La posibilidad del cambio

ball-1432752_960_720Yo creo que el cambio es posible siempre y cuando sea consciente del desapego al círculo vicioso para poder trascender y vencer la inmanencia.

Lo curioso del asunto es que cuando lo miramos psicológicamente, como terapeutas  gestálticos, nos encontramos con la famosa “Teoría Paradójica del Cambio”; que dice que: “…cuanto más intento ser, quién no soy… más permanezco igual. (Beisser, 1970).

Como seres humanos nos enfocamos en lo que “debo ser”, “debo hacer” o “los demás esperan que haga” y al mismo tiempo nos resistimos a estos deberías. Entonces frente a estas dicotomías es muy importante identificar las dos polaridades: Por un lado. ¿Quién soy? y por otro ¿Quien no soy? Por ello es adecuado preguntarnos con frecuencia, qué es lo que estoy experimentando o sintiendo en cada momento, para darme cuenta, aquí y ahora, de quién está actuando: El Yo, o el No Yo.

Así mismo, en terapia Gestáltica conocemos dos axiomas que dicen: “Lo que es, es” y otro que sostiene que: “una cosa conduce a otra” (Polster y Polster, 1973).

En este orden de ideas, si lo que es… es, entonces esto quiere decir que es importante permitirme ver las cosas como son,desde una postura fenomenológica, en otras palabras no engañarme, no mentirme, para poder iniciar un proceso de cambio si es posible.

A nivel terapéutico, dice Gary Yontef  en el libro Proceso y Diálogo en Psicoterapia Gestáltica, que el instrumento de cambio es precisamente la relación con un terapeuta, que de una manera responsable, respetuosa y técnica se fundamenta en quién es él verdaderamente (se conoce) y por lo tanto acepta y comprende al paciente. Creo que aquí está el secreto… aceptarse. Si ese otro me acepta, ¿por qué no puedo hacer lo mismo, conmigo?

El darse cuenta de lo “que es” conduce a un cambio espontáneo. Y lo más productivo es el descubrimiento de que: “Puedo’ estar con alguien, sin manipular, ni ser manipulado”.

Para el cambio, este trabajo de darse cuenta, puede comenzar en cualquier momento en el que  estemos dispuestos,  si tenemos la capacidad de darnos cuenta y nos permitirnos conectarnos con el todo. El proceso que sobreviene conduce a cambios en todo el campo, por supuesto si nos damos permiso de fluir en la transformación.

Se trata de iniciar una completa investigación conmigo mismo, pues a mayor profundidad en la búsqueda, más intensa la reorganización y por ende el inicio de la transformación.

Es importante reconocer que algunos cambios sólo pueden apreciarse años más tarde.

El futuro no existe

Yo creo que el futuro no existe. Entonces creo que el futuro se construye a partir de los actos en el presente, gracias a los pensamientos intelectuales y los procesos creativos del cerebro. Lo que me permite concluir que el futuro se crea. Y esa construcción tiene mucho que ver con el pasado; pues la utilidad principal de éste, es aprender de él y lo más importante, el resultado de todo aquello que hagamos con ese aprendizaje, en el presente.

Pasado y futuro, se convierten en una ecuación interesante, pero por lo que hagamos ahora. Por ejemplo en el acto de ahorrar dinero, se está construyendo futuro… que al fin y al cabo es hipotético, pero permite diseñar un escenario más allá en el tiempo. El acto de ahorrar es ahora y tiene lugar aquí. Entonces aquí y ahora tienen poder por la decisión del lugar y momento para realizar el sagrado acto de vivir.

Quien vive en el pasado… no está conectado con el presente… o es que acaso ¿tiene miedo de vivir? Y lo mismo le sucede a quien vive en el futuro, sin darse cuenta de que la realidad se desarrolla en el presente.

Este juego de palabras nos debe invitar a centrarnos en el ahora. Y reconocer que la mayor sabiduría e iluminación se encuentran en el presente, en la decisión misma de vivir aquí y ahora.

