Cuando un padre mata a su hijo…

 

 

Yo creo que llegó el momento de decir no más. Basta ya. No más niños víctimas como consecuencia de nuestro egoísmo, inconciencia, falta de tolerancia y enfermedad mental.

 

En estos días nuestro país se ha estremecido con la fatal noticia de la muerte de un niño (quien por su naturaleza es inocente), debido a la acción demencial de su propio padre. Sin embargo lo grave, es que en Colombia, no es el único caso.

 

La psiquiatría, la neurología y psicología tratan de explicar este tipo de conductas sociopáticas como resultado, en primer lugar, de problemas de bioquímica cerebral.  Problemática que está atacando a la población del mundo y nos está llevando a conductas agresivas, ansiosas, depresivas, autodestructivas y antisociales.

 

De otro lado se explican también, por el papel de los padres y de la familia en los primeros años de vida de un niño. Se cometen graves errores en la formación de los hijos, debido a la inmadurez física y mental de los padres de hoy, para educar, apoyar y acompañar a las nuevas generaciones; además porque estamos delegando esa función, a personas no aptas o no indicadas para ello.

 

La otra explicación se encuentra en el papel de la escuela en la definición del carácter y la personalidad. Algunos niños no conocen límites, ni tienen tolerancia a la frustración. La formación en valores y el sano comportamiento social, comienzan a perfilarse en la escuela en forma de convivencia. Estoy haciendo un llamado para que, todos aquellos quienes estamos cumpliendo funciones educativas en las escuelas y en los colegios, le demos un especial énfasis al proceso de respetar, valorar y cuidar la vida humana. Para que cada alumno descubra el valioso tesoro de su vida y la de los demás. Y de esta forma, desarrollar niveles adecuados de tolerancia y manejo de la frustración.

 

Además, la ciencia explica, que las conductas de los sociópatas, también son reforzadas por la influencia de la Internet y demás medios para obtener información, que los niños y los jóvenes de hoy, tienen a su alcance para copiar y aprender.

 

Y la necesidad, por supuesto, de la acción emocional correctiva de un adulto sano, que permita canalizar y orientar el pensamiento y las acciones de los infantes. No podemos desconocer que nuestros hijos no se parecen a nosotros, sino al tiempo que les toca vivir.

 

Y quinto entre otros: el factor trauma. Detrás de cada individuo con conductas anormales, hay historias de maltrato, abuso, violencia o inadecuado manejo de la disciplina.

 

Estos y otros factores más, leídos en conjunto, explican la conducta anormal.

 

En resumen podemos llegar a pensar que estamos viviendo en un país mentalmente enfermo y que necesitamos decir: ¡basta ya! para desde hoy, iniciar los correctivos.

Abrazoterapia…

Creo que los milagros existen. Es decir, creo en milagros… principalmente en aquellos que se producen gracias al amor. Es por esto por lo que creo en el poder de la afectividad.

 

Para mí, la historia comienza con la lectura del libro Love, Medicine and Miracles HarperPerennial 1990 (Amor Medicina Milagrosa, en la edición española) escrita por el médico cirujano Bernie S. Siegel, donde narra la historia de pacientes excepcionales que padecen cáncer y muestra como el amor y la afectividad hacen milagros en sus procesos de salud.

 

Más allá de lo que dice el Doctor Siegel en el libro, que de por si, ya es muy impactante, lo que más me inquietó fue el poder sanador que tenemos, dentro de nosotros mismos, en la afectividad y la manifestación del amor.

 

Entonces, buscando en los orígenes de la afectividad, encontré cómo la familia, es el primer y más importante lugar donde se dan los milagros del amor.

 

Es necesario aclarar que no existen padres perfectos… sólo existen hombres y mujeres que desde el amor, buscan la realización de sus hijos. Y afortunadamente, en el cuidado y conducción de la familia, contamos con herramientas eficaces como el amor y la afectividad. 

 

El Doctor Bowlby, famoso por su teoría del apego dice que: “El niño tiene un concepto de la persona de apego según la experiencia de la relación con esa persona. Si consigue el atraer a la persona que reclama se sentirá competente”.

 

Esto nos permite concluir que a la base de toda la arquitectura de la personalidad además de los factores genéticos constitutivos del cerebro, las condiciones del ambiente que rodean al niño y las influencias sociales, el amor y las relaciones afectuosas si cumplen un papel definitivo.

 

Todos los estudios apuntan a demostrar cómo el amor y la afectividad, tienen un papel importante en la salud, el bienestar,  y la armonía, así como en los bajos niveles de estrés de las personas.

 

Frente a este panorama, surge la pregunta: ¿qué nos impide expresar la afectividad y el amor?

 

Varias son las razones: Nos da pena abrazar y mostrar afecto, por el temor a ser rechazados o mal interpretados.

 

Sentimos angustia si nos abrazan, porque en algunos casos desde pequeños, no nos acostumbraron a esas manifestaciones de cariño.

 

Y finalmente lo confundimos, con sexo, por el umbral tan delgado que existe al abrazar un cuerpo si nuestras intenciones son otras.

 

El abrazo es terapéutico.  Se podría comenzar a difundir la “abrazoterapia”, como una manera de disminuir los niveles de violencia. Como una forma especial de controlar el estrés. Y una manera privilegiada de alejar el miedo y la ansiedad, sobre todo en una sociedad como la nuestra, que ha perdido su horizonte y está buscando la felicidad en el “dinero fácil“, cargado de culpa y violencia. No será que ¿estamos perdiendo mucho tiempo y esfuerzo, ganando dinero?

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Cómo vivir mejor con menos…

pexels-photo-2204542Yo creo que si es posible vivir mejor con menos

Sin embargo me podrán preguntar: ¿menos qué?

Dice Mahatma Gandhi: “Un ser humano, debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”… esto significa que, para una sociedad materialista, donde lo importante es tener y no ser… no podemos seguir valorando a las personas por lo que tienen, ni mucho menos por lo que hacen, profesionalmente hablando, si no más bien por su esencia como personas.

En palabras de Mark Twain: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios“.  En este orden de ideas, el materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad son, sin lugar a dudas las enfermedades sociales del siglo XXI y esto de alguna manera produce estrés, depresión y ansiedad.

De otro lado Scott Nearin sostiene que “una economía de mercado necesita empujar y engañar a los consumidores a comprar cosas que ni necesitan ni desean, obligándolos así a vender su fuerza de trabajo como medio para pagar sus adquisiciones”.

Entonces nos asalta la duda: ¿Qué es vivir?

O la pregunta más directa: ¿Cómo estoy viviendo?

Y tal vez, la más trascendental: ¿Para qué vivo?

La vida es un viaje a través del tiempo en un determinado espacio. Y durante ese camino, buscamos status para proteger nuestra reputación.  Así,  ¿Qué es lo que hay que defender?

Vivimos para rodeamos de posesiones innecesarias. Creemos que la felicidad es la comodidad, la seguridad y el dinero. Con el “slogan” de ganar más para gastar más, la sociedad de consumo diseñó un inmenso aparato que nos inventa necesidades y nos hace creer, que tal o cual bien o servicio, nos hará felices… y en el fondo, lo único que logramos es cubrir un vacío emocional interior, que nos deja aún más insatisfechos.

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