El síndrome del villancico…

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Yo creo que la navidad es una época de contrastes y contradicciones. Mientras que para algunos es la mejor época del año, para otros se convierte en el mayor de los martirios y en motivo de consulta siquiátrica y sicológica. Pues, el solo hecho de ver luces navideñas y escuchar melodías “decembrinas”, desencadena el “síndrome del villancico”. Curioso desorden emocional caracterizado por una apatía, aburrimiento y tendencia depresiva, a todo lo que signifique fiesta, rumba, desorden y caos, característico de esta época del año y que hace que estos pacientes pidan a gritos, que pronto se acabe el último mes del año. Las consultas de los profesionales de la salud mental se incrementan, por estos días, debido a personas que odian la navidad.

En algunos casos el problema surge cuando se asocia diciembre con muertes de seres queridos, separación de los padres o de pareja, cambios en la casa, o retiro laboral forzoso por ejemplo. Lo mismo para quienes por su labor u oficio diciembre es una época de mayor ocupación que aleja de la vida familiar.

En otros, el origen está en las diferencias económicas y la idea de un niño Jesús, injusto y desalmado que quiere más a mis primos que incluso se han portado mal durante el año. O a la competencia, tonta entre quienes hace la mejor novena y regalan mejores viandas.

También por la pelea típica entre esposos y novios por la repartición del tiempo el 24 y el 31 y por supuesto debido a las respectivas culpas creadas por no estar con la familia en épocas tan importantes… como si los demás meses del año no tuvieran importancia para juntas familiares y fuera obligatorio estar en mi casa con los míos. La frase es… todos los 24 los hemos pasado con tu familia… y ¿mi familia qué?… recuerda, cuando nos casamos, vimos lo importante de ponernos de acuerdo y ceder de manera equilibrada y justa para beneficio de ambas partes: tu ganas… yo gano.

Para otras personas el nuevo año genera esperanza o temor. Y si va acompañado de un balance personal y laboral, algunos pierden el año y esto por supuesto deprime. Así como la muerte del año viejo y todo lo que eso representa.

Diciembre agudiza las crisis de pareja; sobre todo la de aquellos infieles, quienes presionados por la “otra” parte, encuentran en las fiestas de fin de año, empresariales, de clientes y amigos, la mejor forma de escaparse, con la consecuencia de que algunos se quedan y no vuelven.

También es frecuente encontrar cómo algunas personas repiten “rituales de aniversario”… por duelos mal elaborados. -“Cómo gozaría mi mamá con este pesebre”… -“te acordás: ¿cómo le gustaba a ella, la navidad?”… Son frases repetitivas que en medio de recuerdos de seres queridos ausentes y personas fallecidas, hacen que el mes doce, se llene de lágrimas y tristezas, donde la alegría de los otros estorba y molesta.

Si a todo esto le sumamos las fiestas y parrandas donde hay excesos en comidas, bebidas y gastos… la época a nivel económico también preocupa y angustia.

Qué decir de paseos y vacaciones que no terminan bien; entonces se genera una ansiedad, estrés y tristeza por el recuerdo de aquel incidente pasado.

Ruido…bullicio…pólvora, así como malos ejemplos para los niños, y “amores de verano”… hacen que la lista de malos recuerdos sea interminable para quienes odian la navidad.

Finalmente diciembre, coincide para algunos estudiantes, con el fin del año escolar y el conocido castigo para “toda la familia”, por su mal comportamiento durante el año:-Este año no hay finca y se queda estudiando”. Y todos aburridos…

La navidad es un tiempo para el regocijo espiritual y la alegría del nacimiento de la esperanza en cada uno de nuestros corazones.

Yo que creo que es posible… ahora, en tiempo de crisis económica, volver a la navidad barata donde, desde la simbología de un pesebre pobre… nace la representación del amor de Dios, por y para todos los hombres de buena voluntad.