Criatura de un día.

Marco AurelioYo creo que todo es pasajero, hasta el sufrimiento mismo está dotado de esa particularidad temporal.

En las Meditaciones de Marco Aurelio, encuentro esta expresión de su pensamiento, y que además hace parte de la introducción al texto Criaturas De Un Día del terapeuta Irvin Yalom:

– “Somos todos criaturas de un día; tanto el que recuerda como el recordado. Todo es efímero: tanto la memoria como el objeto de la memoria. Está por llegar el momento en que habrás olvidado todo; y está por llegar el momento en que todos se habrán olvidado de ti. Piensa siempre que pronto no serás nadie y no estarás en ningún lado”-.

Entonces me doy cuenta de que “vivo”, es decir no estoy muerto, en la medida en que me encuentre en el recuerdo de mis seres queridos. Por lo tanto, pasados los años, ya no habrá quien me recuerde, pues no haré parte de sus huellas de memoria.

La existencia es relativa a mis actos. Definitivamente las personas no me recordarán por lo que les dije, sino más bien por lo que les hice sentir.

Así, en la actualidad, estoy cuidando mucho de eso: El poder que tengo de herir o no, los sentimientos de mis seres queridos.

Reconozco que he caminado la vida sin precaución. Haciendo y deshaciendo a mi antojo actos de extremo egoísmo, sin percatarme de las consecuencias emocionales que esto trajo para otros.

A veces me pregunto: ¿Cómo estoy en el recuerdo de tantas personas con quienes he tenido contacto al trasegar de mi vida?

IMG_20200119_073831_329También es cierto que me recuerdan no como soy, sino como sus percepciones pudieron deformar mi verdadera esencia. Por lo tanto, tampoco soy yo quien está en sus recuerdos, sino una caricatura mal hecha de la emoción vivida en ese momento.

Como quien dice que: ¿sólo existo para mí? Y lo demás: ¿es una acomodación de una realidad subjetiva?

Soy mi memoria, entonces si la pierdo, dejo de existir con todo el equipaje de mi pasado.

Yo creo que, si no recuerdo nada de lo que hice, estudié, caminé o aventuré, entonces lo único tangible es lo que haga ahora, mientras la vida me acompañe, sin pretender existir en el futuro.

Entonces pasado, presente y futuro, quedan inscritos, como en una eterna presencia temporal, que, a manera de giro en el tiempo, va y viene en espiral, mientras con cada evento, estoy más consciente de lo sagrado del aprendizaje que encierra el arte de vivir.

El problema no está en sentir miedo…sino en cómo lo enfrento.

aprendiz de brujo juancarlosposadamejiaYo creo que el problema no está en sentir miedo, sino en encontrar la manera de enfrentarlo.

Hoy el amanecer estuvo cargado de ansiedad y temor, porque mientras terminaba el café de la mañana, las noticias soplaban vientos de guerra por los cuatro costados. Si la pandemia ya no asusta, ahora la muerte cambia su ropaje para ofrecernos otra de sus caras grotescas, gracias a los enfrentamientos bélicos en distintos lugares del mundo.

Entonces tomé consciencia del miedo y de esas otras guerras internas, que libro cotidianamente porque, así como sucede en el macrocosmos… también ocurre en el microcosmos.

En el sagrado arte de vivir me debato entre el miedo y el deseo.

Descubro que son muchos los temores que obstaculizan el camino y casi todos están relacionados con lo que trae el futuro. Por ejemplo, miedo a fracasar, miedo a no ser correspondido en el amor, miedo a perder el control, miedo a soltar, miedo a sentir dolor, miedo a equivocarme, miedo al cambio, miedo a correr riesgos. Miedo a depender de otras personas. Miedo a la soledad.

En fin, me asusta dejar que la gente sepa lo que necesito y que descubran quien realmente soy.

Entiendo que se trata de algo normal, porque es necesario proteger la vida, en el caso del miedo a morir, o del autocuidado, cuando se refiere a salir de casa, entonces descubro que al mismo tiempo tengo los recursos necesarios para enfrentar el miedo.

Esa fortaleza la encuentro en el amor, pues se realiza el milagro, cuando me valoro y me respeto desde el amor incondicional.

Por ejemplo, el miedo disminuye si agradezco los prodigios cotidianos de que es capaz mi cuerpo cuando lo cuido para que él me cuide.

Con los super amigos juancarlosposadamejiaCada vez que me invade el temor, recuerdo que estoy protegido por la confianza que deposito en lo que debe ser, en lo que debe ocurrir, en lo que es necesario que acontezca para mi aprendizaje y crecimiento personal.

El problema no está en sentir miedo… el problema está en si me paralizo y pierdo el horizonte.

