Necesarios…innecesarios.

pexels-photo-804405Yo creo que Mark Twain tiene razón cuando dice que: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios “.

Reconozco que he vivido rodeado de innecesarios que yo creo necesarios.

Luego de pasar por este proceso de enfermedad camino a la muerte, o al menos con la sensación de que puedo morir, he pensado mucho en el valor de lo vivido hasta el momento. Para luego responder a la pregunta. – ¿Cómo quiero vivir después de esto, si tengo la oportunidad?

Acepto que estuve enfermo de “materialismo sistemático” intentando compensar vacíos existenciales, comprando objetos y posesiones materiales.

Sé que me subió la “fiebre de la competencia”, corriendo desesperadamente por alcanzar metas de prestigio y reconocimiento.

A veces sentí el malestar de la envidia y la codicia, y otras tantas se apoderó de mí el “virus del enojo”, frente aquello que no podía controlar.

Y durante muchos años estuve batallando contra el estrés, la depresión y la ansiedad que producían la preocupación por el qué dirán.

Ahora en este momento de mi vida, valoro lo pasado para aprender de ello, con el fin de prepararme en el presente, para lo que está por venir. Se que es una construcción que hago ahora, mucho más consciente y sensata.

Confirmo que es posible vivir con menos…angustia, menos dolor y menos ansiedad, siempre y cuando me permita soltar, para desapegarme de prejuicios, esquemas rígidos y sobre todo ideales impuestos por otros.

Mi vida se parece mucho a la historia del hombre que caminaba apresurado por un compromiso laboral pendiente. Su carrera, entre la ansiedad y el tumulto de la gente, no le permitió darse cuenta de que su zapato derecho había perdido la integridad de la suela y el calcetín ya estaba siendo amenazado por la inminente ruptura.

Desesperado por el afán y la falta de tiempo, deseó que un zapatero tuviese su puesto de trabajo por allí cerca. Como todo se confabula para que el Universo se manifieste en su sincronía, no muy distante de él, se encontraba instalado un zapatero.

Llegó como pudo a la esquina y sin mediar palabra se fue quitando el zapato dañado y se lo entregó al artesano esperando que lo reparara inmediatamente. Sin embargo, el experto reparador de calzado, luego de inspeccionar el daño, le dijo al cliente que ese tipo de suela no la tenía en el momento y que mañana con mucho gusto, al medio día, tendría la restauración lista.

ZapateroNuestro hombre entró en desesperación profunda y con un gesto de disgusto, le extendió un pago por adelantado esperando que el operario agilizara su trabajo. Sin querer recibir el dinero y, observando el enojo del cliente, el zapatero, que era un terapeuta muy sabio, curtido por el paso de los años, le insinuó una solución temporal mientras terminaba la reparación. Amigo, dijo: – le puedo ofrecer un par de zapatos usados que tengo acá, para que pueda caminar y mañana me los devuelve, mientras le entrego los suyos reparados-.

La molestia del cliente fue mayor. Usted cree, preguntó gritando, que -¿voy a usar los zapatos de otro?- A lo que el zapatero, con una calma pasmosa, le respondió: – Pues creo que sí, porque toda la vida ha sido capaz de andar con las ideas de otros-.

Yo creo que he andado mi vida adquiriendo y cargando muchos elementos innecesarios que creía necesarios como, por ejemplo, la expectativa de los demás.

He decidido andar ligero de equipaje, soltando el lastre de tantos “necesarios” que ahora sé, son innecesarios.

Soy… los demás de los demás.

pexels-photo-5444943Yo creo que el mayor “pecado” que existe es ver a los demás como pecadores.

