Detenerse…para saber

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Yo creo que es importante detenerse…para saber. Entrar en una profunda calma para concentrarse. En el budismo se utiliza la palabra samatha, para indicar la importancia de parar y calmarse. Así mismo existe la palabra vipassana, para referirse a la capacidad de percibir y mirar con profundidad, ambos principios fundamentales en la meditación. Continuar leyendo

¿Atrapado por el pasado?

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Yo creo que soy el resultado de lo que sembré.
El pasado tiene como función, ser el caldo de cultivo de lo que disfrutamos o sufrimos en el presente. Soy el resultado de mi pasado, lo que aprendí y lo que no quise aprender, y se verifica aquí y ahora. Es cierto que no puedo borrar lo que pasó, pero si puedo cambiar lo que siento y pienso en relación con ello. Continuar leyendo

Más tecnológicos…pero menos humanos

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Yo creo que el futuro, llegará bastante deshumanizado debido a la tecnología. Me pregunto: ¿será posible humanizarla?
Debo confesar que las películas de ciencia ficción siempre me han fascinado. Y ahora miro con temor la realidad tecnológica que me rodea. Se que los dispositivos electrónicos y principalmente las aplicaciones serán las que dirijan nuestros destinos.

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Lo que pasa… pasa

monarch-2820448_960_720Yo creo que cada cosa que nos pasa debe pasar por algo…entonces es bueno que nos pase; al fin y al cabo…pasará y debemos aprender de esa situación, para reorientar el futuro. 
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Porque siempre hay un amanecer

sunrise-landscape-1209638_960_720Yo creo que cada amanecer trae una esperanza. Y la promesa de un nuevo día aparece ante mis ojos como la oportunidad que estaba esperando para volver a comenzar. Lo que fue…ya pasó. Al dejarlo en el pasado, aprendo todas sus lecciones para encaminarme en la motivación de lo que está por venir. Y es en ese porvenir donde se encuentra la ilusión de la recompensa, fruto del trabajo hecho ahora.
Con el presente hago mi futuro. Con el trabajo de hoy siembro la semilla del futuro. Cada amanecer es el regalo del Universo, por eso se llama presente, y está ahí para vivirlo, aquí y ahora, entonces mi actitud es la clave. De ella depende la manera como enfrento el día. Con el cambio de actitud me abro al campo de todas las posibilidades, y puedo visualizar lo que deseo, con la alegría del logro.
Así muy temprano en la mañana, agradezco a la vida esta nueva oportunidad. La frescura de la madrugada, me permite sentirme renacido. Entonces en la meditación, me lleno de la energía necesaria para iniciar nuevamente el milagro de la vida. Me perdono y perdono. Sano cualquier recuerdo que me ancla al pasado y me libero de la atadura de la culpa. Para luego proponerme la alegría como escudo, la esperanza como herramienta y la sabiduría como la manera de encaminar mis pasos hacia el desafío de un nuevo día; como un lienzo en blanco para escribir en él las páginas de mi historia, donde me rehago, me reinvento, me transformo, evoluciono.
Yo creo que mi actitud al levantarme, es fundamental para agradecer a la Existencia, mi existencia. Y para confirmar que la presencia del otro, es decisiva en mi camino de auto-conocimiento y que al terminar la jornada, al momento de la muerte parcial que es dormir…en mis sueños, descanso tranquilo, con la idea de que para mí y para todos, siempre hay un amanecer.

¿Por qué no soy feliz?

Yo creo que una de las preguntas fundamentales que nos ronda con frecuencia, es aquella relacionada con la felicidad. Porque, cuando todo se nubla frente a nuestros ojos, surge del fondo de las tinieblas de la tristeza, la duda sin respuesta: ¿por qué no soy feliz?

Se podría responder en primer lugar, que la infelicidad es una consecuencia del pasado, que no se sabe manejar en el presente, para preparar el futuro.