Es normal sentir miedo cuando se enfrenta algo nuevo en la vida, sin embargo, luego me doy cuenta de que soy capaz de enfrentarlo y superarlo porque he aprendido que al miedo hay que atravesarlo.

Miro a mi alrededor y confirmo que no estoy solitario en el miedo. Somos muchos los que andamos por ahí enfrentando la vida a pesar de nuestros temores.

Todo es perfecto y armonioso en el Universo. La imperfección y el desequilibrio están en el ser humano que, desde su egoísmo y falta de amor y de confianza, pretende vencer su propio miedo… agrediendo.

Es en el amor donde está la respuesta. Y ese amor se cultiva desde la contemplación silenciosa del milagro de la vida… que se manifiesta y sobrevive a pesar de los ataques del miedo.

No tendría entonces miedo de perder esta vida, pues es apariencia; ya que la verdadera vida está en otro plano.

Es por esto por lo que yo creo que la respuesta está en cultivar la confianza en mis recursos ya que, lo que pasa, tiene que pasar, pues al fin y al cabo pasará para que suceda el aprendizaje que necesito para mi propio crecimiento.

No existe la felicidad completa.

pexels-photo-6530729Yo creo que no es posible ser feliz completamente en una relación de pareja. Ese discurso motivacional de los gurús virtuales que aparecen en videos pomposos en las redes sociales, donde todo se puede, cuando se trata de alcanzar la felicidad, me genera sospechas si lo contrasto con la realidad.

Ahora, una relación de pareja, si tiene un objetivo muy claro y consiste básicamente, en ser el instrumento propicio para el autodescubrimiento. Es decir, mi encuentro con el otro debe servir para auto conocerme.

En otras palabras, las relaciones con otras personas permiten poner a prueba mi capacidad creativa y expresiva para desarrollar el arte de tolerar la frustración, al mismo tiempo que me ofrecen una oportunidad maravillosa para dar y ofrendar desde mi mismo.

Realmente una relación amorosa no fracasa. Lo que sucede es que dicha relación no funciona, porque posiblemente comenzó de una manera equivocada. Se requiere comprender los mecanismos sutiles que se activan, cuando se entabla una relación con otro… donde impera el egoísmo, que busca sacar provecho.

Entonces, si todo el tiempo me pregunto: -¿qué beneficio personal puedo obtener con esta relación? – es porque no he comprendido que lo que está en juego es lo que puedo aportar a ella, para el crecimiento mutuo.

En términos generales, la mayoría de nosotros establecemos relaciones, buscando lo que podemos sacar de ellas.

Al iniciar una relación, es preferible preguntarse: ¿Qué va a hacer que esta convivencia sobreviva?, en vez de estar calculando, desde el principio…si esto va a durar.

El verdadero objetivo de una relación consiste en asumir el riesgo de exponer gran parte de mí mismo y no, qué parte de la otra persona, puedo conocer para controlarla.

Así el resultado es una enorme presión sobre la otra persona, forzándola “a ser” y actuar de una manera contraria a lo que realmente es su esencia. Así nace el resentimiento, el enojo y la desilusión porque esa persona, se siente mal, porque le queda imposible alcanzar el cumplimiento de la expectativa del otro.

Más adelante la persona busca recuperar su auténtico yo, actuando de acuerdo con su verdadera identidad, naturaleza y deseo profundo… y allí es cuando digo que mi pareja ha cambiado y que está muy extraña y que no entiendo su conducta. Continuar leyendo

No somos perfectos.

summer-1617203_960_720Yo creo que la perfección es un ideal inalcanzable por lo poco práctico, más tratándose de humanos, aunque no puedo negar que es el sueño de todo obsesivo compulsivo.

En el mundo laboral, un jefe o un empleado con este tipo de trastorno, es calificado como eficiente, exigente, exitoso y productivo porque no descuida detalle y tiene la meta entre ceja y ceja a pesar de las circunstancias desfavorables, pues su terquedad lo lleva a conseguir lo que quiere, en contra de todo pronóstico, dejando, eso sí, un reguero de cadáveres emocionales a su paso.

En la vida de pareja el cuento es diferente. No es posible pretender la perfección del otro, sino amarlo desde sus imperfecciones, físicas, emocionales, comportamentales y actitudinales entre otras.

En tanto soy un ser en construcción, las equivocaciones, fallos, y conductas inadecuadas son materia de evaluación y corrección permanente. Y es la pareja, la primera invitada a reconocer que el otro no puede pensar, sentir y actuar como ella desearía, o en el peor de los casos, ser una especie de copia exacta, pues lo que le da equilibrio a una relación, es precisamente la diferencia y no la similitud.

