Cuando lo importante es encontrar el propósito.

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Yo creo que a veces nos sentimos perdidos cuando no encontramos el propósito que le de sentido a nuestras vidas. Entonces nos preguntamos: ¿para qué nacimos? ¿Qué sentido tiene mi vida?

Momentos de oscuridad intensa acechan la esperanza de vida. Nubarrones oscuros se ciernen sobre nuestra existencia, cortando cualquier espacio para la luz. Sin embargo, una palabra amiga, una lectura juiciosa o la mirada atenta de la realidad que nos circunda, se convierten en procesos terapéuticos que nos permiten darnos cuenta y hacernos cargo y la iluminación, inunda todo con un nuevo aliento, y entonces se ve clara la razón de ser y esto le da sentido al para qué estamos en la tierra. Continuar leyendo

Vivir…sin excusas.

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Yo creo que vivimos inventando excusas. Nuestra creatividad evasiva, nos permite diseñar una variada cantidad de disculpas, para sacarle el cuerpo a aquello que tememos u odiamos, por ejemplo, encontrarnos con alguien o algo que alborota nuestra sombra. Continuar leyendo

Lo que pasa… pasa

monarch-2820448_960_720Yo creo que cada cosa que nos pasa debe pasar por algo…entonces es bueno que nos pase; al fin y al cabo…pasará y debemos aprender de esa situación, para reorientar el futuro. 
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¿Cómo hago para vivir?

Yo creo que vivir es un riesgo que vale la pena correrse. También creo que no es fácil hacerlo y que requiere de mucho coraje para salir adelante a pesar de las dificultades. Entonces tampoco es fácil responder a la pregunta: ¿cómo hago para vivir?

Recuerdo el pasaje de mi vida en el cual, conversando con alguien muy angustiado por la situación que estaba atravesando en ese momento, me decía que no quería vivir. Tal vez él esperaba, que yo, le diese algún consejo iluminado, pero me limité a quedarme callado. Guardé silencio por un buen rato, con la idea de hacerlo recapacitar sobre el hecho de que él, no había terminado la frase y por supuesto estaba esperando que la cerrara o la concluyera. Entonces me mira con desconsuelo y me pregunta de nuevo: ¿no vas a decirme nada? A lo que le respondo: Estoy esperando el cierre de tu afirmación.

La expresión no “quiero vivir” está incompleta. Sería bueno cerrarla diciendo: No quiero vivir en este pais. No quiero vivir esta situaciòn económica, No quiero vivir en esta casa. No quiero vivir angustiado. No quiero vivir con la incertidumbre de mi enfermedad etc.

Se trata de ser específico y descriptivo en relación con el significado completo de la afirmación “no quiero vivir”; pues se vuelve un lugar común escuchar, por supuesto de manera descuidada, comentarios de muerte que aparecen cuando la vida nos presenta sus dolorosas complejidades.

La tendencia ahora, consiste en buscar la vida fácil, sin problemas, dolores y dificultades. Desconociendo que en la vicisitud, se encuentra la esencia del crecimiento personal. Es decir, el arte de vivir nos prepara para responder las preguntas difíciles de la existencia. Pues al fin y al cabo, cuando el examen o la prueba está muy fácil, pierde encanto y precisamente cuando está más difícil, el desafío grato consiste en superar el reto.

La respuesta a la pregunta ¿cómo hago para vivir?, se encuentra en nuestro silencio interior. Vano esfuerzo el de aquel que pretende encontrarla afuera, en los demás. Pues nadie puede vivir la vida por otro y mucho menos entrometerse en las tareas del alma ajena.

Además porque yo creo que la vida, no solo me pone la prueba, sino que me da las herramientas necesarias para iluminar el camino y ver lo que no puedo ver o no quiero ver.

Ser feliz en una relación

Yo creo que continuamente nos preguntamos: ¿Hay alguna manera de ser feliz en las relaciones?  Y algunos autores como Neale Donald Walsch intentan responder a este interrogante, a través de su texto Conversaciones con Dios, en su primera parte.

Según Walsch, hay una manera de ser feliz en las relaciones; y consiste en utilizarlas para el fin que les es propio, y no para el que les hemos designado. Pues según su argumento las relaciones son una prueba constante para crear, expresar y experimentar las más elevadas facetas de nosotros mismos.

Sostiene el autor que cuando las relaciones amorosas humanas fracasan (en realidad, las relaciones nunca fracasan, excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado que se quiere), es porque se habían iniciado por una razón equivocada. Es decir, las relaciones cambian -más a menudo de lo esperado- cuando se han iniciado por razones que no son beneficiosas o que de alguna forma no conducen a su supervivencia.

La mayoría de nosotros establecemos relaciones, buscando lo que podemos sacar de ellas. El verdadero objetivo de una relación es decidir qué parte de mí mismo quiero ver “expuesto”; y no qué parte de la otra persona puedo capturar, conservar y controlar.

Entonces el resultado es una enorme presión sobre la otra persona, forzándola “a ser” y actuar de una manera contraria a lo que realmente es su esencia. Así nace el resentimiento, el enojo y la desilusión porque esa persona, no dio la medida de tu expectativa.

Y para enfrentar dicha presión, la otra persona busca recuperar su auténtico yo,  actuando de acuerdo con su verdadera identidad,  y es cuando dices que tu pareja ha cambiado y que está muy extraña y que no entiendes su conducta.

