¿A quién quieres más?

Yo creo que a propósito de la celebracion de los días del padre y de la madre, en los hijos se genera una competencia por agradar a sus progenitores en estas fechas especiales. Pero lo más curioso, es encontrar esa misma competencia entre los padres por obtener el amor de los hijos. Y con frecuencia escuchamos su angustia cuando le preguntan al niño a quien de los dos quieren más: ¿si a la mamá o al papá?

Esto, de alguna manera, demuestra la inseguridad misma en la relación que se establece con los hijos, pues no se trata de ganarse el amor de ellos, sino más bien, llenarlos de nuestro amor… por supuesto sin esperar que ello signifique que uno de los dos, padre o madre salgan ganadores.

También deja ver, la aparente rivalidad por medio de la cual, se pretende demostrar cuál de los padres es el mejor, por el tipo de afiliación, nexo o cercanía con el niño, desconociendo que el amor es fluctuante y que va mutando dependiendo de la edad y de las necesidades que tiene el menor. Es decir, habrá momentos en donde la madre se hace indispensable y otros donde el papá es el protagonista.

Así, no tiene sentido hacer la pregunta, además porque el niño siente culpa, primero, porque no tiene respuesta y segundo, porque no quiere defraudar a ninguno de los dos,menos generar polémica familiar. De otro lado los amores que se sienten son muy distintos y cada uno, padre o madre cumplen una función diferente en relación con el niño.

Entonces, sería bueno no hacer esta pregunta y más bien dedicarnos a nuestra labor de padres sin esperar reconocimiento y mucho menos “pagos” afectivos por parte de nuestros hijos. Pues las consecuencias psicológicas y emocionales pueden ser fuente de angustias, si se utilizan estos tipos de “chantajes emocionales”.

Si ya ha ocurrido y quiere enmendar el error, entonces abrace a su hijo y simplemente reitere que lo más importante es el amor que usted siente por él o por ella y que nada en el mundo hará cambiar ese sentimiento. Y enseñe que el amor que se siente por el padre, es diferente del amor que se siente por la madre y que cada amor es importante, profundo y verdadero y que se puede querer a ambos sin ninguna preferencia y que a futuro no se va volver a repetir la pregunta porque ambos papás, están seguros del amor que el niño siente por sus padres.

Quiero amarte…sin absorberte

Yo creo que esta publicación de Virginia Satir, titulada Mis Metas y que aparece en el libro “En contacto íntimo” de la editorial Concepto S.A. en su onceava reimpresión en Méjico en 1988, tiene esa estructura característica de escrito simple pero profundo, que merece ser disfrutado .

En este texto la autora, de quien ya he escrito algunos otros comentarios, propone lo siguiente:

Mis metas

“Quiero amarte sin absorberte,

apreciarte sin juzgarte,

unirme a ti sin esclavizarte,

invitarte sin exigirte,

dejarte sin sentirme culpable,

criticarte sin herirte,

y ayudarte sin menospreciarte.

Si puedes hacer lo mismo por mí, entonces nos habremos conocido verdaderamente y nos podremos beneficiar los dos”.

Comencemos por la expresión “amarte sin absorberte”. Creo que se refiere a la posibilidad de amar al otro permitiéndole ser. Esto significa: permitirle ser libre, ser ella o él mismo. Para poder desarrollar libremente su personalidad desde sus creencias y valores. Desde su mapa representacional y conceptual del mundo. En resumen, se trata de observar al otro desde el respeto, sin intervenir en su construcción, para beneficio de mis propósitos egocéntricos. Es importante reconocer nuestro egoísmo y nuestras ganas de controlar a la otra persona, para que se acomode a nuestros intereses.

Y esto se enlaza muy bien con la siguiente frase, donde la doctora Satir, nos invita a apreciar a la otra persona sin juzgarla. Qué difícil no juzgar, no censurar, no perseguir. Pues desde niños hemos sido educados en la crítica. En la observación evaluadora de nuestros padres y maestros y por lo tanto de sus juicios que nacen de su comportamiento como seres de control y manipulación. Entonces perpetuamos la acción de juzgar y la convertimos en nuestra aliada más poderosa, para de esta forma obligar a los demás a actuar y pensar según nuestro criterio.

