Ligero de equipaje.

pexels-photo-2905238Yo creo que, en este momento de mi recorrido existencial, estoy aprendiendo el arte de vivir con muy poco.

Entonces en lo cotidiano de mis reflexiones, recuerdo un pasaje que se le atribuye al filósofo Sócrates, cuando paseándose por la plaza de comercio, exclamó: - “puedo vivir sin todas estas cosas”-.

Y estoy descubriendo lo mismo, al pasar de los días, en medio de la cuarentena, donde la creatividad y la recursividad para aprovechar lo poco, me han regalado el privilegio de darme cuenta de que estoy rodeado de posesiones, que hasta hoy las consideraba necesarias y que, dadas las circunstancias del aislamiento, ahora no sirven de nada.

Esto, al mismo tiempo, me ayuda en la preparación de lo que está por venir, en torno a la escasez.

Rodeado de lujos y privilegios, como tener tres comidas en la mesa, ropa para cambiarme todos los días, una cama donde dormir, un baño diario con su respectiva afeitada, mi claustro se ha convertido en un pequeño palacio que valoro infinitamente, y donde concluyo que, con la misma pantaloneta, un par de camisetas, unas cómodas sandalias, dos comidas al día, el pelo largo por la falta de motilada y la barba abundante, puedo pasar los días, sin tener que jugar a las apariencias, ni al qué dirán, pues debido a los últimos acontecimientos, todos estamos en las mismas condiciones. Lo bueno de este Covid-19, entre otras cosas, es que ha democratizado el proceso de vivir.

El conteo de los víveres se vuelve prioritario, la incertidumbre hace parte de mi día a día, y el sólo pensamiento en los acreedores pasó de ser angustiante a convertirse en un lastre que sé que voy a cargar durante un buen tiempo en tanto se reactiva la economía.

Mientras las fuentes de ingreso económico escasean, la creatividad abunda, para cambiar el modelo de producir y hacer circular el dinero.

Los gobiernos de turno hacen sus mejores esfuerzos en pro de contener los coletazos financieros que este paro tan prolongado va produciendo, sin embargo, las nuevas generaciones apenas están tomando conciencia de la ruptura que se produjo en su “modus vivendi”.

En medio de la crisis, retomo las palabras de Buda, cuando frente a las causas del sufrimiento decía: – “Esto no es mío, yo no soy esto, esto no soy yo mismo”.

Aquí lo importante es el desapego. Entonces la apariencia de éxito y el sentirme encadenado a lo material, es lo primero que estoy cambiando, al dejar de lado el orgullo.

Así como estoy logrando vivir con lo mínimo necesario, libre de ataduras, superando las tentaciones de una sociedad superficial y banal proyectada en las imágenes retocadas del Instagram, para darme permiso de tener éxito desde mi resiliencia, paciencia y humildad, debido a que estoy replanteando mis prioridades.

Es tiempo de creer que cosas muy buenas están por venir, siempre y cuando rompa el paradigma de la posesión pasada, para renacer como el ave fénix de las cenizas, a un nuevo estilo de vida.

Yo creo que, si se puede vivir mejor con menos, ligero de equipaje.

Las fantasías que no me dejan ver la realidad

kaleidoscope-2186166_960_720

Yo creo que estar centrado en la realidad es una tarea compleja, cuando todavía no hemos despertado de la anestesia que produce la fantasía, sobre todo cuando creemos que vivir es un proceso fácil y sin complicaciones.

Continuar leyendo

Manual para iluminados

Yo creo que, el proceso de la iluminación se da cuando tenemos la capacidad de ver más allá de las apariencias. Pienso que la realidad no es la realidad, sino mas bien una construcción de nuestro cerebro. entonces vemos lo que queremos ver y dejamos de percibir lo que por miedo, ignorancia o desconocimiento no queremos o no podemos enfrentar. Con razón se dice que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver.

Buscando en mis viejos textos de pensamiento oriental me reencontré con Sosan y su muy conocido: Poema de la Confianza en la Mente/Corazón Puro, la Naturaleza. Es importante anotar que de Seng-Ts’an (Tercer Patriarca Chan) se conoce muy poco y que sus enseñanzas han marcado el pensamiento Zen por muchos siglos.

En este texto se ve la importancia de no juzgar y sobre todo de evitar las dicotomías o separaciones. En un mundo dual, es muy fácil confundirse y perderse. Entonces la sabiduría está en nuestra capacidad para ver las cosas como una unidad, como son y no como nuestro deseo las pinta, fragmentadas.