Del pasado, porque fue allí cuando comenzó el proceso de acumular memorias tristes; recuerdos apesadumbrados  y experiencias traumáticas sin fin. Desde un pretérito inconsciente,  sin poder defendernos de los ataques del desaliento, sumado a las épocas intrauterinas, donde éramos los depositarios de las depresiones de nuestra madre,  o los beneficiarios de las alegrías de la anhelada espera de ella y del entorno familiar. Todo esto sin contar con la herencia hormonal, de la que no pudimos escapar, y que pasa su factura inexorable en la pobre recaptación de serotonina.

De otro lado, las primeras vivencias, los primeros eventos triunfantes y gananciosos, así como los primeros traumas, van acumulando nostalgias, a manera de balance, que no siempre muestran un marcador favorable.

Entonces llega el presente con su cúmulo de frustraciones, que no se pudieron manejar en su momento, porque no había los recursos o porque no fuimos entrenados adecuadamente para manejar  sentimientos y pensamientos perturbadores.

Esto explica, entre otras cosas, nuestro desánimo y desaliento actual. Pues nos falta repertorio cognitivo, que nos ayude, a manera de escudo protector, a pensar con esperanza hacia el futuro, a construir pensando en el mañana, a soñar en momentos mejores por lo indoloros, donde la luz y la claridad sean parte natural del paisaje.

Así, ¿Por qué no soy feliz? Es una pregunta entonces, que se puede resolver, más que en la búsqueda de las causas, en la pro-actividad jubilosa de la esperanza, pues, si no puedo cambiar mi pasado, si puedo cambiar mi reacción y mis conductas del presente, para construir futuro.

¿Quien guarda comida… guarda pesares?

Yo creo que la frase “Quien guarda comida, guarda pesares”, tiene un significado más profundo de lo que parece. Más allá del contenido directo de la expresión popular -que se la escuchaba a mis abuelos- el hecho de guardar comida, esconde un temor con respecto al futuro. Conservar en la nevera los alimentos que no se consumen inmediatamente, a simple vista, parece una buena previsión para el mañana; pero de alguna manera, también indica que, no se confía en la posibilidad de encontrar alimento nuevo para sobrevivir. Si nos apartamos por un momento de la sentencia gastronómica, guardar comida es lo mismo que conservarla (de ahí la palabra conserva), esto supone entonces, a nivel psíquico una invitación a guardar o congelar…pensamientos, dolores, angustias, traumas y sucesos del pasado. En otras palabras, quien guarda comida, también es capaz de guardar pesares, entendidos como eventos y circunstancias dolorosas del pasado.

El mismo fenómeno lo observamos en los cuartos útiles y hasta en el closet. Si miramos con detenimiento su contenido, algunos de los objetos allí depositados, han perdido su valor de utilidad y por lo tanto estorban, ocupan espacio y lo más curioso hacen todo lo posible por “mostrarse” y recodarnos que están allí, desde hace varios años, sin servir para nada. Además nos vendemos la idea de que en cualquier momento van a ser utilizados, pero pasa el tiempo y continúan nuevamente, en el mismo estado de inutilidad.

¿Para qué guardamos? ¿Qué nos invita a conservar? Tal vez con ello buscamos “congelar” el presente por el mismo miedo que produce la incertidumbre del mañana. Lo que no sabemos, es que la magia y el placer del sagrado arte de vivir, se descubren en la construcción activa del presente, disfrutando y sufriendo el riesgo de lo porvenir.

De otro lado, no podemos olvidar, que nos han enseñado las bondades del ahorro, como una previsión del futuro. Y considero que es un excelente hábito; sin embargo también he visto conductas extremas y exageradas, que limitan tanto el gasto, que lo único que consiguen es un presente limitado.

Abandonarse completamente a la suerte, sin ningún tipo de control, sabemos que apunta a una empresa de locos. Pero realmente lo que parece sensato en materia psicológica, consiste en no acumular elementos dolorosos del pasado, que como su nombre lo dice, deberían haber pasado y no estar rondando en forma permanente… como fantasmas.