Amar es dejar ser. Entonces nuestras uniones de pareja no pueden convertirse en una forma sutil de esclavitud. No se trata de establecer un vínculo entre un amo y un esclavo. Se trata del encuentro respetuoso y responsable de un par de personas que desde la libertad optan por acompañar al otro en sus respectivos caminos; sin presiones, sin culpas, sin chantajes emocionales.

Y mucho menos se trata de exigir al otro que actúe, piense, reaccione o se comunique en una determinada dirección. Renunciado a sus propios ideales, valores y mapas de creencias.

Lo preferible es formular una invitación amistosa y amigable a ese otro, para que nos acompañe en el camino. Pero dicha compañía no se puede exigir. No se puede obligar. Porque debe originarse desde el deseo del otro. Desde la búsqueda del otro. No únicamente desde mi deseo o mi necesidad de ser acompañado.

Porque si, en medio de la marcha, se suscita una necesidad de caminar solo, entonces es cuando se puede recobrar la libertad sin remordimientos.  Pues, es posible abandonar sin sentirse culpable.

Criticar se facilita cuando se hace con amor. Con respeto por el proceso y el estilo del otro. Cuando se busca ayudar al crecimiento personal propio y de la pareja.

Y la ayuda a mi pareja o compañero de viaje, tiene sentido cuando la ofrezco para agilizar el camino y no para entorpecerlo. Porque una ayuda que paralice no es ayuda. Una ayuda que incapacite no es ayuda. Una ayuda que genere dependencia, no es ayuda.

En esta línea, amar se parece más a un proceso de desapego que de apego. Pues se trata de caminar, respetando las individualidades, que de fusionarme con el otro, perdiendo la identidad y el libre albedrío.

Por ello quiero amarte…sin absorberte… para que seas tu misma.

Padres: ¿culpables o inocentes?

Yo  creo que no existen padres perfectos…y mucho menos culpables o inocentes; sólo existen hombres y mujeres que desde el amor buscan la felicidad de sus hijos; sin embargo en el cuidado y conducción de muchachos adolescentes cometemos errores que pueden evitarse, si contamos con herramientas eficaces.

A continuación  ofreceré un pequeño listado de algunos de los “pecados” que cometemos los padres. Y que no tiene por objeto desarrollar sentimientos de culpa, sino por el contrario, iniciar una reflexión seria y profunda en relación con nuestro papel como educadores de hijos adolescentes. Esto quiere decir, tomar conciencia de lo qué hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos en materia educativa juvenil.

Pecado No. 1  Evitar que se rebelen.

La adolescencia es la época propicia para la rebeldía y el desacato. Lo normal es que los hijos se rebelen y estén opuestos a muchas de nuestras decisiones en materia de autoridad. Lo importante saber conciliar y vencer con el poder de los argumentos.

Pecado No. 2 Desconocer los nuevos paradigmas del aprendizaje.

Hoy la forma de estudiar y aprender no es la misma del pasado. El libro como lo conocimos hace parte de los museos; ahora el computador es el nuevo paradigma y por supuesto todo lo que se puede hacer con él.

Pecado No. 3 Restarle importancia al ambiente familiar

Para un adolescente, la familia es lo más importante, porque a pesar de discutir y pelear, es su punto de referencia y lugar de acogida y amparo. Lo peor que le puede pasar a un adolescente es tener una familia destruida.

Pecado No. 4 Negar la nueva cultura.

Pelear contra el reguetón  y todas aquellas formas culturales de expresión juvenil, va en contravía de lo que el adolescente gusta y busca. Los padres de familia podemos sacar provecho de esa cultura, para educar.

Pecado No. 5 Compararlos

Nada tan dañino y poco educativo que el acto de comparar a lo hijos adolescentes y mucho más cuando el padre se ofrece como ejemplo a imitar. La frase: “es que yo a su edad ya”… no tiene validez, ni es útil con el joven de hoy. Continuar leyendo

Guiar o sanar…o todo lo contrario

Yo creo que cuando nos metemos a jugar de terapeutas, sin tener una preparación profesional adecuada, hacemos más daño que bien. Y es que algunas personas pretendiento hacer “bonito”, ayudando a su mejor amigo, por supuesto desde la buena fe, terminan haciendo “feo” y más daño por no conocer las técnicas de la psicoterapia.

