Mirando el futuro…

Yo creo que se necesita un desastre mundial para que tomemos cartas en el asunto.

En 1992, esta niña canadiense, frente a los delegados en la O.N.U., hizo una declaración conmovedora. Sin embargo, tantos años después seguimos lo mismo.

Nos hemos vuelto depredadores y nuestra forma de consumo ha dañado el equilibrio del planeta.

Mirando el futuro, encuentro un panorama desolador para las nuevas generaciones. Y es nuestra obligación hacer algo en el presente.

Creo que es posible vivir bien, sin necesidad de consumir y producir tanta basura. Y al mismo tiempo creo que nuestra labor inicia con nuestros hijos pequeños y el cambio en nuestro estilo de vida. Todo comienza en casa cuando enseñamos con el ejemplo.

Hoy el mundo habla de crisis. Y desde la psicología sabemos que es un problema de conducta, pensamiento y sobre todo, hábitos y estilos de vida.

Puede ser un aprendizaje interesante…caminar más y utilizar menos los automóviles. No solo por aquello de la contaminación, sino porque nos ahorramos dinero y mejoramos nuestra estado físico y al mismo tiempo, nos regalamos momentos de placer, para nosotros mismos.

Los ejemplos son muchos….

Definitivamente, todos somos resposables de nuestra casa… el planeta.

Ser atractivo…

Yo creo que ser atractivo es algo muy distinto, en relación con lo que nos vende la publicidad.

Preguntaron en una investigación, ¿qué era lo que las personas consideraban atractivo? Las respuestas variadas y diferentes giraban en torno a percepciones de la armonía física y las cualidades de la personalidad. Incluso afirmaban que por supuesto el dinero facilitaba el atractivo, con todo lo que ello significa.

 

Entonces me di cuenta de que en materia de atractivo el problema es perceptual; todo depende del cristal a través del cual se mira.

 

En ese orden de ideas, nada ni nadie es atractivo por sí mismo, sino que depende del criterio de quien percibe.

 

Si yo respondiera la pregunta, diría: ser atractivo se parece más, al reflejo exterior del fondo de tu ser… cuando brilla con toda plenitud, la alegría de tu alma.

 

Para algunos, la simetría es la obsesión… procurando buscar en el exterior, lo que se ha perdido en el interior. Lo rico, creo yo, es la congruencia entre lo que pienso, digo y actúo; ahí es donde está el equilibrio.

 

De nada sirve un cuerpo “perfecto”, sin el complemento de una mente brillante y un corazón hermoso.

 

Yo creo que el atractivo está en una conversación animada y llena de recursos. En la posibilidad de controvertir, respetando la palabra del otro y sobre todo, permitiendo el libre fluir de su ser… desde el respeto.

 

Percibo que el atractivo está, en la sonrisa franca de quien habla de frente.

 

Creo que el atractivo está en la manera optimista como se ve el mundo, a pesar de las cotidianas dificultades del día a día.

 

Y creo que el atractivo está en la posibilidad de ser uno mismo.

 

La belleza pasa, cambia, se transforma… el ser todos los días se puede reinventar.

 

El atractivo tiene que ver con el magnetismo…y algunas personas podemos desarrollarlo, cambiando de actitud. 

Buscando el tesoro interior…

 

Yo creo que en el camino de la vida, con frecuencia nos preguntamos quiénes somos y a qué vinimos a la tierra. Algunos hemos encontrado la misión y reconocemos los diferentes talentos con que la naturaleza nos ha obsequiado, precisamente para cumplir la tarea. Otros, afortunadamente se encuentran en la búsqueda de sus tesoros personales y otros más todavía, ni siquiera han despertado de la anestesia cómoda del vivir por vivir.

 

Para encontrar nuestros tesoros interiores y ponerlos al servicio de nuestra misión en la tierra, es necesario superar el lastre de las riquezas materiales y darnos cuenta de la existencia de otra vida más profunda y verdadera.

