Este año sí…

Yo creo que al principio de cada año, hacemos promesas que no se van a cumplir. Por ejemplo: este año si hago ejercicio, este año si ahorro, este año si cambio de empleo etc. Y observamos cómo pasa el tiempo y se hace imposible el cumplimiento de lo prometido. Sin embargo la pregunta que surge es curiosa. ¿Qué me impide cumplir lo que me he propuesto? Supongo que la falta de disciplina y control sobre nuestros comportamientos y los malos hábitos adquiridos a lo largo de la vida. Entonces si conozco la causa… ¿por qué no la remedio? Porque en el fondo obtengo ganancias secundarias al no cumplir lo prometido. Es decir me conviene de alguna forma, no cumplir. Precisamente porque aquello que he prometido, me compromete con algo que en forma rutinaria o habitual no hago. Me explico:…Este año si organizo el cajón de la ropa. Las personas organizadas y que tienen por costumbre organizar con frecuencia sus pertenencias… para qué se imponen este propósito si ya hace parte de su vida. Este año si ahorro. Las personas económicas, que invierten su dinero y lo gastan con cuidado… no necesitan este tipo de propuestas de buen inversionista. En fin a la conclusión a la que he llegado es: de nada sirve hacerse promesas de buen comportamiento, si de antemano no existe la preparación y el hábito necesario.

Este año sí…con esfuerzo y dedicación y tomando conciencia de nuestras malas costumbres, creo que si es posible desarrollar buenos hábitos de ahorro, ejercicio, organización y cambio personal para este año que comienza. Enfrentando nuestros fantasmas y permitiendo que nazca una nueva persona. Ahí está el reto. En descubrir qué es aquello que me impide lograr mi objetivo. La frase que dice: “si sigues haciendo lo que estás haciendo, seguirás recibiendo, lo que estás recibiendo” tiene vigencia en el 2009.

El sujeto sujetado por la moda…

 

Yo creo que la moda es una imposición que por lo arbitraria, coarta la libertad del sujeto, al precisamente, sujetarlo a una interminable serie de patrones de conducta en el vestir, comprar, consumir, pensar, desear y amar.

 

Entonces como una tiranía social, el sujeto ve pisoteada su autonomía, al perder la capacidad de ser autentico, único e irrepetible; en tanto que la moda lo estandariza, homogeniza, y lo reduce a ser fiel copia del modelo de turno, como una manera de obligarlo a pertenecer al grupo social, so pena del destierro por no tener, llevar, portar e incluso consumir el objeto de moda, bastante perecedero y de esta forma, garantizar que al perder vigencia, ya no se debe usar, ya no se puede usar.

 

¿Quién hace la moda? Al principio nace como una propuesta independiente e independista. A quien se le ocurre por primera vez, lanza la idea, que por loca, sabe que va a atraer a más de uno. Luego la multiplicación y la producción en serie, logra lo impensable: que en pocos segundos todo el mundo esté pensando, vistiendo, caminando, bailando y hasta haciendo el amor de manera clonada.

 

¿Quién se lucra con la moda? El aparato económico, el cual, con todo su poder se beneficia de la fiebre momentánea, y el gasto desmedido de aquellos incautos que sospechan que la felicidad se encuentra en el consumo.

 

¿Quién pierde? La persona, que ve manipulada su buena fe, y sus necesidades de pertenencia al grupo, de ser querida y admirada por otros y sobre todo su motivación, que desde el placer, mueve los hilos invisibles que sostienen la arquitectura de la mismidad.

 

El día que el ser humano recupere su derecho a ser único, diferente y singular y decida no seguirle el juego a la sociedad de consumo, ese día, dejaremos de estar sujetados por la moda y más bien liberados por la conciencia de nuestra humanidad, sin necesidad de aparentar lo que no somos.