Acariciar con las palabras…

water-1988279_960_720Yo creo que las palabras matan, así como tienen el poder de dar vida…Mi propuesta es que aprendamos a acariciar con las palabras, no sólo las verbales, sino también, las gestuales y corporales.

Las palabras tienen un enorme poder. Tanto así que, con palabras terapéuticas es posible sanar a una persona, en tanto que con palabras agresivas, insultantes o mal intencionadas podemos lastimar, herir y sugestionar negativamente a los seres con quienes vivimos y/o trabajamos.

De otro lado, se ha comprobado el importante papel que juega la sugestión en nuestras propias vidas al lograr procesos de curación a partir de expresiones positivas expresadas por el propio enfermo, sus familiares o amigos más cercanos.

Las palabras y expresiones de un jefe pueden ser mortales para sus colaboradores si se expresan en momentos emotivos sin que medie la razón o el entendimiento.

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Padre no es quien engendra un hijo…

Yo creo que padre no es quien engendra un hijo.

Desde la psicología, padre es aquel hombre quien, alimenta, educa, acompaña, brinda afecto, protección, ejemplo, a un niño o una niña. Esto significa que el abuelo, el tío, el hermano mayor, el novio de la mamá etc, se convierte en un modelo significativo para el niño y por lo tanto adquiere la función de padre.

Ser padre es una función, un proceso y un aprendizaje; por lo tanto, el hecho de aportar la semilla, no nos convierte automáticamente en padres. Se necesita algo más, que depende de nuestra vocación de servicio, que por supuesto nace del amor incondicional. Difícil palabra para quienes, su egoísmo, les impide entregarse concientemente, a esta tarea tan importante.

Los padres perdemos mucho tiempo ganando dinero.  Propongo entonces, que al menos un día a la semana, en nuestra agenda, separemos un buen rato para la junta más importante de nuestras vidas: encontrarnos con nuestros hijos, para verlos crecer, madurar y volar.

La belleza y el atractivo sexual de la mujer a lo largo de la historia del cine

Yo creo que la belleza y el atractivo sexual de la mujer no sólo están en su espíritu, que se refleja en su propio cuerpo, sino en la mente de cada perceptor.

Por muchos siglos y dependiendo de la época, la belleza va cambiando según las condiciones de la cultura y las necesidades psicológicas y eróticas del momento.  Sin embargo, la preocupación por la belleza al convertirse en un negocio, hace que perdamos las dimensiones de la dignidad y el respeto por el mismo cuerpo de la mujer, al “cosificarlo”.   Ahora es una cosa que se vende, comercia, negocia. 

Es el momento de hacer un alto en el camino para volver a la normalidad de los cuerpos normales; con desfiles de moda normales, propagandas y avisos publicitarios normales, para gente comun y corriente.

Invito a que hagamos una campaña entre todos los hombres del mundo, para que descubramos el tesoro al interior de la mujer… para darle su papel protagónico, en vez de quedarnos en exteriores pasajeros y de fachada.

Definitivamente me gusta la mujer inteligente, que cuando hace el amor, lo vive desde el corazón, sintiendo con su alma, a pesar de tener sus senos mutilados por un cáncer por ejemplo.  En estos casos una cirugía reconstructiva tiene mis aplausos.

O en el evento de sufrir lesiones en la cara o en el cuerpo que desfiguran, nuevamente la plástica hace arte en sus cuerpos.

Me cuestiona, cuando obsesionados por la perfección, exageramos la nota buscando la respuesta en el bisturí.

Por más diestro que sea un cirujano, debo reconocer que la verdadera belleza de la mujer está en su alma.

Las ayudas cosméticas son muy importantes y sostienen la autoestima, pero vacías si no hay corazón. 

El amor tiene poder…

El amor transforma y puede lograr muchos objetivos.  Sin embargo a veces confundimos el amor y en nombre de él cometemos errores y hacemos tanto daño que no alcanzamos a dimensionar las proporciones de sus efectos.

Por ejemplo: el amor de una madre por su hijo en algunos casos, puede ser tan exagerado, que lo protege tanto, que no permite que el niño se desarrolle por sí mismo y hace de este un ser incapaz de enfrentar el mundo,  gracias al amparo de su todopoderosa mami.

El amor obsesivo de una pareja enferma, que desde la celotipia cierra todas las posibilidades de libertad y libre desarrollo de la persona, olvidando que el verdadero amor es el que precisamente permite la libertad del otro, para ser.

El amor erótico que solo ve el placer momentáneo de lo físico y olvida el valor permanente de la amigabilidad, dejando en un segundo lugar, los ricos placeres del diálogo constructivo de la amistad de las parejas.

Es decir, creo en el poder del amor que transforma cuando facilita que el otro sea; también creo que el amor destruye cuando no permite la expresión espontánea de sentimientos, pensamientos y acciones de mi semejante.

La esperanza existe…

Yo creo que la esperanza existe, si cada quien permite que exista. Y creo que la esperanza muere cuando no la alimentamos a diario.

Desde muy pequeño aprendí que la esperanza es lo último que se pierde y que es una aliada de la fe.  Compañera inseparable de todo ser humano proyectado hacia el futuro y amiguita íntima del más mal estudiante antes de enfrentar un examen académico de rutina.

La esperanza está presente en el paciente hospitalario y por supuesto en el secuestrado y en el prisionero y en el ciudadano del común cuando sale a la calle a ganarse la vida.

Y está presente en el enamorado perdido que sueña que su sueño ahora es realidad.

Yo creo que la esperanza existe cuando cada vez que me levanto, deseo para todos mis hermanos mundiales paz y prosperidad desde el amor.

Yo creo que la esperanza existe porque tengo la certeza de que siempre hay un amanecer.