La iluminación.

theravada-monk-1750856_960_720Yo creo que la iluminación no es un proceso instantáneo. Lleva tiempo, paciencia y sobre todo disciplina.

Y en esa tarea me encuentro inmerso, desde hace varios años, trabajando el ego, para que no estorbe en el camino de mi crecimiento espiritual.

En la práctica budista, el maestro ayuda al logro de la iluminación del discípulo, entregándole koanes que van creciendo en grado de dificultad y profundidad.

Cuentan que una vez un grupo de discípulos, reclamaron a su maestro, sobre su metodología de guardar silencio, luego de compartir un koan. -Maestro, le dijeron, siempre que te pedimos una enseñanza nos cuentas una historia, pero nunca explicas su significado-.

El maestro respondió: -Si un día les brindo una manzana, ¿estaría bien que la masticara antes de servirla?

Ahora, la magia del koan está en el descubrimiento del significado oculto que hay en él. Por supuesto que, como no es una tarea fácil para el alumno experimentado, menos aún lo será para el principiante.

A propósito de anécdotas de iluminación, conozco una de Baso quien era discípulo de Yakusán, y que acababa de recibir su graduación como maestro y practicaba zazén de manera permanente.

Aquel día Yakusán al pasar junto a él le preguntó: – ¿Qué buscas practicando zazén día y noche? – “Quiero convertirme en Buda, en un iluminado” -dijo Baso, bastante decidido. Entonces Yakusan, tomó una teja y empezó a pulirla. – Maestro, le preguntó Baso, ¿Qué haces con esa teja? – Quiero convertirla en espejo -contestó Yakusán”.

Aquí vemos, que no es la práctica repetida de la meditación la que realmente nos ilumina, sino algo más.

Por ejemplo, una vez en un templo tibetano, había un monje con bastantes limitaciones para comprender los textos y las enseñanzas. El Lama, al enterarse de aquello, le dió permiso para no asistir a las clases, ni al resto de las prácticas y ceremonias del templo. En cambio, le asignó como tarea barrer el monasterio. Así mismo, le pidió que, al estar bien concentrado en el acto de barrer, pensase: “Así como quito el polvo del suelo, quito el polvo de mi conciencia”. Haciendo esa tarea, un día, alcanzó la iluminación.

Alcanzo a observar, que la iluminación, no llega necesariamente como consecuencia de un acto intelectual. La luz que ofrece el koan está más allá del simbolismo, que pueda percibir a simple vista. Porque es obligatorio hacerlo de manera holística, integrando sentimientos, sensaciones e intuiciones, en un solo acto, aquí y ahora.

Como este koan, al que le he dado vueltas durante muchos años, y aún ocupa parte de mi tiempo en la meditación: -“No es la mente, no es Buda, no es nada”.

Yo creo que la iluminación es un proceso, de búsqueda interior permanente, que me ocupa cada día, al sondear en la profundidad de mi conciencia.

Se, que poco a poco voy alcanzando la paz que brinda el estar más allá de las preocupaciones por la supervivencia; para enfocarme en la verdadera razón de mi presencia en la tierra, pues al no preocuparme por la apariencia, tengo la oportunidad de revelar mi esencia y hacer la tarea que me corresponde vivir, en este tiempo y lugar, hasta mi último aliento.

Abrir las puertas del infierno o del paraíso.

matsumoto-3030153_960_720Yo creo que, gracias a la sombra, todo aquello que pensamos, sentimos, decimos y actuamos, abre las puertas del infierno o del paraíso.

El efecto es proporcional a la energía que transformamos, para lograr que la mente module el cerebro.

En el proceso de la psicoterapia se confirma este axioma:  “Dime lo que piensas y te diré que tipo de infierno o paraíso creas. Dime lo que sientes y seré capaz de anticipar la reacción en cadena… que se produce.

Tengo claro que, si cambio mi manera de pensar…cambio mi manera de actuar.

Por estos días, los manifestantes han pasado por el frente de mi ventana. Algunos de ellos caminando en forma pacífica y festiva, van reclamando sus derechos en medio de pancartas multicolores y música alimentada por el alma. Sus pitos, arengas y cacerolazos producen la energía suficiente para llamar la atención del gobierno de turno.

De otro lado, los violentos, encapuchados, llenos de odio y rencor ajeno, van creando un infierno en el paraíso, a partir del miedo y el terror que producen las explosiones de la ira.

Cuando escucho todas sus voces en coro, me doy cuenta de que van dirigidas hacia los gobernantes… pero en el fondo se, que el rumbo de esos reclamos, debería orientarse más bien hacia nuestra propia filosofía de vida, llena de contradicciones, y falsedades porque vivimos instalados en el lujo y en el confort de un paraíso ficticio, creado por la misma sociedad, que anestesia el dolor, con altas dosis de licor, conciertos de reggaeton, finales de futbol y el consumo de sustancias psicoactivas, así como el placer de comer bien y vestir según el qué dirán, para aparentar lo que no somos.

El verdadero infierno o paraíso está muy adentro de nosotros mismos y estas manifestaciones ruidosas y en algunos casos desenfrenadas, tienen más una función catártica, que una real toma de conciencia, para la transformación y la reflexión de fondo.

