Al menos por hoy…

pexels-photo-3873179Yo creo que el verso LXIV del Tao Te Ching, texto clásico chino, me cae como anillo al dedo para afrontar estos tiempos de crisis.

El texto que se le atribuye a Lao Tse comienza diciendo:

Lo que está en reposo es fácil de manejar… lo que aún no es manifiesto es fácil de impedir.

Lo quebradizo es fácil de romper, lo pequeño es fácil de dispensar.

Actúa antes de que los problemas se presenten, pon orden en las cosas, antes de que se produzca la confusión.

Porque un árbol que un hombre apenas alcanza a abrazar creció a partir de un pequeño brote.

Una construcción de varios pisos comienza con un ladrillo.

Un viaje de mil millas empieza con un paso.

Actúa y lo destruirías. Aférrate algo y lo perderás.

El sabio no actúa y por eso no es derrotado, no se aferra a nada y así nada pierde.

Sé tan cuidadoso al final como al principio y no fracasarás.

El sabio no ambiciona lograr lo que es difícil.

El sabio no acumula cosas preciosas, aprende a no obstinarse con sus ideas.

El sabio ayuda a todas las cosas a encontrar su propia naturaleza, pero no se aventura a manejarlas a su antojo.

He pensado bastante en las palabras de Lao Tse, y en medio de mi reflexión busco entender y enfrentar el asunto de la crisis mundial, generada por la pandemia del coronavirus.

Entonces encuentro que tengo tres alternativas: La primera, dedicarme a sufrir, con cada cancelación de actividades profesionales y personales, para evitar el cúmulo de personas…como consecuencia de las cuarentenas obligatorias que los gobiernos de cada país están decretando. Situación que afecta gravemente la economía en general. De nada sirve angustiarme. Al tiempo hay que darle tiempo, pues sé que esto es transitorio y debo estar preparado para una coyuntura como esta. Lo que está pasando, sé que pasará y es bueno que pase, pues en el fondo toda crisis es una oportunidad para el cambio y la renovación.

La segunda alternativa que tengo es vivir este momento aquí y ahora. Esta forma de actuar se parece más a las enseñanzas del Tao. Porque cuando surge una situación difícil en mi vida, es obligatorio preguntarme qué puedo aprender de esta experiencia en este momento. Pues detrás de toda crisis hay un regalo oculto que necesito descubrir.

Sin embargo, lo que realmente debo hacer, es la tercera alternativa que consiste en estar fuera del alcance de los grandes problemas. Como dice el verso LXIV, esto significa actuar antes de que las dificultades se presenten.

Todo es diferente cuando soy capaz de anticiparme a un problema y lo resuelvo antes de que suceda o se convierta en algo más grande.

Cuando pienso y actúo de manera previsiva puedo evitar que se presenten dificultades mayores.

Con esto del coronavirus, al menos por hoy, seguiré actuando desde la previsión y prevención de conflictos mayores. Por lo tanto, necesito darme el permiso… de ser creativo.

¿Para qué luchar?

Yo creo que frente a las dificultades, adoptamos posiciones innecesarias, que más bien, lo que consiguen, es paralizar nuestro camino. Dichas reacciones nacen de los pensamientos pesimistas que se alimentan precisamente de la miopía para ver la luz al final del tunel.

Todo se torna oscuro y tenebroso. Sentimos que de ésta no vamos a salir y solo esperamos el más fatal de los desenlaces. Pero como siempre hay un amanecersiempre hay una puerta que se abre, una mano que se tiende, una posibilidad dentro del campo de todas las posibilidades,  entonces el milagro se produce.

Dicho milagro aparece en forma de oportunidad, como una eterna rueda de la vida o samsara, que actualiza la prueba, pues el universo repite las lecciones hasta que se aprenden. Entonces la vida te da otro chance y es el momento de aprovecharlo. Y se trata precisamente de emplear ese instante maravilloso para preguntarnos: ¿qué espera de mí la vida?

Posiblemente algo como lo que John  Bunyan expresó en su texto El progreso del peregrino cuando dice:

“Aun cuando haya pasado por todo lo que pasé, no me arrepiento de los problemas en que me metí, porque fueron ellos los que me condujeron hasta donde deseé llegar. Ahora, todo lo que tengo es esta espada, y la entrego a cualquiera que desee seguir su peregrinación. Llevo conmigo las marcas y las cicatrices de los combates; ellas son testimonio de lo que viví, y recompensas de lo que conquisté.

Son estas marcas y cicatrices queridas las que me abrirán las puertas del Paraíso. Hubo una época en la que viví escuchando historias de hazañas. Hubo otras épocas en que viví simplemente porque necesitaba vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero y porque quiero un día estar en la compañía de Aquel por quien tanto luché”.

Yo creo que la vida nos presenta en cada amanecer la nueva oportunidad para continuar la lucha sin desfallecer. Entonces adquiere sentido la tarea, a pesar de los pesares, a pesar de las circunstancias, a pesar de las personas y principalmente a pesar de nosotros mismos.

Yo creo que sí vale la pena luchar por aquello, que creemos valioso.