 

En cierta ocasión, un joven discípulo le pregunta a su maestro:

 

¿Qué se necesita para ser sabio? A lo que el maestro le responde: Solo tres cosas se necesitan: Humildad, Misericordia y Frugalidad.

 

El discípulo aún más confundido por la respuesta, se interesa por esas tres palabras y le pide al maestro que profundice:

 

Humildad es la virtud de caminar con la cabeza agachada. Porque el altivo y prepotente al mirar por encima de los hombros no se da cuenta del camino que recorre. El Humilde mantiene la cabeza agachada para poder mirar el “terreno” que pisa.

 

La Misericordia, es la virtud especial de reconocer todo el poder que se tiene para dañar o destruir a otros, con la crítica, la palabra y los juicios temerarios, en muchos casos sin fundamento. Entonces el misericordioso mide sus fuerzas y sabe, cuándo utilizarlas y con quién.

 

Y la Frugalidad es la habilidad de sobrevivir con lo suficiente. Es el arte de consumir lo necesario, dormir lo necesario, sufrir lo necesario, trabajar lo necesario, hacer lo necesario para cumplir la misión.

 

El dinero es un medio, no el fin. La posesión material, no es el verdadero tesoro. La verdadera riqueza está en la manera como se utilizan y emplean los recursos para construir la armonía y el equilibrio para todos mis semejantes.

Envejecer con gracia…

old-people-616718_960_720Yo creo que es posible envejecer con gracia. El paso inexorable del tiempo va dejando huellas en nuestros cuerpos. No podemos negar frente al dictamen contundente de las fotos familiares, que nuestros rostros van cambiando año tras año. Y que, ese proceso sucede de manera imperceptible, para nosotros, en el día a día. Nuestros cuerpos, no son los mismos de antes y lo notamos cuando con vana ilusión pretendemos ciertas metas cotidianas.

Negar el proceso natural del envejecimiento es resistirse a la realidad implacable de la normal evolución de la naturaleza. Sin embargo el espíritu puede permanecer joven y armonioso si lo cultivamos para esas últimas etapas de nuestras vidas físicas.

El cuerpo es la envoltura del alma. Si con el cuerpo pecamos y somos esclavos de sus arrebatos de placer, con el alma sanamos cada golpe del destino sobre nuestras carnes. Es decir, la lucha al final de los días va siendo otra.

Con el paso de los años la sabiduría llega como premio maravilloso a tantos septenios de excesos en todo sentido. La graduación final ocurre como recompensa por el choque lógico de la verdad innegable: ya no tenemos cuerpo para seguir gozando como gozabamos antes. El goce ahora es de otro tenor. Nos llenamos de alegrías y momentos especiales, vemos lo que nos rodea con ojos nuevos y encantados. Y sentimos la vida de manera diferente, si nos fuimos cultivando para ello, con anterioridad.

El paso de los años tambien los vemos al reencontranos con nuestros viejos amigos. Y en forma atrevida comentamos lo deteriorado que está fulano o fulana. Así mismo de manera irónica, aquellos, los de antes, siguen siendo los muchachos y las muchachas de entonces; como si no pasara el tiempo . Y de forma misteriosa, nos vamos asustando por la desaparición repentina de nuestros contemporaneos, virtud a la muerte, que siempre está presente y nos recuerda la brevedad de este paso por la tierra.

Envejecer tiene su gracia. Claro si contamos con la fortuna de una buena salud y algún dinero con qué sobrellevar los últimos momentos de soledad o compañía que nos depara el destino.

Tiene su encanto cuando, como Pablo Neruda, anunciamos y denunciamos que : “hemos vivido”… intensamente cada instante de nuestra vida, al estilo de Borges.

Yo creo que envejecer tiene su gracia, cuando sólo podemos dar buenos consejos, en lugar de malos ejemplos.

Cómo vivir mejor con menos…

Yo creo que si es posible vivir mejor con menos

Sin embargo me podrán preguntar: ¿menos qué?