Recuerdo que Alberto Cortez, el poeta y cantautor argentino, era uno de mis compañeros inseparables al momento de estudiar, caminar, reflexionar y tertuliar en torno a la vida y su propósito. Y aquel día en particular, miraba con deseo profundo, un libro de poemas suyo, exhibido en la librería de la universidad, pero que, dadas las condiciones precarias de mi bolsillo de estudiante, era imposible de alcanzar, porque cualquier recurso económico, lo destinaba al pago de las fotocopias del capítulo de turno, para presentar el examen parcial de psicoanálisis, mientras me conseguía las obras completas de Sigmund Freud.

Lo que, si era posible, consistía en tomar por un momento el texto del librero, y de una manera ceremonial y simbólica, abrirlo para sentir su olor a imprenta y papel nuevo y en medio de este ritual, ojearlo y hojearlo para memorizar y copiar rápidamente alguna frase, estrofa o párrafo completo. La suerte me llevó a abrir la página donde se encontraba este tesoro:

Los demás… 

“Nunca estamos conformes del quehacer de los demás. Y vivimos a solas sin pensar en los demás.

Como lobos hambrientos, acechando a los demás, convencidos que son nuestro alimento, los demás.

Los errores son tiestos que tirar a los demás; los aciertos son nuestros y jamás de los demás;

Cada paso un intento de pisar a los demás, cada vez más violento es el portazo a los demás.

Las verdades ofenden si las dicen los demás, las mentiras se venden, cuando compran los demás;

Somos jueces mezquinos del valor de los demás, pero no permitimos que nos juzguen los demás.

Apagamos la luz que, por amor a los demás, encendió en una cruz, El que murió por los demás;

Porque son ataduras, comprender a los demás, caminamos siempre a oscuras sin pensar en los demás.

Nuestro tiempo es valioso, pero no el de los demás; nuestro espacio, precioso, pero no el de los demás.

Nos pensamos pilotos del andar de los demás;
“donde estemos nosotros… que se aguanten los demás”

pexels-photo-54377Condenamos la envidia, cuando envidian los demás, más lo nuestro es desidia, que no entienden los demás.

Nos creemos selectos entre todos los demás; seres “pluscuamperfectos”, con respecto a los demás.

Olvidamos que somos, los demás de los demás; que tenemos el lomo como todos los demás,

Que llevamos acuestas, unos menos y otros más, vanidad y modestia como todos los demás…

Y olvidando que somos los demás de los demás, nos hacemos los sordos, cuando llaman los demás.

Porque son “tonterías” escuchar a los demás… lo tildamos de “manía” al amor por los demás”.

Desde ese maravilloso día, creo que la armonía y la paz interior, no se consiguen enjuiciando las conductas de los otros, tal vez como una forma fallida de tener el control de los demás, sino todo lo contrario, cuando desarrollo la capacidad para ver a mis semejantes… como mis espejos. El secreto está en silenciar cualquier tipo de comentario o juicio, que sólo habla de quien soy yo, y realmente no dice nada de quienes son ellos.

La sombra…de la sombra.

pexels-photo-2907613Yo creo que es un buen momento para hablar de la sombra.

Esta mañana, me quedé un rato mirando a través de la ventana. Pude sentir la ciudad, con su bullicio y movimiento habitual. Todo transcurría con normalidad hasta que un par de conductores, luego de chocarse aparatosamente, salieron de sus vehículos para discutir y alegar, esperando depositar en el otro la culpabilidad de la colisión.

Uno de ellos estaba más furioso. Desde mi perspectiva, el más enojado, era el mayor responsable del siniestro. Entonces noté como aparecía su sombra, al pretender culpar al otro, de su propia falta de cuidado.

El concepto de la sombra se hizo famoso por el analista Carl Gustav Jung, quien lo utilizó de dos modos diferentes. Por un lado, para definir la sombra como la totalidad de lo inconsciente. Y de otro lado como el aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por rasgos y actitudes que el yo consciente no reconoce como propios.

Me pregunto ¿Cómo más puedo observar la presencia de la sombra?

