La espiral

stained-glass-1181864_960_720Yo creo que la vida gira en espiral ascendente, pues aquellos temas que creíamos superados vuelven al presente, como lecciones que debe repetirse, para completar el aprendizaje. Continuar leyendo

Elaborar el duelo se facilita… cuando me permito sentir.

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Yo creo que elaborar un duelo, frente a una pérdida significativa, es una tarea obligatoria que requiere absoluta conciencia para identificar la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Continuar leyendo

El dolor está ahí… existe, sufrir es opcional

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Yo creo que el budismo cuando plantea el dolor como algo inevitable y el sufrimiento como una opción, nos invita a profundizar en las diferencias que insinúa entre el dolor y el sufrimiento. Continuar leyendo

El señor de los aguacates…o la felicidad al atardecer de la vida

el-mariachi-loco-1389118_960_720Yo creo que, el fin de semana pasado tuve una visión de mi futuro.
Eran las dos de la tarde del domingo, cuando a la distancia, alcancé a oír al vendedor de aguacates. Su voz sonaba poderosa y juvenil. Llamé a la portería para invitarlo a subir y pasó un tiempo bastante largo, entre la llamada y el arribo a mi apartamento; lo que me hizo sospechar, que aquel buen hombre se había perdido. Sin embargo, para mi sorpresa, al sonar el timbre que anunciaba su llegada, me encontré, no con un joven, sino con un caballero, muy mayor, sudoroso y jadeante que a duras penas articulaba palabra, debido por supuesto, al esfuerzo físico. De todas maneras, a punto del infarto, negociamos una buena cantidad de fruta, más por mi compasión, que por la calidad de esta. Continuar leyendo

Déjame llorar.

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Yo creo que llorar es un mecanismo valioso para expresar emociones. En el llanto hay una dolorosa magia que alivia, cuando me permito este desahogo y entonces confirmo que, en cada lágrima derramada, se representa mi humanidad sensible. Continuar leyendo

Cuando se aproxima el fin.

time-3038213_960_720Yo creo que tenemos dificultades para cerrar ciclos. Y debemos reconocer que hay procesos inconclusos que, al quedarse así, impiden una correcta elaboración del duelo.

Los ciclos sin cerrar van y vuelven indefinidamente, pidiendo a gritos su conclusión.

Y descubro que lo que nos impide cerrar un ciclo, es el miedo al desenlace que sospechamos; así como en otros momentos, tiene que ver con la necesidad de permanecer atados a aquello que realmente no queremos cerrar, porque en el fondo, nos conviene tener motivos de queja, para poder pasar por víctimas o victimarios.

También hay ciclos que no se cierran, debido a la falta de trabajo sobre el orgullo y el obligatorio desarrollo de la humildad, condiciones necesarias para lograr la aceptación y el reconocimiento de los factores causantes de la parálisis, en la resolución de temas pendientes.

Al revisar asuntos inconclusos, me percato del miedo a enfrentar el encuentro conmigo mismo, debido al dolor en el ego que se produce, al mirarse así mismo.

Le tenemos miedo a lo que no entendemos. Rechazamos todo lo que se sale de nuestro control y atacamos cualquier cosa que nos saque de la zona de confort y de las supuestas seguridades con las que nos rodeamos.

Miremos por ejemplo cómo nos da terror, enfrentar el tema de cerrar el ciclo laboral, con todas las implicaciones que ello trae a nivel económico y de reconocimiento social. Postergamos, hasta el límite de lo posible, hablar de jubilación, porque lo relacionamos con la muerte de nuestra propia utilidad.

Jubilarse tiene que ver con la palabra júbilo o alegría de terminar un trabajo que desarrollamos en buena parte de nuestra vida. Sin embargo, si la valía y el orgullo personal dependían de esa labor, se hace muy difícil separar la actividad, de la identidad. Me refiero por ejemplo a aquel que, ejerciendo una profesión u oficio a lo largo de los años, ahora debe darle paso a las nuevas generaciones de profesionales y trabajadores, quienes incluso están mejor preparados que él, al tiempo que debe reconocer que, sus habilidades y conocimientos no son los mismos que lo hicieran competente en el pasado.

