La sombra…de la sombra.

pexels-photo-2907613Yo creo que es un buen momento para hablar de la sombra.

Esta mañana, me quedé un rato mirando a través de la ventana. Pude sentir la ciudad, con su bullicio y movimiento habitual. Todo transcurría con normalidad hasta que un par de conductores, luego de chocarse aparatosamente, salieron de sus vehículos para discutir y alegar, esperando depositar en el otro la culpabilidad de la colisión.

Uno de ellos estaba más furioso. Desde mi perspectiva, el más enojado, era el mayor responsable del siniestro. Entonces noté como aparecía su sombra, al pretender culpar al otro, de su propia falta de cuidado.

El concepto de la sombra se hizo famoso por el analista Carl Gustav Jung, quien lo utilizó de dos modos diferentes. Por un lado, para definir la sombra como la totalidad de lo inconsciente. Y de otro lado como el aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por rasgos y actitudes que el yo consciente no reconoce como propios.

Me pregunto ¿Cómo más puedo observar la presencia de la sombra?

La puedo ver entre otras muchas cosas, en los chistes y en las bromas cargadas de sexualidad prohibida, que expresan los propios miedos, los deseos y las perversiones más ocultas.

Por ejemplo, para la psicoanalista inglesa Molly Tuby, mi propia sombra se hace palpable cuando manifiesto sentimientos negativos respecto de los demás y me permito criticarlos despiadadamente, porque en el fondo son mi espejo y veo el reflejo de mí mismo en ellos.

También cuando las personas me retroalimentan, luego de un comportamiento mío, que es repetitivo y que les perturba o les molesta y me resisto a verlo, aceptarlo o reconocerlo.

En las acciones impulsivas, sin control y que se escapan inadvertidamente y luego me sorprendo yo mismo, porque en el fondo no quería hacer esto o decir aquello.

En esas situaciones en las que me siento maltratado, humillado, o no tenido en cuenta.

En los enfados recurrentes y exagerados que siento, por los errores cometidos por los demás.

En fin, la sombra se presenta cuando estoy frente a situaciones que sacan lo peor de mi y que prefiero ocultar.

Sin embargo la sombra, dice Connie Zweig, suele retroceder con la misma prontitud con la que aparece, porque descubrirla, puede constituir una amenaza terrible para nuestra propia imagen.

Es por esto por lo que, y debido a un mecanismo de defensa, rechazamos las fantasías asesinas, los pensamientos suicidas, o la embarazosa envidia y los celos que tantas cosas podrían revelarnos sobre nuestra propia oscuridad.

El no darme cuenta, de lo que no me doy cuenta, impide que pueda hacerme cargo para cambiarlo.

Es frecuente, por ejemplo, que el encuentro con la sombra tenga lugar en la mitad de la existencia, cuando nuevas necesidades y nuevos valores me obligan a cambiar el rumbo de la vida y de esta forma romper los viejos paradigmas para desarrollar las habilidades y capacidades que estaban dormidas hasta el momento.

Yo creo que el encuentro con la sombra lo puedo lograr, cuando escucho y presto atención a las señales que me lanza el cuerpo y el pensamiento, siempre y cuando, me dé el permiso de sacar el tiempo necesario para estar solo y con la ayuda de un profundo silencio meditativo, pueda decodificar los mensajes que provienen del mundo donde habita la sombra.

Beneficios psicológicos y espirituales de la cuarentena.

hombre-rostro-que-relaja-sillon_23-2147800039Yo creo que, este nuevo tiempo de aislamiento debido a la presencia del Covid-19 en su pico más alto, me ha servido para reflexionar sobre los efectos de la cuarentena en mí comportamiento y en el de los demás.

Décadas atrás, mis profesores destinaban largas horas de trabajo académico para explicar siete conductas humanas que debíamos observar y en lo posible controlar, para alcanzar los cielos del éxito personal en nuestros anhelados proyectos de vida.

Decían: -la lujuria, la ira, la soberbia, la envidia, la avaricia, la pereza y la gula son los enemigos de la sabiduría y la profundidad espiritual y de alguna manera nos condenan a permanecer atados a un mundo físico, relativo.

Ahora, con los tiempos que se avecinan, cuando pase esta pandemia, me pregunto con frecuencia, si la crisis económica que ya se insinúa, ¿me va a llevar hacia las “profundidades de la espiritualidad” cultivando en mí, virtudes como la templanza, la generosidad, la laboriosidad, la paciencia, la caridad y la humildad?

