Propuesta de acción para la vida, en este año que comienza.

stone-1995051_960_720Yo creo que cuando un período termina, siempre es bueno hacer el cierre, desde una evaluación juiciosa, desde la objetividad, para elaborar una propuesta de acción, para la vida.

Cerrar asuntos pendientes es fundamental para poder continuar mi marcha. De no ser así, quedaría reciclando el pasado, dándole vueltas a aquello que requiere una decisión, que tal vez, por dolorosa, no he tomado y hace ver todo muy oscuro y sin salida, entonces al final del túnel se ve la luz, porque siempre hay una mano que se tiende o una puerta que se abre, sin embargo, me resisto a verla.

Entonces para este ciclo que comienza, me propongo responder varias preguntas, que, dependiendo de mi voluntad, van a ser los faros que iluminen mi camino, en este nuevo año que comienza.

Al menos por hoy, el sólo hecho de plantearme las preguntas, ya me ayuda a darme cuenta, para hacerme cargo, de lo que tengo como tareas por hacer. Y que, además, sé que muchos de los frenos que me he impuesto, están orquestados por el miedo.

En consecuencia, con lo dicho en el párrafo anterior, la primera pregunta para trabajar es:

¿Si no tuviera miedo…que haría?

Y de lo que responda aquí, tendré las luces para todas las demás.

Sí supiera que no puedo fallar… entonces ¿qué metas me propondría para este nuevo año?

Al finalizar este período de trecientos sesenta y cinco días… ¿Qué debo haber logrado?

¿Cómo describiría mis objetivos terminales?

Durante este año, ¿cómo voy a hacer uso de mis dones y valores? Y ¿qué haré con mis anti-valores?

¿Qué huellas quiero dejar y qué aportes quiero hacer, para que, al momento de partir, tenga sentido mi paso por el mundo?… claro está, si llegara a suceder en este año, ya que morir pertenece al campo de todas las posibilidades.

¿Qué es aquello a lo que estoy aferrado y que realmente para la vida que me propongo no lo necesito cargar más, y puedo desprenderme?

Tengo claro que, durante este año, voy a centrar mi atención y mi tiempo en las personas que más me inspiren: amor, paz, serenidad, sabiduría y tranquilidad, para reflejar todo esto también.

Finalmente, en este año que comienza, mis propósitos, en orden de importancia ya son:

Darme cuenta para hacerme cargo desde la conciencia que me permite ver sin temor.

Iniciar cada día con el objetivo entre ceja y ceja debido a la visión clara que me obsequia la fe en mí mismo.

Ser agradecido y agradecer, porque puedo hacerlo desde el amor incondicional.

Pronunciar, en la medida de lo posible, palabras sabias, para que sirvan más que nada a mi propia alma.

Obsequiarme con frecuencia, el infinito placer de abrazar a los seres que amo, mientras me dedico tiempo con ellos.

Y, a pesar de las circunstancias… practicar la amabilidad.

Yo creo que desde esta propuesta de acción para mi proyecto de vida, este año que comienza, pinta bien, porque así lo he decidido.

Se cierra un ciclo, cuando el amor acaba.

