Amigos y amantes

Yo creo que en pareja se nos olvidó ser amigos y amantes. Y además sospecho que es importante ir más allá de la atracción romántica.

El amor pasa por diferentes niveles y momentos de interés, comenzando por la fase erótica, para pasar por la etapa del amor filial, hasta subir a las sublimes cumbres del amor de ágape.

Esto significa que la pareja evoluciona y va madurando y transformando su manera de amar. Y que no podemos quedarnos anclados en el mundo de la atracción física, porque existen otros espacios maravillosos de la vida de pareja, como por ejemplo la experiencia de la “amigabilidad”.

Sería un error creer que la intimidad sexual va a durar toda la vida con la misma intensidad y pasión de los primeros años; más aún si sabemos que existe un coctel hormonal que tiene una duración finita. Sin embargo, sí es posible cuidar y cultivar la “eroticidad” para que no muera pronto, esa relación maravillosa de amigos que ofician como amantes.

La pareja crece, cuando descubre que lo más importante es ser amigos y amantes y esto se logra con la comunicación afectiva y efectiva, la manera como se solucionan los conflictos y el cultivo del respeto, la responsabilidad y el placer.

Si observamos las parejas que sobreviven al paso del tiempo y la convivencia, encontraremos denominadores comunes, como estos:

Se convienen.
Se comunican afectiva y efectivamente.
Tienen personalidades compatibles.
Se aman profundamente.
Se desean.
Tienen centros de interés comunes.
Poseen cualidades especiales que el otro admira.
Proyectan sus respectivas inteligencias emocionales.
Se cooperan.
Son camaradas.
Trabajan para aportar económicamente.
Saben manejar el dinero.
Están en permanente disposición de ayuda.
Son fieles.
Comparten una vida social sana y equilibrada.
Cultivan y cuidad la autoestima.
Son organizados.
Evitan los “juegos de poder”.
Hacen gala de su equilibrio emocional.
Poseen altos niveles de tolerancia a la frustración.
Son pacientes con el otro.
Conocen y estudian sobre el matrimonio.
Fortalecen el sentido del humor.
Estrechan lazos con sus respectivas familias.
Cuidan su salud.
Incrementan su cultura.
Y todos los días honran su compromiso de ser amigos y amantes.

Valiosos imperdibles…

Yo creo que hay valores que no pueden perderse. Y dentro de esos valiosos imperdibles, se encuentra el valor del compromiso, que comprende a muchos otros valores.

Si se trata de la fidelidad, ahí tenemos el mejor ejemplo para el compromiso. En otras palabras, se trata de ser fiel al compromiso. Aunque en algunos círculos se entiende la fidelidad desde el punto de vista sexual, en el fondo lo que significa básicamente, es respetar el compromiso.  Si con la pareja se llegó a un acuerdo tácito o explícito en relación con la exclusividad, estaríamos faltando a ese compromiso en particular. Y no estamos hablando solo de los cuerpos o de lo que se hace con ellos, sino del respeto por la intimidad, la comunicación y la vida en particular que se va construyendo con el otro. Pues el compromiso no puede perderse en la enfermedad, la pobreza, o la tristeza como se promete en el rito matrimonial, pues el otro tiene la esperanza y el compromiso de acompañar en todo momento.

Por eso ser fiel a la palabra, implica honrar los compromisos. Si se quedó con alguien en cumplir una cita a determinada hora, lo correcto es ser puntual y cumplirle. Porque esa persona creyó en tu palabra y en tu actuación.

Así la fidelidad y el compromiso se complementan de manera especial cuando se trata de prometer un acto futuro.

Quien se compromete, adquiere un compromiso y no solo para con otro, sino para consigo mismo. Pues se trata de controlar la conducta para no fallar.

Cuando el otro es un niño, con más razón hay que cumplirle para que no pierda la fe en la palabra de sus mayores y pueda, cuando sea grande, llevar el mismo ejemplo y testimonio de vida, pues cumple su palabra.

Esto quiere decir que el respeto, la fidelidad y la responsabilidad hacen parte del valor de los valores, en mi concepto, el compromiso.

Para educar un niño en los valores, el ejemplo de sus mayores es fundamental… ¿qué estamos haciendo para auto-monitorear nuestra conducta?

Celar… vigilar o perseguir …

Yo creo que los celos y la envidia son muy dañinos para la armonía de las parejas y/o las personas que se encuentran en convivencia o necesitan la convivencia como por ejemplo en el mundo laboral o familiar.

Al estudiar con detenimiento la envidia, encontramos que es el deseo de lo que tiene otra persona. En tanto que los celos son el miedo de que otra persona se adueñe de lo que tenemos.

Para darle organización a mi comentario, hablaré en primer lugar de los celos en pareja y más adelante, en otro momento, me referiré a la envidia.

De alguna manera, el celoso, desde la  paranoia obtiene algún placer de sus sospechas, ya que el conocimiento paranoico, satisface al masoquista por ejemplo, que se deleita en que lo hieran.

Sin embargo, los celos no son necesariamente inseguridad o inestabilidad emocional; pues también se podrían explicar desde el aprendizaje de las relaciones, la personalidad o los antecedentes familiares.

El celoso se siente descuidado por el otro, por ejemplo, en relación con el amor, la comunicación, el tiempo dedicado, la belleza, el sexo o el cuerpo entre otros. Es decir, los celos se producen como consecuencia de no atender las “necesidades” del celoso.

Todos queremos esa exclusiva y entonces nuestro propio dolor, nuestras sospechas y nuestros ataques de celos, se dan como consecuencia, de un individuo que cree, que no está recibiendo suficiente atención.  Curiosamente, el celoso siente y piensa que el otro es egoísta y solo se preocupa por sí mismo…no se ve en el espejo.

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