No se cierra el ciclo cuando sigo pensando y opinando en pasado… duelo sin elaborar como el de aquel, que comienza sus frases diciendo “cuando yo trabajaba en…” nostalgia característica de quien no ha soltado su identidad pasada.

Yo creo que es importante hacer un proceso terapéutico de pre-jubilación, para aprender a cerrar ciclos laborales y como una preparación obligatoria para entender cuando se aproxima el fin y de esta forma, exorcizar incluso otros temores a cerrar ciclos vitales, como los de la paternidad, en el “síndrome del nido vacío” o como los asociados con la pareja, ya por muerte natural o emocional de la misma, temas de los que hablaremos en futuras publicaciones.

 

 

 

 

El duelo por el cuerpo

Yo creo que llegó el momento de reconocer la importancia del papel del cuerpo en esta contemporaneidad.

Durante mucho tiempo, le dimos primacía a la mente con todo su potencial. En el colegio, las materias y cursos estuvieron orientados hacia el cultivo de la mente, el análisis, la razón y la lógica. Y educarse era sinónimo de saber utilizar las herramientas del pensamiento.

Ahora pide su papel protagónico el cuerpo como un instrumento más de la inteligencia y por lo tanto merece nuestra atención desde el punto de vista de la creatividad y las inteligencias múltiples.

Howard Gardner, en su texto las Estructuras de la mente: la teoría de  Las inteligencias múltiples en 1994, dice que: “El cuerpo es más que tan solo otra máquina, indistinguible de los objetos artificiales del mundo. También es la vasija del sentido del yo del individuo, de sus sentimientos y aspiraciones más personales, al igual que la entidad a la que otros responden en una manera especial debido a sus cualidades singularmente humanas”.

Más adelante en esa misma línea, Gardner en un texto posterior, Mentes Creativas: una anatomía de la creatividad, en 1998, afirma que: “Ha pasado el momento de admirar una inteligencia concebida de acuerdo con moldes limitados: es indispensable comprender la complejidad de la inteligencia múltiple”, como es el caso de la  inteligencia cenestésico-corporal.

Dice Gardner: “Una característica de este tipo de inteligencia cinestético-corporal, es la habilidad para emplear el cuerpo en formas muy diferenciadas y hábiles, para propósitos expresivos al igual que orientados a metas”.

Dicho así, el cuerpo se mueve y en palabras de Edwart De Bono, en El Pensamiento Creativo 1994, “El movimiento es una operación mental extremadamente importante. Es fundamental para la creatividad. Es casi imposible ser creativo sin tener cierta destreza en el movimiento”.

En este orden de ideas, aprender a bailar, nadar, practicar un deporte, un arte marcial y todo aquello que implique la intervención del cuerpo, se convierte en complemento importante del proceso educativo, sobre todo en aquellos que requieren de la creatividad.

Sin embargo, toda la cultura en la actualidad se fundamenta en el cuerpo. Pero no necesariamente con fines expresivos de la inteligencia. Se viste el cuerpo, se decora el cuerpo, se cambia el cuerpo y se vende el cuerpo. Se construyen habitaciones para el cuerpo y se generan conflictos por el envejecimiento del cuerpo. Y las grandes multinacionales de la belleza y la estética fundamentan su negocio en el duelo por la pérdida de las características de la juventud.

Sería rico aprender el arte de envejecer con gracia y dignidad.

En próximas semanas, comentaremos sobre la existencia de tres cerebros en nuestro sistema neuronal…es decir: tenemos no sólo un cerebro, sino tres: uno, encargado de la razón, otro de la emoción y otro de la ejecución. Pero esto será en otro momento.

Por ahora, ¿cuál es tu opinión sobre la importancia del cuerpo en esta post-modernidad?

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