El problemático soy yo

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Yo creo que la vida no es problemática…el problemático soy yo.

La idea es ser feliz aquí y ahora; pero debido a mis falsas creencias y a la manera deformada como a veces percibo las cosas, me he llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades que terminan en una serie de juegos manipuladores que en primer lugar, me hacen daño y por supuesto, en segundo lugar,  a quienes me rodean.

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El fracaso no existe

El inventor más importante de Estados Unidos

Thomas Alva Edison

Yo creo que el fracaso no existe. Mas bien creo que, esa situación que llamamos fracaso es una excelente oportunidad para aprender de nosotros mismos. Claro que se requiere de una muy buena dosis de humildad, para reconocer aquello que no estamos haciendo bien.
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El éxito está en el método.

girl-1641215_960_720Yo creo que, el secreto del éxito está en el método.
Precisamente ahora que se cumple un año de la muerte de mi padre, recuerdo muchas de sus enseñanzas, que más que discursos, eran lecciones de vida, en vivo y en directo, pues una situación cotidiana, podía convertirse en la mejor oportunidad para enseñar algo, si él, así veía la oportunidad.
En cierta ocasión, nos encontrábamos en la mesa del comedor, trabajando en un televisor que necesitaba reparación. Es importante anotar que mi padre era abogado, participaba en política y dada su inteligencia verbal, era un contertulio agradable y entretenido, y combinaba su oficio de jurisconsulto, con la de técnico en electrónica, talento que desarrolló con ayuda de un curso por correspondencia, que llegaba directamente de los Estados Unidos de América y que disfrutaba ampliamente como una terapia ocupacional.
Para mí, era un momento maravilloso en mi niñez, acompañarlo y observar cómo, con la paciencia de un filigranista, iba soldando resistencias y condensadores mientras explicaba con deleite, el secreto de los colores de esos minúsculos elementos, imprescindibles en el buen funcionamiento del receptor de televisión.
Con frecuencia me ofrecía a ayudarlo, y él conocedor de mi temeraria disposición, me permitía colaborar con aquello que no fuera a afectar mi integridad física, ni mucho menos, el éxito de la reparación en curso.
Esa tarde de domingo, ocurrió algo maravilloso… me pidió que destapara el televisor que se encontraba en la “mesa de operaciones”. Para mi sorpresa, los elementos que sujetaban la cubierta trasera tenían cabezas con novedosas formas. Me pasó un par de destornilladores que definitivamente no coincidían con las caprichosas figuras de los tornillos y por supuesto, entré en angustia al no poder hacer la tarea, pues intenté varias veces moverlos sin éxito. Él me miraba con amorosa e infinita curiosidad, esperando mi reacción y la posible solución al impasse.
Pasado un tiempo, y dada la impotencia en la que me encontraba, me preguntó: -hijo, ¿qué vas a hacer? -… y luego de un incómodo silencio le sugerí que no teníamos más alternativa que forzarlos.
Con la sonrisa de quien tiene la solución…y sabiendo de su as en la manga, sacó una caja con curiosas herramientas, que nunca había visto antes y que, por la variada cantidad de formas, tamaños y diseños, se acomodaban a cualquier necesidad, incluso para llegar a los lugares más difíciles dentro del televisor, que “estábamos” reparando.
Ese día comprendí dos cosas: que el buen maestro permite la participación del alumno en el proceso creativo de aprender, gracias al descubrimiento y la construcción de sentido, y debido a la invitación para lograr deducciones, inducciones y abducciones en el proceso.
Y segundo: que el éxito del maestro se fundamenta en su método de trabajo, lleno de recursos, creatividades, paciencia, amor y claridad en el objetivo, para contagiar a sus alumnos el deseo de aprender, investigar y más adelante… enseñar.
Yo creo que le debo mucho a mi padre, por el método que utilizó conmigo, para avivar el maestro que hoy vive en mí.

Lo malo de tener éxito

Yo creo que tener éxito tiene sus cosas positivas, pero al mismo tiempo, si se mira bien, puede llevarnos a la inercia y de esta forma a la falta de inventiva.

