La importancia de la tarea pendiente

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Yo creo que tener una tarea pendiente o en otras palabras estar ocupado en un asunto por hacer, es una buena manera de encontrarle sentido a la vida, precisamente por la meta y por el proceso mismo de alcanzar dicho objetivo.

Por ejemplo, cuando emprendo la tarea de ahorrar frente a la pregunta ¿para qué ahorro? Continuar leyendo

Realmente…¿qué me estresa?

girl-2696947_960_720Yo creo que el estrés que siento es proporcional a mi personalidad. Y esto lo digo porque en el momento de evaluar qué me estresa, descubro que es todo aquello que no puedo controlar. Entonces debe ser que tengo una personalidad controladora.
Hace muchos años atrás, me encontraba en un taller para el manejo del estrés. Me inscribí en él, pensado en resolver algunos conflictos de salud asociados con la garganta y mi voz, por la actividad como conferenciante y profesor universitario. La fonoaudióloga que me trató en ese momento me recomendó que luego de descartar un problema gástrico, me cuestionara como psicólogo, la posible asociación entre el poder de la seducción de la voz, -y la necesidad de castigarme, o censurarme produciendo una disfonía-. Entendí que era una forma de estar en silencio para evitar “decir algo”, que por lo penoso… dejó muda la garganta.
Además, identifiqué finalmente, que estaba muy estresado, no sólo por la falta de técnica vocal, sino por el excesivo trabajo con la voz. Entonces terminé haciendo psicoterapia, curso de técnica vocal, taller para el manejo y control del estrés, así como visita a un maestro para aprender a meditar.
En ese momento confirmé que el proceso estresor tenía una relación directa con mi tipo de personalidad y con mi manera de pensar. El facilitador del taller explicaba en forma jocosa, que los individuos de Personalidad A son: Acelerados, Ansiosos, Angustiados, Apurados, “Aprioristas”, Agoreros, Anticipados.
Decidí entonces disminuirle ritmo a mi vida, darle un giro a mi forma de pensar y reaccionar, porque fue claro que, si cambiaba mi manera de pensar, cambiaba mi manera de actuar.
Todo esto ofreció como resultado, un cambio de perspectiva. Debido a la relación que existe entre el estrés y el estilo de vida laboral y la personalidad perfeccionista e insatisfecha con sus propios logros. Una típica estructura de personalidad que tiene como base un programa mental que dice: “puedo dar más”.
También entendí que, si no tengo capacidad de adaptación, aquello que huela a cambio o novedad, puede estresarme mucho.
Y si no tengo el control, sobre personas, situaciones, circunstancias, y fenómenos físicos y climatológicos, al menos si puedo buscar estrategias como un buen paraguas, abrigos, o la meditación profunda para ayudar a controlar la mente y lo que pienso.
También sé que lo que representa una amenaza, estresa sobre la faz de la tierra (desde tiempos inmemorables) a toda criatura animal.
Sin embargo, el proceso estresor es tan individual y único como cada persona. Es decir, lo que a mí me estresa, puede no estresar a otras personas.

Me pregunto: ¿Realmente qué me estresa?

Tengo dos posibles respuestas:Me estresa lo que yo elijo como estímulo estresor, y por lo tanto lo evalúo como tal, o me estresa lo que me dijeron “debería ser estresante” y en consecuencia me estreso como respuesta a ese condicionamiento.

Si bien es cierto, el mundo de hoy es muy estresante, también es cierto que puedo utilizar una gran cantidad de estrategias para disminuir el impacto del proceso estresor.

Entonces desde ese momento, elegí evaluar distinto los estresores… para darme cuenta de que no vale la pena estresarme por ciertas cosas…y que me estoy perdiendo el placer de vivir aquí y ahora…por estar pendiente de anticipaciones innecesarias,- de un futuro hipotéticamente catastrófico- que posiblemente no llegará.

Cuando se aproxima el fin.

time-3038213_960_720Yo creo que tenemos dificultades para cerrar ciclos. Y debemos reconocer que hay procesos inconclusos que, al quedarse así, impiden una correcta elaboración del duelo.

Los ciclos sin cerrar van y vuelven indefinidamente, pidiendo a gritos su conclusión.

Y descubro que lo que nos impide cerrar un ciclo, es el miedo al desenlace que sospechamos; así como en otros momentos, tiene que ver con la necesidad de permanecer atados a aquello que realmente no queremos cerrar, porque en el fondo, nos conviene tener motivos de queja, para poder pasar por víctimas o victimarios.

También hay ciclos que no se cierran, debido a la falta de trabajo sobre el orgullo y el obligatorio desarrollo de la humildad, condiciones necesarias para lograr la aceptación y el reconocimiento de los factores causantes de la parálisis, en la resolución de temas pendientes.

