Serendipia o el arte de encontrar lo que no se está buscando.

camel-3178337_960_720Yo creo que cada cosa en el Universo se repite, como un proceso inexorable para aprender a leer los signos y de esta forma evolucionar o en algunos casos, si no leo las señales, involucionar como resultado contrario.

Si bien es cierto al nacer, la vida no incluye, un manual para instruirme en el sagrado arte de vivir, si me dio la posibilidad de construir uno propio, a la medida, para guiarme por los laberintos del tiempo y del espacio, mientras vivo esta existencia.

Si estoy preparado para leer las señales, entenderé el maravilloso significado de la serendipia.

La primera vez que conocí la palabra serendipia, fue gracias al locutor y presentador de radio Baltasar Botero Jaramillo, con quien tuve el enorme placer de trabajar durante muchos años como psicólogo en su programa “Hola, Buenos días” y “Pase la tarde” de Caracol y quien la usaba con frecuencia para referirse a esos hallazgos que hacemos gracias al azar, mientras estamos buscando otra cosa.

Según la definición, al consultar las fuentes, encontré que una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual o por destino, o cuando se está buscando una cosa distinta.

Entonces por serendipia puedo afirmar que, por ejemplo, he hecho un descubrimiento importante, en forma accidental, mientras estaba buscando otra cosa; como me sucedió esta semana, cuando luego de ver caer envuelta en llamas la aguja de la catedral de Notre Dame, me hice un profundo cuestionamiento en torno a si este hecho tenía oculto algún significado en plena Semana Santa. Por lo tanto, busqué información sobre la construcción de la catedral de Nuestra Señora de París, y terminé encontrando una fascinante explicación sobre el verdadero uso de las gárgolas para facilitar el drenaje de las aguas lluvias y cómo al mismo tiempo, esas figuras grotescas, servían para amedrentar a los feligreses, y de esta forma evitar que se salieran del camino de Dios.

De igual forma, la serendipia sucede con frecuencia en el mundo científico, como el caso del científico Alexander Fleming en 1928, quien descubrió la penicilina por un descuido en sus procedimientos en el laboratorio.

La palabra serendipia se debe al famoso cuento de los Tres Principes de Serendip, nombre persa de Sri-Lanka.

Dice el cuento, en su episodio más famoso, que hace mucho tiempo, vivió en Serendip, en el Oriente, un poderoso rey llamado Giaffar. Tenía tres hijos a los que amaba. El rey les dio la más refinada formación para que acompañaran su poder con todas las virtudes obligatorias para un príncipe. Su maestría incluía el dominio de las artes y profundos conocimientos de las ciencias. El padre, un hombre inteligente, supo que la sabiduría de sus príncipes no estaría completa si no viajaban por el mundo y tenían contacto con diferentes personas y culturas, así que organizó para ellos, un largo y apasionante viaje.

En el camino encontraron huellas de un camello, supieron deducir, al mirarlas, que el animal estaba cojo, ciego de un ojo, le faltaba un diente, y llevaba una mujer embarazada, además, de completar su carga con miel en un lado y mantequilla en el otro.

Más adelante, un comerciante que había perdido un camello les preguntó por él, y ante la respuesta tan precisa y detallada de los príncipes, este los acusó de ser los ladrones.

Los príncipes fueron tomados como prisioneros y llevados frente a la autoridad del emperador Beramo.

En la audiencia, el emperador quiso saber, por qué describían con tanta exactitud los detalles del camello, sin haberlo visto antes y ellos lo explicaron así:

El camello había comido hierba poco verde de un lado del camino, en comparación con la hierba verde que permanecía intacta del otro lado, así que sospecharon que era ciego de un ojo. A lo largo del recorrido, encontraron pequeños pedazos de hierba masticada, del tamaño del diente de un camello, que cayeron posiblemente por el hueco donde faltaba la pieza dental.

Las huellas indicaban claramente que arrastraba una pata, así que debía estar cojo. Había hormigas en un lado del camino y moscas del otro, lo que indicaba que la carga de miel se derramaba de un lado y la de mantequilla de maní por el otro.

Junto a las huellas del camello, cuando se había arrodillado, también encontraron las huellas de unos pies y manos de mujer y además restos de orina. Por lo que dedujeron que la mujer estaba embarazada y tuvo que apoyarse en sus manos para orinar.

El emperador Beramo, fascinado por la inteligencia detectivesca de los tres hermanos, los dejó libres, no sin antes llenarlos de regalos y buenos deseos y así pudieron continuar su camino de aventuras.

Yo creo que la serendipia hace parte de la sabiduría personal, para entender que las cosas que encontramos a lo largo de nuestro paso por esta vida no suceden realmente a consecuencia del azar, sino que son señales que deben ser leídas e interpretadas con especial atención, para comprender el significado oculto detrás de su existencia.

Ámame cuando menos lo merezca…

Yo creo que nada de lo que sucede, sucede porque si. En cada situación de la vida nos enfrentamos con elementos significativos, que toman importancia, sólo cuando nos detenemos a observarlos. Nada sucede al azar, cada evento, cada situación tiene una razón, aunque oculta para algunos, que tiene como objetivo ayudarnos a aprender, y por supuesto a re-descubrir nuestra misión en la tierra.

