La importancia de las manos

Yo creo que todo comenzó con esa lectura típica que se realiza en el aeropuerto, mientras la escala obligatoria te invita a matar el tiempo. El libro de turno: el volumen I de los cuentos completos de Julio Cortázar y el texto elegido al azar: “las manos que crecen”.

Mientras la historia transcurre, los pensamientos se agolpan y comienza esa sensación incómoda de querer dejar el libro a un lado, para sumergirse en los propios pensamientos derivados de la lectura.  Una y otra vez las ideas convergen en un mismo pensamiento… se vuelve obsesivo, por lo recurrente: -“definitivamente las manos son muy importantes y no las valoramos”.

Yo creo que las manos no han sido completamente exploradas en toda su dimensión. Es decir, las usamos inconscientemente y solo nos damos cuenta de su valor, cuando las perdemos o cuando su funcionalidad se limita.

En otras palabras, el uso de las manos se reduce al diario oficio de realizar tareas con ellas de una manera mecánica o repetitiva, sin dimensionar que pasaría, si por aquellas cosas del destino o de la suerte, un accidente las mutilara o las inhabilitara.

Las manos se emplean para escribir; para tocar instrumentos musicales; para acariciar a nuestros hijos y a los seres que amamos y deseamos. Para moldear con arcilla o barro verdaderas piezas artísticas y hasta para golpear cuando el enojo y la furia quieren expresarse de todas maneras.

Con las manos se puede matar a otro ser viviente y con ellas también, realizar cirugías magistrales que les devuelven la vida a otros.

Con las manos, conduzco el automóvil, el avión y el sistema de transporte masivo, que juego desde niño.

Además con las manos, puedo todo lo que la imaginación me permite, para satisfacer mis deseos ocultos e inconfesos.

Y con las manos: oro, medito y hasta logro acciones curativas, cuando las impongo con amor, desde la fe.

Así, las manos con todo su poder, tienen capacidad de comunicación, cuando el lenguaje se convierte en símbolos y significados.

Me miro las manos y las de todos lo que caminan a mi alrededor y me doy cuenta del maravilloso milagro de su existencia.

En fin…el texto de Cortázar vuelve a tomar su rumbo, mientras anuncian la salida del vuelo a Singapur.

La dolorosa despedida…

board-1820678_960_720Yo creo que en estos tiempos de crisis económica, son muchas las empresas que, en su desesperada carrera por sobrevivir, comienzan a recortar gastos.  Y dentro de las temibles soluciones cabe, por supuesto la posibilidad del recorte de personal. 

 

Recuerdo muy vivamente cuando comentando en familia la decisión de un recorte de personal en la empresa donde trabajábamos, la más pequeña de las asistentes a la reunión, tendría cuatro años a lo sumo, preguntó muy preocupada: -papi:… ¿le sale mucha sangre a la gente recortada? 

 

La risa fue la reacción de todos, sin embargo me quedé pensando en el dolor que produce una despedida y más cuando la persona precisamente, no se la espera. No solo corre “sangre” sino toda la vida de la persona.    

 

Una cosa es preparar la posible despedida, pues se rumora por los pasillos de la empresa y otra, llegar a la oficina y encontrarse con la fatal noticia.

 

Las personas que sufren un despido, pueden dividirse en dos grupos: aquellas que tuvieron el tiempo para el proceso de duelo y aquellas que todavía se resisten a creer en esa realidad puntual y concreta,  pues les avisaron en muy corto tiempo que ya no pertenecían a la compañía.  Estas personas deben elaborar el duelo como si hubieran perdido a un ser querido.
¿Qué es el duelo?
 
Es toda situación emocional y dolorosa que se experimenta como respuesta a una pérdida; por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una mascota, un objeto significativo, el trabajo, la casa, una parte del cuerpo o incluso referido a su funcionamiento específico y que la persona lo valora como emocionalmente importante para ella.

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Sanar recuerdos…

Yo creo que es posible sanar recuerdos; como también creo que nos hacemos mucho daño con cierto tipo de recuerdos.

Así como creo que la memoria tiene la posibilidad infinita de confrontarnos con la nostalgia, o de llevarnos a lugares conocidos, donde el dolor habita.

Creo que el recuerdo y la memoria posibilitan destinos colmados de fe y esperanza, cuando por fin hemos decidido superar el tiempo de la autocompasión, para sumergirnos completamente en el océano del mañana optimista,  que generoso nos regala la oportunidad de un nuevo amanecer.

Quedarse en los recuerdos, es anclarse en el pasado; mientras que sanarlos, significa libertad inmediata para seguir adelante.

Porque olvidar el agravio, es la condición sine qua non para crecer como persona.

El problema está en el ego, que se resiste y que encuentra en la memoria la mejor manera de existir y por supuesto, la mejor disculpa para sufrir.

Me declaro a partir de hoy, selector de mis propios recuerdos, para disfrutar de los “buenos” y de paso, eliminar los “malos” o al menos sanar aquellos que todavía perturban mi alma como asunto inconcluso.

La esperanza existe…

Yo creo que la esperanza existe, si cada quien permite que exista. Y creo que la esperanza muere cuando no la alimentamos a diario.

Desde muy pequeño aprendí que la esperanza es lo último que se pierde y que es una aliada de la fe.  Compañera inseparable de todo ser humano proyectado hacia el futuro y amiguita íntima del más mal estudiante antes de enfrentar un examen académico de rutina.

La esperanza está presente en el paciente hospitalario y por supuesto en el secuestrado y en el prisionero y en el ciudadano del común cuando sale a la calle a ganarse la vida.

Y está presente en el enamorado perdido que sueña que su sueño ahora es realidad.

Yo creo que la esperanza existe cuando cada vez que me levanto, deseo para todos mis hermanos mundiales paz y prosperidad desde el amor.

Yo creo que la esperanza existe porque tengo la certeza de que siempre hay un amanecer.

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