La espiral

stained-glass-1181864_960_720Yo creo que la vida gira en espiral ascendente, pues aquellos temas que creíamos superados vuelven al presente, como lecciones que debe repetirse, para completar el aprendizaje. Continuar leyendo

Ámame cuando menos lo merezca…

Yo creo que nada de lo que sucede, sucede porque si. En cada situación de la vida nos enfrentamos con elementos significativos, que toman importancia, sólo cuando nos detenemos a observarlos. Nada sucede al azar, cada evento, cada situación tiene una razón, aunque oculta para algunos, que tiene como objetivo ayudarnos a aprender, y por supuesto a re-descubrir nuestra misión en la tierra.

Yo creo que se resucita, cuando al tocar fondo, el impulso del golpe nos hace salir a flote. Al bajar a los infiernos de nuestros fantasmas y temores, y encontrarnos cara a cara con la realidad de nuestros miedos, surge de entre la bruma de las tinieblas, la luz esperanzadora de la nueva oportunidad, de la puerta que se abre, de la ventana generosa que muestra un nuevo amanecer. Sin embargo,  para ello se requiere un tipo de mirada especial.

Creo que la vida está llena de experiencias buenas y dolorosas y que a veces nos toma por sorpresa y sentimos que no estamos preparados para la confrontación. Pero precisamente de eso se trata: entender que cada alma tiene marcado su destino y que frente a la circunstancias adversas, la calma, la creatividad, la esperanza, la fe y la recursividad son nuestras aliadas certeras, para salir adelante.

Creo que cuando se trata de compartir con otros seres humanos, puedo afirmar que nada me asombra de su naturaleza, pues todo, en el campo de todas las posibilidades, puede suceder y es nuestra tarea, observar sin juzgar, pues soy parte de los demás y el otro de alguna forma es mi espejo.

Así, yo creo que por malas que sean las conductas de los demás y que, adicionalmente algunas de ellas nos hagan daño, es cuando más amor y perdón necesitamos prodigar a esos agresores y por supuesto a nosotros mismos.

El proverbio chino: “ámame ahora, cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito” muestra claramente la importancia de abrazar la fragilidad de la naturaleza humana, pues al sentirnos culpables, asustados o poco merecedores, es cuando más necesitamos del amor incondicional de nuestros seres queridos y de su abrazo sincero y reconfortante, para recobrar la fé perdida en nosotros mismos y de esta forma, vivir la resurrección.

Enemigo mío

Yo creo que en los momentos de tristeza hacen falta motivos de esperanza. Y creo que nos dejamos hundir fácilmente en la desesperación, porque creemos que todas las puertas se cierran. Pero en el fondo, es nuestro propio pensamiento quien se encarga de despertar los fantasmas del temor. En otras palabras, somos nuestro peor enemigo. Entonces la lucha fundamental se establece entre nosotros mismos, con lo que pensamos y con la manera cómo pensamos.

Entrenar el pensamiento se convierte en una tarea importante. Nada tan peligroso como dejar suelta la imaginación. Esa loca hace estragos, si no se controla. Entonces dejar volar el pensamiento puede ser contraproducente si no se canaliza hacia algo productivo.

El pensamiento sin horizonte, sin meta, sin objetivo, comienza a divagar en el campo de todas las posibilidades. Y encuentra acomodo en los lugares más inesperados y en forma de coincidencia, nos corrobora precisamente lo que estamos sospechando, pues se cumple la profecía.

Con el poder del pensamiento no se juega y sería bueno conducirlo para evitar dolorosas consecuencias. No al azar en psicología decimos que si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiamos nuestra manera de actuar. Y por lo tanto el pensamiento puede y debe ser educado desde tempranas edades, para ir construyendo un mundo mentalmente más sano.

¿Pero qué es un pensamiento sano? ¿Quién tiene un pensamiento sano, como para encargarlo de la formación de futuras generaciones? Si existe un malestar en la cultura como diría Sigmund Freud, entonces somos el resultado de ella y por lo tanto la reproducimos de manera exponencial.