Dice Gary Yontef, terapeuta gestáltico, autor del libro Proceso y diálogo en psicoterapia gestáltica, que cuando un terapeuta “guía” o “sana” a un paciente, está de hecho empujándolo o presionándolo a ser diferente de lo qué es. Y mientras más se presione al paciente hacia un determinado objetivo terapéutico, más permanecerá igual. Pues agrega Yontef, empujar o dirigir lleva a resistir tal empuje, pues no está aceptando la naturaleza de su propia persona.

De este modo, el paciente ya no tiene sólo la resistencia original a su propio funcionamiento, sino que adquiere también una resistencia a la intrusión del terapeuta. Esta última resistencia generalmente es sana, aunque también impide trabajar la dificultad original que necesitaba terapia, concluye el doctor Yontef.

Existe otra razón por la cual la presión del terapeuta no conduce a un cambio o movimiento real ya que una de las formas de no tomar contacto con la intrusión del terapeuta es utilizando el mecansimo de la introyección. Externamente, el pacienre puede adecuarse o rebelarse, pero en ambos casos es probable que se trague todo lo que el terapeuta propone, además porque piensa: “Si yo fuera una persona competente, haría lo que el terapeuta está sugiriendo”.

Entonces si la persona cambia de acuerdo con las presiones del terapeuta, no será con base en la autonomía y el auto-apoyo. Y esa persona no habrá adquirido las herramientas de auto-apoyo y autonomía necesarias para el sano equilibrio y desarrollo de su personalidad.

Pero más que nada, esta presión, guía o dirección del terapeuta tambien entrega un mensaje al paciente: “no basta con lo que eres”. Este mensaje provoca verguenza y/o culpa. En resumen, el terapeuta que presiona, no ayuda al paciente a lograr su auto-apoyo.

Yo creo que presionar a los pacientes generalmente satisface las necesidades narcisitas del terapeuta, no las del paciente. Y además creo que como dice la sabiduría popular “quien se mete de redentor termina crucificado”.

En cierta ocasión escuche esta frase en torno a los consejos: “No es bueno dar consejos, pues los necios no los siguen y los sabios no los necesitan”. Y esta otra: nunca enseñes a cantar a los cerdos, por dos razones: primero: pierdes tu tiempo y segundo irritas a los cerdos.

También está el reverso de la paradoja: “mientras más queremos permanecer igual, más cambiamos”. Entonces dejemos que cada quien, por sí mismo, con sus propios elementos y herramientas, encuentre respuestas… pues si la ayuda que das, incapacita… entonces no es ayuda, pues nos hace más dependientes de los buenos oficios de los demás para con nosotros.

Toma tiempo para descansar y meditar

Yo creo que es importante tomar tiempo para                                                        descansar y meditar

Yo creo que es fundamental, tomar tempo para uno mismo.

Te invito a que hagas este ejercicio. Busca un sitio que sea íntimo y muy tranquilo, que esté protegido de distracciones.

Respira lentamente, procura que nada aprisione tu cuerpo, suelta tu ropa y descansa.

Toma aire profundamente por la nariz y luego lo expulsas por la boca, muy lento, muy despacio.

Este ejercicio se podría llamar “un alto en el camino”. Es muy importante que seas honesto contigo mismo.

Imagina que tienes el poder de detener tu vida hoy, aquí mismo.

Revisa entonces que “cosas” has amado en la vida….”cosas”… no personas.

Qué te has dado el permiso de saborear, contemplar, oler, ver, tocar, escuchar, sentir.

Repasa un poco qué experiencias complicadas y difíciles has vivido y qué personas te han ayudado a liberarte.

Qué “programaciones” has dejado atrás.

Piensa por un momento, con qué creencias y convicciones has caminado.

Cuáles han sido tus ideales hasta el momento.

Qué es para tí, el amor, la justicia, el equilibrio, la paz.

Piensa y siente, qué riesgos has corrido y en qué peligros te has metido, porque tú los has buscado.

Piensa, qué experiencias dolorosas o que te hayan hecho sufrir, también te han ayudado a crecer como persona.

Ahora piensa y siente, de qué te culpabilizas o te hace sentir, que no has cumplido.

Siente y piensa qué metas has alcanzado y qué deseos no has logrado satisfacer.

Piensa y siente, a qué le tienes miedo.

