El arte de la amistad, o la importancia de escoger los amigos.

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Yo creo que la amistad es un arte, y debo estar consciente al momento de escoger los amigos.

Para mí, esta conciencia de la amistad surge a partir de un paseo que hice este año a Capurganá.

Todo comienza cuando estoy en la fila para el chequeo frente al mostrador de la aerolínea, y esta se torna curiosa, ya que a cada pasajero le montan con maleta y todo en la báscula, para certificar que nuestro peso no exceda la capacidad de la nave, debido a que lleva la gasolina precisa para el regreso. Miro alrededor y calculo, que más de uno de mis compañeros de viaje, es tan “gordito” como yo, pues acabo de pesar cien kilos con maleta y quedo inquieto con el peso de los demás. Entonces, desde ese momento, hay una curiosa solidaridad debido a que no me siento el único. Continuar leyendo

Vivir…sin excusas.

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Yo creo que vivimos inventando excusas. Nuestra creatividad evasiva, nos permite diseñar una variada cantidad de disculpas, para sacarle el cuerpo a aquello que tememos u odiamos, por ejemplo, encontrarnos con alguien o algo que alborota nuestra sombra. Continuar leyendo

Aprender a vivir.

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Yo creo que la familia es el mejor lugar para aprender a vivir.
Era la hora de regresar a casa. El transporte escolar, para iniciar su recorrido, esperaba a la última alumna en la fila. La profesora del preescolar le tendió la mano para ayudarla a subir las escaleras del automóvil. Sin embargo, la pequeña no quería subirse. La profe, frente a la negativa, hizo la pregunta obligada. ¿Qué sucede hija? Es que se me perdió mi muñeca, -dijo. Continuar leyendo

Ser feliz en una relación

Yo creo que continuamente nos preguntamos: ¿Hay alguna manera de ser feliz en las relaciones?  Y algunos autores como Neale Donald Walsch intentan responder a este interrogante, a través de su texto Conversaciones con Dios, en su primera parte.

Según Walsch, hay una manera de ser feliz en las relaciones; y consiste en utilizarlas para el fin que les es propio, y no para el que les hemos designado. Pues según su argumento las relaciones son una prueba constante para crear, expresar y experimentar las más elevadas facetas de nosotros mismos.

Sostiene el autor que cuando las relaciones amorosas humanas fracasan (en realidad, las relaciones nunca fracasan, excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado que se quiere), es porque se habían iniciado por una razón equivocada. Es decir, las relaciones cambian -más a menudo de lo esperado- cuando se han iniciado por razones que no son beneficiosas o que de alguna forma no conducen a su supervivencia.

La mayoría de nosotros establecemos relaciones, buscando lo que podemos sacar de ellas. El verdadero objetivo de una relación es decidir qué parte de mí mismo quiero ver “expuesto”; y no qué parte de la otra persona puedo capturar, conservar y controlar.

Entonces el resultado es una enorme presión sobre la otra persona, forzándola “a ser” y actuar de una manera contraria a lo que realmente es su esencia. Así nace el resentimiento, el enojo y la desilusión porque esa persona, no dio la medida de tu expectativa.

Y para enfrentar dicha presión, la otra persona busca recuperar su auténtico yo,  actuando de acuerdo con su verdadera identidad,  y es cuando dices que tu pareja ha cambiado y que está muy extraña y que no entiendes su conducta.

De otro lado creemos que la tarea del otro es completarnos. Pero el objetivo de una relación de pareja,  no es tener a otro para que te complete; sino disfrutar de la compañía del otro para tener la oportunidad de compartir tu completitud.

Yo creo que lo fundamental en una relación de pareja es permitir que el otro sea él mismo.

Si dejamos que cada uno se preocupe de sí mismo, de su esencia, de lo que hace, tiene y siente; de lo que quiere y pide, y por supuesto obtiene; de lo que busca, crea y experimenta… entonces las relaciones servirían para construir un compromiso de crecimiento personal mutuo, donde exista la libertad de ser auténtico, sin máscaras ni escondites.

Sin embargo nuestra lucha se centra en controlar al otro para que no se vaya. Pues tenemos miedo del engaño, la desilusión, el abandono y la soledad. Si tengo claro que no necesito al otro y permito que cada quien haga lo que necesita hacer para realizarse, entonces estoy amando realmente, porque, insisto, amar es dejar ser.

Definitivamente, antes de establecer una relación con otro, primero hay que fortalecer la relación consigo mismo, ya que es fundamental honrarnos, cuidarnos, amarnos, valorarnos, para no buscar esa estimación, en el afuera, en cabeza y conducta de otros.

La felicidad en una relación de pareja entonces se fundamenta en la capacidad de ser uno mismo y permitir que el otro sea. Más que en el control obsesivo de lo que hace, piensa, motiva y decide el otro. Dicho esto, la pregunta no es: ¿me amas? Sino más bien, te amo porque me permites ser yo mismo…entonces: ¿me dejas ser yo mismo?

Amor abundante y sincero

Yo creo que al leer a Adam J. Jackson en su texto Los diez secretos del amor abundante, encontramos recomendaciones valiosas aunque de difícil manejo por nuestra tendencia humana a buscar el terreno llano y evitar el pedregoso.  Los caminos del amor no siempre son claros y despejados.

Según Jackson, el primer secreto del amor abundante es EL Poder del pensamiento. El amor comienza con el pensamiento.  Nos convertimos en lo que pensamos. Los pensamientos amorosos crean experiencias y relaciones amorosas.  Las afirmaciones pueden cambiar nuestras creencias y pensamientos acerca de nosotros mismos y de los demás.

