Noche oscura

Yo creo que en las noches más oscuras de nuestras vidas… más brilla la luz de la esperanza; entonces el secreto está en ver la luz y no la noche. Así, en esos momentos difíciles y complicados que nos presenta la existencia, el desespero y la ansiedad, son tan grandes, que impiden que veamos la otra cara de la moneda.

Yo creo firmemente que nada de lo que nos sucede es al azar. En el fondo tiene un mensaje profundo y transformador. Y que en virtud del aprendizaje mismo, como preparación para el cambio, es nuestro deber y obligación descifrar el código oculto que contiene.

En un principio sentimos que la vida se nos viene encima. Entonces todos nuestros mecanismos de defensa se activan y hasta el organismo se transforma, creyendo morir. Se cierran las puertas del mundo y nos abandona el último aliento vital. Sin embargo, es cuando más necesitamos que reviva el guerrero interior. Que saque las fuerzas de su sentido común y que por obra y arte de la esperanza, logre ver la luz del amanecer, donde todo se transforma.

Aprendemos que “aquel perro que nos muerde” es un maestro. Y que con su ataque nos está enseñando la corrección de la defensa. Nos muestra el sendero de la luz para reflexionar y hacer un alto en el camino.

En mis clases universitarias le repito a mis alumnos con frecuencia: -Es importante levantarle un altar a la equivocación-; pues gracias a ella, nos damos cuenta y podemos hacer ajustes en la marcha. ¡Qué bueno equivocarse…para aprender!

Es cierto que hay errores costosos, pero toda ganancia requiere una inversión…y algunos pasamos la vida aprendiendo, corrigiendo, replanteando estrategias. Entonces formulamos preguntas difíciles, para estar a la altura de la respuesta.

Todos hemos tenido o tenderemos noches oscuras… y es importante recordar, que la calidad del ser humano se mide en la manera como enfrenta las dificultades. Ahí es donde se conoce al verdadero hombre o mujer… en la manera como busca la luz en medio de la oscuridad o en su paciencia para confiar en la llegada del amanecer.

Los viejos tenían razón cuando sostenían: “Después de la tempestad…viene la calma” y yo creo que el bambú se dobla pero no se parte, para permitir el paso del vendaval.

Los apegos detienen la marcha

Yo creo que los apegos paralizan el proceso. Creo que los apegos impiden el crecimiento personal porque funcionan como anclas que nos detienen en mitad del camino. Dice el refranero popular que “más vale malo conocido que bueno por conocer”;  Sin embargo si seguimos al pie de la letra esta sentencia, veremos limitado nuestro progreso, pues precisamente en el riesgo del porvenir, está la posibilidad de encontrar nuevas y mejores oportunidades para nosotros.

Cuando nos apegamos, creemos que esta falsa seguridad, va a durar para siempre. Nada ni nadie es eterno en la vida y mucho menos aquello que consideramos seguro.

Apegarse a posesiones materiales, solo produce la ansiedad permanente por tener que vigilar, a los enemigos potenciales, de ese tesoro maravilloso.

Ahora el problema no es tanto lo material, pues existe la esperanza de que el dinero se consigue con creatividad y trabajo.  El conflicto es mayor, cuando se trata de personas cercanas a nuestro corazón. Creo que al otro hay que dejarlo ser. No lo puedo amarrar. No lo puedo obligar a permanecer a mi lado, si no es feliz.  Y mucho menos creer que sin esa persona, mi vida no tiene sentido, porque la vemos como un tanque de aire comprimido, al mejor estilo de los buzos, pues si se corta el suministro de “óxigeno”, nuestra vida se acaba.

También se dan apegos a labores económicamente remuneradas. Nos apegamos a sitios de trabajo y a sueldos que dan cierta relativa comodidad. Que por lo fijos, aunque insuficientes, se convierten en “manantiales” que creemos permanentes.

La vida se construye desde el riesgo de lo que está por venir. En el presente sembramos la semilla del mañana y en el futuro cosechamos lo plantado. Entonces a veces no es bueno apegarse a lo que “tenemos” porque nos obliga a sentir miedo del amanecer.

Al acomodarnos, limitamos las posibilidades de lo que está por llegar. Es importante hacer vacío para que lo nuevo llegue.

En definitiva los apegos innecesarios detienen la marcha y nos hacen perder la fe en las generosidades del Universo, para con nosotros.

Lo bueno de las crisis…

 

ideogramas

Yo creo que las crisis son buenas, pues son excelentes oportunidades para poner a prueba nuestra creatividad y nuestra capacidad de adaptación.

kanji crisis

Buscando opiniones y comentarios acerca de las crisis, a propósito de sabiduría oriental, me encontré un kanji que representa esta palabra.  El kanji crisis, es la reunión de los ideogramas peligro y oportunidad.

Dicho así, es bueno comprender que el peligro existe y se debe estar preparado para identificarlo y enfrentarlo. Y de otro lado existe la esperanza de la oportunidad que nos ofrece los momentos de coyuntura.

Es cuando más inteligencia emocional necesitamos… para que no sea la ansiedad nuestra enemiga, sino el autocontrol, la herramienta más valiosa para enfrentar los tiempos difíciles.

Desde niño escuché entre mis mayores la expresión: “no hay mal que por bien no venga”, como una manera esperanzada de explicar lo bueno de las crisis.

Yo creo que, para este año que comienza, cada cosa que nos suceda, podrá ser vista, con ojos de oportunidad.