Yo creo que educar un hijo o un alumno, supone entre otras cosas…enseñarle a pensar. Pero para ello, debo aprender a hacerlo. Y si mi pensamiento a veces, es mi enemigo…entonces necesito vencerlo, para que la tristeza, el temor, la angustia y la ansiedad tengan dimensiones adecuadas en relación con la realidad. Y luego de lograr el cometido, mostrarles, ¡cómo lo hice!

La importancia del silencio

woman-2915271_960_720Yo creo que el silencio es muy importante. Además lo considero obligatorio para meditar. Lo difícil es, vencer el parloteo mental. Eliminar, por así decirlo, esos pensamientos parásitos que nos rondan cada vez que intentamos encontrarnos en el silencio.

En una cultura como la nuestra, donde no hay espacio para el vacío, le tenemos miedo al silencio; entonces la soledad del habitáculo que llamamos hogar, léase un pequeño apartamento, se llena de fantasmas acuciantes y encendemos la radio y la televisión y conectamos el computador y hasta el dispositivo de música y todo aquello que haga ruido, para no sentirnos tan solos y evitar el encuentro con nosotros mismos.

Le tenemos miedo al silencio porque nos conecta con nuestra interioridad. El silencio nos obliga a reflexionar, a escuchar lo que no queremos oír, a confrontarnos con nuestros propios fantasmas o como diría Jung, con nuestra sombra.

En el silencio podemos ser creativos gracias al vacío fértil. Sin embargo nos recuerda la muerte como significación del silencio absoluto.

Y qué angustia no escuchar nada. No sentir que a nuestro alrededor, se mueve el alboroto de los semejantes.

El silencio también nos permite escuchar la naturaleza de las cosas y de la vida, por ejemplo en un día de campo.

Y finalmente nos ayuda a escuchar la palabra del otro cuando tiene algo para compartir. Pues, hacer silencio es un acto de respeto y un ejercicio valiente cuando se trata de controlarnos, para no soltar la ira acumulada o la opinión inoportuna e impertinente.

Y es un acto terapéutico porque sana al escuchado, quien se siente acogido.

En definitiva, el silencio es importante, porque nos ayuda a examinar y comprender nuestros sentimientos, para crecer en sabiduría.

Este año sí…

Yo creo que al principio de cada año, hacemos promesas que no se van a cumplir. Por ejemplo: este año si hago ejercicio, este año si ahorro, este año si cambio de empleo etc. Y observamos cómo pasa el tiempo y se hace imposible el cumplimiento de lo prometido. Sin embargo la pregunta que surge es curiosa. ¿Qué me impide cumplir lo que me he propuesto? Supongo que la falta de disciplina y control sobre nuestros comportamientos y los malos hábitos adquiridos a lo largo de la vida. Entonces si conozco la causa… ¿por qué no la remedio? Porque en el fondo obtengo ganancias secundarias al no cumplir lo prometido. Es decir me conviene de alguna forma, no cumplir. Precisamente porque aquello que he prometido, me compromete con algo que en forma rutinaria o habitual no hago. Me explico:…Este año si organizo el cajón de la ropa. Las personas organizadas y que tienen por costumbre organizar con frecuencia sus pertenencias… para qué se imponen este propósito si ya hace parte de su vida. Este año si ahorro. Las personas económicas, que invierten su dinero y lo gastan con cuidado… no necesitan este tipo de propuestas de buen inversionista. En fin a la conclusión a la que he llegado es: de nada sirve hacerse promesas de buen comportamiento, si de antemano no existe la preparación y el hábito necesario.

Este año sí…con esfuerzo y dedicación y tomando conciencia de nuestras malas costumbres, creo que si es posible desarrollar buenos hábitos de ahorro, ejercicio, organización y cambio personal para este año que comienza. Enfrentando nuestros fantasmas y permitiendo que nazca una nueva persona. Ahí está el reto. En descubrir qué es aquello que me impide lograr mi objetivo. La frase que dice: “si sigues haciendo lo que estás haciendo, seguirás recibiendo, lo que estás recibiendo” tiene vigencia en el 2009.