Para amar de verdad.

grandma-2657142_960_720Yo creo que, para amar de verdad, debo vencer el miedo que me causa la incertidumbre, al tiempo que confirmo, que no es posible amar desde la frialdad de la lógica de la cabeza, pues al pensar sobre el amor, obstaculizo el proceso de sentir.
El amor fluye cuando estoy conectado aquí y ahora con él. Debido a que el amor no puede ser entendido desde el pasado y mucho menos planeado y controlado hacia el futuro… descubro que el amor es un sentimiento que disfruto y sufro en el momento presente.
Lo que necesito trabajar y corregir de mi forma de amar, lo puedo observar aquí y ahora, en cada acto egoísta que percibo. Entonces es posible lograr transformaciones en mí, cuando me doy cuenta y me hago cargo, de conductas, reacciones, pensamientos y actitudes que son más el resultado de mis temores, que de la clarividencia que regala el amor incondicional.
No puedo condicionar mi amor desde el miedo que produce el pasado del otro. Ni puedo cambiarlo o negarlo. El descalificarlo por lo que hizo o dejó de hacer, es lo mismo que negarle su corrección en el presente. Yo creo en segundas oportunidades… por mi fe en el potencial humano, que todo lo puede, si se tiene la voluntad y la responsabilidad para el cambio.
Es muy fácil amar desde lo abstracto y en teoría. Lo complejo es amar desde las actuaciones concretas, que afectan, confrontan, inquietan, perturban y cuestionan.
Cuando estoy lleno de ego, el amor desaparece. Entonces sé que el amor se fortalece cuando transformo mis odios, rencores, celos, enojos y mi necesidad de posesión, en generosos regalos de amor, gracias a la confianza que genera el Yo, que sabe que nada puede “hacerle daño”, a menos que la misma persona lo permita.
Es importante recordar que, en el Universo, la energía que destruye es la misma energía que construye. Nada permanece para siempre, todo va y viene en un permanente fluir. Y más aún cuando se trata de la naturaleza de los seres humanos, donde el cambio es una constante.
Frente a estas reacciones negativas que me generan algunas actuaciones del otro, realmente el mejor mecanismo de acción es observar la situación y observarme en ella, para descubrir si en verdad, hay motivo para sentir celos, enojo, o rencor y si el problema, es la actuación del otro, o mi manera de interpretar dicha conducta.
El amor es generosidad. Entonces el secreto está en compartir, en soltar, en fluir.
Sabemos que, en el Universo, cualquier acumulación o retención intoxica, por lo tanto, es sano fluir y soltar, dejar correr y expresar… ya que nada debe retenerse y mucho menos una persona en su decisión y opción de amar, porque amar es una elección.
Yo creo que, para amar de verdad, es importante trabajar el miedo a perder.

El difícil arte de tomar decisiones.

Yo creo que la tarea humana más compleja y difícil, es aquella relacionada con la toma de decisiones. Debido a que, según la decisión tomada, es posible cambiar el rumbo de nuestras vidas. Una decisión tomada a tiempo, tiene la virtud de la oportunidad, en tanto que si no lo hacemos en su debido momento… el Universo se encarga de tomar la decisión por nosotros.

De otro lado una decisión bien tomada supone el control y conocimiento de varios factores, entre ellos el personal; es decir el conocimiento de quien toma la decisión. Darse cuenta de qué estoy haciendo, cómo lo estoy haciendo y para qué lo estoy haciendo, es fundamental a la hora de tomar decisiones. Así como el conocimiento del entorno, el ambiente y las personas involucradas.

Entonces ¿Por qué es tan difícil tomar una decisión?

En primer lugar porque nos atemoriza el factor tiempo, en relación con la permanencia. “Hay decisiones para toda la vida”… dice la sabiduría popular y en ese sentido nos asusta la idea de la falta de reversa, si algo sale mal, con la decisión.

Segundo porque no queremos equivocarnos. El orgullo, la falta de humildad o la búsqueda de la perfección, se convierten en obstáculos al momento de tomar decisiones. No existen resultados perfectos…a menos que se tenga la capacidad de leer el futuro, y la idea en el fondo, con la vida, es jugar con el riesgo de la incertidumbre, pues para algunos, eso le da sabor a la existencia.

Tercero, porque nuestra decisión también afectará a otras personas, y ello puede generar sentimientos encontrados como la culpa y además porque nos convierte en blanco de críticas y eso preocupa a quienes viven del qué dirán. Sobre todo, si nos pasamos la vida comprando aprobación.

