Mi vecina o los hijos de la soledad.

baby-2616673_960_720Yo creo que las experiencias cotidianas tienen mucho valor, si me propongo profundizar en sus significados.

Mis vecinos recientemente tuvieron bebé.  Entonces yo también tengo una nueva vecina encantadora y maravillosa. Intuyo que es muy inteligente. Hermosa, cálida, y apacible, cuando escucha mi voz, voltea con su mirada escrutadora, y me observa fijamente a los ojos, casi sin pestañear, claro está, luego de repasarme, en silencio, de pies a cabeza.

Sale casi dormida, sin bañarse, en pijama, envuelta en sus cobijas de muñecos de color variado y pendiente de la conversación que sostenemos los adultos, al salir de nuestros respectivos apartamentos, rumbo al trabajo. Y ella camino a la casa de la abuela, donde imagino la cuidan, mientras sus padres producen dinero para la subsistencia. Creo que tiene más de seis meses y sin que nadie se lo pida, participa de la charla, señalando todo con su dedo pequeño y perfectamente esculpido, soltando algunos sonidos, como pretendiendo hablar. No pierde detalle y se percata de cada movimiento de quienes la rodeamos, mientras bajamos al parqueadero.

En un momento, contemplo el milagro de la vida. Y luego me sobrecoge, la idea de pensar en el futuro que le espera, a ella y a los demás niños del universo. A juzgar por la manera como viven, las nuevas generaciones de padres, en medio de aceleres, ocupaciones laborales, académicas y sociales y sin un buen tiempo disponible para dedicarle a sus hijos en su proceso de crecimiento, que pienso, es de los más trascendentales en la vida de una persona.

Desde que nacemos, cargamos con información emocional muy importante que va construyendo la arquitectura de la personalidad. Partiendo de la programación genética, que pesa mucho a la hora de explicar nuestra identidad y siguiendo con la manera como establecemos vínculo con nuestra madre o con quien hace de madre, pues para la psicología mamá no es quien nos engendra, sino quien nos educa, abraza, alimenta, se preocupa por nuestro bienestar y supervivencia y permanece con nosotros, al menos, los primeros siete años de vida.

De otro lado la experiencia escolar durante casi once años, por lo que representa la convivencia con otros niños de la misma edad, en donde se descubre la otredad, y con profesores y proyectos educativos institucionales, que desde sus respectivas filosofías nos van parcelando el cerebro con ideas, valores, mapas de creencias y en muchos casos, con perspectivas particulares y amañadas desde cosmovisiones ortodoxas, que dificultan la amplitud de mirada y la conciencia crítica.

Así como la cultura y la sociedad que nos corresponde vivir en la etapa adolescente, que marca, en definitiva, nuestras preferencias, gustos, opiniones y maneras de ser y estar en el mundo; debido a que, gracias a los nuevos medios de comunicación, se abren las ventanas hacia el mundo, de manera ilimitada y más en esta postmodernidad con la ayuda de las redes sociales.

Sin dejar atrás los diferentes traumas, ya grandes o pequeños, que cada uno de nosotros colecciona, y que suman para definir, los miedos, las inseguridades, las disfuncionalidades y las maneras particulares como nos comportamos.

Yo creo que ser niño ahora en este siglo, es más complejo y traumático de lo que parece, y al observar a mi pequeña vecina, siento profunda nostalgia por los hijos de la soledad, y el abandono afectivo, refugiados en pantallas de video y teléfonos celulares que no ofrecen las bondades de la protección del abrazo y compañía familiar, sino el vacío existencial de un frío emoticón.

El profe

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Yo creo que las primeras experiencias infantiles, se convierten en arquitectos que diseñan nuestro futuro, sobre todo a nivel vocacional.

Mi madre, quien me motivó a leer libros de psicología y filosofía, también me enseñó a ver cine cuando estaba niño y adolescente. Fueron muchas las películas que vimos, desde dibujos animados, aventuras, suspenso, ciencia ficción y más adelante, aquellas de profundo contenido psicológico, pues éramos asiduos asistentes a las salas del cine Libia, cerca al parque de Bolívar en Medellín, y a la del Subterráneo, donde se proyectaban las películas “para pensar”. Continuar leyendo

Cuando lo importante es encontrar el propósito.

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Yo creo que a veces nos sentimos perdidos cuando no encontramos el propósito que le de sentido a nuestras vidas. Entonces nos preguntamos: ¿para qué nacimos? ¿Qué sentido tiene mi vida?

Momentos de oscuridad intensa acechan la esperanza de vida. Nubarrones oscuros se ciernen sobre nuestra existencia, cortando cualquier espacio para la luz. Sin embargo, una palabra amiga, una lectura juiciosa o la mirada atenta de la realidad que nos circunda, se convierten en procesos terapéuticos que nos permiten darnos cuenta y hacernos cargo y la iluminación, inunda todo con un nuevo aliento, y entonces se ve clara la razón de ser y esto le da sentido al para qué estamos en la tierra. Continuar leyendo

Vivir…sin excusas.

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Yo creo que vivimos inventando excusas. Nuestra creatividad evasiva, nos permite diseñar una variada cantidad de disculpas, para sacarle el cuerpo a aquello que tememos u odiamos, por ejemplo, encontrarnos con alguien o algo que alborota nuestra sombra. Continuar leyendo

Lo que pasa… pasa

monarch-2820448_960_720Yo creo que cada cosa que nos pasa debe pasar por algo…entonces es bueno que nos pase; al fin y al cabo…pasará y debemos aprender de esa situación, para reorientar el futuro. 
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¿Cómo hago para vivir?

