Agradecer, es lo más importante.

robin-european-robin-erithacus-rubecula-red-46166Yo creo que hoy es el día preciso para agradecer.

Esta mañana, muy temprano me despertaron los sonidos maravillosos de la naturaleza. Cada amanecer, en una increíble precisión por su programa, los cantos de muchos pájaros colmaron con armonías diversas los espacios del cielo, para recordarme que tengo otro día para vivir, otro día para trabajar en lo que amo y otro día para hacer lo que me place hacer.

Sin embargo, si me acostumbro o me descuido, cada día que pasa, lo podría considerar como rutinario y a veces hasta eterno, como algo dado, que es obligatorio y que sucede sin cambio. Pero hoy se me antoja pensar que podría ser el último día que tengo para trabajar, aprender, disfrutar, para sufrir, para llorar, para amar y perdonar.

Vivo como si fuera a persistir en el tiempo, pero pocas veces me pregunto – ¿y si hoy fuera mi último día?-.

Entonces busco múltiples opciones en la razón, que me responde con argumentos prefabricados. Pero luego me dirijo al corazón que tiene para mí respuestas salidas del sentimiento y la emoción.

Me dice que, si hoy fuera mi último día, lo dedicara aquello que tengo pendiente desde el amor y el perdón con mis seres queridos más cercanos.

Y posiblemente me invitaría a darles las gracias por tantos aprendizajes compartidos y tantas experiencias ricas en emociones, perdones, reconciliaciones, abandonos y encuentros para de esta forma aquilatar el valor de esas personas tan importantes que han pasado por mi vida.

Encuentro que todo lo que he vivido ha sido necesario para el crecimiento y aprendizaje de mi alma.

Y además porque si la vida me regala otro tramo de existencia, lo debo aprovechar intensamente porque el tiempo es poco para todo lo que tengo por hacer.

Hoy agradezco también, a mis sufrimientos, tristezas, angustias y decepciones.

Agradezco los momentos de dolor profundo que me causaron muchas personas y pido perdón para todos aquellos a los que pude haber hecho daño sin pretenderlo y para aquellos a quienes lastimé desde mi inconciencia.

Hoy es un día maravilloso para decirle gracias al Universo por haberme elegido para cumplir tareas muy específicas en las vidas de las personas con las que he tenido y tendré contacto.

Y sobre todo un día especial para perdonarme por no haber hecho lo suficiente hasta el momento, para cumplir la misión encomendada.

Esta mañana, en medio del festejo de la naturaleza, sentí una profunda necesidad de decirle gracias a la vida al recordar este famoso y bello poema En Paz, de Amado Nervo, que dice: Continuar leyendo

De la invidencia…a la videncia.

pexels-photo-6609589Yo creo que durante estos años he oficiado como invidente. Es decir, lo que veía, estaba distante de la realidad. Mi “ceguera” se había producido como resultado de un estilo de educación estrecho, que me impedía observar el campo de todas las posibilidades.

En mi mapa representacional del mundo, los rincones más oscuros estaban prohibidos gracias al miedo infundado por mis educadores. Y como consecuencia desarrollé unos filtros poderosos que lo único que han hecho es distorsionar la realidad.

En el mundo Zen, hay una fuente maravillosa de elementos que me han facilitado en parte, el proceso de despertar del letargo de la inconsciencia… al estar atento a los engaños perceptuales y entonces poder darme cuenta y de esta forma hacerme cargo…en el fondo para descubrir mi propia realidad y esencia espiritual, que está oculta, agazapada, envuelta en coberturas materiales.

Recuerdo esta frase, precisamente de un monje Zen, que se encontraba pidiendo donaciones, a cambio de un japamala, en el Jardín de Te japonés, el lugar público más antiguo de los Estados Unidos, dentro del Golden Gate Park en San Francisco, California. -El maestro dijo: “Uno mismo es insustituible en el camino espiritual. En este proceso los pies que avanzan son los propios, no los ajenos”-.

Juan Carlos Posada Mejía Janese Tea Garden Golden Gate Park San Francisco CA.Ahora descubro que el proceso de búsqueda espiritual no se trata de conocerse a sí mismo, más bien se trata de verse a uno mismo; en otras palabras, familiarizarme con lo anestesiado que vivo, para luego conseguir el despertar. Se trata de observar el mundo de las apariencias que intentan tapar los vacíos existenciales, que en principio no tienen respuesta.

Al final, el máximo objetivo es llegar a lo más profundo del propio ser, para develar los misterios de la vivencia personal, que está mediada por circunstancias fortuitas, que algunos llaman destino y que logran asombrarme, cuando no comprendo el por qué y para qué suceden.

