¿Soy competente?

pexels-photo-3013980Yo creo que la Vida a cada momento me regala maravillosas oportunidades para auto descubrirme. Por lo tanto, es necesario que desarrolle, con cada experiencia, la habilidad para aprender, desaprender y reaprender.

De vez en cuando y principalmente ahora que se acerca el día de mi cumpleaños, voy haciendo el inventario de cómo me fue en este periodo que culmina; pues al fin y al cabo celebro cada nueve de noviembre, como el comienzo de un nuevo ciclo de vida…en otras palabras como un renacimiento.

Entonces si miro hacia atrás, tengo que decir que definitivamente el 2020 fue un año atípico en todo sentido. Sin embargo, de otro lado y de manera paradójica, también fue el tiempo más rico de mi existencia, porque aprendí y descubrí bastantes asuntos que habían estado ocultos en la sombra, relacionados conmigo mismo.

Para ayudarme en este proceso de autoevaluación, me apoyo en un cuestionario que respondo de manera juiciosa y con total sinceridad, para darme cuenta y hacerme cargo de mis logros y asuntos por mejorar.

Me pregunto si en este 2020, logré comunicar mis más profundos deseos, anhelos y temores a las personas muy cercanas y reconozco que me faltó mucho por expresar, pues aún siento el temor y la angustia de ser rechazado por lo que siento realmente.

Descubro que, en este año, pude obtener algunos de los resultados que me propuse, pero quedan pendientes otros como por ejemplo, bajar de peso y hacer más ejercicio, pues debido a la cuarentena, se fueron al traste, porque la nevera con su disponibilidad las veinticuatro horas del día durante toda la semana, se convirtió en el “gigante a vencer”, a pesar de que mi Sancho, me hablase al oído, actuando como mi conciencia auxiliar.

Mejoré mucho en el trabajo en equipo, pues para un hombre acostumbrado a trabajar en solitario y con un repertorio amplio de conductas autosuficientes, las condiciones del encierro y del trabajo en casa, me obligaron a tomar conciencia de la importancia de la cooperación y la colaboración entre todos, para mantener la paz y la armonía interior y exterior.

En este tiempo se puso a prueba mi flexibilidad y adaptabilidad para solucionar grandes, medianos y pequeños problemas.

Desde la decisión de meterme de lleno en la virtualidad y renunciar al goce y al deleite de ir a la universidad a dictar clase, tomarme un café con mis amigos, estudiantes y colegas para hablar de lo humano y lo divino y abrazar a mis seres queridos sin miedo a la muerte. Hasta organizar un sitio de trabajo en casa que tuviera todas las condiciones ergonómicas para ser más productivo sin cansancio acelerado, haciendo pausas activas y revisando con frecuencia mi postura frente al computador, para no afectar mi salud lumbar.

En fin, se activó mi creatividad, recursividad e iniciativa para resolver los asuntos de la supervivencia y al mismo tiempo, aumentó la reflexión, la conciencia y la certeza de que la vida es frágil y que es un regalo que se actualiza cuando amanezco vivo y que sólo tengo hoy para ser feliz, realizarme, amar, perdonar y reconciliarme con aquellos seres con los que he decidido compartir mi existencia.

Yo creo que soy competente para asumir la vida en la medida en que me arriesgue a vivir. Sin temor, con decisión, y con la certeza de que valió la pena el riesgo de ser yo mismo, desde mi proyecto de ser y estar consciente.

Dime lo que más deseas y te diré lo que más temes

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Yo creo que el deseo es la otra cara del miedo.

Esta semana volví a ser niño al disfrutar la película Aladdin, basada en el cuento sirio de Aladino  y la lámpara maravillosa, incoporado a Las mil y una noches, pues no pertenecía a la colección original árabe, sino que fue añadido en el siglo XVIII por el francés Antoine Galland, quien la tomó del cuentista cristiano maronita sirio Anṭūn Yūsuf Ḥannā Diyāb.

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¿Soy competente?

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Yo creo que existe diferencia entre ser competente y ser competitivo. Mientras que el primero se refiere a ser capaz desde el talento y la suma de habilidades, logradas a pulso y fruto del esfuerzo sostenido, el otro está asociado al proceso de vencer, midiendo fuerzas con un oponente para determinar quién es mejor, incluyendo la posible trampa que se haya maquinado para alcanzar la meta; pues para estos individuos, lo importante es llegar primero, no importa si se ha alcanzado, utilizando métodos fraudulentos.

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Quien no cambia, lo cambian

Yo creo que en estos tiempos de la postmodernidad, todo es rápido y competitivo. Por lo tanto se requiere estar preparado para actualizarse y adaptarse a las nuevas tendencias y tecnologías. Esto quiere decir que, quien no cambia, con el tiempo lo cambian, pues la generación más joven y creativa, por esas lógicas de la vida, está llamada a quedarse con las riendas de la empresa, el negocio o el mercado.

Para cualquier empresa el reto consiste en prepararse para el futuro. Y esa preparación comienza con la toma de conciencia de nuestras fortalezas, amenazas, debilidades y oportunidades.

Sin embargo en ningún colegio, universidad, o institución educativa nos enseñan cómo prepararnos para el cambio y ser más competitivos, léase competentes, en un mundo cada vez más desafiante.

A primera vista, este comentario parece dirigido a los empresarios. Pero yo creo que llegó el momento de ver a la familia y a la pareja como las mejores empresas que existen, “por las ganancias que ofrecen” y por la prioridad que merecen y hemos desatendido.

Yo creo que estamos perdiendo mucho tiempo ganando dinero. Y al mismo tiempo nuestro éxito financiero no justifica nuestro fracaso a nivel personal y emocional en la familia y la pareja.

Soy de los que piensa, que en la pareja se aplican muy bien todos los principios de servicio al cliente. Y que cuando no se ofrece un buen servicio, nuestro cliente interno, buscará los buenos oficios de otro proveedor.

Con frecuencia escucho, como principal demanda de las parejas, la queja reiterada en la necesidad de cambio del otro. Es cierto, las expectativas de un cliente pueden no tener límite, pero también es cierto que a veces en pareja fallamos en lo más esencial, a la hora de comunicarnos, respetarnos, amarnos y/o colaborarnos.

Por ejemplo: ¿cuánto hace que no buscamos un momento romántico y especial para hacer el amor? Lo digo porque si nos descuidamos, se vuelve un lugar común, predecible, programado y carente de toda excitación, novedad y asombro; con razón algunos maestros orientales recomiendan el encuentro íntimo una vez al año. O si se va a vivir la experiencia cómo mínimo cada semana, que sea entonces un evento especial, único e irrepetible para que avive la posibilidad de sorprendernos.

De otro lado… ¿cuánto hace que no endulzo el oído de mi pareja con frases, positivas, reconocedoras de talento, habilidad o llenas de autoestima para elevar su autoconcepto y más bien nuestro discurso se ha llenado de quejas, reproches y reclamos?

¿Se nos olvidó conquistar a nuestra pareja eternamente? Pues recordemos, como se hace en el servicio al cliente empresarial, que es obligatorio montar un programa de fidelización con pequeños grandes detalles llenos de amor, ternura y camaradería.

¿Ya “consignó” hoy, su cuota de amor? Si no lo ha hecho, es el momento de abrir una “cuenta bancaria de amor” por su pareja, donde se consignen, besos, abrazos, ternuras y “eroticidades” varias, para deleite y placer de nuestro cliente principal…pues tenemos la esperanza de que nos acompañe toda la vida.

En fin, yo creo que, quien no cambia, lo cambian.