Ser y hacer la diferencia.

red-2312548_960_720Yo creo que cuando me pregunto, cuál es mi papel en esta vida, mientras dure mi existencia, me respondo que, haga lo que haga debo hacerlo con calidad, esto con el fin de marcar la diferencia, o, mejor dicho, para lograr el objetivo de hacer la diferencia.

Recuerdo que hace muchos años cuando inicié mi vida profesional, tuve la fortuna de trabajar con un jefe que creyó en mí y me asignó responsabilidades grandes, tan gigantes como crear y dirigir el departamento de psicología de la universidad, así como la creación y dirección del departamento de bienestar universitario y de extensión cultural. Eran tiempos maravillosos donde apenas comenzaba la corporación universitaria y todo estaba por hacer.

Cada viernes debía presentar un informe de mi gestión y estaba ansioso por hacerlo bien, claro, para ganarme aún más, la confianza de mi jefe, que tenía fama de estricto y exigente.

Entonces para este primer informe, pasé largas horas preparando y puliendo cada detalle. Cuando estuvo listo, lo imprimí y lo llevé personalmente al quinto piso, donde quedaba la rectoría. Se lo entregué a Vicky la secretaria, y me devolví caminando hacia mi oficina, ubicada en el cuarto piso, pues no podía utilizar el ascensor, debido a que no llegaba hasta allí y, además, este se encontraba en el ala opuesta del edificio.

Apenas abrí la puerta del consultorio, sonó el teléfono y al contestarlo, para mi sorpresa, era el rector al otro lado de la línea, quien me preguntaba: ¿Juan Carlos…este es su mejor informe? Entré en “pánico laboral” y sintiendo culpa alcancé a contestar …Hermano rector, voy a mejorarlo inmediatamente.

Con la angustia y el ego herido por no haber cumplido la expectativa de calidad, perfeccioné el documento y nuevamente se lo entregué. Cuando al regresar a mi oficina, volvió a sonar el teléfono con la misma pregunta del rector. ¿Juan Carlos…este es su mejor informe? Entonces mi angustia fue mayor. Trataba de entender, buscando…lo que esperaba mi jefe.

Entonces y ahora con lupa crítica e implacable, revisé el documento y efectivamente encontré detalles importantes que había pasado por alto. Con más calma y sin angustia, completé el informe y nuevamente se lo llevé a su oficina.

No habían pasado diez minutos, cuando la secretaria del rector era quien llamaba. Me dijo: -Juan, el Hermano Octavio desea preguntarle algo; se lo voy a pasar-. Con el corazón en la mano, asustado, pero al mismo tiempo con la certeza de un trabajo bien hecho, me sentí preparado para cualquier pregunta. – ¿Juan Carlos…este es su mejor informe? – A lo que respondí: Hermano rector, me va a disculpar, pero le aseguro que este es mi mejor informe; está muy completo y contiene todo lo que usted solicitó. Entonces él, luego de un corto silencio, agregó: -Eso quiere decir que ahora si lo puedo leer-.

Desde ese día comprendí porque él, cada vez que tenía la oportunidad, me decía: – “Juan Carlos, recuerde que usted debe ser y hacer la diferencia, para ser excelente”.

Ahora se que, yo creo la diferencia, porque yo soy la diferencia y amo ser diferente; porque buscar lo normal es un indicador de mediocridad.

Por lo tanto, yo creo que, ser y hacer la diferencia, buscando la calidad… es la meta en el sagrado arte de vivir.

Amar lo que se hace

Yo creo que se nota la diferencia cuando se ama lo que se hace. Y digo esto porque es evidente en cada uno de los ciudadanos a quienes nos encontramos en la calle o en las oficinas públicas o privadas, en los restaurantes y en cada lugar donde se realice una profesión y oficio que implique servicio al cliente. Se percibe claramente quien ama lo que hace y quien ejecuta esa labor porque le toca o es su obligación.

Benditos aquellos que tienen la fortuna de realizar labores remuneradas o no, que les produce placer o bienestar. Algo así como que reciben paga por hacer lo que más les gusta.

Así mismo encontramos personas desarrollando actividades  por deber o bajo la presión de las circunstancias económicas u ocupacionales. Esas personas sufren y hacen sufrir a los demás por la manera como laboran.

El secreto está en disfrutar lo que se hace y sacarle el mejor provecho personal y profesional, aprendiendo cada día de la labor que se realiza y dando ejemplo y testimonio de vida realizada.

Pero aquellos que se quejan todo el día de su trabajo, critican a sus compañeros y la emprenden contra el jefe o el patrón, contagian y contaminan de pesimismo y derrota, cada espacio y grupo de personas con quienes tienen contacto.

Sentido de pertenencia con lo que se hace y con la empresa, que nos da la oportunidad de ganar un salario; ver en cada persona, el cliente que va a pagar el estudio y la alimentación de los hijos y permite el ahorro para el mañana, configura el estilo de vida de quien agradece la labor y la terapia ocupacional que hoy tiene.

Por humilde o sencilla que sea nuestra labor o por importante y destacada que sea, es importante agradecer…y sobre todo ver en el otro un cliente potencial para incrementar nuestros ingresos, nuestra experiencia y nuestro crecimiento personal.

Amar lo que se hace y hacer sólo lo que se ama, he ahí la propuesta… ¡sin excusas!

Acariciar con las palabras…

water-1988279_960_720Yo creo que las palabras matan, así como tienen el poder de dar vida…Mi propuesta es que aprendamos a acariciar con las palabras, no sólo las verbales, sino también, las gestuales y corporales.

Las palabras tienen un enorme poder. Tanto así que, con palabras terapéuticas es posible sanar a una persona, en tanto que con palabras agresivas, insultantes o mal intencionadas podemos lastimar, herir y sugestionar negativamente a los seres con quienes vivimos y/o trabajamos.

De otro lado, se ha comprobado el importante papel que juega la sugestión en nuestras propias vidas al lograr procesos de curación a partir de expresiones positivas expresadas por el propio enfermo, sus familiares o amigos más cercanos.

Las palabras y expresiones de un jefe pueden ser mortales para sus colaboradores si se expresan en momentos emotivos sin que medie la razón o el entendimiento.

Continuar leyendo