Al menos, lo que voy descubriendo a mi alrededor, me permite tomar conciencia de lo relativo del lujo y el placer; por ejemplo, ya estoy aprendiendo a disfrutar placeres muy sencillos.

Así mismo, frente a la posible escasez de comida, hoy consumo hasta el último grano de arroz servido en el plato, apreciando la generosidad del Universo y entendiendo lo poco importante que es poseer bienes materiales, frente a la primacía de la salud; He entendido que de nada vale tener dinero en el banco, si mis pulmones y mi sistema circulatorio están colapsados.

Al principio del aislamiento, la pereza la consideraba un premio, con todo el tiempo disponible para no hacer nada. Ahora me gusta estar ocupado, para darle sentido a mi existencia, haciendo tareas que valgan la pena, antes de morir.

Durante esta cuarentena, para algunos de mis amigos y allegados, la impotencia y los duelos por las pérdidas, han hecho que los pensamientos suicidas, la tristeza, la depresión y la ira, sean protagonistas durante este confinamiento, obligándolos a cometer actos de violencia física y verbal, dentro de los hogares y sitios de trabajo.

Entonces, en estos momentos, ni siquiera hay personas a quien envidiar. Lo más democrático que existe es una pandemia, pues toca a todos por igual, llevándonos a un lugar común, de pobreza, desesperanza, abandono e inseguridad.

Y la soberbia ya no aparece en primer plano. Por estos días, nadie es superior, ni más poderoso que otro, si lo miro desde la perspectiva del narcisismo o la vanidad. La peluquería, los cosméticos, la ropa de marca, las fiestas y reuniones sociales, los viajes de lujo, los buenos restaurantes, los paseos costosos a lugares exóticos y soñados, quedaron congelados en los avisos promocionales de los comerciantes, impidiendo demostraciones de poder adquisitivo.

Incluso, no es importante si uso un tapabocas de marca o uno hecho en casa, si los dos me protegen del virus enemigo. Además, prefiero el de bajo costo, por los ahorros que debo hacer.

Yo creo que es tiempo de profundidades espirituales, porque esta pandemia al menos a mí, me ha enseñado la importancia de la paciencia, la humildad, el desapego y la alegría, para enfrentar al principal enemigo:… el miedo a morir… desde el ego.

El origen de la violencia.

buddhist-737275_960_720Yo creo que el origen de la violencia se encuentra en el miedo, la frustración, el estrés, la tristeza, la melancolía, la sensación de fracaso, en la codicia, la envidia, el orgullo, y la búsqueda de lujos para satisfacer al ego.

Por estos días, me ha llamado mucho la atención, la manera violenta como se están comportando algunas personas en la calle, en el barrio, en la urbanización, en la oficina, en el mundo entero. En sus rostros y en sus cuerpos se percibe la tensión propia de quien está en pie de lucha.

En estas semanas de descanso, me he permitido, largas horas de reflexión, tratando de comprender la fuente de tanta agresividad y la manera de canalizar dicha energía.

Los libros espirituales explican que la no-violencia, se asimila a la indefensión. Para las filosofías taoísta, védica, jainista y budista la indefensión, la no violencia o el Ahimsa, como se diría en sánscrito, busca no causar sufrimientos a los seres vivos con el lenguaje, la mente o el cuerpo.

Aunque soy consciente de que ser “inofensivo” no es suficiente en sí mismo, porque se requiere el cultivo de la voluntad, la consideración y la compasión.

Entonces el proceso de la no-violencia, comienza con el trabajo sobre nosotros mismos; para lograr la compasión interna y de esta forma construir bienestar y felicidad como individuos frente a la sociedad.

El erudito indio del budismo, Buddhaghosa decía que: “la compasión se basa en ver la indefensión de aquellos que son vencidos por el sufrimiento, por lo tanto me abstengo de hacer daño a otros”.

Cuando se actúa con violencia, esto crea un círculo vicioso que, a su vez, genera más violencia merced a las represalias y los desquites, en forma de respuesta agresiva.

Así, la verdadera Ahimsa, depende de la disciplina y el autocontrol.

Sobre el tema de la no-violencia, consultando los textos de las diferentes religiones y filosofías del mundo, encuentro similitudes significativas, donde el denominador común es la idea de que, para enfrentar la violencia, hay que responder con la serenidad y la paz que nace desde el interior.