Luego de un rato de meditación y reflexión, has un buen propósito de cambio e inicia el proceso de reconciliación contigo mismo…porque creo que siempre hay amanecer, existe la esperanza de que podemos volver a comenzar

Culpa subjetiva

Yo creo que la culpa es innecesaria cuando proviene de una falsa creencia inculcada desde niño. Es decir, creo que los padres, como un mecanismo de manipulación, desarrollamos en los niños culpas que no tienen sentido ni lógica.

Digo que es una forma de manipulación porque de alguna manera controla la conducta del niño, haciéndolo sentir mal, por un hecho o acontecimiento, pensamiento u omisión que le persigue el resto de su vida como una condena perpetua.

Es importante diferenciar las culpas objetivas de las subjetivas.

Entendemos por culpa objetiva, aquella sensación de malestar moral que se produce cuando hemos faltado a una regla, norma o ley y que, de manera consciente, la reconocemos como algo que se ha hecho mal y que ha causado daño real a una persona, objeto, bien, sociedad etc. En este caso, es posible demostrar objetivamente, que nuestra conducta tuvo consecuencias graves en proporción al daño causado y que se hace necesaria una reparación.

En la culpa subjetiva, nuestra mente juega en forma paranóica y asocia cualquier conducta aislada, como causante de un daño; cuando en verdad dicha conducta, no tiene el poder, ni la capacidad de producir efecto negativo en otros.

Así, me refiero a la frase de los papás: ¿Usted va a salir vestida(o) así? En el fondo, los únicos preocupados por la vestimenta del joven, son sus padres quienes no coinciden con los gustos del “diseñador” y creen que con esta frase culpabilizadora van a impedir que el adolescente salga a la calle y/o cambie de vestuario. La realidad es que los otros jóvenes se visten igual y por lo tanto su manera de ataviarse representa la manera de hacer parte del grupo y por supuesto, como consecuencia, la aceptación social de su generación. Mas agresivo y des-adaptado sería salir a la calle con los “jeans” bien aplanchados, con la raya bien marcada y los zapatos-tenis relucientes de limpios. Continuar leyendo

Parálisis paradigmática…

Yo creo que los miedos paralizan. Y son excelentes excusas para no enfrentar la vida. Y algunos de esos miedos son aprendidos. Y vienen de generación en generación como una manera de controlar nuestras conductas y reacciones. Claro, la idea es:… no ser temerario… pero tampoco temeroso.

Las parálisis paradigmáticas surgen cuando nuestros pensamientos riñen con nuestros deseos.

Cuando conectamos el cerebro racional, como respuesta subjetiva, entra en disputa el cerebro emocional. Y entonces, el tercero de ellos, el cerebro práctico y aplicado, el que ejecuta, el que hace, se encuentra paralizado por la pugna entre la razón y la emoción. Una cosa es lo que yo quiero y deseo y otra, muy distinta, lo que la lógica me permite hacer.

Desde que estamos pequeños, somos programados a partir de los mapas mentales de nuestros padres. Su conjunto de creencias y valores hacen parte de nuestro diario sentir y pensar. Y como dice Carl Jung: nuestro yo, es enajenado.No es nuestro propio yo…  es un self prestado, por un tiempo, mientras construimos el propio. Lo grave sucede, cuando pasa la vida y no hemos confeccionado nuestro propio yo.

Introyectamos los mapas mentales de los demás y los creemos válidos. Sin cuestionar ni someter a análisis. Entonces actuamos como masa por moda o falta de carácter.

Nos infunden miedo para evitar que alteremos el programa mental. Y luego, cuando no cumplimos la pauta, viene la culpa.

La pregunta es: ¿qué pasaría si no tuviéramos miedo? La respuesta: seríamos poderosos. Pues detrás de todo deseo, hay un temor… “dime lo que temes y te diré lo que deseas… dime lo que deseas y te diré qué te enseñaron a temer”. De esta forma nos mantienen a raya desde el miedo.

Al romper paradigmas, lo primero que asusta es el miedo mismo, al qué dirán…entonces ¿soy lo que soy… o soy lo que me enseñaron a ser para los demás?

Mi unicidad, nace de mi autenticidad, no de la apariencia. Y al ser lo que soy, proyecto mi esencia.

A veces somos, lo que nuestros miedos…permiten mostrar. Es decir un falso yo.