Las paradojas del amor.

bokeh-2594745_960_720Yo creo que estar enamorado es lo mismo que subir a una montaña rusa. La sensación es muy orgánica, la mayoría de las veces agradable y llena de experiencias sensoriales. El proceso de enamora…”miento”, se da como consecuencia de una descarga hormonal, que es capaz de producir estados alterados de conciencia.

La mezcla de emociones es intensa y desarrolla un poder adictivo, que afortunadamente dura poco tiempo, claro está, si despierto para retomar el control de mí vida.

Esto lo digo, porque el estado ideal para el equilibrio, no es precisamente el enamoramiento, pues al fin y al cabo es incapaz de percibir al otro tal como es.

¿Por qué una persona permanece por años con una pareja, y sigue anclado en esa relación, a pesar de la desventaja que representa, debido a que cuando la conoció, no era de su nivel social y económico, pues provenía de una familia humilde y ahora, para llevar el nivel de vida alto y costoso que le exige, no sale de deudas, del estrés y el consumo de licor, que le producen sus acreedores, para poder pagar la vida en el club, los viajes exóticos, y las universidades y gustos caprichosos de sus hijos, así como los antojos de su pareja?

La respuesta es lógica y profunda: porque está enamorado, o lo domina el miedo al abandono, o tiene una deuda emocional, debido a la culpa y la paga con dinero. O porque tiene una personalidad de salvador, que requiere de víctimas o personas quejosas, para sentirse protector de aquellas almas desvalidas y solitarias que, abandonadas, encuentran en él su benefactor. Esto mismo aplica con los amigos.

Cuando estoy enamorado, percibo de manera distorsionada y hago sacrificios en nombre del amor, desde la incondicionalidad, para patrocinar conductas inadecuadas del otro, que de una forma u otra atacan mi dignidad. Y termino facilitando espacios que me pertenecen, hasta lograr como estrategia final, que pierda contacto con mis amigos, porque los considera rivales, así como tiempo para los estudios, trabajo y familia. Como aquel que renuncia a viajar al exterior para completar sus estudios, para quedarse a cuidar una relación de pareja, cambiante e impredecible.

Esto sucede, porque se me pide, como demostración de amor, que dedique tiempo exclusivo, a una relación de pareja absorbente, enfermiza, insegura, celosa, prevenida y demandante, que va cercando todas mis posibilidades de libertad.

Eso sí, la única manera de liberarse es dejar de estar enamorado, entiéndase “narcotizado”, o como diría mi abuela, enyerbado, y amar de verdad, que es algo muy distinto.

Recuerdo que una vez le dije a alguien muy cercano a mi corazón: “-Te amo tanto, que más bien no me caso contigo, porque con mi forma de ser, bloqueo tu propio crecimiento, al patrocinar conductas de dependencia emocional, al convertirme en un proveedor necesario”-. Por supuesto nunca lo entendió. Y hasta la fecha, luego de esa separación, soy el malo de la película, aunque haya actuado por amor.

Yo creo que, sólo desde la libertad, es posible amar, pero como dice Eric Fromm, le tenemos miedo a la posibilidad de ser y dejar ser, en libertad.

Yo quiero ser yo

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Yo creo que, en el sagrado arte de vivir, ser uno mismo es difícil. Por un lado, si pretendo “comprar” la aprobación de los demás. Y de otro lado, porque la lucha por ser uno mismo, es dura, si tengo partes de mí, que no valoro, no acepto o incluso no reconozco.

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Acompañ…arte

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Yo creo que la pareja tiene sentido como esa persona que he elegido para acompañarla y que me acompañe en el camino de la vida, el resto de mi existencia. Sin embargo, no es fácil acompañar. 

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Al caminar juntos…como pareja.

clogs-2947980_960_720Yo creo que ser pareja significa, entre otras muchas cosas, salir del egoísmo, para permitirme compartir. Y este salto ya es difícil cuando he vivido desde la auto-referencia, sin darme cuenta de la existencia del otro, desde su singularidad y su manera propia de ver el mundo.
Caminar de la mano con esa otra persona, representa ir hacia la misma meta. No puedo pretender continuar el camino pensando en un objetivo propio, ahora se trata de unir esfuerzos para lograr un destino común. El panorama cambia radicalmente: se establece relación con una nueva familia, surgen preguntas en torno a los hijos, se planean viajes, inversiones, descanso, estudios, compras, y todo esto no puede partir de una necesidad individual, sino del análisis cuidadoso de un presupuesto económico que, por aquello de la sociedad conyugal, es sensible a cualquier mal movimiento.
El buen manejo de la economía, se hace decisivo para la estabilidad emocional de la pareja. El ingreso y flujo de caja, quien lo creyera, es un elemento clave en la felicidad de los enamorados que, al vivir bajo un mismo techo, tienen responsabilidades administrativas y, por lo tanto, cada inversión o gasto que se haga afecta el presupuesto familiar.