Por ejemplo:

En el Antiguo Testamento encontramos que: “Una respuesta bondadosa hace desaparecer la colera”.

Y en el Nuevo Testamento se lee la importancia de: “Bendice a los que te maldigan y haz el bien a los que te odien”

En el Taoísmo se dice: “Recompensa el daño con la amabilidad

Los Confucionistas enseñan que: “No hagas a los demás, lo que no quieras que se te haga a ti”.

Desde el Hinduísmo: “Si el perjudicado devolviera el daño, las consecuencias serían la destrucción de toda criatura viva y el pecado predominaría en el mundo”.

En la misma línea los seguidores de la filosofía budista trabajan en la serenidad interior: “No montes en cólera con los que son coléricos contigo y replica mejor, con palabras amables, a las palabras duras”.

Y los Jainistas aconsejan: “Vencer a la cólera con el perdón”.

Nuevamente estoy de acuerdo con el maestro Chuang Tzu cuando al referirse a la violencia decía: -“es como tratar de detener un eco… gritándole”-.

Yo creo que el origen de la violencia está en nuestra infelicidad.

Todo por un “like”.

girl-1792944_960_720Yo creo que he perdido el rumbo, si dependo de un “like”.

Se que el dedito parado, es el indicador ficticio de la autoestima. Ese “like”, en cuanto a cantidad, es el que determina, debajo de la foto, si subo al cielo de la vanidad, o bajo al infierno de la ansiedad y la desesperación, y pierdo mi tranquilidad, porque me hace depender de la aprobación de los demás, y de esta forma castigo mi valía, o premio mi ego. Al hacer un inventario en las redes sociales,  yo creo que todas ellas, conforman una egoteca.

La foto del perfil y las demás, son una mentira. Solo se sube aquella que ha pasado por la evaluación y la censura de la estética. No hay espacio para los feos, para los escenarios pobres, o las imperfecciones del cuerpo; pues se ocultan gracias a los trucos incorporados a las cámaras que también sirven para hacer llamadas telefónicas. Todos quedamos eternizados, en esas imágenes con “botoxshop”, y cirugías electrónicas tan impresionantes, que hasta me sorprendo con tanto estiramiento cutáneo y colores de piel inverosímiles.

El texto pasa a un segundo plano. El bombardeo de imágenes se torna intenso y abrumador, debido a que satura con información narcisista, que sólo importa al autor y protagonista de la foto, quien al mismo tiempo pretende despertar la envidia en los demás, con la supuesta felicidad en la que vive, llena de alimentos, paseos, fiestas, y grupos de amigos sonrientes, eso sí, porque la foto se repite hasta que queden todos bonitos y con expresión feliz, proceso difícil de lograr en la primera toma.

“Virtualmente” vivimos en un mundo falso, para ocultar nuestro infierno interior.

La foto tiene la magia del recuerdo, desde la posibilidad de congelar el tiempo. Sólo le interesa a quien vivió esos momentos. Porque para los demás, es una expresión de exhibicionismo psíquico de la intimidad de cada persona, que permite darle rienda suelta a su voyerismo social.

¿Por qué nos gusta publicar intimidades, para después disgustarnos por la reacción libre, espontánea y perversa de los demás?

Si me atrevo a publicar, es porque estoy dispuesto a recibir comentarios de todo tipo. Para eso, entonces más bien me abstengo de la exposición, pienso yo.

Todo por un “Like”, por lo tanto, yo creo que no puedo vivir, desde el qué dirán. Porque si así fuera, mi vida estaría limitada al permiso y el juicio de los demás.

De por sí, el proceso de vivir ya es complejo, y se enturbia más, cuando creo que cada paso que doy debe obtener el beneplácito de los otros.

Ahora, el respeto por la persona, su dignidad, y el amor propio, así como todo su valor moral y espiritual, no pueden ponerse en tela de juicio. Lo doy por descontado. La palabra, la opinión y el criterio del otro son valiosos de por si, siempre y cuando cumplan con unas reglas mínimas de convivencia. La agresividad, la violencia y el matoneo en redes, dice mucho del miedo profundo de los agresores y detractores que, desde su inferioridad, esperan acobardar al otro; sin embargo, en algunos casos, se encuentran con la inteligencia emocional de aquellos que están más allá de los comentarios mal intencionados.