De otro lado creemos que la tarea del otro es completarnos. Pero el objetivo de una relación de pareja,  no es tener a otro para que te complete; sino disfrutar de la compañía del otro para tener la oportunidad de compartir tu completitud.

Yo creo que lo fundamental en una relación de pareja es permitir que el otro sea él mismo.

Si dejamos que cada uno se preocupe de sí mismo, de su esencia, de lo que hace, tiene y siente; de lo que quiere y pide, y por supuesto obtiene; de lo que busca, crea y experimenta… entonces las relaciones servirían para construir un compromiso de crecimiento personal mutuo, donde exista la libertad de ser auténtico, sin máscaras ni escondites.

Sin embargo nuestra lucha se centra en controlar al otro para que no se vaya. Pues tenemos miedo del engaño, la desilusión, el abandono y la soledad. Si tengo claro que no necesito al otro y permito que cada quien haga lo que necesita hacer para realizarse, entonces estoy amando realmente, porque, insisto, amar es dejar ser.

Definitivamente, antes de establecer una relación con otro, primero hay que fortalecer la relación consigo mismo, ya que es fundamental honrarnos, cuidarnos, amarnos, valorarnos, para no buscar esa estimación, en el afuera, en cabeza y conducta de otros.

La felicidad en una relación de pareja entonces se fundamenta en la capacidad de ser uno mismo y permitir que el otro sea. Más que en el control obsesivo de lo que hace, piensa, motiva y decide el otro. Dicho esto, la pregunta no es: ¿me amas? Sino más bien, te amo porque me permites ser yo mismo…entonces: ¿me dejas ser yo mismo?

Los apegos detienen la marcha

Yo creo que los apegos paralizan el proceso. Creo que los apegos impiden el crecimiento personal porque funcionan como anclas que nos detienen en mitad del camino. Dice el refranero popular que “más vale malo conocido que bueno por conocer”;  Sin embargo si seguimos al pie de la letra esta sentencia, veremos limitado nuestro progreso, pues precisamente en el riesgo del porvenir, está la posibilidad de encontrar nuevas y mejores oportunidades para nosotros.

Cuando nos apegamos, creemos que esta falsa seguridad, va a durar para siempre. Nada ni nadie es eterno en la vida y mucho menos aquello que consideramos seguro.

Apegarse a posesiones materiales, solo produce la ansiedad permanente por tener que vigilar, a los enemigos potenciales, de ese tesoro maravilloso.

Ahora el problema no es tanto lo material, pues existe la esperanza de que el dinero se consigue con creatividad y trabajo.  El conflicto es mayor, cuando se trata de personas cercanas a nuestro corazón. Creo que al otro hay que dejarlo ser. No lo puedo amarrar. No lo puedo obligar a permanecer a mi lado, si no es feliz.  Y mucho menos creer que sin esa persona, mi vida no tiene sentido, porque la vemos como un tanque de aire comprimido, al mejor estilo de los buzos, pues si se corta el suministro de “óxigeno”, nuestra vida se acaba.

También se dan apegos a labores económicamente remuneradas. Nos apegamos a sitios de trabajo y a sueldos que dan cierta relativa comodidad. Que por lo fijos, aunque insuficientes, se convierten en “manantiales” que creemos permanentes.

La vida se construye desde el riesgo de lo que está por venir. En el presente sembramos la semilla del mañana y en el futuro cosechamos lo plantado. Entonces a veces no es bueno apegarse a lo que “tenemos” porque nos obliga a sentir miedo del amanecer.

Al acomodarnos, limitamos las posibilidades de lo que está por llegar. Es importante hacer vacío para que lo nuevo llegue.

En definitiva los apegos innecesarios detienen la marcha y nos hacen perder la fe en las generosidades del Universo, para con nosotros.

Hola soledad

Yo creo que le tenemos miedo a la soledad y es porque no la conocemos realmente.

“La soledad es el imperio de la conciencia” decía Gustavo Adolfo Bécquer. Entonces en ella tenemos la oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos desde el silencio delator de la palabra interior. Y en la mayoría de los casos le huimos.

La soledad, es el sentimiento de estar solo, unido con frecuencia a situaciones como el desamor y a problemas de comunicación. Debido a que, durante los estados de soledad, la incomunicación es absoluta y se opone al hombre como ser social. Sabemos que la función humana más básica es comunicarse con los demás y que en las comunidades primitivas, la soledad era un fenómeno poco frecuente, pues el destierro se consideraba el castigo supremo. 

En las actuales sociedades industriales aparece el fenómeno del aislamiento del individuo. La inadecuada comunicación puede provocar algunas enfermedades de tipo emocional y requiere tratamiento psiquiátrico y psicológico. Una de las causas más frecuente de estos problemas emocionales, es la incapacidad para establecer sanas relaciones personales. Entonces la soledad permanente, involuntaria o aparentemente elegida, es un trastorno psicosocial, pues como base de este tipo de problemas, está la baja intensidad o debilidad para relacionarse. 

La soledad está asociada con el inicio de determinadas etapas vitales, como la pubertad o la vejez. Como resultado de especiales estados anímicos o situaciones vitales como la depresión o baja autoestima. También como consecuencia de situaciones de desempleo o por problemas psíquicos durante la pubertad. Los trastornos de relación se inician, sobre todo, durante la primera etapa educativa.

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