La puedo ver entre otras muchas cosas, en los chistes y en las bromas cargadas de sexualidad prohibida, que expresan los propios miedos, los deseos y las perversiones más ocultas.

Por ejemplo, para la psicoanalista inglesa Molly Tuby, mi propia sombra se hace palpable cuando manifiesto sentimientos negativos respecto de los demás y me permito criticarlos despiadadamente, porque en el fondo son mi espejo y veo el reflejo de mí mismo en ellos.

También cuando las personas me retroalimentan, luego de un comportamiento mío, que es repetitivo y que les perturba o les molesta y me resisto a verlo, aceptarlo o reconocerlo.

En las acciones impulsivas, sin control y que se escapan inadvertidamente y luego me sorprendo yo mismo, porque en el fondo no quería hacer esto o decir aquello.

En esas situaciones en las que me siento maltratado, humillado, o no tenido en cuenta.

En los enfados recurrentes y exagerados que siento, por los errores cometidos por los demás.

En fin, la sombra se presenta cuando estoy frente a situaciones que sacan lo peor de mi y que prefiero ocultar.

Sin embargo la sombra, dice Connie Zweig, suele retroceder con la misma prontitud con la que aparece, porque descubrirla, puede constituir una amenaza terrible para nuestra propia imagen.

Es por esto por lo que, y debido a un mecanismo de defensa, rechazamos las fantasías asesinas, los pensamientos suicidas, o la embarazosa envidia y los celos que tantas cosas podrían revelarnos sobre nuestra propia oscuridad.

El no darme cuenta, de lo que no me doy cuenta, impide que pueda hacerme cargo para cambiarlo.

Es frecuente, por ejemplo, que el encuentro con la sombra tenga lugar en la mitad de la existencia, cuando nuevas necesidades y nuevos valores me obligan a cambiar el rumbo de la vida y de esta forma romper los viejos paradigmas para desarrollar las habilidades y capacidades que estaban dormidas hasta el momento.

Yo creo que el encuentro con la sombra lo puedo lograr, cuando escucho y presto atención a las señales que me lanza el cuerpo y el pensamiento, siempre y cuando, me dé el permiso de sacar el tiempo necesario para estar solo y con la ayuda de un profundo silencio meditativo, pueda decodificar los mensajes que provienen del mundo donde habita la sombra.

Beneficios psicológicos y espirituales de la cuarentena.

hombre-rostro-que-relaja-sillon_23-2147800039Yo creo que, este nuevo tiempo de aislamiento debido a la presencia del Covid-19 en su pico más alto, me ha servido para reflexionar sobre los efectos de la cuarentena en mí comportamiento y en el de los demás.

Décadas atrás, mis profesores destinaban largas horas de trabajo académico para explicar siete conductas humanas que debíamos observar y en lo posible controlar, para alcanzar los cielos del éxito personal en nuestros anhelados proyectos de vida.

Decían: -la lujuria, la ira, la soberbia, la envidia, la avaricia, la pereza y la gula son los enemigos de la sabiduría y la profundidad espiritual y de alguna manera nos condenan a permanecer atados a un mundo físico, relativo.

Ahora, con los tiempos que se avecinan, cuando pase esta pandemia, me pregunto con frecuencia, si la crisis económica que ya se insinúa, ¿me va a llevar hacia las “profundidades de la espiritualidad” cultivando en mí, virtudes como la templanza, la generosidad, la laboriosidad, la paciencia, la caridad y la humildad?

Al menos, lo que voy descubriendo a mi alrededor, me permite tomar conciencia de lo relativo del lujo y el placer; por ejemplo, ya estoy aprendiendo a disfrutar placeres muy sencillos.

Así mismo, frente a la posible escasez de comida, hoy consumo hasta el último grano de arroz servido en el plato, apreciando la generosidad del Universo y entendiendo lo poco importante que es poseer bienes materiales, frente a la primacía de la salud; He entendido que de nada vale tener dinero en el banco, si mis pulmones y mi sistema circulatorio están colapsados.

