Cuando lo exterior afecta lo interior.

juancarlosposadamejia Torre EiffelYo creo que en la madrugada la expectativa se apoderó de mí, por lo que esperaba de Paris.

Y es porque años atrás, me había hecho la promesa de visitar la “Ville Lumière”o la ciudad de la luz.

Cuentan las historias que ya en el siglo XVII, Paris habría sido la primera ciudad que tuvo alumbrado público, algo que para la época era fuera de lo común.

Sin embargo, de buena fuente se conoció que esta iluminación pública fue una estrategia del prefecto de la policía de la ciudad para reducir los índices de criminalidad y robos que soportaba Paris y creo que aún la siguen azotando, por ello desde esa época lámparas y antorchas de aceite pretenden iluminar la oscuridad del delito.

Ahora, desde otra perspectiva más poética dicen que Paris fue la ciudad de la luz, por la iluminación que ofreció intelectualmente y porque parte de la revolución francesa pretendió ganar igualdad, libertad y fraternidad, valores fundamentales de cualquier sociedad que se respete.

juancarlosposadamejia PanteonParis, ilumina el conocimiento del mundo moderno al convertirse en capital de la filosofía, del pensamiento político y la cultura en el siglo XVIII, cuando surgen pensadores como Montesquieu, Rousseau, Diderot o Voltaire.

Ya en el siglo XIX, Paris tiene un alumbrado público utilizando gas, obra del ingeniero y químico francés Philippe Lebon. Esto la hizo tan famosa entre los turistas extranjeros, principalmente los ingleses, que a partir de ese momento la llamaron City of light.

Sin embargo, para mí la situación fue diferente, a pesar de su brillo y pompa París me pareció fría, seria, triste y hasta melancólica.

El paseo por el rio Sena, por los Campos Elíseos, por supuesto la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo, aunque imponentes no dejan de tener un sabor nostálgico como lúgubre, más aún cuando se observa la catedral de Notre Dame.

juancarlosposadamejia Moulin RougeAunque el Barrio de Montmartre y en la parte baja el famoso Moulin Rouge pretenden alegrar la tarde, sigo sintiendo un toque depresivo salvado por la presencia de mis compañeros de viaje que buscan sacarle provecho a la caminata parisina.

Si me descuido por un momento toda la nostalgia de sus calles me cala los huesos.

En medio de mis reflexiones, decido bajar mi expectativa y vivir París con la certeza de que la tristeza está afuera y no dentro de mí.

Gracias a la comida y pastelería deliciosa, el atardecer y la noche adquieren un color distinto a pesar del frio que se insinúa.

Con buenos abrigos y al calor de un exquisito vino francés, celebramos la vida y la maravillosa oportunidad de viajar y conocer el mundo.

juancarlosposadamejia Museo LouvreCreo que venir de España y visitar Paris fue lo que me hizo entrar en un mar de contradicciones y contrastes infinitos… Y lo más interesante, que para mí sensibilidad, fue notorio el cambio que por poco se apodera de mi espacio interior.

Yo creo que debo trabajar mucho más en no dejarme permear por lo que acontece afuera, para más bien dejarme fluir desde mi serenidad interior.

La magia del dolor.

dumbbells-2465478_960_720Yo creo que la vida me regala experiencias maravillosas, si tengo la capacidad para asombrarme, con aquello que me acontece.

El niño interior que me habita se fascina cada mañana muy temprano, gracias al encuentro, cálido, amoroso y fraterno, con mis compañeros de fisioterapia. Con ellos comparto el dolor de la recuperación de mi manguito rotador, mezclado con exquisitas dosis de risas, sudor y lágrimas, y con el aporte individual que cada paciente hace, dándole ese toque de magia, que agregan con sus vidas, las personas con quienes me permito hacer contacto existencial, allí tres veces por semana.

Cualquier tema es motivo de diálogo. Se comenta en cada sesión, una película, un libro, un clásico de futbol, la carrera ciclística, el más reciente huracán, la recuperación de un deportista famoso gracias a la fisioterapia y de vez en cuando, historias personales, llenas de vida, experiencias ricas y enseñanzas imborrables.

Además, mi fisioterapeuta es un ser maravilloso. En ella encuentro una mezcla de sabiduría personal, inteligencia aguda, y sentido del humor, acompañada de profunda experiencia profesional y trato amoroso y sensitivo con cada uno de nosotros; pues el dolor físico, a veces no es otra cosa que la “corporalización” del dolor del alma, debido a que cada lesión, tiene su historia y su significado psicológico profundo, como representante de nuestras luchas psíquicas internas y ella lo sabe, incluso por experiencia propia.

La enfermedad me obliga a ser sincero, para reconocer que, desde la medicina psicosomática, el dolor que experimento posiblemente en un principio, estaba destinado a otra persona, como consecuencia de un acto agresivo de mi parte. Por ejemplo, dar un puño permite descargar la agresividad. Sin embargo, ¿qué sucede cuando lo reprimo? El impulso agresivo se devuelve contra mí y el dolor lo experimentó como autoagresión.

Según los estudios, en las personas que paralizan los músculos hay rigidez y terquedad. Se diría que son inflexibles, porque no hay nada que los mueva de su punto.

Curiosamente, y así lo encuentro en el texto de La Enfermedad Como Camino, los autores Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke sostienen que esta inmovilidad interior se compensa con la práctica del deporte y una gran actividad corporal. Y más aún, cuando se trata de deportistas de alta competencia, donde el tema ya es la agresividad.

Para mí, estas sesiones de terapia física, no distan mucho de lo que se vive en la psicoterapia. Porque al fin y al cabo en una hora de trabajo en el consultorio, cada uno va reconstruyendo y dándole significado a sus conductas y pensamientos, logrando que los pedazos de la vida se vayan rehabilitando, sanado, haciendo duelo, en un tiempo y en un espacio que llamamos terapéutico.

La terapia logra, que volvamos al estado de equilibrio, luego del malestar de una crisis.

Como las terapias duelen, por lo tanto, me resisto al dolor… para evitarlo. Sólo cuando lo atravieso, puedo salir al otro lado, confirmando que era necesario para comprender la naturaleza del bienestar.

Entonces confirmo el nexo entre la meditación zen y la psicoterapia. Porque ambas me ayudan a trabajar la ansiedad, la tragedia, la tristeza profunda.

Las terapias, en todas sus formas permiten admitir con franqueza mi verdad interna; para enfrentar mi propia angustia, mis arrebatos de hostilidad y de culpa, por ejemplo.

Y finalmente creo que la terapia me da herramientas para establecer relaciones significativas, que aporten a mi crecimiento personal e incluso conmigo mismo, más allá del egoísmo propio de la cultura occidental, tan competitiva y solitaria.

Estoy muy agradecido con la vida, porque me ha regalado este nuevo capítulo en el sagrado arte de vivir, al mostrarme el dolor, la recuperación y la esperanza gracias a la fisioterapia. Y porque me ha permitido ser testigo de la importancia de un buen terapeuta, que sabe lo que hace y ama su trabajo.

Aprender a vivir.

Little Girl Reading in Backyard

Yo creo que la familia es el mejor lugar para aprender a vivir.
Era la hora de regresar a casa. El transporte escolar, para iniciar su recorrido, esperaba a la última alumna en la fila. La profesora del preescolar le tendió la mano para ayudarla a subir las escaleras del automóvil. Sin embargo, la pequeña no quería subirse. La profe, frente a la negativa, hizo la pregunta obligada. ¿Qué sucede hija? Es que se me perdió mi muñeca, -dijo. Continuar leyendo