Estamos enajenados, condicionados por el sonido y el destello de las pantallas, que indican que ha llegado un mensaje. Parecemos zombies caminando sin mirar hacia adelante, clavados en el dispositivo móvil, esperando que la vanidad se alimente.

Nos estamos quedando solos, todo por un “like”; sin conversaciones valiosas y significativas, con temas tan superficiales, que son sintomáticos en una cultura ligera, que escribe y habla rápido en una carrera contra el tiempo.

Las redes sociales nunca reemplazarán la presencia física del otro, su abrazo y calor fraterno.

Propongo una desconexión electrónica, para lograr un contacto más humano existencial y significativo, por ejemplo en pareja, a partir del sagrado placer de la conversación, a la luz del sentimiento en vivo y en directo, con la calidez de un beso y un abrazo, muy diferente a lo que me hace sentir un frío emoticón.

Sentimientos tóxicos.

beach-1868047_960_720Yo creo que, en un sofisticado laboratorio, en el fondo de nuestro corazón fabricamos sentimientos tóxicos.

La toxicidad del miedo, los celos, la envidia, el odio, y el rencor corroen la expresión del amor.

Así como mi verdadero Amor, disuelve cualquier toxina presente en mis emociones, porque si amo de verdad, no robo, no levanto un falso testimonio, no odio, más bien perdono, comprendo, libero, acompaño y de manera incondicional, respeto la individualidad del otro.

Sin embargo, como entre humanos vivo, la inteligencia emocional es obligatoria a la hora de compartir mi existencia, con otros congéneres, que se dedican la mayor parte del tiempo a contaminar la armonía, con actos llenos de resentimiento y comentarios calumniosos sobre la conducta y el proceder de los demás. Lo importante es no prestar oídos a sus palabras necias como dicen los que saben; porque de no ser así, moriría víctima del veneno de las lenguas viperinas.

Esta semana leyendo a Jorge Bucay, en el cuento La isla de los sentimientos, narra que había una vez una isla muy hermosa y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría, la Riqueza, el Orgullo y también El Amor.

Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse. ¡Vaya desastre! Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el Amor quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento.

Pero cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor decidió pedir ayuda.

La riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le dijo:
– Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?
– No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti – lo siento, Amor.

Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca.
– Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo?
– No puedo llevarte Amor – respondió el Orgullo
– Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca – ¿Cómo quedaría mi reputación?

Entonces el Amor dijo a la Tristeza que se estaba acercando:
– Tristeza te lo pido, déjame ir contigo.
– No Amor, – respondió la Tristeza. – Estoy tan triste que necesito estar sola.

Luego el Buen Humor pasó frente al Amor, pero estaba tan contento y distraído, que no se percató de que lo estaban llamando.

De repente una voz dijo:
– Ven Amor te llevo conmigo.
– El Amor miro a ver quién le hablaba y vio a un viejo.
El Amor se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre del viejo. Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El Amor se dio cuenta de cuanto le debía y le pregunto al Saber:
– Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudo?
– Ha sido el Tiempo, – respondió el Saber, con voz serena.
¿El Tiempo? – se preguntó el Amor– ¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?
Y la respuesta del Saber fue – porque sólo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el Amor en la vida.

Así que mis queridos lectores… el verdadero amor, con ayuda del tiempo, podrá salvarnos de los sentimientos tóxicos.

Aunque…yo creo que el primer paso consiste en amarnos, es decir, aceptarnos a nosotros mismos.

Es el momento de vivir…

man-2704694_960_720Yo creo que, al momento de mirar el reloj de mi vida, confirmo que cada día que pasa, no estoy más vivo, sino más muerto que ayer.

Mi reloj marca una cuenta regresiva. Y al tomar conciencia de ello, disfruto cada minuto con mayor intensidad, pues cada instante, y cada momento lo considero de manera significativa.

En mi época de adolescente, era importante dormir para recuperar la energía que demandaba el proceso de crecimiento. Ahora hacer pereza, impide que valore cada minuto del resto de mi vida.

Es por esto por lo que he decidido darle mejor uso al tiempo que me queda y dedicarme a tareas significativas, a relaciones que aporten, y a actividades llenas de goce, sin sufrimiento innecesario, para disfrutar el sagrado arte de vivir.

