¿Es posible conquistar la felicidad?

Yo creo que todos tenemos derecho a la felicidad. Y también creo que, no nos han enseñado ha conquistarla.

Entonces si nos apoyamos en el pensamiento del Dalai Lama, Tenzin  Gyatso encontramos que él cree que, el propósito fundamental de nuestra vida, es buscar la felicidad,  y que esto se logra con el “entrenamiento de la mente”. Sin embargo, así planteado, esto no es fácil de alcanzar, si desconocemos cómo se hace dicho entrenamiento.

Teniendo en cuenta mi formación como psicólogo, entiendo desde la ciencia, que el objetivo principal de este entrenamiento, consiste en ayudar a quien se encuentra en estado depresivo, a controlar sus pensamientos de tristeza o melancolía, debido entre otras elementos como el bioquímico, a la manera como piensa.  Entonces se necesita educar la mente para que él aprenda a resolver sus conflictos internos, y de esta forma facilitar sus relaciones consigo mismo y con los demás. Entonces la palabra “entrenamiento de la mente” no deja de tener un sabor cognitivo, como del orden del pensamiento intelectual.

Para el Dalai Lama, «entrenamiento de la mente» no se refiere al entrenamiento de la capacidad cerebral intelectual, sino mas bien a la connotación que proviene de la palabra tibetana Sem, que tiene un significado parecido al de «psique» o «espíritu», y que comprende lo intelectual, sumado con el sentimiento desde lo emocional, mediado por la manera cómo se piensa.

Así, “entrenar la mente” para él, se refiere a la implementación de una “adecuada disciplina interna”, que permita experimentar una transformación en nuestra actitud y un cambio de perspectiva en el enfoque de nuestra vida.

Esta “disciplina interna” supone tener en cuenta los factores culturales y sociales que influyen en nuestro pensamiento y sobre todo el conocimiento del método para reprogramar la mente.

Lo primero consiste en identificar aquellos factores, desde nuestra educación y formación del pensamiento, que conducen a la felicidad y los que llevan al sufrimiento. Una vez hecho eso, dice el Dalai Lama, es necesario eliminar gradualmente los pensamientos que llevan al sufrimiento, mediante el cultivo de los que llevan a la felicidad. Ése es el camino o método.

Ahora, según el budismo, existen cuatro fuentes para nutrir la realización o felicidad personal: la riqueza, la satisfacción mundana, la vida espiritual y la iluminación.

Sin pretender ser religiosos o espirituales, invitando a los lectores a alcanzar la iluminación, se podría proponer que la búsqueda de la alegría y la felicidad se hagan desde una perspectiva más mundana. Pues dice la gente del común, que la salud, el dinero y el amor son la clave del contento.

Sin duda, la buena salud, es necesaria para una vida plena. El dinero por ejemplo o las posesiones materiales y el grado de riqueza que acumulamos, podrían ser decisivos a la hora de ser feliz; así como las buenas amistades y los compañeros con quien compartir afecto. Pero lo más importante es la capacidad para disfrutar y la disposición del pensamiento desde el optimismo, para interpretar las adversidades y los problemas, como componentes contradictorios y necesarios de la felicidad.

En esta perspectiva, el secreto último parece consistir, en la capacidad para armonizar la mente. Y esto se logra cuando aquietamos el pensamiento y en clave de oración, meditación o silencio absoluto, controlamos el parloteo mental y logramos un silencio reparador, para ver más allá y comprender que nuestro estado natural, es la felicidad.

Ojos para ver, oídos para oír

Nuestra vida gira en forma acelerada y nosotros con ella. Sin embargo, yo creo que, dejamos pasar de largo muchas oportunidades que la vida nos presenta, porque es necesario tener ojos para verlas. Y esos ojos se entrenan, pues el proceso de ver no es tan simple como parece y de alguna forma se requiere una mirada especial para poder percibir aquellas sutiles señales que nos regala el universo.

La explicación más sencilla la tenemos cuando un par de personas, que se encuentran presenciando el mismo fenómeno, opinan sobre él. La primera podrá decir que aquello es lo peor que le ha pasado a su vida. Mientras la otra dirá, por el contrario, que es lo mejor que le puede suceder a su existencia.

Esto significa que un mismo hecho puede servir o no a nuestros propósitos. Y que depende de nuestra manera de interpretar y acomodar los fenómenos como podemos aprovechar esto que llamo señales del universo.

Cualquier evento puede ser trascendente o intrascendente según el punto de vista de quien lo mira. Lo interesante del asunto es tener la capacidad para abrir el entendimiento, para escuchar la opinión y la experiencia de otros, pues esto de alguna manera, enriquece.

Escuchar es otra de las habilidades que necesitamos desarrollar. Observe por ejemplo qué sucede en nosotros, cuando nos permitimos escuchar. Lo más difícil es guardar silencio. Porque es tanto nuestro afán de hablar, que olvidamos la presencia del otro y el potencial escondido que tiene fijar nuestra atención en lo que el otro dice y cómo lo dice.

Un buen propósito para nuestro crecimiento personal, es tener ojos para ver y oídos para oír. Y así disciplinarnos para pensar antes de hablar. Escuchar antes de hablar. Mirar, observar para luego comprender. Démonos el tiempo necesario para procesar. Ahora entiendo la importancia de la pausa para ver y oír.