Al principio del aislamiento, la pereza la consideraba un premio, con todo el tiempo disponible para no hacer nada. Ahora me gusta estar ocupado, para darle sentido a mi existencia, haciendo tareas que valgan la pena, antes de morir.

Durante esta cuarentena, para algunos de mis amigos y allegados, la impotencia y los duelos por las pérdidas, han hecho que los pensamientos suicidas, la tristeza, la depresión y la ira, sean protagonistas durante este confinamiento, obligándolos a cometer actos de violencia física y verbal, dentro de los hogares y sitios de trabajo.

Entonces, en estos momentos, ni siquiera hay personas a quien envidiar. Lo más democrático que existe es una pandemia, pues toca a todos por igual, llevándonos a un lugar común, de pobreza, desesperanza, abandono e inseguridad.

Y la soberbia ya no aparece en primer plano. Por estos días, nadie es superior, ni más poderoso que otro, si lo miro desde la perspectiva del narcisismo o la vanidad. La peluquería, los cosméticos, la ropa de marca, las fiestas y reuniones sociales, los viajes de lujo, los buenos restaurantes, los paseos costosos a lugares exóticos y soñados, quedaron congelados en los avisos promocionales de los comerciantes, impidiendo demostraciones de poder adquisitivo.

Incluso, no es importante si uso un tapabocas de marca o uno hecho en casa, si los dos me protegen del virus enemigo. Además, prefiero el de bajo costo, por los ahorros que debo hacer.

Yo creo que es tiempo de profundidades espirituales, porque esta pandemia al menos a mí, me ha enseñado la importancia de la paciencia, la humildad, el desapego y la alegría, para enfrentar al principal enemigo:… el miedo a morir… desde el ego.

El origen de la violencia.

buddhist-737275_960_720Yo creo que el origen de la violencia se encuentra en el miedo, la frustración, el estrés, la tristeza, la melancolía, la sensación de fracaso, en la codicia, la envidia, el orgullo, y la búsqueda de lujos para satisfacer al ego.

Por estos días, me ha llamado mucho la atención, la manera violenta como se están comportando algunas personas en la calle, en el barrio, en la urbanización, en la oficina, en el mundo entero. En sus rostros y en sus cuerpos se percibe la tensión propia de quien está en pie de lucha.

En estas semanas de descanso, me he permitido, largas horas de reflexión, tratando de comprender la fuente de tanta agresividad y la manera de canalizar dicha energía.

Los libros espirituales explican que la no-violencia, se asimila a la indefensión. Para las filosofías taoísta, védica, jainista y budista la indefensión, la no violencia o el Ahimsa, como se diría en sánscrito, busca no causar sufrimientos a los seres vivos con el lenguaje, la mente o el cuerpo.

Aunque soy consciente de que ser “inofensivo” no es suficiente en sí mismo, porque se requiere el cultivo de la voluntad, la consideración y la compasión.

Entonces el proceso de la no-violencia, comienza con el trabajo sobre nosotros mismos; para lograr la compasión interna y de esta forma construir bienestar y felicidad como individuos frente a la sociedad.

El erudito indio del budismo, Buddhaghosa decía que: “la compasión se basa en ver la indefensión de aquellos que son vencidos por el sufrimiento, por lo tanto me abstengo de hacer daño a otros”.

Cuando se actúa con violencia, esto crea un círculo vicioso que, a su vez, genera más violencia merced a las represalias y los desquites, en forma de respuesta agresiva.

Así, la verdadera Ahimsa, depende de la disciplina y el autocontrol.

Sobre el tema de la no-violencia, consultando los textos de las diferentes religiones y filosofías del mundo, encuentro similitudes significativas, donde el denominador común es la idea de que, para enfrentar la violencia, hay que responder con la serenidad y la paz que nace desde el interior.