De otro lado, Para Eckhart Tolle en su libro El poder del Ahora…”La iluminación significa levantarse por encima del pensamiento, no caer a un nivel inferior del pensamiento, el nivel de un animal o una planta. En el estado iluminado, usted todavía usa su mente pensante cuando la necesita, pero en una forma mucho más enfocada y efectiva que antes. La usa sobre todo con fines prácticos, pero está libre del diálogo interno involuntario y hay una “quietud” interior. Cuando usted usa la mente y particularmente cuando se necesita una solución creativa, usted oscila unos cuantos minutos entre el pensamiento y la quietud, entre la mente y la no-mente. La no-mente es conciencia sin pensamiento. Sólo de esta forma es posible pensar creativamente, porque sólo de esta forma el pensamiento tiene poder real. El pensamiento solo, cuando no está conectado con el reino mucho más vasto de la conciencia, se vuelve estéril rápidamente, insensato, destructivo”.

Continúa diciendo Tolle que: “La mente es esencialmente una máquina de supervivencia. Ataque y defensa contra otras mentes, recoger, almacenar y analizar información, eso es en lo que es buena, pero no es creativa en absoluto. Todos los artistas verdaderos, lo sepan o no, crean desde un lugar de no-mente, de quietud interior. La mente entonces da forma a la visión o impulso creativo. Incluso los grandes científicos han dicho que sus grandes logros creativos llegaron en un momento de quietud mental. El sorprendente resultado de una encuesta nacional entre los matemáticos más eminentes de Norteamérica, incluido Einstein, para conocer sus métodos de trabajo, fue que el pensamiento “juega sólo un papel subordinado en la breve y decisiva fase del acto creativo en sí mismo” (A. Koestler, The Ghost in the Machine. Arkana, Londres, 1989 pag. 180.

Dicho todo esto, es importante rescatar  el papel del “aquietamiento” de la mente para poder activar la creatividad en el presente y de esta forma construir el futuro.

Insisto: el futuro no existe, es una construcción y esta se realiza en el presente. Y para poder lograr este cometido, necesitamos hacer silencio en medio del parloteo mental, para alcanzar la iluminación.

Definitivamente, nuestro futuro depende de las acciones presentes, más que de los pensamientos.

Ahora es el momento

saint-2356564_960_720Yo creo que en el proceso de vivir, enfrentamos momentos que invitan a reflexionar sobre el significado de nuestras vidas. Y cuando la existencia nos regala estas pedagógicas circunstancias, lo curioso es que postergamos el cambio, dejando para más tarde, lo que podemos hacer hoy.

El maestro Krishnamurti, en el texto El arte de vivir nos dice que: “la mayoría de nosotros se interesa en producir un cambio aquí y allá, y con eso se satisface. Cuanto más avanzamos en edad, tanto menos queremos cualquier cambio profundo, fundamental, porque tenemos miedo. No pensamos en los términos de una transformación total, sólo pensamos en términos de un cambio superficial; y si uno lo examina encontrará que el cambio superficial no es cambio en absoluto.  No es una revolución radical, sino solamente una continuación modificada de lo que ha sido. Todas estas cosas tienen ustedes que afrontar, desde su propia felicidad y desdicha hasta la felicidad y desdicha de la mayoría, desde sus propias ambiciones y búsquedas egocéntricas a las ambiciones, motivaciones y búsquedas de los demás.  Tienen que afrontar la competencia, la corrupción en sí mismos y en otros, el deterioro de la mente, la vacuidad del corazón. Tienen que conocer todo esto, tienen que afrontarlo y comprenderlo por sí mismos”.  Pero, por desgracia, no estamos preparados para ello… termina asegurando el maestro.

Yo creo que el cambio debe producirse ahora. Porque solo ahora podemos dar un giro vital. Sin embargo, ¿qué nos detiene? -Quizá pensamientos derrotistas que nos llenan de argumentos para no iniciar el cambio, ya porque estamos acostumbrados a comportarnos de la misma manera, o porque estamos instalados en nuestro estilo de vida, o porque creemos que nuestro “modus operandi” es el más indicado. O porque tenemos miedo a lo desconocido.

Sin embargo, la voz de la conciencia nos habla con una sabiduría especial. Y nos presiona con esa sensación fuerte de incomodidad profunda, que nos impele todo el tiempo a lograr el cambio. Hasta que se vuelve insoportable ese susurro al oído, paranoide, incisivo y cáustico.