Dice Mahatma Gandhi: “Un ser humano, debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”… esto significa que, para una sociedad materialista, donde lo importante es tener y no ser… no podemos seguir valorando a las personas por lo que tienen, ni mucho menos por lo que hacen, profesionalmente hablando, si no más bien por su esencia como personas.

En palabras de Mark Twain: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios“.  En este orden de ideas, el materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad son, sin lugar a dudas las enfermedades sociales del siglo XXI y esto de alguna manera produce estrés, depresión y ansiedad.

De otro lado Scott Nearin sostiene que “una economía de mercado necesita empujar y engañar a los consumidores a comprar cosas que ni necesitan ni desean, obligándolos así a vender su fuerza de trabajo como medio para pagar sus adquisiciones”.

Entonces nos asalta la duda: ¿Qué es vivir?  

O la pregunta más directa: ¿Cómo estoy viviendo? 

Y tal vez, la más trascendental: ¿Para qué vivo?  

La vida es un viaje a través del tiempo en un determinado espacio. Y durante ese camino, buscamos status para proteger nuestra reputación.  Así,  ¿Qué es lo que hay que defender?  

Vivimos para rodeamos de posesiones innecesarias. Creemos que la felicidad es la comodidad, la seguridad y el dinero. Con el “slogan” de ganar más para gastar más, la sociedad de consumo diseñó un inmenso aparato que nos inventa necesidades y nos hace creer, que tal o cual bien o servicio, nos hará felices… y en el fondo, lo único que logramos es cubrir un vacío emocional interior, que nos deja aún más insatisfechos.

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Cuando sea grande…

Yo creo que esta pregunta típica, ¿qué quieres ser, cuando seas grande? se la formulamos a los niños cuando los invitamos a proyectar su futuro.   

Algunos responden con la profesión o actividad que hasta el momento les ha impactado más; respuestas como policía, bombero, piloto o astronauta son comunes.  Sin embargo muy pocos responden: ¡quiero ser un buen papá o una buena mamá como tú! 

Algunos incluso piensan en su futuro económico: viajar, conocer otros paises, hablar otros idiomas y ser famosos… pero proyectos de vida como ser buen esposo, buena novia, excelente padre de familia… pasan a un segundo, tal vez, último plano.

En cada momento de nuestro desarrollo como personas, debemos hacernos preguntas básicas en relación con el futuro.   

Sabemos que el futuro se construye desde el presente, en el presente; y que, con las actuaciones de hoy, vamos dándole forma al mañana

Aprovechemos cada oportunidad para preguntarnos… ¿qué clase de papá o mamá soy? O ¿quiero ser?

¿Resistiría la evaluación de mis propios hijos? 

¿Qué programas y estilos, estoy repitiendo de mis  padres? 

¿Estoy a tiempo de cambiar

Recordemos que estamos perdiendo tiempoganando dinero. Tiempo valioso para compartir con los hijos, que apenas están un breve lapso con nosotros. 

De tal forma que si le preguntas a tus hijos… que quieren ser cuando grandes… él o ella puedan responder:… quiero ser una mamá o un papá tan excelente como tú.

Padre no es quien engendra un hijo…

Yo creo que padre no es quien engendra un hijo.

Desde la psicología, padre es aquel hombre quien, alimenta, educa, acompaña, brinda afecto, protección, ejemplo, a un niño o una niña. Esto significa que el abuelo, el tío, el hermano mayor, el novio de la mamá etc, se convierte en un modelo significativo para el niño y por lo tanto adquiere la función de padre.

Ser padre es una función, un proceso y un aprendizaje; por lo tanto, el hecho de aportar la semilla, no nos convierte automáticamente en padres. Se necesita algo más, que depende de nuestra vocación de servicio, que por supuesto nace del amor incondicional. Difícil palabra para quienes, su egoísmo, les impide entregarse concientemente, a esta tarea tan importante.

Los padres perdemos mucho tiempo ganando dinero.  Propongo entonces, que al menos un día a la semana, en nuestra agenda, separemos un buen rato para la junta más importante de nuestras vidas: encontrarnos con nuestros hijos, para verlos crecer, madurar y volar.

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