Tengo nostalgia por un abrazo.

pexels-photo-3152046Yo creo que, si nos abrazáramos con mayor frecuencia, este mundo sería distinto.

Sin embargo, en estos días de confinamiento voluntario que, además por los pronósticos de las autoridades en salud pública, se va a extender en el tiempo, comienzo a sentir una profunda melancolía por la necesidad de abrazar. Entonces en conclusión…tengo nostalgia por un abrazo.

Nada tan disparador del deseo como una prohibición. Más aún cuando frente a la esperanza de que se levante la cuarentena, a causa del covid-19, la sola perspectiva del encuentro con mis seres queridos sin poderlos abrazar, ya es otra catástrofe para mi forma de ser sentimental.

Entiendo que, en las épocas normales, me diera pena abrazar y mostrar afecto, por el temor a ser rechazado o mal interpretado, pero ahora siento un impulso infinito de salir a la calle a abrazar a mis vecinos y por qué no… a desconocidos, como un acto de solidaridad y muestra de coraje, como si hubiéramos regresado vivos de la guerra; pero eso va a estar prohibido durante mucho tiempo.

Ahora voy a sentir angustia si me abrazan, por el temor de ser contagiado por un virus que tiene como misión secreta, separar a los seres humanos para que no podamos expresar el cariño a través de besos y abrazos.

Por mi experiencia como psicólogo sé que los abrazos son terapéuticos. La “abrazoterapia”, es una herramienta poderosa para disminuir los niveles de violencia, así como un método eficaz para controlar el miedo, la ansiedad y el estrés; salvo en aquellas personas que temen a los abrazos, porque desde niños no les enseñaron a demostrar afecto de esta manera.

El abrazo sincero, es sanador. Y he evidenciado su poder con aquellos pacientes, cuando al ser visitados por sus familiares y amigos, muestran disminución del dolor y mejorías importantes gracias a la esperanza de vivir, que les da el amor y la presencia acompañante de sus seres queridos a través del abrazo. Pero, por obvias razones, las condiciones de contaminación impiden el uso de este recurso.

En la familia, el abrazo y las manifestaciones de afecto son los bálsamos perfectos para hacer más ligeras las penas del diario vivir y más llevadera la vida en estos tiempos de cuarentena.

Nada tan reconfortante y cálido como sentir el abrazo espontáneo de un niño.

O el abrazo amoroso de mi madre, que ahora me los brinda a la distancia, cuando le hago una videollamada para evitar contagiarla y me regala sus bendiciones, llenas de fe y esperanza, con la certeza de que todo va a mejorar.

Creo en el abrazo de la reconciliación entre los hermanos que se han peleado y además, creo en el abrazo protector, cuando una catástrofe o emergencia ha llegado de sorpresa.

Creo en el abrazo amoroso del padre cuando recibe a su hijo asustado por una pesadilla.

Creo en el abrazo de felicitación cuando el equipo ha ganado el campeonato.

Creo en el abrazo acompañante cuando un ser querido ha muerto.

Creo en el abrazo estremecedor de los niños especiales, cuando triunfan en sus olimpiadas.

Creo en la ternura del abrazo a los abuelos.

Y creo en la verdad del abrazo en pareja después del erotismo y la pasión.

Definitivamente creo en la abrazoterapia, pero ahora, tengo nostalgia por un abrazo, porque sé que va a pasar mucho tiempo, antes de que pueda volver a abrazar, a la gente que amo.

Espero que esta pandemia no le gane la partida al amor expresado físicamente.

Lo que se aprende de la dificultad.

tiger-2535888_960_720Yo creo que la dificultad, pone a prueba nuestra capacidad de adaptación y la inteligencia emocional para asimilarla y sacarle el mejor provecho.

Cuando ingresé a la universidad, para comenzar mis estudios en la facultad de psicología, llegó a mis manos el texto del filósofo colombiano Estanislao Zuleta, con su título provocador e inquietante:” Elogio de la dificultad”.

El deslizarme por sus páginas, me generó una crisis existencial profunda. Me di cuenta de que mi vida había transcurrido sin detenerme a evaluar la riqueza oculta que se encuentra en las dificultades. Y desde ese momento decidí que, si el Universo me regalaba una, la iba a aprovechar para aprender mucho de mí mismo.

Pienso que las dificultades mayores que he enfrentado, fueron provocadas por la equivocación y por el error. Así al pasar los años, cada vez más, les hablo a mis estudiantes de la importancia de erigirle un altar a la equivocación. Porque es precisamente allí, donde más información obtengo, si me acompaña el coraje suficiente para hacer las preguntas adecuadas y de esta forma, investigar a fondo, dónde estuvo el error. Porque cuando me va muy bien en un examen, y saco buena nota, me limito a celebrar el triunfo sin preguntarme por qué obtuve ese resultado tan satisfactorio.