hands-437968_960_720Yo creo que el amor cumple ciclos vitales. Va pasando desde el erotismo incontrolable, a la amigabilidad tranquila, con la tertulia trascendental que sueña el futuro.
El verdadero amor en pareja tiene en sí mismo todas las contradicciones de la naturaleza humana. Su funcionamiento hormonal, impide que la razón haga parte del proceso, pues deja de ser romántico y emocionante, cuando le metemos lógica y cabeza fría, ya que esto aterriza el asunto.
En el amor romántico se pierde la sensatez, entonces hacemos locuras en nombre del amor.
En algunos casos, las diferencias de caracteres, ciertos rasgos de la personalidad, la intolerancia, los juegos de poder, los comportamientos egoístas y los celos enfermizos, van minando la relación hasta llevarla a niveles críticos.
De otro lado las infidelidades, la incomunicación, y la falta de sexo gratificante le dan muerte a la sana convivencia y por lo tanto a la vida en pareja.
Yo creo que el amor en estas condiciones acaba. Entonces la pregunta que nos hacemos es: ¿Cómo elaborar duelo frente a la perdida de la relación? ¿Cómo cerrar el ciclo, para poder continuar el camino sin dejar este tema pendiente?
La respuesta comienza con la interpretación del apego. Nuestro miedo al abandono marca una diferencia importante a la hora de despedirnos. Así como la negación de la perdida…sabiendo que el secreto consiste en la aceptación humilde de la derrota al comprender que no somos el objeto de amor preferido del otro.
La culpa aparece como un elemento clave, pues me siento responsable de la pérdida de la relación y cargo con todo el peso de esta muerte del amor.
El miedo a la soledad es otro factor decisivo al momento de disparar todos los mecanismos rebeldes, que evitan la obligatoria separación. Somos capaces de comprar compañía a muy alto precio, con todos los inconvenientes que esto trae, con tal de sentirnos acompañados, así sea, de un compañero inadecuado.
El orgullo herido o “la herida narcisista”, en definitiva, es lo que toma protagonismo, frente a las preguntas angustiosas: ¿por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Qué tiene el otro(a) que no tenga yo? ¿Qué le da esa persona, mejor que yo? …si yo soy tan buena pareja…negando la posibilidad que tiene el otro, desde su libertad, de elegir cualquier otro objeto de amor, cuando y como lo desee.
Trabajar la negación, es el primer paso en el proceso de elaboración del duelo. Aceptar la realidad es un duro golpe para el ego; pero es la condición necesaria para comenzar el proceso de cierre.
Luego la rebeldía rondará un buen rato -lo que es normal- acompañada de la culpa y el deseo de destruir el objeto de amor. Para más tarde ver la realidad y reconocer sin orgullo, que hemos perdido y que debemos exorcizar nuestros fantasmas asociados con el miedo, al abandono, la soledad y la autoestima, así como la autoeficacia vulnerada.
Aquí se trata de construir un proyecto de vida con una nueva pareja… buscando en lo posible corregir nuestros errores del pasado y con humildad reconocer que en el amor no es posible controlar nada… salvo nuestra fiera interior, que a su paso destruye todo, desde el miedo.

¿Soñar y nada más?

Yo creo que desde tiempos inmemorables, los sueños han cumplido un papel muy importante en la toma de decisiones de las personas que han encontrado en ellos, una fuente de inspiración. Y no es al azar que grandes descubrimientos en química, física y astronomía se hayan dado gracias a la acción de los sueños.

¿Qué hay en los sueños que los hace dignos de consideración por parte de los psicólogos y psicoanalistas y se convierten en la coartada perfecta para depositar allí los asuntos pendientes o inconclusos y ser los portavoces del deseo, que en medio de la censura, se expresan en el mágico laberinto del lenguaje onírico?

Desde la Terapia Gestáltica los sueños son vistos como obras de teatro psicológicas, donde al mismo tiempo el soñador oficia como escritor, protagonista, lumino-técnico y creador de efectos especiales y en forma simbólica va dando significación y sentido a cada elemento del sueño.

Sigmund Freud lo veía como un camino para llegar a lo inconsciente y lo consideraba valioso aporte al psicoanálisis por la riqueza de los contenidos para interpretar.

Más allá del poder premonitorio de los sueños, lo importante aquí es cuestionarnos sobre el contenido simbólico que ofrecen a la hora de resolver conflictos personales. De alguna manera el sueño está cargado de elementos propios de quien sueña y solo puede interpretarse a la luz de los propios significados del soñador; pues como lo hemos dicho la persona quien sueña, y solo ella, es la creadora de esa trama onírica.

Posiblemente restos diurnos, asuntos pendientes y procesos emocionales en ciernes, son la materia prima predilecta para nutrir el mundo de los sueños. Pero así como se urde la trama, también es necesario destrabarla, para poder acceder a sus significados.