Y cuarto, es importante diferenciar la decisión tomada desde la emoción versus la decisión tomada desde la razón.

En muchas decisiones, la lógica debe imperar… pero en el mundo de los humanos la emoción gana la partida y nos lleva a tomar decisiones locas, atrevidas y contra todo pronóstico… como en el amor. “Pues el corazón tiene razones que la cabeza no entiende”.

Ahora lo que realmente interesa no es la decisión como tal, sino sus consecuencias. Esto significa que toda decisión debe tomarse desde varios puntos de vista y criterios, teniendo en cuenta posibles modelos que reflejen efectos futuros.

Además es gracias a la equivocación como aprendemos…pero también sabemos que hay errores fatales que no permiten la posibilidad de futuro.

Cambiar de opinión es de sabios, en virtud a que con el tiempo, vamos descubriendo nuevos elementos que nos ayudan a tomar nuevas y mejores decisiones.

¿Quien guarda comida… guarda pesares?

Yo creo que la frase “Quien guarda comida, guarda pesares”, tiene un significado más profundo de lo que parece. Más allá del contenido directo de la expresión popular -que se la escuchaba a mis abuelos- el hecho de guardar comida, esconde un temor con respecto al futuro. Conservar en la nevera los alimentos que no se consumen inmediatamente, a simple vista, parece una buena previsión para el mañana; pero de alguna manera, también indica que, no se confía en la posibilidad de encontrar alimento nuevo para sobrevivir. Si nos apartamos por un momento de la sentencia gastronómica, guardar comida es lo mismo que conservarla (de ahí la palabra conserva), esto supone entonces, a nivel psíquico una invitación a guardar o congelar…pensamientos, dolores, angustias, traumas y sucesos del pasado. En otras palabras, quien guarda comida, también es capaz de guardar pesares, entendidos como eventos y circunstancias dolorosas del pasado.

El mismo fenómeno lo observamos en los cuartos útiles y hasta en el closet. Si miramos con detenimiento su contenido, algunos de los objetos allí depositados, han perdido su valor de utilidad y por lo tanto estorban, ocupan espacio y lo más curioso hacen todo lo posible por “mostrarse” y recodarnos que están allí, desde hace varios años, sin servir para nada. Además nos vendemos la idea de que en cualquier momento van a ser utilizados, pero pasa el tiempo y continúan nuevamente, en el mismo estado de inutilidad.

¿Para qué guardamos? ¿Qué nos invita a conservar? Tal vez con ello buscamos “congelar” el presente por el mismo miedo que produce la incertidumbre del mañana. Lo que no sabemos, es que la magia y el placer del sagrado arte de vivir, se descubren en la construcción activa del presente, disfrutando y sufriendo el riesgo de lo porvenir.

De otro lado, no podemos olvidar, que nos han enseñado las bondades del ahorro, como una previsión del futuro. Y considero que es un excelente hábito; sin embargo también he visto conductas extremas y exageradas, que limitan tanto el gasto, que lo único que consiguen es un presente limitado.

Abandonarse completamente a la suerte, sin ningún tipo de control, sabemos que apunta a una empresa de locos. Pero realmente lo que parece sensato en materia psicológica, consiste en no acumular elementos dolorosos del pasado, que como su nombre lo dice, deberían haber pasado y no estar rondando en forma permanente… como fantasmas.

Si no tuviera miedo

Yo creo que si no tuviera miedo, haría muchas cosas de las que me he privado, precisamente porque me enseñaron a temer. Es decir, como parte de mi proceso educativo me hicieron creer que había pensamientos, hechos y consecuencias asociados con el miedo, como por ejemplo: al qué dirán.

Entonces creo que he pasado gran parte de mi vida agradando a los demás, y sobretodo evitando equivocarme, en materia del comentario social, esperando el aplauso y la aprobación por parte de los otros.

Si bien es cierto el miedo puede servir como elemento protector, pues la idea no es convertirse en temerario, sino en alguien sensato capaz de distinguir lo que es conveniente de lo que no; por otro lado el sólo hecho de tener miedo paraliza y evita que corramos ciertos riesgos necesarios.

En el sagrado arte de vivir, la certeza va en oposición al riesgo. Y vivir de suyo, ya es un gran riesgo. Y en medio del riesgo, equivocarse, hace parte del inventario.

Si no tuviera miedo, ¡me equivocaría más! Pues gracias a la equivocación… aprendo, y descubro y amplío mi percepción del mundo y de la vida.

