Viviendo intensamente.

pexels-photo-4555779Yo creo que estos días están pasando muy raudos.

De pronto tengo una generosa urgencia de hacer muchas cosas y entonces me sorprende el reloj marcando las horas más rápido de lo normal.

Debido a mi nueva situación de salud, el insomnio es ahora parte de mi vida, como consecuencia de la quimioterapia. Incluso el proceso digestivo se ha alterado, hasta el punto de levantarme a las tres y media de la mañana para ir al “trono” y hacer los descargos respectivos. Que además durante el día, pueden ser hasta tres veces, sin ser signo de peligro.

Lo mismo sucede con el acto de orinar. Durante la madrugada debo ir al baño entre cinco y seis veces para eliminar las toxinas que deja el tratamiento y que, por orden de mi oncólogo, debo tomar hasta dos litros de agua al día para garantizar que los riñones y la vejiga hagan su trabajo de filtrar y evacuar.

Es una rutina a la que me he acostumbrado a la altura de mi cuarto ciclo de quimio. Entonces puedo anticipar qué va a suceder, aunque cada ciclo ha sido diferente en cuanto a los efectos molestos.

He tenido la ventaja de no presentar náuseas ni vómitos. Ni mucho menos dolor, fiebre o malestar general. Sin embargo, lo más impresionante es el cansancio que asemejo al ejercicio realizado luego de haber corrido tres maratones en una misma semana. Los músculos no me responden, se me dificulta ponerme en pie y la caminada es lenta y vacilante temiendo que en cualquier momento no pueda sostenerme.

Este tratamiento que estoy recibiendo, es muy agresivo para el corazón. Entonces el equipo médico que me atiende ha sugerido estudios para monitorear un posible deterioro de la función cardíaca. Además, recomiendan que asista a fisioterapia suave para, lentamente y con el debido cuidado, contrarrestar la pérdida de los tonos musculares.

Volviendo al insomnio, que es algo nuevo en mí, porque normalmente duermo profundo y fácilmente durante la noche y aún en el día cuando me regalo el exquisito placer de una siesta, entonces, ahora tengo mucho tiempo para aprovechar, de manera deliciosa.

Luego de levantarme de la cama, mi rutina diaria comienza a las cuatro de la mañana, cuando el silencio es más infinito y me permite meditar para aquietar la mente. A continuación, disfruto un curso de portugués brasilero que me invita a soñar con un futuro viaje, a Salvador Bahía, Sao Paulo, Rio de Janeiro, Brasilia y Mina Gerais entre otros lugares exóticos, llenos de bellezas naturales.

Continúo una hora y media después, con la lectura de dos textos profundos, espirituales y llenos de luz, que me ofrecen la oportunidad de la clarividencia y la preparación para el desenlace, al que por supuesto todos vamos a llegar. Se trata del Libro Tibetano de la vida y de la muerte escrito por Sogyal Rimpoché y el texto El Corazón de las Enseñanzas de Buda del monje vietnamita Thích Nhất Hạnh, en donde he encontrado respuestas a mis inquietudes más trascendentales.

A las siete de la mañana, mi esposa me obsequia con un desayuno saludable, sazonado con amor, fe y esperanza para luego dedicarse a laborar en su oficio de dirigir una tarea nacional, para la empresa para la cual trabaja, conectada con su grupo humano, apoyada en las teleconferencias que son la nueva forma de ser productivo y eficiente, en esta época de pandemia.

Entonces procedo a disfrutar del ritual de la ducha y del baño con crema humectante para paliar la resequedad de la piel. Selecciono el vestuario para el día, pues recuerdo que tengo varias consultas psicológicas que deseo atender, y me dispongo a trabajar en lo que más me gusta como profesor y psicoterapeuta.

Entre cita y cita, descanso completando sudokus, que me ayudan a concentrarme en temas diferentes a los laborales y académicos. Y en las horas de la tarde, luego de un delicioso almuerzo, pues no he perdido el apetito, aunque confieso que, por estos días, si he perdido la capacidad de distinguir los sabores de los alimentos, me dedico a escribir y a leer libros técnicos sobre el proceso de la Terapia Gestáltica y principalmente la elaboración del duelo en pacientes terminales y sus respectivas familias y parejas.

En fin, es un día atareado y lleno de sentido, que pasa muy rápido y donde aquí y ahora sigo vivo, buscando la mejor manera de ser útil, productivo y autosuficiente y sobre todo, dándome cuenta de lo valioso que es vivir, cuando la vida se dedica a cumplir las tareas encomendadas para la trascendencia del alma.

Esta semana mi médico internista, me preguntó sobre mi estado de ánimo. Le respondí que estaba viviendo en el aquí y ahora y que, por el momento, la depresión, la ansiedad o el miedo, no eran mis compañeros de travesía. Insistió en mandarme un antidepresivo, pero amablemente decliné su oferta, pues estoy demasiado ocupado haciendo la tarea de dejar todo organizado, antes de partir.

El tiempo de todo…en su momento.

michoacan-2207313_960_720Yo creo que es importante descansar. Todo tiene su tiempo y cada cosa llega en su momento.
Detener la actividad es básico para darse cuenta y hacerse cargo. Tomar una pausa, permite la conciencia necesaria para reorientar y/o confirmar si la ruta que llevamos nos permite estar alineados con el universo. Continuar leyendo