Yo creo que vivir es un riesgo que vale la pena correrse. También creo que no es fácil hacerlo y que requiere de mucho coraje para salir adelante a pesar de las dificultades. Entonces tampoco es fácil responder a la pregunta: ¿cómo hago para vivir?

Recuerdo el pasaje de mi vida en el cual, conversando con alguien muy angustiado por la situación que estaba atravesando en ese momento, me decía que no quería vivir. Tal vez él esperaba, que yo, le diese algún consejo iluminado, pero me limité a quedarme callado. Guardé silencio por un buen rato, con la idea de hacerlo recapacitar sobre el hecho de que él, no había terminado la frase y por supuesto estaba esperando que la cerrara o la concluyera. Entonces me mira con desconsuelo y me pregunta de nuevo: ¿no vas a decirme nada? A lo que le respondo: Estoy esperando el cierre de tu afirmación.

La expresión no “quiero vivir” está incompleta. Sería bueno cerrarla diciendo: No quiero vivir en este pais. No quiero vivir esta situaciòn económica, No quiero vivir en esta casa. No quiero vivir angustiado. No quiero vivir con la incertidumbre de mi enfermedad etc.

Se trata de ser específico y descriptivo en relación con el significado completo de la afirmación “no quiero vivir”; pues se vuelve un lugar común escuchar, por supuesto de manera descuidada, comentarios de muerte que aparecen cuando la vida nos presenta sus dolorosas complejidades.

La tendencia ahora, consiste en buscar la vida fácil, sin problemas, dolores y dificultades. Desconociendo que en la vicisitud, se encuentra la esencia del crecimiento personal. Es decir, el arte de vivir nos prepara para responder las preguntas difíciles de la existencia. Pues al fin y al cabo, cuando el examen o la prueba está muy fácil, pierde encanto y precisamente cuando está más difícil, el desafío grato consiste en superar el reto.

La respuesta a la pregunta ¿cómo hago para vivir?, se encuentra en nuestro silencio interior. Vano esfuerzo el de aquel que pretende encontrarla afuera, en los demás. Pues nadie puede vivir la vida por otro y mucho menos entrometerse en las tareas del alma ajena.

Además porque yo creo que la vida, no solo me pone la prueba, sino que me da las herramientas necesarias para iluminar el camino y ver lo que no puedo ver o no quiero ver.

Ser feliz en una relación

Yo creo que continuamente nos preguntamos: ¿Hay alguna manera de ser feliz en las relaciones?  Y algunos autores como Neale Donald Walsch intentan responder a este interrogante, a través de su texto Conversaciones con Dios, en su primera parte.

Según Walsch, hay una manera de ser feliz en las relaciones; y consiste en utilizarlas para el fin que les es propio, y no para el que les hemos designado. Pues según su argumento las relaciones son una prueba constante para crear, expresar y experimentar las más elevadas facetas de nosotros mismos.

Sostiene el autor que cuando las relaciones amorosas humanas fracasan (en realidad, las relaciones nunca fracasan, excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado que se quiere), es porque se habían iniciado por una razón equivocada. Es decir, las relaciones cambian -más a menudo de lo esperado- cuando se han iniciado por razones que no son beneficiosas o que de alguna forma no conducen a su supervivencia.

La mayoría de nosotros establecemos relaciones, buscando lo que podemos sacar de ellas. El verdadero objetivo de una relación es decidir qué parte de mí mismo quiero ver “expuesto”; y no qué parte de la otra persona puedo capturar, conservar y controlar.

Entonces el resultado es una enorme presión sobre la otra persona, forzándola “a ser” y actuar de una manera contraria a lo que realmente es su esencia. Así nace el resentimiento, el enojo y la desilusión porque esa persona, no dio la medida de tu expectativa.

Y para enfrentar dicha presión, la otra persona busca recuperar su auténtico yo,  actuando de acuerdo con su verdadera identidad,  y es cuando dices que tu pareja ha cambiado y que está muy extraña y que no entiendes su conducta.

De otro lado creemos que la tarea del otro es completarnos. Pero el objetivo de una relación de pareja,  no es tener a otro para que te complete; sino disfrutar de la compañía del otro para tener la oportunidad de compartir tu completitud.

Yo creo que lo fundamental en una relación de pareja es permitir que el otro sea él mismo.

Si dejamos que cada uno se preocupe de sí mismo, de su esencia, de lo que hace, tiene y siente; de lo que quiere y pide, y por supuesto obtiene; de lo que busca, crea y experimenta… entonces las relaciones servirían para construir un compromiso de crecimiento personal mutuo, donde exista la libertad de ser auténtico, sin máscaras ni escondites.

Sin embargo nuestra lucha se centra en controlar al otro para que no se vaya. Pues tenemos miedo del engaño, la desilusión, el abandono y la soledad. Si tengo claro que no necesito al otro y permito que cada quien haga lo que necesita hacer para realizarse, entonces estoy amando realmente, porque, insisto, amar es dejar ser.

Definitivamente, antes de establecer una relación con otro, primero hay que fortalecer la relación consigo mismo, ya que es fundamental honrarnos, cuidarnos, amarnos, valorarnos, para no buscar esa estimación, en el afuera, en cabeza y conducta de otros.

La felicidad en una relación de pareja entonces se fundamenta en la capacidad de ser uno mismo y permitir que el otro sea. Más que en el control obsesivo de lo que hace, piensa, motiva y decide el otro. Dicho esto, la pregunta no es: ¿me amas? Sino más bien, te amo porque me permites ser yo mismo…entonces: ¿me dejas ser yo mismo?

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