De otro lado, tenemos los sueños cuando estamos despiertos. Fantasías poderosas que preparan un futuro cierto, gracias a la magia de los deseos. Reclamamos de esta manera, el derecho a soñar; pero a veces es bueno darle límite a la imaginación para hacer más fácil el paso de la fantasía a la realidad. Y de esta forma, darle vida a todo aquello que soñamos: Un futuro mejor para nuestros hijos, salud a toda prueba, un mejor empleo, flujo de dinero abundante, pareja estable para nuestros tiempos de vejez, un país en paz etc. Pero en el fondo de todos estos anhelos, subyace la actitud de la persona capaz de lograr su cometido, gracias a la tenacidad de sus pensamientos, transformados en acción. Entonces no nos contentemos con soñar y nada más.

Estamos anestesiados

Yo creo que estamos anestesiados. Y gran parte de ese adormecimiento se debe a nuestra propia incapacidad para reconocer la fuente y la causa del analgésico. Puede ser que le tenemos miedo al dolor y en consecuencia buscamos cualquier pretexto para evadir la responsabilidad de enfrentarnos con nuestros propios agentes de angustia.

O talvez nuestros padres y educadores hicieron todo lo posible para aislarnos de la realidad, ocultando hechos y acontecimientos, que según ellos, podrían perturbar la calma angelical de los “inocentes” niños, que todavía “no entendían” la realidad de las cosas.

El problema es que al crecer… seguimos siendo ignorantes de muchas realidades ambientales, familiares, sociales, culturales y psicológicas que nos toman por sorpresa y asaltan nuestra buena fe e inocencia.

Seguimos creyendo en príncipes azules y damiselas encantadoras que oficiarán como excelentes compañeros de viaje. Seguimos soñando con los personajes de celuloide que a través de los medios de comunicación se convierten en el prototipo del éxito. Y seguimos comprando ilusiones y prestigio y fama, al adquirir el computador, teléfono o vehículo de moda, para asegurar la respetabilidad perdida, gracias a que papá y mamá, escuela y maestros, nos enseñaron a preocuparnos demasiado por el qué dirán.

Con la premisa de ganar más, para gastar más, esta enorme sociedad de consumo nos anestesia con productos para el placer y la diversión, haciendo que olvidemos por un momento nuestros problemas reales.

No queremos hablar de aquellos temas “prohibidos en familia”. Por ejemplo la proximidad inexorable de la muerte. Entonces todos los miembros del clan huyen espantados con el tema y nadie quiere asumir el compromiso del diálogo relacionado con seguros, herencias, deudas y asuntos pendientes por cerrar.

Otro ejemplo. Cuando se tienen vidas paralelas, con hijos y otros compromisos abordo, y luego como por arte de magia, vienen a reclamar lo que sienten que es propio… sorprendiendo a más de uno, sobre todo cuando en el funeral, preguntan quién es aquel o aquella que llora tanto y nadie conoce.

Así mismo temas como la infidelidad, entendida como la existencia de otra persona en la vida de nuestra pareja, que al compartir la intimidad, no solo sexual sino dialogal, nos hace partícipes de un triángulo incómodo, que se torna más molesto, cuando somos ignorantes, aunque no todos los demás, pues todo el mundo sabe, menos yo. Entonces no queremos hablar del asunto y le echamos tierra o nos hacemos los que no vemos para anestesiar el dolor y pasar invictos aunque desdichados.

O cuando invertimos grandes cantidades de tiempo y dinero en diversiones pasajeras y hasta peligrosas para obtener placer temporal y evitar el encuentro son nosotros mismos.

Estamos anestesiados y la mayoría no lo sabemos… o pretendemos no saberlo para evitar sufrir. Sin embargo el despertar nos ayuda a ver la realidad en otra perspectiva y nos permite actuar desde la conciencia, pues al darnos cuenta, el cambio viene por añadidura y eso tiene su toque de esperanza.