergimos en el mundo placentero y corporal de la alimentación lipídica, aumentando así los niveles de colesterol con el firme propósito, pero culposo, de retornarlos a sus medidas normales; además de ingerir bebidas embriagantes, de manera obsesiva, como si se sospechara que los manantiales de alcohol se fueran a agotar en corto tiempo; dejando de lado la importancia de hallar en las vacaciones, un descanso para el cuerpo y una maravillosa oportunidad para encontrarse consigo mismo.

Entonces para  muchos, este “tiempo de descanso”, se convierte en una maratón física y emocional, obteniendo como resultado un cansancio mayor y la solicitud expresa del cuerpo, de unas vacaciones urgentes, para descansar de las mismas vacaciones.

De otro lado, la vacancia y el tiempo libre, también deben planearse, más aún cuando se realizan en familia, dado que es importante darles gusto a todos y cada uno de los miembros de la misma, debido a que por sus diferentes edades, tienen expectativas distintas.

Así planteado, el objetivo del descanso de las actividades académicas y laborales se ve alterado por la avalancha de ruido, merced a las detonaciones y a la música característica y los abusos de quienes pasados de licor, pretenden que los demás soporten sus eufóricas manifestaciones etílicas, ofendidos porque no les seguimos el ritmo.

Yo creo que festejar es importante y que agradecer por un año de trabajos y alegrías, consecuencia de los logros cumplidos, es bueno… pero es importante reconocer, que también como todo, tiene un límite.

Es fundamental, darle tiempo y espacio a la reflexión, a la calma y a la meditación para hacer un alto en el camino y evaluar de una manera juiciosa, a guisa de balance, qué se logró durante el año y qué correctivos son necesarios, para el que comienza.

Los excesos en gastos de tipo económico y los abusos en materia de alimentos y bebidas, pueden ser manejados y controlados, para realmente darle un descanso al bolsillo, que grandes compromisos tiene, a partir de enero.

O será que toda esta parafernalia navideña, es una máscara desesperada, que busca anestesiar nuestros dolores y sufrimientos; procurando por unos días en medio de bailes, piscinas, fincas y asados, inducir una amnesia, para hacernos creer en paraísos ficticios.

Decía Cicerón: “…ni aún deseándolo o ansiándolo se nos ha dado el poder de gozar de tiempo libre…” y siguiendo su pensamiento, yo creo que tenemos problemas en la administración no sólo del tiempo, sino del dinero.

Que entonces, en estas vacaciones por un momento, hagamos un alto en el camino, para reflexionar, hacer la pausa y encontrarle sentido al descanso.

Noche oscura

Yo creo que en las noches más oscuras de nuestras vidas… más brilla la luz de la esperanza; entonces el secreto está en ver la luz y no la noche. Así, en esos momentos difíciles y complicados que nos presenta la existencia, el desespero y la ansiedad, son tan grandes, que impiden que veamos la otra cara de la moneda.

Yo creo firmemente que nada de lo que nos sucede es al azar. En el fondo tiene un mensaje profundo y transformador. Y que en virtud del aprendizaje mismo, como preparación para el cambio, es nuestro deber y obligación descifrar el código oculto que contiene.

En un principio sentimos que la vida se nos viene encima. Entonces todos nuestros mecanismos de defensa se activan y hasta el organismo se transforma, creyendo morir. Se cierran las puertas del mundo y nos abandona el último aliento vital. Sin embargo, es cuando más necesitamos que reviva el guerrero interior. Que saque las fuerzas de su sentido común y que por obra y arte de la esperanza, logre ver la luz del amanecer, donde todo se transforma.

Aprendemos que “aquel perro que nos muerde” es un maestro. Y que con su ataque nos está enseñando la corrección de la defensa. Nos muestra el sendero de la luz para reflexionar y hacer un alto en el camino.

En mis clases universitarias le repito a mis alumnos con frecuencia: -Es importante levantarle un altar a la equivocación-; pues gracias a ella, nos damos cuenta y podemos hacer ajustes en la marcha. ¡Qué bueno equivocarse…para aprender!

Es cierto que hay errores costosos, pero toda ganancia requiere una inversión…y algunos pasamos la vida aprendiendo, corrigiendo, replanteando estrategias. Entonces formulamos preguntas difíciles, para estar a la altura de la respuesta.

Todos hemos tenido o tenderemos noches oscuras… y es importante recordar, que la calidad del ser humano se mide en la manera como enfrenta las dificultades. Ahí es donde se conoce al verdadero hombre o mujer… en la manera como busca la luz en medio de la oscuridad o en su paciencia para confiar en la llegada del amanecer.

Los viejos tenían razón cuando sostenían: “Después de la tempestad…viene la calma” y yo creo que el bambú se dobla pero no se parte, para permitir el paso del vendaval.