Así que, en materia de sana convivencia, el secreto está en reconocer que el otro es distinto y en consecuencia tiene una forma de ser, pensar y actuar diferentes al ideal esperado… que por supuesto, no se alcanza a percibir en la fase de enamoramiento, sino un tiempo después cuando empiezo a verlo como es y no como yo desearía que fuera.

Darle gusto a otra persona, es adecuado siempre y cuando no afecte mi propia identidad, pero dejar de ser yo mismo para actuar y pensar como el otro quiere, es un suicidio emocional.

Cuentan que un joven simpático y festivo entró a un almacén para comprar pantalones. La asesora comercial le ofreció unos de color amarillo fosforescente, escandalosamente llamativos.

El muchacho quedó encantado con ellos y salió feliz con su compra.

Al día siguiente regresó muy triste diciendo que quería cambiar los pantalones. Al preguntarle el motivo dijo: - a mi novia no le gustan-.

Una semana después, entró sonriente al almacén, pretendiendo comprar de nuevo aquellos pantalones. Esto le generó curiosidad a la dependienta, quien se inquietó por la razón de tal deseo. Entonces le pregunta: – ¿Cambió de opinión su novia? –

No, -respondió el joven…yo he cambiado de novia-.

También recuerdo la historia de la mamá que, conversando con su hija, con respecto a su nuevo novio, la cuestiona: -Mi corazón, ¿qué es lo que le gusta a tu novio de ti? –

La muchacha se queda pensativa y dice: – ¡que soy linda, inteligente, atractiva y que bailo muy bien!

– y ¿qué es lo que te gusta de él? Mami, responde la hija, ¡me gusta que él piensa que soy linda, inteligente, atractiva y que bailo muy bien!

Finalmente, llega a mi memoria, la historia de un hombre muy rico y poderoso que dedicó toda su vida, tiempo y dinero, a buscar la mujer perfecta. Para lograr este propósito, recorrió medio mundo durante muchos años. Al final de su vida, a punto de morir, alguien le pregunta: -Maestro, ¿encontró la mujer perfecta que buscaba? A lo que el hombre responde: -Si, así fue…la encontré después de mucho buscar, pero ella quería encontrar al hombre perfecto-.

Yo creo que buscar la perfección en los otros es inútil, como es imposible lograrla en nosotros mismos.

Mentiras piadosas.

coffee-1869820_960_720Yo creo que es muy importante dejar de mentirme.

A veces me descubro, justificando los comportamientos de otras personas, diciéndome mentiras piadosas, para no afectar la relación que tengo con estos seres queridos. Por lo tanto, termino patrocinando conductas que a todas luces me afectan.

Es común que, entre clases me siente a descansar, en los espacios abiertos que ofrece la universidad. Me tomo un cafecito, para tonificar mi alma, a pesar de la prohibición de mis médicos en relación con el consumo de esta bebida. Dejo que el tiempo se deslice, y entre sorbo y sorbo, voy pensando en la siguiente clase y en la manera y el método que voy a utilizar, para compartir con mis estudiantes de psicoterapia humanista existencial, el trabajo personal que representan estas inquietudes vitales, cuando me doy permiso de mirar para adentro.

Me acompaña un libro del terapeuta de turno, según el programa que he diseñado para el semestre, es decir de Carl Rogers, Gary Yontef, Fritz Perls, Abraham Maslow, Viktor Frankl, Rollo May, o Irving Yalom, para con su permanente lectura, iluminar el flujo de pensamientos que se atropellan, en la oscuridad, antes de salir a la luz, en el salón de clase.

Por un momento, cierro los ojos, respiro profundo y la primera idea que aparece seductora, para comenzar la charla, salta en medio de la maraña de ideas y sentimientos.

-Colegas, les digo: Una de las tareas más complejas, por lo dolorosa para el ego, es la de aprender a perder y desapegarse, en materia de afectividad-.

Porque el secreto del juego de la vida, en el sagrado arte de vivir, consiste en discriminar cuándo se justifica actuar y cuándo no. Porque el temor a equivocarme acecha en cada movimiento que realizo, en el enorme ajedrez de la existencia, especialmente en el trato y convivencia con los seres queridos.

Parece como si todo el tiempo estuviera buscando aprobación de ellos. Entonces me siento vulnerable, porque en medio del proceso de amar, pierdo el control de muchas situaciones cotidianas, por el miedo a perder la supuesta dependencia que yo mismo he creado, comprando, paz, tranquilidad y compañía, a muy alto precio.

Entonces como buen detective psíquico, comienzo a rastrear el origen de mis temores. Y los ubico en las expresiones parentales y escolares que me educaron para satisfacer las necesidades de los otros, más que las propias. Porque no era bueno ser egoísta, sino todo lo contrario, el mejor de los altruistas.