El segundo secreto es El poder del respeto. No puedes amar a nada ni a nadie a menos que antes lo respetes.  La primera persona que merece tu respeto eres tú.

El tercero es El poder de la entrega. Si deseas recibir amor, ¡todo lo que tienes que hacer es darlo! Antes de comprometerte a una relación no te preguntes por lo que la otra persona te pueda dar, sino por lo que tú puedes aportarle a ella.  La fórmula secreta de una relación amorosa, feliz y para toda la vida es centrarte siempre en lo que puedes dar, en vez de en lo que puedes sacar de ella.

El cuarto secreto del amor abundante es El poder de la amistad.  Para encontrar un amor verdadero, primero debes encontrar a un amigo o a una amiga verdadera.  El amor no consiste en mirar a los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección.  Si deseas introducir amor en una relación, primero debes aportarle amistad.

El quinto, es El poder del contacto físico.  El contacto físico modifica una de las expresiones más poderosas del amor, destruye barreras y crea vínculos entre la gente.  El contacto físico altera nuestro estado físico y emocional y nos hace más receptivos al amor.  El contacto físico nos ayuda a que el cuerpo sane y enternece el corazón. Cuando abres tus brazos, estás abriendo el corazón.

El sexto secreto es El poder del desprendimiento. “Si amas a alguien, déjalo libre. Si vuelve, es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue”.  Incluso dentro de una relación amorosa, la gente necesita tener su propio espacio. Amar significa desprendernos de nuestros miedos, prejuicios, ego y condicionamiento.

El séptimo secreto del amor abundante es El poder de la comunicación. Cuando aprendemos a comunicarnos abiertamente y con sinceridad, la vida cambia.  Deja que la gente a la que amas sepa que la amas y aprecias.  Nunca tengas miedo a pronunciar las palabras mágicas: “Te quiero”.

El octavo, es El poder del compromiso.  Si deseas amor en abundancia, debes establecer el compromiso de lograrlo, un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos.  El compromiso es la verdadera prueba de que el amor está presente. Si quieres tener una relación con amor, debes comprometerte a crear la relación que quieres.  El compromiso distingue una relación frágil de una sólida.

El noveno secreto del amor abundante es: El poder de la pasión. La pasión enciende el amor y lo mantiene vivo.  Una pasión duradera no proviene exclusivamente de la atracción física, sino que se origina gracias a un profundo compromiso, entusiasmo, interés y fascinación por la otra persona.

El décimo secreto del amor abundante es El poder de la confianza.  La confianza es esencial para establecer una relación con amor.  Si un miembro de la pareja está cegado por la sospecha, la ansiedad y el temor, el otro se sentirá atrapado y emocionalmente ahogado.  No puedes amar a una persona plenamente a menos que confíes en ella.

Yo creo que estos “poderes” pueden invitarnos a una reflexión seria en torno a nuestro egoísmo al momento de amar para elaborar una propuesta de amor sincero como lo hace el poeta colombiano Raúl Gómez Jattin:

Prometo no amarte eternamente, ni serte fiel hasta la muerte, ni caminar tomados de la mano, ni colmarte de rosas, ni besarte apasionadamente siempre.

Juro que habrá tristezas, habrá problemas y discusiones y miraré a otras mujeres y vos mirarás a otros hombres.

Juro que no eres mi todo, ni mi cielo, ni mi única razón de vivir, aunque te extraño a veces.

Prometo no desearte siempre. A veces me cansaré de tu sexo y vos te cansarás del mío. Y tu cabello en algunas ocasiones, se hará fastidioso en mi cara.

Juro que habrá momentos en que sentiremos un odio mutuo, desearemos terminar todo y quizás lo terminaremos…

Mas te digo que nos amaremos, construiremos, compartiremos.

¿Ahora si podrás creerme que te amo?

Valiosos imperdibles…

Yo creo que hay valores que no pueden perderse. Y dentro de esos valiosos imperdibles, se encuentra el valor del compromiso, que comprende a muchos otros valores.

Si se trata de la fidelidad, ahí tenemos el mejor ejemplo para el compromiso. En otras palabras, se trata de ser fiel al compromiso. Aunque en algunos círculos se entiende la fidelidad desde el punto de vista sexual, en el fondo lo que significa básicamente, es respetar el compromiso.  Si con la pareja se llegó a un acuerdo tácito o explícito en relación con la exclusividad, estaríamos faltando a ese compromiso en particular. Y no estamos hablando solo de los cuerpos o de lo que se hace con ellos, sino del respeto por la intimidad, la comunicación y la vida en particular que se va construyendo con el otro. Pues el compromiso no puede perderse en la enfermedad, la pobreza, o la tristeza como se promete en el rito matrimonial, pues el otro tiene la esperanza y el compromiso de acompañar en todo momento.

Por eso ser fiel a la palabra, implica honrar los compromisos. Si se quedó con alguien en cumplir una cita a determinada hora, lo correcto es ser puntual y cumplirle. Porque esa persona creyó en tu palabra y en tu actuación.

Así la fidelidad y el compromiso se complementan de manera especial cuando se trata de prometer un acto futuro.

Quien se compromete, adquiere un compromiso y no solo para con otro, sino para consigo mismo. Pues se trata de controlar la conducta para no fallar.

Cuando el otro es un niño, con más razón hay que cumplirle para que no pierda la fe en la palabra de sus mayores y pueda, cuando sea grande, llevar el mismo ejemplo y testimonio de vida, pues cumple su palabra.

Esto quiere decir que el respeto, la fidelidad y la responsabilidad hacen parte del valor de los valores, en mi concepto, el compromiso.

Para educar un niño en los valores, el ejemplo de sus mayores es fundamental… ¿qué estamos haciendo para auto-monitorear nuestra conducta?

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