Entonces concluyo que nuestro narcisismo no nos permite perder. Y en torno a la idea de la equivocación, se tejen toda clase de hipótesis y conjeturas de la perfección, que para un ser humano no son posibles, pues la condición del humano es precisamente su falibilidad. Y lo que nos hace humanos es nuestra posibilidad de reconstruirnos, con cada evento de aprendizaje.

Si soy un ser inacabado, en plena construcción, tengo derecho e incluso obligación de equivocarme para de esta forma, a partir de la toma de conciencia, darme cuenta de aquello que puedo corregir para continuar la marcha.

También se que las equivocaciones a veces, tienen costos muy altos y que pueden incluso cambiar el rumbo de la historia. Pero definitivamente de eso se trata la vida, de aprender de los errores.

De tal manera que…si no tuviera miedo, me daría más permiso de “ser yo mismo”, para evitar caer en la trampa de agradar a los demás, a partir de sus expectativas y con esto sentirme más contento de “quien soy”.

La certeza de la incertidumbre

Yo creo que en los momentos difíciles de nuestra vida, percibimos en forma errónea la realidad, pues desde la ansiedad por encontrar una salida, sentimos que las puertas se cierran y que no hay alternativa posible. Sin embargo creo que existe una nueva posibilidad, un nuevo amanecer, una última oportunidad para aquel que tiene fe.

Son precisamente las certezas de que siempre hay un amanecer, o las creencias en varias ventanas que se abren, o la ilusión en una mano que se tiende en lo más profundo del hoyo, las que nos permiten confirmar el poder de la esperanza.

Cuando la noche se pone más oscura, es cuando sabemos que va a amanecer. Y en esta nueva claridad, las cosas y los hechos se perciben de forma distinta.

El secreto está en habilitar nuestra capacidad para ver diferente. En leer distinto, los signos de los hechos.  En encontrarle nuevas y variadas lecturas al mismo fenómeno; es decir la clave radica en la habilidad de encontrar significados nuevos y alternativos para todo aquellos que nos parece en el momento, catastrófico y atemorizante; para mirarlo como algo maravilloso que está por suceder.

Es allí, en la incertidumbre, donde habita el duende de la comprensión. Es en el mundo de todas las posibilidades, donde vive el poder de la imaginación transformadora.

Dice Deepak Chopra en Las Siete Leyes Espirituales del Éxito que la sabiduría de la incertidumbre reside en el desapego… en la sabiduría de la incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la prisión del condicionamiento anterior. Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente creativa, que orquesta la danza del universo.

La incertidumbre, por otra parte, agrega Chopra, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy, es el yo, que ha quedado de ayer.

Yo creo que la incertidumbre merece una oportunidad en nuestras vidas, para tentar al universo y de esta forma extasiarnos con el porvenir.

El retrovisor…

Yo creo que algunos de nosotros, usamos demasiado el retrovisor. Este artefacto, bastante útil y obligatorio en los vehículos automotores, en forma simbólica, en el caso de los seres humanos, en vez de ayudar, entorpece la marcha. Me refiero al hecho indiscutible de pasar mucho tiempo mirando hacia atrás.  El pasado tiene demasiada carga afectiva y emocional como para seguir anclado en el. Sin embargo, el pasado también tiene la virtud de ser útil, cuando se trata de corregir el futuro

Quedase en el pasado, también representa nuestro temor a lo por venir. “Algunos aseguran que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”.  Y otros, más lanzados y temerarios sostienen que en el riesgo de la incertidumbre, está el secreto del éxito.

De todas maneras, no es bueno quedarse en el pasado, pues, como su nombre lo dice, “ya pasó”, “ya aconteció” y no tiene porque seguir alimentando o atormentando nuestro presente, a menos que hayan quedado algunos asuntos inconclusos.

Resolver esos lastres del pasado, es la tarea obligada, para vivir un presente pleno. Entonces procesos de perdón y olvido se vuelven prioritarios a la hora de hacer balance y sanar recuerdos. 

Quien se queda pegado en las sombras del ayer, paga el precio de un presente tormentoso, al mejor estilo de las telenovelas rosa. Una mujer atrapada por su pasado y un hombre que arrastra un secreto, pues cometió un error y no ha sido capaz de perdonarse.

La vida nos presenta el reto del futuro…una carretera amplia y recta en algunos tramos y estrecha, curva y peligrosa en otros…con abismos y cuestas.  Pero al final queda la satisfacción del recorrido hecho; con miradas esporádicas y oportunas al retrovisor, para recordar quiénes somos, qué hemos hecho y a que vinimos a la tierra, para construir desde el presente, una nueva oportunidad.

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