Al revisar asuntos inconclusos, me percato del miedo a enfrentar el encuentro conmigo mismo, debido al dolor en el ego que se produce, al mirarse así mismo.

Le tenemos miedo a lo que no entendemos. Rechazamos todo lo que se sale de nuestro control y atacamos cualquier cosa que nos saque de la zona de confort y de las supuestas seguridades con las que nos rodeamos.

Miremos por ejemplo cómo nos da terror, enfrentar el tema de cerrar el ciclo laboral, con todas las implicaciones que ello trae a nivel económico y de reconocimiento social. Postergamos, hasta el límite de lo posible, hablar de jubilación, porque lo relacionamos con la muerte de nuestra propia utilidad.

Jubilarse tiene que ver con la palabra júbilo o alegría de terminar un trabajo que desarrollamos en buena parte de nuestra vida. Sin embargo, si la valía y el orgullo personal dependían de esa labor, se hace muy difícil separar la actividad, de la identidad. Me refiero por ejemplo a aquel que, ejerciendo una profesión u oficio a lo largo de los años, ahora debe darle paso a las nuevas generaciones de profesionales y trabajadores, quienes incluso están mejor preparados que él, al tiempo que debe reconocer que, sus habilidades y conocimientos no son los mismos que lo hicieran competente en el pasado.

No se cierra el ciclo cuando sigo pensando y opinando en pasado… duelo sin elaborar como el de aquel, que comienza sus frases diciendo “cuando yo trabajaba en…” nostalgia característica de quien no ha soltado su identidad pasada.

Yo creo que es importante hacer un proceso terapéutico de pre-jubilación, para aprender a cerrar ciclos laborales y como una preparación obligatoria para entender cuando se aproxima el fin y de esta forma, exorcizar incluso otros temores a cerrar ciclos vitales, como los de la paternidad, en el “síndrome del nido vacío” o como los asociados con la pareja, ya por muerte natural o emocional de la misma, temas de los que hablaremos en futuras publicaciones.

 

 

 

 

En los calzones del miedo.

tree-1031814_960_720Yo creo que tengo derecho a sentir miedo; y reconozco que me equivoco cuando pretendo asustar a mis semejantes, para controlar un poco la angustia, buscando una supuesta solidaridad…tal vez esperando que ellos estén más angustiados que yo.
El miedo es natural, no sólo, desde nuestra condición animal, por aquello del instinto de conservación y gracias a los componentes bioquímicos que garantizan la supervivencia; sino por la complejidad mental, que “todo lo puede”, desde la imaginación, maravillosa creadora de escenarios catastróficos.
Considero normal ser capaz de ver el peligro y sentir miedo, así como veo anormal, quedarse muy tranquilo frente a una situación de peligro real, sin evaluar las consecuencias. Es decir, creo que es inadecuado magnificar una situación y verla como peligrosa, debido a la ansiedad anticipatoria, aún con la sospecha, de que posiblemente, no suceda.
En síntesis, hay miedos de miedos. Y cada situación peligrosa puede evaluarse distinto, si se tienen las herramientas para el control del pensamiento…pues, al fin y al cabo: “…la imaginación es una loca que no debe dejarse suelta”.
Preocuparse no tiene sentido. Mas bien, puedo ocuparme, cuando sea el momento adecuado; porque hay ciertas circunstancias y eventos a los que no puedo adelantarme para controlarlos, mientras que otros si. Entonces no vale la pena gastar energía en aquello que no tiene control…lo adecuado es canalizarla en lo que si se puede controlar.
Aquí, aparece la palabra clave: control. Todo lo que no puedo controlar, me causa miedo, temor, ansiedad, pánico. Dicho así, el remedio estaría en saber administrar las herramientas de pensamiento productivo, que me permitan tener un relativo control.
Pensar en forma creativa, buscando soluciones, tiene más lógica, que sumergirse en el mar de la angustia, dándole vueltas a un resultado hipotético, que aún no ha llegado.
Mirar todos los posibles escenarios, es sensato…centrarse sólo en el escenario catastrófico, no.
Es el momento de aceptar, que al “miedo nadie le ha puesto calzones”, y que, además, debo hacer un esfuerzo para respirar profundo, y con el cerebro oxigenado, distinguir, si ese miedo en particular, es más bien una espeluznante creación de mi sombra, que me atormenta innecesariamente, o algo que es real y que en consecuencia debo temer.
Yo creo que, en materia de miedos… ¡si yo los he creado…puedo desmontarlos!