Cambio o cambio, no queda alternativa. Todo en el universo reclama cambio, sobretodo en el plano de lo humano. Cambiar actitudes, cambiar pensamientos, cambiar la forma de convivir, cambiar estilos de vida.

Pero ¿cómo iniciar el cambio? Yo creo que lo único que se necesita es comenzar. Lo difícil es arrancar y no peder el impulso. Vencer la inercia es complejo, porque requiere buena voluntad para dar el primer paso. De ahí viene la palabra motivación, dado que quiere decir: movimiento.

Y… sostenerse en el movimiento para alcanzar la meta, ¡si se puede! Pues nada es imposible para el ser humano que se atreve, que se lanza, que corre el riesgo frente a la incertidumbre.

Ahora es el momento… aquí y ahora. No hay otro lugar, ni otro tiempo, porque si no es ahora… ¿cuándo?

Vaya momento especial

Yo creo que no existen momentos especiales. Más bien creo que cada momento puede ser especial si yo decido que lo sea.  Pues como cada quien habla de la feria según cómo le va en ella, también creo que puedo diseñar momentos especiales desde mi deseo y ver las cosas como quiero verlas, incluso negando la realidad.

En este orden de ideas, me doy cuenta de cómo postergamos asuntos importantes en nuestra vida; creo que dejamos pasar el tiempo, con la frase: “más tarde te llamo”, “luego hablamos”, o dejemos eso para un momento especial.

El poder está en el aquí y ahora como decimos en la Terapia Gestáltica.  No puedo dejar para mañana lo que puedo asumir, enfrentar, conversar, sentir, decir, expresar, ahora. Mañana puede ser demasiado tarde.

Cada cosa tiene su momento y hay tiempo para amar y tiempo para odiar, tiempo para construir y tiempo para destruir, tiempo para la paz y tiempo para la guerra…nuestro contador personal va marcando cada segundo de vida y nos interroga en torno a ese asunto vital: ¿cómo empleaste tu día hoy?… ¿hiciste lo que esperabas hacer en este día?… ¿qué cosas estás postergando?  Porque de alguna manera… al dilatar en el tiempo… estamos evitando el encuentro con nosotros mismos.

Cuando estaba iniciando mi carrera como psicólogo, disfrutaba una serie de televisión donde los protagonistas, un grupo de estudiantes de derecho, recibían clase magistral con un profesor muy particular; pues además de su sabiduría y conocimiento de la vida, enseñaba en forma bastante autoritaria, tal vez simulando un estrado judicial.

 Lo cierto del caso, es que en un capítulo de Paper Chase, el profesor Kingsfield está muy enfermo y su alumno preferido, el señor Hart va a visitarlo con una botella de licor que sabe, el profesor disfruta por referencias de conocidos suyos. Como lo ve postrado en la cama del hospital, lo único que se le ocurre decir es –Profesor le traje esta botella para que se la tome en un momento especial. El profesor lo mira con cara de ironía y le responde…Señor Hart, acaso no sabe que no existen momentos especiales. Y luego transformando su posición de paciente, se incorpora de la cama para narrar una historia personal, ahora hablando como el maestro que es: -Mi padre hace muchos años, recibió una botella de vino como esta y me dijo: muchacho…esta bebida tan exquisita nos la vamos a tomar en un momento especial. Me pidió que la guardara en el mejor sitio de la casa y allí permaneció por tiempo indefinido. Con frecuencia le preguntaba a mi padre cuando llegaría ese momento especial y él respondía…no sé. Curiosamente en este mismo hospital muy gravemente enfermo, mi padre recordó la famosa botella y me ordenó que la trajera, pues iba a morir y no había sacado tiempo, durante su vida, para disfrutar de esa bebida, en compañía de sus seres queridos. Vaya momento especial…esperar hasta la muerte para terminar asuntos pendientes. Así es pues, mi querido señor Hart, vaya por un par de copas que ahora es el momento de tomarnos este vino.

 
Es aquí y ahora, cuando podemos crear momentos especiales, pues la vida se construye, como dice Jorge Luis Borges…de instantes. Entonces no posterguemos más.

Poema atribuido a Borges, pero cuyo real autor sería Don Herold o Nadine Stair.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.