El arrepentimiento es el primer paso para lograr el perdón.

pexels-photo-4584462Yo creo que el arrepentimiento, es el primer paso para lograr el perdón.

Por estos días transitaba por la ciudad en medio de las congestiones del tráfico, normales por el fin de año. Los vehículos estaban en fila esperando el cambio del semáforo. Sin embargo, un motociclista imprudente, hizo suficientes maniobras indebidas que no solo pusieron en peligro su propia vida, sino que además comprometieron la seguridad de quienes utilizábamos correctamente la vía en el momento del arranque. La persona más afectada le hizo un reclamo airado al infractor. Pero desafortunadamente la reacción de éste fue la de atacar a quien le hacía el reclamo, sin reconocer que la falta la había cometido él mismo con sus piruetas a destiempo, por el camino equivocado y a una considerable velocidad.

Lamenté profundamente el hecho y entré en una reflexión profunda alrededor de la pregunta sobre el arrepentimiento.

¿Por qué es tan difícil arrepentirse?

En primer lugar, porque creo que lo que hice o dejé de hacer está bien hecho.

Hago todo lo posible por convencerme racionalmente, de que lo realizado, tiene una lógica y una razón de ser que me asiste. Por lo tanto, así demuestro que yo no soy el equivocado, sino que los equivocados son los demás. Entonces justifico cada acto, para tranquilizar mi conciencia.

Arrepentirse se torna complejo cuando no me pongo en el lugar del otro. Si carezco de empatía, y me cuesta reconocer el sufrimiento, el dolor y la angustia de los demás, entonces así es muy difícil que reconozca que he hecho daño y he causado inconvenientes en las vidas de los otros.

Además, cuando responsabilizo a mi hermano de su autocuidado y termino afirmando que aquello que sucedió, se produjo porque él lo permitió, sabiendo en el fondo que debo actuar como el protector del posible daño que yo pueda causar a los demás, sin endosarles completamente la responsabilidad.

Lo complejo del arrepentimiento está en el orgullo, que no permite el paso de la humildad que desde el corazón acepta la falta cometida y está dispuesta a reparar el daño causado. Un orgullo que se protege de cualquier toque en su contra porque parte del supuesto de que su pensar y su actuar, son perfectos.

Y en la falta de conciencia en torno a las consecuencias que tienen mis actos en las vidas de los demás, porque cada cosa que hago o dejo de hacer en relación con mis semejantes, repercute de manera diferente, trayendo serias y profundas repercusiones.

En esta etapa de fin de año, es bueno para mí, hacer un alto en el camino para reconocer todo aquello en lo que me equivoqué, para repararlo en la medida de lo posible.

Identificar, cómo mi orgullo y mi falta de humildad, dificultaron procesos de perdón, necesarios en las relaciones con las personas en los espacios que frecuento.

Aprovechar cada momento significativo para mostrar mi arrepentimiento y con ello iniciar una reflexión profunda que me lleve al cambio.

Y modificar mis patrones de conducta que son dañinos, para mí mismo y los demás y de esta forma reconciliarme con la vida y darle sentido a la misma, a través de una convivencia sana y armoniosa con aquellos que necesitan mi arrepentimiento para lograr el proceso de sanación desde el perdón.

Yo creo que el arrepentimiento, definitivamente, es el primer paso para conseguir el perdón.

Tomar decisiones, escribe el futuro.

chess-1974152_960_720Yo creo que hay decisiones que se toman en caliente sin que medie la razón, y otras donde la razón no permite la acción…entonces hay que consultar al corazón.

Tomar decisiones es un arte mayor.

Qué difícil tomarlas cuando tengo la presión del tiempo, o cuando puedo ver el daño que causaré a otros, o cuando el miedo a la equivocación me paraliza y entonces, la sensatez me regala la lógica, de esta forma, detiene mi locura o mi acaloramiento, provocado por la emoción.

Pues, aunque en las decisiones, la lógica debe imperar… en el mundo de los sentimientos humanos la emoción gana la partida y nos lleva a tomar decisiones locas, atrevidas y contra todo pronóstico, prácticas… como cuando, por ejemplo, un hijo, que por orgullo, vanidad, egoísmo o demanda de amor, ha tomado la decisión de cortar la comunicación con su padre de manera unilateral, entonces su comportamiento, que parece que nace más del miedo de ser confrontado, que de una madura reflexión en torno a las consecuencias de no querer comunicarse, hace que el Universo conspire, como un gran maestro, que aunque doloroso, se torna educativo y sirve como lección de vida.

Ahora lo que realmente interesa no es la decisión como tal, sino sus consecuencias.

Esto significa que toda decisión debe tomarse desde varios puntos de vista y criterios, teniendo en cuenta posibles modelos que reflejen efectos futuros.

Además, gracias a la equivocación aprendo; así como también sé que, en materia de decisiones, hay errores fatales, que no permiten ni la reversa, ni la posibilidad de futuro.

Cambiar de opinión es de sabios; debido a que, con el tiempo, voy descubriendo nuevas alternativas, nuevos elementos, y mayor serenidad, que me ayudan a tomar nuevas y mejores decisiones, más sanas y saludables para mi y para otros.

Cambiar de trabajo, iniciar una relación de pareja, mudarse de domicilio, invertir en un proyecto, emprender un viaje, asistir o no a una reunión, separarse o unirse a alguien, son importantes decisiones que tienen consecuencias y hacen parte del sagrado arte de vivir.

Y a veces tomamos decisiones, sin que las partes interesadas se enteren, entonces nos toma por sorpresa, la sorpresa misma del afectado, como si fuera su obligación estar al tanto de los cambios que adopta quien toma decisiones sin consultar o comunicar.

Cada movimiento en el Universo repercute. Y una decisión tomada y ejecutada afecta el futuro.

Yo creo que cuando tomo decisiones, no puedo ignorar las consecuencias que ello trae. Entonces tampoco debo sorprenderme, con el resultado de mis actos.

Acariciar con las palabras…

water-1988279_960_720Yo creo que las palabras matan, así como tienen el poder de dar vida…Mi propuesta es que aprendamos a acariciar con las palabras, no sólo las verbales, sino también, las gestuales y corporales.

Las palabras tienen un enorme poder. Tanto así que, con palabras terapéuticas es posible sanar a una persona, en tanto que con palabras agresivas, insultantes o mal intencionadas podemos lastimar, herir y sugestionar negativamente a los seres con quienes vivimos y/o trabajamos.

De otro lado, se ha comprobado el importante papel que juega la sugestión en nuestras propias vidas al lograr procesos de curación a partir de expresiones positivas expresadas por el propio enfermo, sus familiares o amigos más cercanos.

Las palabras y expresiones de un jefe pueden ser mortales para sus colaboradores si se expresan en momentos emotivos sin que medie la razón o el entendimiento.

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