El poema dice:

La Gran Vía no es difícil, pero hay que evitar tener preferencias.La Vía es clara cuando amor y odio no están presentes.

Si haces una mínima distinción, cielo y tierra se separan hasta el infinito.

Estar a favor o en contra es la enfermedad del espíritu.
Si no entiendes el significado profundo de las cosas, no podrás apaciguar tu espíritu.

La Vía, infinita como el espacio, es perfecta y nada falta o sobra en ella.

Al desear o rechazar las cosas, no las vemos como son.

No busques el mundo de los fenómenos, No te apegues a la vacuidad.

Permanece tranquilo y sin esfuerzo en el Uno y esas ideas desaparecerán por sí solas.

Cuando quieres estar en la quietud,ésta engendra actividad.

Si estás en un extremo o en otro, no podrás conocer el Uno.

Si no permaneces en la unidad de la Vía, La actividad y la quietud llevan al fracaso.

Si consideras sólo la existencia de las cosas, no ves su vacuidad.

Si te asientas en el vacío, no ves la realidad.

Pensar y hablar sobre ello nos aleja de la vía.

Si abandonamos el pensamiento y el habla, no habrá verdad que no se pueda alcanzar.

Retornando al origen encontramos el significado, pero si vas tras las apariencias te alejas del origen.

Si aunque sólo sea un instante realizamos la mirada interior,
fenómenos y vacío podrán ser transcendidos.
Continuar leyendo

Cómo vivir mejor con menos…

pexels-photo-2204542Yo creo que si es posible vivir mejor con menos

Sin embargo me podrán preguntar: ¿menos qué?

Dice Mahatma Gandhi: “Un ser humano, debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”… esto significa que, para una sociedad materialista, donde lo importante es tener y no ser… no podemos seguir valorando a las personas por lo que tienen, ni mucho menos por lo que hacen, profesionalmente hablando, si no más bien por su esencia como personas.

En palabras de Mark Twain: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios“.  En este orden de ideas, el materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad son, sin lugar a dudas las enfermedades sociales del siglo XXI y esto de alguna manera produce estrés, depresión y ansiedad.

De otro lado Scott Nearin sostiene que “una economía de mercado necesita empujar y engañar a los consumidores a comprar cosas que ni necesitan ni desean, obligándolos así a vender su fuerza de trabajo como medio para pagar sus adquisiciones”.

Entonces nos asalta la duda: ¿Qué es vivir?

O la pregunta más directa: ¿Cómo estoy viviendo?

Y tal vez, la más trascendental: ¿Para qué vivo?

La vida es un viaje a través del tiempo en un determinado espacio. Y durante ese camino, buscamos status para proteger nuestra reputación.  Así,  ¿Qué es lo que hay que defender?

Vivimos para rodeamos de posesiones innecesarias. Creemos que la felicidad es la comodidad, la seguridad y el dinero. Con el “slogan” de ganar más para gastar más, la sociedad de consumo diseñó un inmenso aparato que nos inventa necesidades y nos hace creer, que tal o cual bien o servicio, nos hará felices… y en el fondo, lo único que logramos es cubrir un vacío emocional interior, que nos deja aún más insatisfechos.

Continuar leyendo

Las apariencias engañan…

Yo creo que las apariencias engañan.

A primera vista, juzgamos a los demás de una manera rápida y sin profundidad. Decimos cosas terribles de los otros, gracias a nuestra desbordada imaginación o ensalzamos a nuestros semejantes, porque nos caen en gracia y cumplen con nuestras expectativas.

Subimos de nivel al bien vestido y bajamos a los estratos más profundos, a quien se sale de los cánones del vestuario esperado.

Soltamos comentarios dañinos y mal intencionados para afectar la honra y reputación del colega o para ganar puntos irreales frente a otros, quienes también juegan el deporte lingüístico de destruir el buen nombre de los demás. Todo esto para ser aplaudidos como héroes, sin derecho a que la víctima pueda defenderse.

Será que los ciudadanos del mundo podremos algún día, descubrir cómo la verdadera sabiduría está en el silencio respetuoso, que sabe guardar distancia.

Ahora puedo reconocer que no soy quién para juzgar. Y mucho menos cuando estoy en igualdad de condiciones, como ser humano falible.

A propósito: ¿Se dejaría guiar por este individuo, en la Plaza de Bolivar de Sante Fé de Bogotá, Colombia?