La vida con otro, nos invita a tomar conciencia de que no estamos solos. Dado que cualquier decisión que tomemos beneficiará o afectará la pareja.
Por ello, al momento de casarme, debo pensar sin la emoción y el entusiasmo del enamoramiento, para aterrizar en la realidad del manejo de la economía, que no tiene corazón, y de esta forma, balancear el presupuesto familiar como prioridad, y dejar en un último plano las búsquedas individuales, porque de lo contrario no debería casarme. A menos que la situación económica de ambos lo permita y facilite proyectos individuales.
Así, el matrimonio, como en los cuentos de hadas, sólo es posible con príncipes acaudalados. En la realidad del siglo 21, decidir la convivencia, debe pasar por los extractos bancarios, pues al fin y al cabo el “amor con hambre no existe” y menos aun cuando los acreedores duermen en la cama nupcial…y sería mejor garantizar primero la estabilidad económica, antes de jugar la aventura del “escape nocturno”, y empezar de cero económicamente, que suena romántico, pero poco práctico para un proyecto matrimonial.
A veces por estar enamorados, no pensamos con cabeza fría. Aquí ya el tema no es sexual, afectivo, social o emocional. El “mariposeo” inicial, debe darle paso a la realidad concreta de vivir en compañía, para construir una vida en pareja. La comunicación afectiva, efectiva y asertiva son parte fundamental del entendimiento desde el respeto y la consideración del otro como un interlocutor válido.
Yo creo que la idea es tomar conciencia de que cuando me comprometo a vivir en pareja -más allá del amor- lo fundamental es la capacidad para caminar juntos y estar dispuestos a dejar de pensar en solitario, para hacerlo en compañía y construir un proyecto de vida en común desde el amor, pero principalmente desde la responsabilidad por el compromiso adquirido.

El amor es un mal consejero.

couple-1427863__340Yo creo que el amor es un mal consejero; y sustento mi afirmación en la vivencia loca del enamoramiento… al fin y al cabo la parte final de esta misma palabra lo dice todo: “enamora…miento”, gracias al cóctel hormonal.
Tal vez porque en ese estado es muy difícil tomar decisiones adecuadas. La persona enamorada no ve la realidad que le circunda; más bien, ve a su objeto de amor, nimbado de hermosas cualidades irrepetibles en otros seres de la galaxia, y para nada observa peligro de la estabilidad de la futura relación. De nada sirven comentarios familiares y de amigos, en torno a la posible disfuncionalidad de tal pareja…todo es perfecto y los demás se convierten en enemigos gratuitos de aquel amor.
El amor enamorado no deja ver ciertas realidades. Partimos del gusto erótico que el otro despierta, y esto basta para decirle que lo amamos. Pero amar al otro, es algo muy diferente, consiste en la capacidad de ver la realidad y no mi fantasía o mi deseo personificado.
Esto significa que al decidir compartir mi vida con otro ser humano, debo partir de la objetividad fría y contundente al hacerme esta pregunta: ¿me conviene estar, el resto de mi vida, con ese socio y sus muchos defectos y virtudes? Y que, al tomar esta decisión tan trascendental, es porque veo al otro como un compañero de viaje y no como alguien que va a suplir mis necesidades no resueltas.
Yo creo que uno jamás debe casarse enamorado. Pues una cosa es desear y querer a una persona y otra muy distinta, pretender vivir con ella.
Lo grave es que veo en el otro mi reflejo; pues todo lo conjugo utilizando la expresión “me”: “abrázame”, “invítame”, “llámame”, y esta auto-referencia, va a generar mucha angustia y conflicto al no poder manipular a ese otro, para que haga mi voluntad.
Se trata de amar al otro…como es, sin pretender cambiarlo hacia mi conveniencia. Y mucho menos sentir que sin él o ella, no puedo vivir…como si se tratara de un tanque de aire comprimido, como en el buceo, para la supervivencia en aguas profundas.
Amar es dejar ser. Es permitir la expresión del otro como es. Pero cuando estoy enamorado tiendo a distorsionar la realidad y me engaño…como en un espejismo y no veo al otro, quizá me veo.
Yo creo que el amor en su estado de enamoramiento es un mal consejero y que es necesario aterrizar de aquel proceso de encantamiento hormonal, para ver al otro como es, incluso desde su lado oscuro de la sombra, y no como yo quisiera que fuera, para poder afirmar que lo amo y no que lo necesito.