Meditando…ando.

lake-3602579_960_720Yo creo que un buen camino para el encuentro conmigo mismo, ha sido la práctica de la meditación.

Cuentan las historias que un estudiante de Tendai, llegó a la morada de Zen del maestro Gasán. Tendai es una escuela filosófica del budismo Mahayana establecida en Japón en el año 806 por un monje llamado Saicho, también conocido como Dengyō Daishi.

El alumno después de algunos años de estar al lado de su maestro, a punto de salir de la morada de Gasán, fue advertido por su tutor que le dijo: “Estudiar la verdad especulativamente es útil, como medio para recoger material para predicar. Pero recuerda que a menos que medites constantemente, tu luz de la verdad puede apagarse”.

Hace poco me preguntaba realmente… ¿qué era el Zen? – y vino a mi memoria una frase que le escuchaba a los maestros: El Zen es sentarse. Y luego recordé un proverbio Zen que reza: “camine o siéntese, pero no se tambalee”.

La meditación ha sido el método más útil para lograr penetrar en lo profundo de mi mismo; pues en los momentos más difíciles, me ha ayudado a mejorar estados de tensión emocional, y en algunos casos calibrar dolencias físicas, así como mejorar mi estado psicológico, de una manera sorprendente.

Luego de identificar realmente cuál es el problema, la meditación es una guía precisa que ilumina el camino para lograr el equilibrio de la mente.

Creo que el meollo de la angustia está en el estilo de vida, que privilegia el placer por el placer.

Los conflictos más profundos, están ocultos debajo de eventos sin importancia real y cuando creo estar tranquilo por la anestesia que me brinda el entorno con sus seducciones, ofreciendo placer superficial, en el fondo se mueven aguas turbulentas, que deben ser atendidas.

El trabajo rutinario, la búsqueda de la apariencia, las relaciones poco significativas y la filosofía de la rapidez y facilidad para lograr los objetivos, va cobrando una factura costosa que consiste en la insatisfacción acompañada del vacío, que caracteriza el sin sentido y que termina alterando el equilibrio emocional sin identificar a ciencia cierta, donde está el origen del desasosiego. Todo esto hace que se pierda el horizonte… y entonces extraviamos el rumbo.

Yo creo que cuando me instalo en un plano inferior, tiendo a culpar a las influencias externas de mi desgracia y tildo de agresivos e insolidarios a los demás. La iluminación comienza cuando encuentro que la explicación del comportamiento de los otros, la logro desde la comprensión de mi propio comportamiento.

He confirmado, por ejemplo, que cuando adopto posturas sumisas o pasivas provoco y atraigo la agresividad del entorno. Y también he experimentado que cuando actúo desde el amor y la paz interior, logro que el ambiente vibre en la misma dimensión.

Hacer cambios de comportamiento y de actitud, no se logran desde el esfuerzo de la voluntad, sino desde la buena voluntad y gracias a la meditación desde donde es posible alcanzar dicho objetivo.

Cuando estoy ansioso, obsesivo o incapaz de desconectarme después de haber terminado de trabajar, la meditación es la gran aliada.

Así como cuando resulta difícil relajarme y disfrutar en el aquí y ahora, o desconectarme del pasado y de las proyecciones en el futuro…la meditación vuelve a ser maravillosa para el “centramiento” de la conciencia.

Como meditando, ando…en la próxima semana, voy a contar cómo se hace, qué es y qué no es la meditación.

Cómo vivir mejor con menos…

Yo creo que si es posible vivir mejor con menos

Sin embargo me podrán preguntar: ¿menos qué?

Dice Mahatma Gandhi: “Un ser humano, debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”… esto significa que, para una sociedad materialista, donde lo importante es tener y no ser… no podemos seguir valorando a las personas por lo que tienen, ni mucho menos por lo que hacen, profesionalmente hablando, si no más bien por su esencia como personas.

En palabras de Mark Twain: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios“.  En este orden de ideas, el materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad son, sin lugar a dudas las enfermedades sociales del siglo XXI y esto de alguna manera produce estrés, depresión y ansiedad.

De otro lado Scott Nearin sostiene que “una economía de mercado necesita empujar y engañar a los consumidores a comprar cosas que ni necesitan ni desean, obligándolos así a vender su fuerza de trabajo como medio para pagar sus adquisiciones”.

Entonces nos asalta la duda: ¿Qué es vivir?  

O la pregunta más directa: ¿Cómo estoy viviendo? 

Y tal vez, la más trascendental: ¿Para qué vivo?  

La vida es un viaje a través del tiempo en un determinado espacio. Y durante ese camino, buscamos status para proteger nuestra reputación.  Así,  ¿Qué es lo que hay que defender?  

Vivimos para rodeamos de posesiones innecesarias. Creemos que la felicidad es la comodidad, la seguridad y el dinero. Con el “slogan” de ganar más para gastar más, la sociedad de consumo diseñó un inmenso aparato que nos inventa necesidades y nos hace creer, que tal o cual bien o servicio, nos hará felices… y en el fondo, lo único que logramos es cubrir un vacío emocional interior, que nos deja aún más insatisfechos.

Continuar leyendo