Yo creo que se resucita, cuando al tocar fondo, el impulso del golpe nos hace salir a flote. Al bajar a los infiernos de nuestros fantasmas y temores, y encontrarnos cara a cara con la realidad de nuestros miedos, surge de entre la bruma de las tinieblas, la luz esperanzadora de la nueva oportunidad, de la puerta que se abre, de la ventana generosa que muestra un nuevo amanecer. Sin embargo,  para ello se requiere un tipo de mirada especial.

Creo que la vida está llena de experiencias buenas y dolorosas y que a veces nos toma por sorpresa y sentimos que no estamos preparados para la confrontación. Pero precisamente de eso se trata: entender que cada alma tiene marcado su destino y que frente a la circunstancias adversas, la calma, la creatividad, la esperanza, la fe y la recursividad son nuestras aliadas certeras, para salir adelante.

Creo que cuando se trata de compartir con otros seres humanos, puedo afirmar que nada me asombra de su naturaleza, pues todo, en el campo de todas las posibilidades, puede suceder y es nuestra tarea, observar sin juzgar, pues soy parte de los demás y el otro de alguna forma es mi espejo.

Así, yo creo que por malas que sean las conductas de los demás y que, adicionalmente algunas de ellas nos hagan daño, es cuando más amor y perdón necesitamos prodigar a esos agresores y por supuesto a nosotros mismos.

El proverbio chino: “ámame ahora, cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito” muestra claramente la importancia de abrazar la fragilidad de la naturaleza humana, pues al sentirnos culpables, asustados o poco merecedores, es cuando más necesitamos del amor incondicional de nuestros seres queridos y de su abrazo sincero y reconfortante, para recobrar la fé perdida en nosotros mismos y de esta forma, vivir la resurrección.

Noche oscura

Yo creo que en las noches más oscuras de nuestras vidas… más brilla la luz de la esperanza; entonces el secreto está en ver la luz y no la noche. Así, en esos momentos difíciles y complicados que nos presenta la existencia, el desespero y la ansiedad, son tan grandes, que impiden que veamos la otra cara de la moneda.

Yo creo firmemente que nada de lo que nos sucede es al azar. En el fondo tiene un mensaje profundo y transformador. Y que en virtud del aprendizaje mismo, como preparación para el cambio, es nuestro deber y obligación descifrar el código oculto que contiene.

En un principio sentimos que la vida se nos viene encima. Entonces todos nuestros mecanismos de defensa se activan y hasta el organismo se transforma, creyendo morir. Se cierran las puertas del mundo y nos abandona el último aliento vital. Sin embargo, es cuando más necesitamos que reviva el guerrero interior. Que saque las fuerzas de su sentido común y que por obra y arte de la esperanza, logre ver la luz del amanecer, donde todo se transforma.

Aprendemos que “aquel perro que nos muerde” es un maestro. Y que con su ataque nos está enseñando la corrección de la defensa. Nos muestra el sendero de la luz para reflexionar y hacer un alto en el camino.

En mis clases universitarias le repito a mis alumnos con frecuencia: -Es importante levantarle un altar a la equivocación-; pues gracias a ella, nos damos cuenta y podemos hacer ajustes en la marcha. ¡Qué bueno equivocarse…para aprender!

Es cierto que hay errores costosos, pero toda ganancia requiere una inversión…y algunos pasamos la vida aprendiendo, corrigiendo, replanteando estrategias. Entonces formulamos preguntas difíciles, para estar a la altura de la respuesta.

Todos hemos tenido o tenderemos noches oscuras… y es importante recordar, que la calidad del ser humano se mide en la manera como enfrenta las dificultades. Ahí es donde se conoce al verdadero hombre o mujer… en la manera como busca la luz en medio de la oscuridad o en su paciencia para confiar en la llegada del amanecer.

Los viejos tenían razón cuando sostenían: “Después de la tempestad…viene la calma” y yo creo que el bambú se dobla pero no se parte, para permitir el paso del vendaval.

La dolorosa despedida…

board-1820678_960_720Yo creo que en estos tiempos de crisis económica, son muchas las empresas que, en su desesperada carrera por sobrevivir, comienzan a recortar gastos.  Y dentro de las temibles soluciones cabe, por supuesto la posibilidad del recorte de personal. 

 

Recuerdo muy vivamente cuando comentando en familia la decisión de un recorte de personal en la empresa donde trabajábamos, la más pequeña de las asistentes a la reunión, tendría cuatro años a lo sumo, preguntó muy preocupada: -papi:… ¿le sale mucha sangre a la gente recortada? 

 

La risa fue la reacción de todos, sin embargo me quedé pensando en el dolor que produce una despedida y más cuando la persona precisamente, no se la espera. No solo corre “sangre” sino toda la vida de la persona.    

 

Una cosa es preparar la posible despedida, pues se rumora por los pasillos de la empresa y otra, llegar a la oficina y encontrarse con la fatal noticia.

 

Las personas que sufren un despido, pueden dividirse en dos grupos: aquellas que tuvieron el tiempo para el proceso de duelo y aquellas que todavía se resisten a creer en esa realidad puntual y concreta,  pues les avisaron en muy corto tiempo que ya no pertenecían a la compañía.  Estas personas deben elaborar el duelo como si hubieran perdido a un ser querido.
¿Qué es el duelo?
 
Es toda situación emocional y dolorosa que se experimenta como respuesta a una pérdida; por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una mascota, un objeto significativo, el trabajo, la casa, una parte del cuerpo o incluso referido a su funcionamiento específico y que la persona lo valora como emocionalmente importante para ella.

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