De nada sirve hacerse una idea de quien uno es, porque el razonar sobre uno mismo, termina jugando con el poder de los juicios desde lo correcto o lo incorrecto. Y creo que nada es correcto o incorrecto, bueno o malo, sino algo que yo prefiero llamar adecuado o inadecuado, según el propósito que tiene el alma, mientras habita el cuerpo.

Descubrir la propia realidad espiritual es un trabajo personal. Ningún maestro exterior puede ayudarme en eso. Pues al fin y al cabo la tarea consiste en despertar mi sabio interior.

Por esto es por lo que, los que practican Zen, dicen que no tienen problema alguno en quemar o enterrar a Buda, al maestro iluminado, si este se interpone en su avance espiritual.

Entonces he dejado de buscar afuera, para enfocarme en las respuestas que están adentro. Que ya no voy a mirar hacia arriba buscando iluminación del cielo, o de un maestro o de un texto, sino hacia dentro de mí, donde está realmente la fuente de iluminación.

Yo creo que he vivido en un mundo ilusorio, matizado por las necesidades del ego. Y que, al momento de despertar, voy a ver lo engañado que estaba, y voy a sonreír epistemológicamente, porque por fin he comprendido que Jesús el de Nazareth, el Cristo, no era oftalmólogo, sino un facilitador de procesos para despertar… para “ver mejor”, libre de miedos, prevenciones y prejuicios.

El arrepentimiento es el primer paso para lograr el perdón.

pexels-photo-4584462Yo creo que el arrepentimiento, es el primer paso para lograr el perdón.

Por estos días transitaba por la ciudad en medio de las congestiones del tráfico, normales por el fin de año. Los vehículos estaban en fila esperando el cambio del semáforo. Sin embargo, un motociclista imprudente, hizo suficientes maniobras indebidas que no solo pusieron en peligro su propia vida, sino que además comprometieron la seguridad de quienes utilizábamos correctamente la vía en el momento del arranque. La persona más afectada le hizo un reclamo airado al infractor. Pero desafortunadamente la reacción de éste fue la de atacar a quien le hacía el reclamo, sin reconocer que la falta la había cometido él mismo con sus piruetas a destiempo, por el camino equivocado y a una considerable velocidad.

Lamenté profundamente el hecho y entré en una reflexión profunda alrededor de la pregunta sobre el arrepentimiento.

¿Por qué es tan difícil arrepentirse?

En primer lugar, porque creo que lo que hice o dejé de hacer está bien hecho.

Hago todo lo posible por convencerme racionalmente, de que lo realizado, tiene una lógica y una razón de ser que me asiste. Por lo tanto, así demuestro que yo no soy el equivocado, sino que los equivocados son los demás. Entonces justifico cada acto, para tranquilizar mi conciencia.

Arrepentirse se torna complejo cuando no me pongo en el lugar del otro. Si carezco de empatía, y me cuesta reconocer el sufrimiento, el dolor y la angustia de los demás, entonces así es muy difícil que reconozca que he hecho daño y he causado inconvenientes en las vidas de los otros.

Además, cuando responsabilizo a mi hermano de su autocuidado y termino afirmando que aquello que sucedió, se produjo porque él lo permitió, sabiendo en el fondo que debo actuar como el protector del posible daño que yo pueda causar a los demás, sin endosarles completamente la responsabilidad.

Lo complejo del arrepentimiento está en el orgullo, que no permite el paso de la humildad que desde el corazón acepta la falta cometida y está dispuesta a reparar el daño causado. Un orgullo que se protege de cualquier toque en su contra porque parte del supuesto de que su pensar y su actuar, son perfectos.

Y en la falta de conciencia en torno a las consecuencias que tienen mis actos en las vidas de los demás, porque cada cosa que hago o dejo de hacer en relación con mis semejantes, repercute de manera diferente, trayendo serias y profundas repercusiones.

En esta etapa de fin de año, es bueno para mí, hacer un alto en el camino para reconocer todo aquello en lo que me equivoqué, para repararlo en la medida de lo posible.

Identificar, cómo mi orgullo y mi falta de humildad, dificultaron procesos de perdón, necesarios en las relaciones con las personas en los espacios que frecuento.

Aprovechar cada momento significativo para mostrar mi arrepentimiento y con ello iniciar una reflexión profunda que me lleve al cambio.

Y modificar mis patrones de conducta que son dañinos, para mí mismo y los demás y de esta forma reconciliarme con la vida y darle sentido a la misma, a través de una convivencia sana y armoniosa con aquellos que necesitan mi arrepentimiento para lograr el proceso de sanación desde el perdón.

Yo creo que el arrepentimiento, definitivamente, es el primer paso para conseguir el perdón.