Cuestión de disciplina

Yo creo que el secreto está en la disciplina. Y descubro que a la base de muchas actividades humanas se encuentra la capacidad de controlar nuestros pensamientos y comportamientos. Y si desde chicos nos educamos en el autocontrol, tendríamos, no solo una cultura mejor, sino unas generaciones de seres humanos más competentes y productivos.

Para la muestra este botón, que nos enseña el poder de la concentración y el trabajo dedicado, de quienes saben aprovechar el potencial de los jóvenes. Ya que no solo se trata de niños talentosos, sino también de maestros especiales que saben cómo lograr procesos educativos, que valgan la pena.

En el fondo, la idea es ponderar el valor de nuestros talentos, que bien canalizados pueden hacernos cambiar nuestra perspectiva del mundo. Pues, en vez de quejarnos tanto, podríamos enfocar todos nuestros esfuerzos en lograr la transformación de nuestras realidades.

Vinimos a la tierra para hacer cosas grandes.Y para ello es fundamental reconocer que los seres humanos tenemos mucho para dar; demasiado por hacer y sobre todo, metas por alcanzar.

Y si no es ahora, ¿cuándo?

Definitivamente, yo creo que es cuestión de disciplina y por supuesto de método.

Este año sí…

Yo creo que al principio de cada año, hacemos promesas que no se van a cumplir. Por ejemplo: este año si hago ejercicio, este año si ahorro, este año si cambio de empleo etc. Y observamos cómo pasa el tiempo y se hace imposible el cumplimiento de lo prometido. Sin embargo la pregunta que surge es curiosa. ¿Qué me impide cumplir lo que me he propuesto? Supongo que la falta de disciplina y control sobre nuestros comportamientos y los malos hábitos adquiridos a lo largo de la vida. Entonces si conozco la causa… ¿por qué no la remedio? Porque en el fondo obtengo ganancias secundarias al no cumplir lo prometido. Es decir me conviene de alguna forma, no cumplir. Precisamente porque aquello que he prometido, me compromete con algo que en forma rutinaria o habitual no hago. Me explico:…Este año si organizo el cajón de la ropa. Las personas organizadas y que tienen por costumbre organizar con frecuencia sus pertenencias… para qué se imponen este propósito si ya hace parte de su vida. Este año si ahorro. Las personas económicas, que invierten su dinero y lo gastan con cuidado… no necesitan este tipo de propuestas de buen inversionista. En fin a la conclusión a la que he llegado es: de nada sirve hacerse promesas de buen comportamiento, si de antemano no existe la preparación y el hábito necesario.

Este año sí…con esfuerzo y dedicación y tomando conciencia de nuestras malas costumbres, creo que si es posible desarrollar buenos hábitos de ahorro, ejercicio, organización y cambio personal para este año que comienza. Enfrentando nuestros fantasmas y permitiendo que nazca una nueva persona. Ahí está el reto. En descubrir qué es aquello que me impide lograr mi objetivo. La frase que dice: “si sigues haciendo lo que estás haciendo, seguirás recibiendo, lo que estás recibiendo” tiene vigencia en el 2009.

La dolorosa despedida…

board-1820678_960_720Yo creo que en estos tiempos de crisis económica, son muchas las empresas que, en su desesperada carrera por sobrevivir, comienzan a recortar gastos.  Y dentro de las temibles soluciones cabe, por supuesto la posibilidad del recorte de personal. 

 

Recuerdo muy vivamente cuando comentando en familia la decisión de un recorte de personal en la empresa donde trabajábamos, la más pequeña de las asistentes a la reunión, tendría cuatro años a lo sumo, preguntó muy preocupada: -papi:… ¿le sale mucha sangre a la gente recortada? 

 

La risa fue la reacción de todos, sin embargo me quedé pensando en el dolor que produce una despedida y más cuando la persona precisamente, no se la espera. No solo corre “sangre” sino toda la vida de la persona.    

 

Una cosa es preparar la posible despedida, pues se rumora por los pasillos de la empresa y otra, llegar a la oficina y encontrarse con la fatal noticia.

 

Las personas que sufren un despido, pueden dividirse en dos grupos: aquellas que tuvieron el tiempo para el proceso de duelo y aquellas que todavía se resisten a creer en esa realidad puntual y concreta,  pues les avisaron en muy corto tiempo que ya no pertenecían a la compañía.  Estas personas deben elaborar el duelo como si hubieran perdido a un ser querido.
¿Qué es el duelo?
 
Es toda situación emocional y dolorosa que se experimenta como respuesta a una pérdida; por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una mascota, un objeto significativo, el trabajo, la casa, una parte del cuerpo o incluso referido a su funcionamiento específico y que la persona lo valora como emocionalmente importante para ella.

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