Lo malo de tener éxito

Yo creo que tener éxito tiene sus cosas positivas, pero al mismo tiempo, si se mira bien, puede llevarnos a la inercia y de esta forma a la falta de inventiva.

Hace pocos días, en una reunión de trabajo, escuché a uno de los jefes pronunciar esta reflexión profunda y sincera: -¡el éxito es lo peor!-Entonces desde la sabiduría que le dan los años, miró a cada uno de los asistentes con una sonrisa de satisfacción y terminó diciendo: -porque nos quita la creatividad-.

Me quedé conmovido por la solemnidad de aquel momento y pensé en lo trascendental de este comentario.  Y durante toda la semana medité en la importancia de las derrotas.

Yo creo que gracias a la adversidad, se hace posible el pensamiento creativo. Y que debido, precisamente a las situaciones de crisis, el ser humano crece en medio de los problemas y los fracasos. Cada día trae su afán, y en el balance de lo positivo y negativo, podemos capitalizar para nuestro crecimiento.

El conflicto surge, cuando nos instalamos en nuestra zona de confort y creemos que todo está dado y cumplido; entonces una especie de pereza creativa nos invade y nos anestesia todos los mecanismos de lucha y nos quedamos quietos, merced a la parálisis paradigmática. Así, cambiar se hace necesario, pero la rutina como un nuevo enemigo, nos señala el camino acostumbrado de lo fácil…sin esfuerzo. Nos aferramos a nuestros triunfos del pasado, sin descubrir que las razones de dichos éxitos pertenecen al ayer y que los logros del mañana necesitan nuevos instrumentos y estrategias.

El coraje y la pasión se recuperan cuando se enfrenta una situación límite, que nos obliga a ser creativos y que nos impulsa a recuperar lo perdido, debido a la insatisfacción.

Por eso yo creo que no es bueno dormirse en los laureles del éxito, y más bien quedar insatisfechos,  para exorcizar el demonio de la mediocridad que nos impide dar lo mejor de nosotros mismos.

Cómo vivir mejor con menos…

Yo creo que si es posible vivir mejor con menos

Sin embargo me podrán preguntar: ¿menos qué?

Dice Mahatma Gandhi: “Un ser humano, debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”… esto significa que, para una sociedad materialista, donde lo importante es tener y no ser… no podemos seguir valorando a las personas por lo que tienen, ni mucho menos por lo que hacen, profesionalmente hablando, si no más bien por su esencia como personas.

En palabras de Mark Twain: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios“.  En este orden de ideas, el materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad son, sin lugar a dudas las enfermedades sociales del siglo XXI y esto de alguna manera produce estrés, depresión y ansiedad.

De otro lado Scott Nearin sostiene que “una economía de mercado necesita empujar y engañar a los consumidores a comprar cosas que ni necesitan ni desean, obligándolos así a vender su fuerza de trabajo como medio para pagar sus adquisiciones”.

Entonces nos asalta la duda: ¿Qué es vivir?  

O la pregunta más directa: ¿Cómo estoy viviendo? 

Y tal vez, la más trascendental: ¿Para qué vivo?  

La vida es un viaje a través del tiempo en un determinado espacio. Y durante ese camino, buscamos status para proteger nuestra reputación.  Así,  ¿Qué es lo que hay que defender?  

Vivimos para rodeamos de posesiones innecesarias. Creemos que la felicidad es la comodidad, la seguridad y el dinero. Con el “slogan” de ganar más para gastar más, la sociedad de consumo diseñó un inmenso aparato que nos inventa necesidades y nos hace creer, que tal o cual bien o servicio, nos hará felices… y en el fondo, lo único que logramos es cubrir un vacío emocional interior, que nos deja aún más insatisfechos.

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