Lo bueno de las crisis…

Ideogramas

Ideogramas

Yo creo que las crisis son buenas, pues son excelentes oportunidades para poner a prueba nuestra creatividad y nuestra capacidad de adaptación.
 
Buscando opiniones y comentarios acerca de las crisis, a propósito de sabiduría oriental, me encontré un kanji que representa esta palabra.  El kanji crisis, es la reunión de los ideogramas peligro y oportunidad.

Dicho así, es bueno comprender que el peligro existe y se debe estar preparado para identificarlo y enfrentarlo. Y de otro lado existe la esperanza de la oportunidad que nos ofrece los momentos de coyuntura.

Es cuando más inteligencia emocional necesitamos… para que no sea la ansiedad nuestra enemiga, sino el autocontrol, la herramienta más valiosa para enfrentar los tiempos difíciles.

Desde niño escuché entre mis mayores la expresión: “no hay mal que por bien no venga”, como una manera esperanzada de explicar lo bueno de las crisis.

Kanji - Crisis

 

Yo creo que, para este año que comienza, cada cosa que nos suceda, podrá ser vista, con ojos de oportunidad.

La dolorosa despedida…

board-1820678_960_720Yo creo que en estos tiempos de crisis económica, son muchas las empresas que, en su desesperada carrera por sobrevivir, comienzan a recortar gastos.  Y dentro de las temibles soluciones cabe, por supuesto la posibilidad del recorte de personal. 

 

Recuerdo muy vivamente cuando comentando en familia la decisión de un recorte de personal en la empresa donde trabajábamos, la más pequeña de las asistentes a la reunión, tendría cuatro años a lo sumo, preguntó muy preocupada: -papi:… ¿le sale mucha sangre a la gente recortada? 

 

La risa fue la reacción de todos, sin embargo me quedé pensando en el dolor que produce una despedida y más cuando la persona precisamente, no se la espera. No solo corre “sangre” sino toda la vida de la persona.    

 

Una cosa es preparar la posible despedida, pues se rumora por los pasillos de la empresa y otra, llegar a la oficina y encontrarse con la fatal noticia.

 

Las personas que sufren un despido, pueden dividirse en dos grupos: aquellas que tuvieron el tiempo para el proceso de duelo y aquellas que todavía se resisten a creer en esa realidad puntual y concreta,  pues les avisaron en muy corto tiempo que ya no pertenecían a la compañía.  Estas personas deben elaborar el duelo como si hubieran perdido a un ser querido.
¿Qué es el duelo?
 
Es toda situación emocional y dolorosa que se experimenta como respuesta a una pérdida; por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una mascota, un objeto significativo, el trabajo, la casa, una parte del cuerpo o incluso referido a su funcionamiento específico y que la persona lo valora como emocionalmente importante para ella.

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Cuando un padre mata a su hijo…

 

 

Yo creo que llegó el momento de decir no más. Basta ya. No más niños víctimas como consecuencia de nuestro egoísmo, inconciencia, falta de tolerancia y enfermedad mental.

 

En estos días nuestro país se ha estremecido con la fatal noticia de la muerte de un niño (quien por su naturaleza es inocente), debido a la acción demencial de su propio padre. Sin embargo lo grave, es que en Colombia, no es el único caso.

 

La psiquiatría, la neurología y psicología tratan de explicar este tipo de conductas sociopáticas como resultado, en primer lugar, de problemas de bioquímica cerebral.  Problemática que está atacando a la población del mundo y nos está llevando a conductas agresivas, ansiosas, depresivas, autodestructivas y antisociales.

 

De otro lado se explican también, por el papel de los padres y de la familia en los primeros años de vida de un niño. Se cometen graves errores en la formación de los hijos, debido a la inmadurez física y mental de los padres de hoy, para educar, apoyar y acompañar a las nuevas generaciones; además porque estamos delegando esa función, a personas no aptas o no indicadas para ello.

 

La otra explicación se encuentra en el papel de la escuela en la definición del carácter y la personalidad. Algunos niños no conocen límites, ni tienen tolerancia a la frustración. La formación en valores y el sano comportamiento social, comienzan a perfilarse en la escuela en forma de convivencia. Estoy haciendo un llamado para que, todos aquellos quienes estamos cumpliendo funciones educativas en las escuelas y en los colegios, le demos un especial énfasis al proceso de respetar, valorar y cuidar la vida humana. Para que cada alumno descubra el valioso tesoro de su vida y la de los demás. Y de esta forma, desarrollar niveles adecuados de tolerancia y manejo de la frustración.

 

Además, la ciencia explica, que las conductas de los sociópatas, también son reforzadas por la influencia de la Internet y demás medios para obtener información, que los niños y los jóvenes de hoy, tienen a su alcance para copiar y aprender.

 

Y la necesidad, por supuesto, de la acción emocional correctiva de un adulto sano, que permita canalizar y orientar el pensamiento y las acciones de los infantes. No podemos desconocer que nuestros hijos no se parecen a nosotros, sino al tiempo que les toca vivir.

 

Y quinto entre otros: el factor trauma. Detrás de cada individuo con conductas anormales, hay historias de maltrato, abuso, violencia o inadecuado manejo de la disciplina.

 

Estos y otros factores más, leídos en conjunto, explican la conducta anormal.

 

En resumen podemos llegar a pensar que estamos viviendo en un país mentalmente enfermo y que necesitamos decir: ¡basta ya! para desde hoy, iniciar los correctivos.