Hace pocos días, en una reunión de trabajo, escuché a uno de los jefes pronunciar esta reflexión profunda y sincera: -¡el éxito es lo peor!-Entonces desde la sabiduría que le dan los años, miró a cada uno de los asistentes con una sonrisa de satisfacción y terminó diciendo: -porque nos quita la creatividad-.

Me quedé conmovido por la solemnidad de aquel momento y pensé en lo trascendental de este comentario.  Y durante toda la semana medité en la importancia de las derrotas.

Yo creo que gracias a la adversidad, se hace posible el pensamiento creativo. Y que debido, precisamente a las situaciones de crisis, el ser humano crece en medio de los problemas y los fracasos. Cada día trae su afán, y en el balance de lo positivo y negativo, podemos capitalizar para nuestro crecimiento.

El conflicto surge, cuando nos instalamos en nuestra zona de confort y creemos que todo está dado y cumplido; entonces una especie de pereza creativa nos invade y nos anestesia todos los mecanismos de lucha y nos quedamos quietos, merced a la parálisis paradigmática. Así, cambiar se hace necesario, pero la rutina como un nuevo enemigo, nos señala el camino acostumbrado de lo fácil…sin esfuerzo. Nos aferramos a nuestros triunfos del pasado, sin descubrir que las razones de dichos éxitos pertenecen al ayer y que los logros del mañana necesitan nuevos instrumentos y estrategias.

El coraje y la pasión se recuperan cuando se enfrenta una situación límite, que nos obliga a ser creativos y que nos impulsa a recuperar lo perdido, debido a la insatisfacción.

Por eso yo creo que no es bueno dormirse en los laureles del éxito, y más bien quedar insatisfechos,  para exorcizar el demonio de la mediocridad que nos impide dar lo mejor de nosotros mismos.

Hacer lo que se ama

Yo creo que la mejor manera de ofrecerle un homenaje a Steve Jobs, es recordar su sentido discurso en la Universidad de Stanford en el 2005, cuando ya sabía que tenía un cáncer de páncreas.

Resume de manera muy especial, algunas de las ideas que hemos venido expresando, durante estos años, en el blog. Espero sea tan inspirador, como lo fue para mí.

El retrovisor…

Yo creo que algunos de nosotros, usamos demasiado el retrovisor. Este artefacto, bastante útil y obligatorio en los vehículos automotores, en forma simbólica, en el caso de los seres humanos, en vez de ayudar, entorpece la marcha. Me refiero al hecho indiscutible de pasar mucho tiempo mirando hacia atrás.  El pasado tiene demasiada carga afectiva y emocional como para seguir anclado en el. Sin embargo, el pasado también tiene la virtud de ser útil, cuando se trata de corregir el futuro

Quedase en el pasado, también representa nuestro temor a lo por venir. “Algunos aseguran que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”.  Y otros, más lanzados y temerarios sostienen que en el riesgo de la incertidumbre, está el secreto del éxito.

De todas maneras, no es bueno quedarse en el pasado, pues, como su nombre lo dice, “ya pasó”, “ya aconteció” y no tiene porque seguir alimentando o atormentando nuestro presente, a menos que hayan quedado algunos asuntos inconclusos.

Resolver esos lastres del pasado, es la tarea obligada, para vivir un presente pleno. Entonces procesos de perdón y olvido se vuelven prioritarios a la hora de hacer balance y sanar recuerdos. 

Quien se queda pegado en las sombras del ayer, paga el precio de un presente tormentoso, al mejor estilo de las telenovelas rosa. Una mujer atrapada por su pasado y un hombre que arrastra un secreto, pues cometió un error y no ha sido capaz de perdonarse.

La vida nos presenta el reto del futuro…una carretera amplia y recta en algunos tramos y estrecha, curva y peligrosa en otros…con abismos y cuestas.  Pero al final queda la satisfacción del recorrido hecho; con miradas esporádicas y oportunas al retrovisor, para recordar quiénes somos, qué hemos hecho y a que vinimos a la tierra, para construir desde el presente, una nueva oportunidad.