Viene a mi memoria el poema “Mi Alma tiene prisa”, del brasileño Mario de Andrade, novelista, ensayista, poeta y musicólogo, donde expone de manera sencilla pero hermosa, lo que es su diseño de vida consciente. Dice el poeta:

Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discutan estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilen egos inflados.
No tolero a manipuladores y oportunistas.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchos dulces en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…
Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta de que sólo tienes una.

Yo creo, como el poeta que, es el momento de vivir…con plena conciencia.

Necesidad de poder, necesidad de saber, necesidad de amar y ser amado

Yo creo que lo que busca todo ser humano está asociado con el poder, el saber y el amar. Todos tenemos necesidad de poder, necesidad de saber y necesidad de amar y ser amados.

El poder que da el dinero, o la posición administrativa, o incluso el conocimiento, asociado con el poder que da el saber, en el fondo busca que podamos amar y ser amados. Es decir, buscamos ser reconocidos y admirados y/o en el peor de los casos… temidos.

Entonces, en palabras de J. Krishnamurti es necesario transformar la mente y “una transformación semejante sólo puede tener lugar mediante una educación correcta y el total desarrollo del ser humano.

Yo creo que, cuando se habla de educación es necesario asociarla a la educación de la y para la libertad.

Dice Kirhnamurti en el texto que se titula “el arte de vivir”,que esa revolución, que propicia la educación de la mente, ha de ocurrir en la totalidad de la mente, y no sólo en el pensamiento.  El pensamiento, después de todo, es sólo un resultado y no la fuente, el origen.  Tiene que haber una transformación radical en el origen mismo y no una mera modificación del resultado.  Al presente, nos entretenemos con los resultados, con los síntomas.  No producimos un cambio vital desarraigando los viejos métodos de pensamiento, liberando a la mente de las tradiciones y los hábitos. Es en este cambio vital en el que estamos interesados, el cual sólo puede originarse en una correcta educación.

La función de la mente es investigar y aprender. Por aprender no entiendo el mero cultivo de la memoria o la acumulación de conocimientos, continua Krishnamurti, sino la capacidad de pensar clara y sensatamente sin ilusión, partiendo de hechos y no de creencias e ideales.  No existe el aprender, si el pensamiento se origina en conclusiones previas.  Adquirir meramente información o conocimiento, no es aprender. Aprender implica amar la comprensión y amar hacer una cosa por sí misma.

El aprender sólo es posible cuando no hay coacción de ninguna clase. Y la coacción adopta muchas formas, ¿no es así?  Hay coacción a través de la influencia, a través del apego o la amenaza, mediante la estimulación persuasiva o las sutiles formas de recompensa, sostiene Krishnamurti.

Sigue exponiendo Krishnamurti, que la mayoría de la gente piensa que el aprendizaje es favorecido por la comparación, mientras que en realidad es lo contrario.  La comparación genera frustración y fomenta meramente la envidia, la cual es llamada competencia.  Como otras formas de persuasión, la comparación impide el aprender y engendra el temor.  También la ambición engendra temor.  La ambición, ya sea personal o identificada con lo colectivo, es siempre antisocial.  La así llamada ambición noble es fundamentalmente destructivo en la relación.

Krishnamurti nos invita a desarrollar una buena mente; una mente capaz de habérselas con múltiples problemas de la vida como una totalidad, y que no trate de escapar de ellos volviéndose de ese modo contradictoria en sí misma, frustrada, amarga o cínica.  Y es esencial que la mente se percate de su propio condicionamiento, de sus propios motivos y de sus búsquedas.

Puesto que el desarrollo de una buena mente constituye uno de nuestros intereses fundamentales, es muy importante el modo como uno enseña, concluye Krishnamurti, pues tiene que haber un cultivo de la totalidad de la mente y no sólo la transmisión de informaciones.  En el proceso de impartir conocimiento, el educador ha de invitar a la discusión y alentará a los estudiantes para que investiguen y piensen de una manera independiente.

Finaliza su comentario Krishnamurti diciendo que la autoridad, “el que sabe”, no tiene cabida en el aprender. El educador y el estudiante están ambos aprendiendo, a través de la especial relación mutua que han establecido; pero esto no quiere decir que el educador descuide el sentido de orden en el pensar.  Ese orden no es producido por la disciplina en la forma de enunciaciones afirmativas del conocimiento, sino que surge naturalmente cuando el educador comprende que en el cultivo de la inteligencia tiene que haber un sentido de libertad.

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