El profe

trekking-299000_960_720

Yo creo que las primeras experiencias infantiles, se convierten en arquitectos que diseñan nuestro futuro, sobre todo a nivel vocacional.

Mi madre, quien me motivó a leer libros de psicología y filosofía, también me enseñó a ver cine cuando estaba niño y adolescente. Fueron muchas las películas que vimos, desde dibujos animados, aventuras, suspenso, ciencia ficción y más adelante, aquellas de profundo contenido psicológico, pues éramos asiduos asistentes a las salas del cine Libia, cerca al parque de Bolívar en Medellín, y a la del Subterráneo, donde se proyectaban las películas “para pensar”. Continuar leyendo

El éxito está en el método.

girl-1641215_960_720Yo creo que, el secreto del éxito está en el método.
Precisamente ahora que se cumple un año de la muerte de mi padre, recuerdo muchas de sus enseñanzas, que más que discursos, eran lecciones de vida, en vivo y en directo, pues una situación cotidiana, podía convertirse en la mejor oportunidad para enseñar algo, si él, así veía la oportunidad.
En cierta ocasión, nos encontrábamos en la mesa del comedor, trabajando en un televisor que necesitaba reparación. Es importante anotar que mi padre era abogado, participaba en política y dada su inteligencia verbal, era un contertulio agradable y entretenido, y combinaba su oficio de jurisconsulto, con la de técnico en electrónica, talento que desarrolló con ayuda de un curso por correspondencia, que llegaba directamente de los Estados Unidos de América y que disfrutaba ampliamente como una terapia ocupacional.
Para mí, era un momento maravilloso en mi niñez, acompañarlo y observar cómo, con la paciencia de un filigranista, iba soldando resistencias y condensadores mientras explicaba con deleite, el secreto de los colores de esos minúsculos elementos, imprescindibles en el buen funcionamiento del receptor de televisión.
Con frecuencia me ofrecía a ayudarlo, y él conocedor de mi temeraria disposición, me permitía colaborar con aquello que no fuera a afectar mi integridad física, ni mucho menos, el éxito de la reparación en curso.
Esa tarde de domingo, ocurrió algo maravilloso… me pidió que destapara el televisor que se encontraba en la “mesa de operaciones”. Para mi sorpresa, los elementos que sujetaban la cubierta trasera tenían cabezas con novedosas formas. Me pasó un par de destornilladores que definitivamente no coincidían con las caprichosas figuras de los tornillos y por supuesto, entré en angustia al no poder hacer la tarea, pues intenté varias veces moverlos sin éxito. Él me miraba con amorosa e infinita curiosidad, esperando mi reacción y la posible solución al impasse.
Pasado un tiempo, y dada la impotencia en la que me encontraba, me preguntó: -hijo, ¿qué vas a hacer? -… y luego de un incómodo silencio le sugerí que no teníamos más alternativa que forzarlos.
Con la sonrisa de quien tiene la solución…y sabiendo de su as en la manga, sacó una caja con curiosas herramientas, que nunca había visto antes y que, por la variada cantidad de formas, tamaños y diseños, se acomodaban a cualquier necesidad, incluso para llegar a los lugares más difíciles dentro del televisor, que “estábamos” reparando.
Ese día comprendí dos cosas: que el buen maestro permite la participación del alumno en el proceso creativo de aprender, gracias al descubrimiento y la construcción de sentido, y debido a la invitación para lograr deducciones, inducciones y abducciones en el proceso.
Y segundo: que el éxito del maestro se fundamenta en su método de trabajo, lleno de recursos, creatividades, paciencia, amor y claridad en el objetivo, para contagiar a sus alumnos el deseo de aprender, investigar y más adelante… enseñar.
Yo creo que le debo mucho a mi padre, por el método que utilizó conmigo, para avivar el maestro que hoy vive en mí.

Educando

Yo creo que educar es el acto más sublime y comprometedor que una persona puede cometer. Y es la más noble de las tareas, porque sus frutos se observan al atardecer de nuestras vidas, como consecuencia  del proyecto vital;  entonces se muere tranquilo, con la sensación de haber cumplido la tarea.

Yo creo que cada amanecer tiene sentido, cuando voy al salón de clase a cumplir el sagrado deber.  Así mi corazón palpita por la incertidumbre que genera, el no saber con qué alma me voy a topar. Pues cada encuentro pedagógico con el otro, me hace tomar conciencia del compromiso que transforma mi vida y la suya.

Yo creo que ser maestro, más que un regalo, es una deuda con la vida. Gracias a que el encargo proviene del Universo y esa elección se paga, porque nada es gratis y entonces me hace responsable de cumplir la misión. Estoy seguro que al finalizar de mis días, me van pedir cuentas del encargo y sobre todo de mis conductas magistrales.

Yo creo que ser maestro tiene el compromiso ineludible de ser testimonio de vida… lo que implica revisarme. Y de esta forma, cuando me voy construyendo, también voy ayudando a la construcción de otros.

Hoy quiero rendirles un sentido homenaje a mis maestros, de quienes copié sus aciertos y me permití la posibilidad de corregir sus errores, para perfeccionar el oficio. Y espero que mis alumnos me superen y perdonen mis arrebatos de ego, porque en el fondo lo único que quiero es dejarles lo que he cosechado en todos estos años y ahora, más que nunca, necesito repartir.

Yo creo que ser maestro, es ser inmortal en el recuerdo de mis educandos.

Post data:

Este poema de Gabriel Celaya, me llega al alma cada vez que lo leo y reverdece mi corazón de profe.

Educar

Educar es lo mismo que poner un motor a una barca,

Hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha.

Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma, un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras, hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestro propio barco, en barcos nuevos, seguirá nuestra bandera enarbolada.