Cuando hago inventario de mis aciertos y equivocaciones, puedo corregir el futuro.

“Errar es de humanos”, dice el refranero popular, y además nos enseña que si se comete un error y no se corrige, el resultado, son dos errores.

Para recordarme, como estoy de equivocado, traigo a mi mente la fábula del místico árabe Sa’di:

Que narra la historia de un hombre que, cuando paseaba por el bosque, vio a un zorro mutilado, pues había perdido sus patas. Al mirarlo así, se preguntó ¿cómo podría este zorro sobrevivir con esa condición?. En medio de sus reflexiones sobre la vida y la muerte, observó a un tigre que llevaba una presa en su boca. Al parecer el tigre estaba satisfecho y dejó el resto de la carne para el zorro.

Al día siguiente, se produjo de nuevo el milagro y Dios alimentó al zorro por medio del mismo tigre. Nuestro hombre dio gracias al Creador del Universo por su inmensa bondad y de manera entusiasta se dijo a sí mismo -voy a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor y Él me dará todo cuanto necesite-.

Lo hizo así durante muchos días, pero nada sucedió y este hombre, casi frente a las puertas de la muerte, sintió desfallecer su fe. Cuando oyó una voz que le decía: -Óyeme tú que te encuentras en el camino del error, toma conciencia, abre tus ojos a la Verdad y por favor sigue el ejemplo del tigre y deja de imitar al zorro mutilado.

Cuando pretendo tener la razón, siempre es bueno consultar al Universo, para que me envíe algún sabio mensajero y me saque del error, porque es necesario para mí aprendizaje, distinguir si juego a ser el tigre o el zorro. Por supuesto, se necesita una buena dosis de humildad para escuchar y ver las señales que continuamente nos da la vida.

Yo creo que la dificultad no está en el acontecimiento mismo, sino en la manera como me permito ver y reaccionar frente a la situación. Al fin y al cabo, quien está a prueba soy yo. El problema, realmente no se encuentra en el examen, sino en mi preparación para resolverlo.

Mi madre es un ser sagrado

baby-165067_960_720Yo creo que me voy a imaginar que estoy en el colegio y debo presentar un escrito sobre mi mamá, para leerlo en público, en la fiesta de las madres.

Se titula: “Mi madre es un ser sagrado”. Continuar leyendo

¿Cómo hago para vivir?

Yo creo que vivir es un riesgo que vale la pena correrse. También creo que no es fácil hacerlo y que requiere de mucho coraje para salir adelante a pesar de las dificultades. Entonces tampoco es fácil responder a la pregunta: ¿cómo hago para vivir?

Recuerdo el pasaje de mi vida en el cual, conversando con alguien muy angustiado por la situación que estaba atravesando en ese momento, me decía que no quería vivir. Tal vez él esperaba, que yo, le diese algún consejo iluminado, pero me limité a quedarme callado. Guardé silencio por un buen rato, con la idea de hacerlo recapacitar sobre el hecho de que él, no había terminado la frase y por supuesto estaba esperando que la cerrara o la concluyera. Entonces me mira con desconsuelo y me pregunta de nuevo: ¿no vas a decirme nada? A lo que le respondo: Estoy esperando el cierre de tu afirmación.

La expresión no “quiero vivir” está incompleta. Sería bueno cerrarla diciendo: No quiero vivir en este pais. No quiero vivir esta situaciòn económica, No quiero vivir en esta casa. No quiero vivir angustiado. No quiero vivir con la incertidumbre de mi enfermedad etc.

Se trata de ser específico y descriptivo en relación con el significado completo de la afirmación “no quiero vivir”; pues se vuelve un lugar común escuchar, por supuesto de manera descuidada, comentarios de muerte que aparecen cuando la vida nos presenta sus dolorosas complejidades.

La tendencia ahora, consiste en buscar la vida fácil, sin problemas, dolores y dificultades. Desconociendo que en la vicisitud, se encuentra la esencia del crecimiento personal. Es decir, el arte de vivir nos prepara para responder las preguntas difíciles de la existencia. Pues al fin y al cabo, cuando el examen o la prueba está muy fácil, pierde encanto y precisamente cuando está más difícil, el desafío grato consiste en superar el reto.

La respuesta a la pregunta ¿cómo hago para vivir?, se encuentra en nuestro silencio interior. Vano esfuerzo el de aquel que pretende encontrarla afuera, en los demás. Pues nadie puede vivir la vida por otro y mucho menos entrometerse en las tareas del alma ajena.

Además porque yo creo que la vida, no solo me pone la prueba, sino que me da las herramientas necesarias para iluminar el camino y ver lo que no puedo ver o no quiero ver.