Por ejemplo:

En el Antiguo Testamento encontramos que: “Una respuesta bondadosa hace desaparecer la colera”.

Y en el Nuevo Testamento se lee la importancia de: “Bendice a los que te maldigan y haz el bien a los que te odien”

En el Taoísmo se dice: “Recompensa el daño con la amabilidad

Los Confucionistas enseñan que: “No hagas a los demás, lo que no quieras que se te haga a ti”.

Desde el Hinduísmo: “Si el perjudicado devolviera el daño, las consecuencias serían la destrucción de toda criatura viva y el pecado predominaría en el mundo”.

En la misma línea los seguidores de la filosofía budista trabajan en la serenidad interior: “No montes en cólera con los que son coléricos contigo y replica mejor, con palabras amables, a las palabras duras”.

Y los Jainistas aconsejan: “Vencer a la cólera con el perdón”.

Nuevamente estoy de acuerdo con el maestro Chuang Tzu cuando al referirse a la violencia decía: -“es como tratar de detener un eco… gritándole”-.

Yo creo que el origen de la violencia está en nuestra infelicidad.

Todo por un “like”.

girl-1792944_960_720Yo creo que he perdido el rumbo, si dependo de un “like”.

Se que el dedito parado, es el indicador ficticio de la autoestima. Ese “like”, en cuanto a cantidad, es el que determina, debajo de la foto, si subo al cielo de la vanidad, o bajo al infierno de la ansiedad y la desesperación, y pierdo mi tranquilidad, porque me hace depender de la aprobación de los demás, y de esta forma castigo mi valía, o premio mi ego. Al hacer un inventario en las redes sociales,  yo creo que todas ellas, conforman una egoteca.

La foto del perfil y las demás, son una mentira. Solo se sube aquella que ha pasado por la evaluación y la censura de la estética. No hay espacio para los feos, para los escenarios pobres, o las imperfecciones del cuerpo; pues se ocultan gracias a los trucos incorporados a las cámaras que también sirven para hacer llamadas telefónicas. Todos quedamos eternizados, en esas imágenes con “botoxshop”, y cirugías electrónicas tan impresionantes, que hasta me sorprendo con tanto estiramiento cutáneo y colores de piel inverosímiles.

El texto pasa a un segundo plano. El bombardeo de imágenes se torna intenso y abrumador, debido a que satura con información narcisista, que sólo importa al autor y protagonista de la foto, quien al mismo tiempo pretende despertar la envidia en los demás, con la supuesta felicidad en la que vive, llena de alimentos, paseos, fiestas, y grupos de amigos sonrientes, eso sí, porque la foto se repite hasta que queden todos bonitos y con expresión feliz, proceso difícil de lograr en la primera toma.

“Virtualmente” vivimos en un mundo falso, para ocultar nuestro infierno interior.

La foto tiene la magia del recuerdo, desde la posibilidad de congelar el tiempo. Sólo le interesa a quien vivió esos momentos. Porque para los demás, es una expresión de exhibicionismo psíquico de la intimidad de cada persona, que permite darle rienda suelta a su voyerismo social.

¿Por qué nos gusta publicar intimidades, para después disgustarnos por la reacción libre, espontánea y perversa de los demás?

Si me atrevo a publicar, es porque estoy dispuesto a recibir comentarios de todo tipo. Para eso, entonces más bien me abstengo de la exposición, pienso yo.

Todo por un “Like”, por lo tanto, yo creo que no puedo vivir, desde el qué dirán. Porque si así fuera, mi vida estaría limitada al permiso y el juicio de los demás.

De por sí, el proceso de vivir ya es complejo, y se enturbia más, cuando creo que cada paso que doy debe obtener el beneplácito de los otros.

