¿Existe la obesidad mental?

Yo creo que en estas épocas post-modernas, estamos inundados de información y a manera de “tentaciones”, estas “golosinas y grasas” informáticas van engordando nuestra mente.

No podemos desconocer que hace algunos años, éramos inconscientes de nuestra ignorancia, pero ahora es tiempo de despertar la conciencia para de esta forma decantar la información que consumimos día a día.

La manera como nos presentan la información, seduce y atrapa, entonces un titular bien diseñado se torna provocativo y nos obliga a leer lo que a la final no deja ser un simple comentario callejero que desata un mar de pensamientos y por supuestos malos entendidos. Lo problemático del asunto es que “atascamos” nuestras mentes indefensas con temas que se quedan sin procesar, y todo esto va causando una especie de “obesidad mental”, debido a que el cerebro queda “relleno” de información innecesaria, por lo superflua

Paradójicamente y de otro lado, aparecen consejos, trucos y estrategias para hacer frente a las montañas de información que consumimos cada día. Leemos acerca de la gestión del tiempo, la autogestión, la gestión del correo electrónico y cómo superar la dilación, pero hacemos caso omiso de todas estas recomendaciones y seguimos el camino del “atragantamiento informático”, gracias esa enorme industria que nos incrementa la “necesidad” de información.

Yo creo que la solución no es tan simple como parece y se vuelve compleja por la presión misma del medio que te obliga a estar informado.

No basta con decir no, frente a la avalancha de información. Se requiere generar un sinnúmero de estrategias, incluyendo las del autocontrol, para no recibir la montaña de boletines por correo electrónico,  los RSS sin importancia, los “trinos” tontos y sin profundidad  y la actualización del grupo de amigos en el Facebook . Lo mismo que crear la disciplina de desconectarnos del “dispositivo inteligente” para no a estar de guardia, veinticuatro horas, al pié del teléfono móvil.

En definitiva yo creo que nos hemos vuelto adictos a la información, por la descarga hormonal que ofrece este estilo de vida acelerado, que solo proporciona información de bajo nivel creando una experiencia vacía, sin profundidad intelectual, ni emocional.

Estamos perdiendo tiempo valioso, pegados de las páginas de internet, que no aportan realmente al sagrado arte de vivir.

Lo paradójico de este acelere es que la información no va a ninguna parte; pues se queda para la posteridad en el ciberespacio. Estará allí siempre y cuando la necesites en el futuro…entonces ¿cuál es el afán? Yo creo que tiene que ver con la vanidad de ser el primero en estar enterado.

Sabemos de los beneficios físicos y mentales de decir no a los excesos; incluso si optamos por ignorarlos. Beneficios similares se pueden obtener gracias una dieta de adecuada información, como por ejemplo, seleccionar la más alta calidad de información “nutriente” para el cerebro y el alma.

Ser exigente, evitando la basura informática, al buscar información profunda, confiable y llena de contenido nutritivo.

Ahora, yo creo que la familia y la escuela, tenemos responsabilidad en esto.

Si hacemos un análisis general del contenido de la “dieta mental” de nuestros jóvenes encontraremos que está compuesta por dibujos animados, video-juegos, telenovelas, realities, videos musicales, programas de televisión y páginas de internet cargadas de información sin filtro.

Si no tenemos claro que los escándalos “venden” y  alimentan las revistas y los noticieros, seguiremos consumiendo dicha información, que debido a la inmediatez de la “chiva”, con frecuencia, carece de investigación profunda.

Yo creo que algunos sectores de los medios de información dejaron de informar, para seducir audiencias. Mientras tanto la familia va perdiendo su protagonismo, desplazada por la tecnología de los juegos de video y el computador. Los niños se atacan y se amenazan por las redes sociales o vía chat gracias a su aprendizaje en los juegos de video, las películas y la televisión, y la pareja matrimonial pierde su prestigio, seguridad y estabilidad, por las publicaciones en facebook y demás redes sociales que precipitan separaciones de pareja, como lo han demostrado estudios recientes.

Todo esto nos indica que la psicología de la humanidad,  se está enfermando por ese “vacío ciberespacial” que genera ansiedad por estar conectado.

Yo creo que es el momento de hacer un alto en el camino, para desconectarnos por un instante y recuperar nuestra vida intima y personal, pues nos estamos volviendo “obesos mentales” por nuestro afán de ser superficialmente, cibersociales.

Cultura de la muerte

Yo creo que los jóvenes de hoy viven en la cultura de la muerte. Y digo esto porque muchos de sus comportamientos en vez de apuntar hacia la conservación y el autocuidado integral, se dirigen peligrosamente hacia la autodestrucción de sus vidas y de su entorno.

Son demasiados los riesgos psicosociales que enfrenta nuestra juventud. Y esto se hace tangible en la forma como se relacionan entre ellos y con el ambiente, a través de la manera como utilizan los diferentes medios sociales de comunicación

Si bien es cierto la herencia marca un elemento importante en la conducta, también es cierto que el tipo de “padres”, la escuela, la cultura, la sociedad, así como los diferentes traumas que nos van aconteciendo en la vida, van moldeando nuestra existencia, nuestras conductas y reacciones; entonces el problema de los jóvenes de hoy, se observa en sus patrones de conducta mal adaptativos que afectan su funcionamiento social y su actividad académica, laboral y emocional

Todo comienza desde el ambiente familiar, pues se sabe por estadísticas serias, que la familia es la primera fuente de violencia. Entonces frente a este panorama, las demás relaciones con su entorno se afectan también. Si a esto le sumamos problemas en la construcción de la personalidad y conflictos asociados con la maduración, entonces tenemos como resultado: juegos peligrosos, que una forma u otra, demuestran el poco aprecio por la salud, la integridad física o la vida.

Cuando se trata de velocidad excesiva, buscando incrementar la dosis de adrenalina, entonces se desconoce o se ignoran, las consecuencias negativas de este tipo de actos autodestructivos. Sin hablar de las relaciones afectivas inadecuadas, dañinas y dependientes que también indican una búsqueda desesperada de compañía en la mayoría de los casos disfuncional.

En los muchachos de este siglo veintiuno, se volvió una práctica cotidiana el “bulling”; entendido como el hostigamiento del otro a través de intimidaciones verbales, insultos, o apodos.  Por ejemplo hablar mal de alguien o sembrar falsos rumores, también se considera bulling.

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