Así, aún hoy, me preocupa mucho el qué dirán los demás, y me confronto con la sensación de que no voy a merecer su aplauso, sino más bien su reproche y rechazo.

Luego comprendo y acepto que precisamente la rueda de la vida me enseña a trabajar en lo que considere cierto y valioso para mi crecimiento personal, independiente de la aprobación de los otros, porque no se trata de su vida, sino de la mía.

Comienzo por discriminar cuándo es necesario, por no decir obligatorio, decir mentiras piadosas para acariciar el ego de los demás, y cuando son innecesarias, porque terminan afectando mi propia integridad emocional.

Yo creo que, voy a cometer más sincericidios, para liberarme del lastre que representan las mentiras piadosas que agradan a los demás.

La magia del dolor.

dumbbells-2465478_960_720Yo creo que la vida me regala experiencias maravillosas, si tengo la capacidad para asombrarme, con aquello que me acontece.

El niño interior que me habita se fascina cada mañana muy temprano, gracias al encuentro, cálido, amoroso y fraterno, con mis compañeros de fisioterapia. Con ellos comparto el dolor de la recuperación de mi manguito rotador, mezclado con exquisitas dosis de risas, sudor y lágrimas, y con el aporte individual que cada paciente hace, dándole ese toque de magia, que agregan con sus vidas, las personas con quienes me permito hacer contacto existencial, allí tres veces por semana.

Cualquier tema es motivo de diálogo. Se comenta en cada sesión, una película, un libro, un clásico de futbol, la carrera ciclística, el más reciente huracán, la recuperación de un deportista famoso gracias a la fisioterapia y de vez en cuando, historias personales, llenas de vida, experiencias ricas y enseñanzas imborrables.

Además, mi fisioterapeuta es un ser maravilloso. En ella encuentro una mezcla de sabiduría personal, inteligencia aguda, y sentido del humor, acompañada de profunda experiencia profesional y trato amoroso y sensitivo con cada uno de nosotros; pues el dolor físico, a veces no es otra cosa que la “corporalización” del dolor del alma, debido a que cada lesión, tiene su historia y su significado psicológico profundo, como representante de nuestras luchas psíquicas internas y ella lo sabe, incluso por experiencia propia.

La enfermedad me obliga a ser sincero, para reconocer que, desde la medicina psicosomática, el dolor que experimento posiblemente en un principio, estaba destinado a otra persona, como consecuencia de un acto agresivo de mi parte. Por ejemplo, dar un puño permite descargar la agresividad. Sin embargo, ¿qué sucede cuando lo reprimo? El impulso agresivo se devuelve contra mí y el dolor lo experimentó como autoagresión.

Según los estudios, en las personas que paralizan los músculos hay rigidez y terquedad. Se diría que son inflexibles, porque no hay nada que los mueva de su punto.

Curiosamente, y así lo encuentro en el texto de La Enfermedad Como Camino, los autores Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke sostienen que esta inmovilidad interior se compensa con la práctica del deporte y una gran actividad corporal. Y más aún, cuando se trata de deportistas de alta competencia, donde el tema ya es la agresividad.

Para mí, estas sesiones de terapia física, no distan mucho de lo que se vive en la psicoterapia. Porque al fin y al cabo en una hora de trabajo en el consultorio, cada uno va reconstruyendo y dándole significado a sus conductas y pensamientos, logrando que los pedazos de la vida se vayan rehabilitando, sanado, haciendo duelo, en un tiempo y en un espacio que llamamos terapéutico.

La terapia logra, que volvamos al estado de equilibrio, luego del malestar de una crisis.

Como las terapias duelen, por lo tanto, me resisto al dolor… para evitarlo. Sólo cuando lo atravieso, puedo salir al otro lado, confirmando que era necesario para comprender la naturaleza del bienestar.

Entonces confirmo el nexo entre la meditación zen y la psicoterapia. Porque ambas me ayudan a trabajar la ansiedad, la tragedia, la tristeza profunda.

Las terapias, en todas sus formas permiten admitir con franqueza mi verdad interna; para enfrentar mi propia angustia, mis arrebatos de hostilidad y de culpa, por ejemplo.

Y finalmente creo que la terapia me da herramientas para establecer relaciones significativas, que aporten a mi crecimiento personal e incluso conmigo mismo, más allá del egoísmo propio de la cultura occidental, tan competitiva y solitaria.

Estoy muy agradecido con la vida, porque me ha regalado este nuevo capítulo en el sagrado arte de vivir, al mostrarme el dolor, la recuperación y la esperanza gracias a la fisioterapia. Y porque me ha permitido ser testigo de la importancia de un buen terapeuta, que sabe lo que hace y ama su trabajo.

123