Ahora, el respeto por la persona, su dignidad, y el amor propio, así como todo su valor moral y espiritual, no pueden ponerse en tela de juicio. Lo doy por descontado. La palabra, la opinión y el criterio del otro son valiosos de por si, siempre y cuando cumplan con unas reglas mínimas de convivencia. La agresividad, la violencia y el matoneo en redes, dice mucho del miedo profundo de los agresores y detractores que, desde su inferioridad, esperan acobardar al otro; sin embargo, en algunos casos, se encuentran con la inteligencia emocional de aquellos que están más allá de los comentarios mal intencionados.

Estamos enajenados, condicionados por el sonido y el destello de las pantallas, que indican que ha llegado un mensaje. Parecemos zombies caminando sin mirar hacia adelante, clavados en el dispositivo móvil, esperando que la vanidad se alimente.

Nos estamos quedando solos, todo por un “like”; sin conversaciones valiosas y significativas, con temas tan superficiales, que son sintomáticos en una cultura ligera, que escribe y habla rápido en una carrera contra el tiempo.

Las redes sociales nunca reemplazarán la presencia física del otro, su abrazo y calor fraterno.

Propongo una desconexión electrónica, para lograr un contacto más humano existencial y significativo, por ejemplo en pareja, a partir del sagrado placer de la conversación, a la luz del sentimiento en vivo y en directo, con la calidez de un beso y un abrazo, muy diferente a lo que me hace sentir un frío emoticón.

Sentimientos tóxicos.

beach-1868047_960_720Yo creo que, en un sofisticado laboratorio, en el fondo de nuestro corazón fabricamos sentimientos tóxicos.

La toxicidad del miedo, los celos, la envidia, el odio, y el rencor corroen la expresión del amor.

Así como mi verdadero Amor, disuelve cualquier toxina presente en mis emociones, porque si amo de verdad, no robo, no levanto un falso testimonio, no odio, más bien perdono, comprendo, libero, acompaño y de manera incondicional, respeto la individualidad del otro.

Sin embargo, como entre humanos vivo, la inteligencia emocional es obligatoria a la hora de compartir mi existencia, con otros congéneres, que se dedican la mayor parte del tiempo a contaminar la armonía, con actos llenos de resentimiento y comentarios calumniosos sobre la conducta y el proceder de los demás. Lo importante es no prestar oídos a sus palabras necias como dicen los que saben; porque de no ser así, moriría víctima del veneno de las lenguas viperinas.

Esta semana leyendo a Jorge Bucay, en el cuento La isla de los sentimientos, narra que había una vez una isla muy hermosa y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría, la Riqueza, el Orgullo y también El Amor.

Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse. ¡Vaya desastre! Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el Amor quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento.

Pero cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor decidió pedir ayuda.

La riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le dijo:
– Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?
– No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti – lo siento, Amor.

Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca.
– Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo?
– No puedo llevarte Amor – respondió el Orgullo
– Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca – ¿Cómo quedaría mi reputación?

Entonces el Amor dijo a la Tristeza que se estaba acercando:
– Tristeza te lo pido, déjame ir contigo.
– No Amor, – respondió la Tristeza. – Estoy tan triste que necesito estar sola.

Luego el Buen Humor pasó frente al Amor, pero estaba tan contento y distraído, que no se percató de que lo estaban llamando.

De repente una voz dijo:
– Ven Amor te llevo conmigo.
– El Amor miro a ver quién le hablaba y vio a un viejo.
El Amor se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre del viejo. Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El Amor se dio cuenta de cuanto le debía y le pregunto al Saber:
– Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudo?
– Ha sido el Tiempo, – respondió el Saber, con voz serena.
¿El Tiempo? – se preguntó el Amor– ¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?
Y la respuesta del Saber fue – porque sólo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el Amor en la vida.

Así que mis queridos lectores… el verdadero amor, con ayuda del tiempo, podrá salvarnos de los sentimientos tóxicos.

Aunque…yo creo que el primer paso consiste en amarnos, es decir, aceptarnos a nosotros mismos.

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