Nosotros mismos hemos creado las desigualdades, por lo tanto, hemos diseñado el infierno. Y pretendemos soñar al mismo tiempo con la utopía del paraíso, porque seguimos siendo manejados por el placer momentáneo, la apariencia que da el dinero y la sed de poder.

Recuerdo esta historia, que cuenta como una vez un soldado llamado Nobushige fue a ver al maestro Hakuin y le preguntó: – ¿realmente hay un paraíso y un infierno?

¿Quién eres tú?, preguntó Hakuin. -Soy un Samurai, replicó el guerrero-.

¿Tú un soldado? -preguntó el maestro ¿qué clase de gobernante te tendría como guardián? …tu cara parece la de un mendigo-.

Con esta expresión tocó el orgullo y el ego de Nobushige, quien loco por la furia, mandó su mano a la empuñadura de su katana, frente al maestro. Pero Hakuin continuó muy tranquilo, y mirándolo fijamente exclamó: -así que tienes una espada. Tu arma probablemente está demasiado embotada como tu mente, para cortarme la cabeza-.

Entonces, prisionero del dolor, por su narciso herido, a medida que Nobushige desenvainaba su espada, Hakuin dijo, con una calma pasmosa: “aquí se abren las puertas del infierno”.

Ante estas palabras el Samurái dándose cuenta de la “disciplina” mental y espiritual de ese maestro, guardó su espada, y ahora con una mirada diferente por la iluminación…entonces inclinó su cabeza, en señal de paz. - “Aquí se abren las puertas del paraíso”, exclamó sonriendo el maestro-.

Yo creo que tengo el poder de abrir o cerrar las puertas del infierno o del paraíso, porque además tengo la potestad de decidir… si es el momento correcto para ser y estar consciente.

Cuando lo importante es encontrar el propósito.

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Yo creo que a veces nos sentimos perdidos cuando no encontramos el propósito que le de sentido a nuestras vidas. Entonces nos preguntamos: ¿para qué nacimos? ¿Qué sentido tiene mi vida?

Momentos de oscuridad intensa acechan la esperanza de vida. Nubarrones oscuros se ciernen sobre nuestra existencia, cortando cualquier espacio para la luz. Sin embargo, una palabra amiga, una lectura juiciosa o la mirada atenta de la realidad que nos circunda, se convierten en procesos terapéuticos que nos permiten darnos cuenta y hacernos cargo y la iluminación, inunda todo con un nuevo aliento, y entonces se ve clara la razón de ser y esto le da sentido al para qué estamos en la tierra. Continuar leyendo

El ciego y el despertar de la conciencia.

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Yo creo que siempre me ha generado curiosidad el hombre ciego que vende confites en la calle. Su sensibilidad y sus oídos están tan afinados que confía plenamente en ellos y de una manera temeraria se lanza al mundo para ofrecer su mercancía. Es un hombre mayor, robusto, se ve sano y lo más impresionante sereno. Cuando el semáforo está en rojo, se acerca cuidadosamente percibiendo el sonido del motor y el calor de cada carro. Continuar leyendo

Parálisis paradigmática…

Yo creo que los miedos paralizan. Y son excelentes excusas para no enfrentar la vida. Y algunos de esos miedos son aprendidos. Y vienen de generación en generación como una manera de controlar nuestras conductas y reacciones. Claro, la idea es:… no ser temerario… pero tampoco temeroso.

Las parálisis paradigmáticas surgen cuando nuestros pensamientos riñen con nuestros deseos.

Cuando conectamos el cerebro racional, como respuesta subjetiva, entra en disputa el cerebro emocional. Y entonces, el tercero de ellos, el cerebro práctico y aplicado, el que ejecuta, el que hace, se encuentra paralizado por la pugna entre la razón y la emoción. Una cosa es lo que yo quiero y deseo y otra, muy distinta, lo que la lógica me permite hacer.

Desde que estamos pequeños, somos programados a partir de los mapas mentales de nuestros padres. Su conjunto de creencias y valores hacen parte de nuestro diario sentir y pensar. Y como dice Carl Jung: nuestro yo, es enajenado.No es nuestro propio yo…  es un self prestado, por un tiempo, mientras construimos el propio. Lo grave sucede, cuando pasa la vida y no hemos confeccionado nuestro propio yo.

Introyectamos los mapas mentales de los demás y los creemos válidos. Sin cuestionar ni someter a análisis. Entonces actuamos como masa por moda o falta de carácter.

Nos infunden miedo para evitar que alteremos el programa mental. Y luego, cuando no cumplimos la pauta, viene la culpa.

La pregunta es: ¿qué pasaría si no tuviéramos miedo? La respuesta: seríamos poderosos. Pues detrás de todo deseo, hay un temor… “dime lo que temes y te diré lo que deseas… dime lo que deseas y te diré qué te enseñaron a temer”. De esta forma nos mantienen a raya desde el miedo.

Al romper paradigmas, lo primero que asusta es el miedo mismo, al qué dirán…entonces ¿soy lo que soy… o soy lo que me enseñaron a ser para los demás?

Mi unicidad, nace de mi autenticidad, no de la apariencia. Y al ser lo que soy, proyecto mi esencia.

A veces somos, lo que nuestros miedos…permiten mostrar. Es decir un falso yo.

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