Yo creo que el terapeuta afronta la más dura de las soledades. Y con razón, si tenemos en cuenta la pregunta… ¿y a mí, quién me escucha?
En Colombia, la Ley 1090 de 2006, establece el 20 de noviembre como día oficial nacional del Psicólogo y así, tal vez no exista una razón para elegir ser psicólogo…como lo expresa muy bien una colega, quien tuvo la gentileza de enviarme estas reflexiones en un precioso mail, a propósito de la celebración, este pasado 20 de noviembre.
Al texto original le he agregado algunas ideas mías y por lo tanto se convierte en un trabajo enriquecido con la participación de todos. Espero entonces invitar a la reflexión a partir de estos enunciados.
Somos muchos los que hemos abrazado esta profesión, buscando de alguna manera exorcizar nuestras propias sombras y fantasmas.
Pues, ser psicólogo, implica pasar horas de escucha frente al sufrimiento de quienes consultan y conectarse con lo más profundo del ser humano. Siendo capaces de vislumbrar más allá de lo evidente y a menudo sentir impotencia al no poder lograr la toma de conciencia de nuestros pacientes.
Significa enfrentarse a insospechadas resistencias, así como disentir teóricamente con otros colegas hasta el punto de generar “irreconciliables” diferencias…y, al mismo tiempo, ser blanco de incomprensiones.
Ser psicólogo también representa el estar preparado para innovar y en forma simultánea asumir el riesgo de hacerlo…y de otro lado, aceptar el desafío de basarse en los grandes maestros de la historia de la psicología, cuidándose de tener una visión crítica sobre sus teorías.
Quiere decir, caminar por fangosos terrenos de una teoría que se actualiza permanentemente…y que nunca se termina de escribir.
Nuestro oficio nos pone frente a la difícil posición de demostrar que la psicología es ciencia…y también arte.
La nuestra no es una profesión más; quien acude a nosotros, lo hace buscando una respuesta a sus interrogantes…y una salida para su sufrimiento.
A veces, hasta podemos ser puestos en el lugar de culpables…por el hecho de haber ayudado a “ver”, o por mostrar lo que el otro no quiere ver.
La idea es ir abriendo caminos para incrementar la calidad de vida, incluso allí donde los demás han desfallecido.
¿Qué motiva al psicólogo?…algunos amigos…unos buenos maestros…unos amables discípulos y tal vez un deseo mesiánico de salvar el mundo.
Pareciera que la profesión no tiene mucho para ofrecer…sin embargo de vez en cuando nos alimenta alguna persona que ha recobrado el sentido vital y ahora sabe responder el “para qué” o tiene la capacidad de darse cuenta y ser más responsable con su vida.
Y al final esta sensación de soledad…terapéutica porque nuevamente surge la pregunta de ¿quién escucha al terapeuta?