Joven centenario

Yo creo que cuando se cumplen cien años de vida…el respeto y la reverencia son obligatorios. Y en este caso en particular me refiero a toda una vida dedicada a la información y a la comunicación social. Si embargo también percibo que cien años son muy pocos para la labor por desempeñar. Por ejemplo, en mi condición humana, lentamente me estoy acercando al medio siglo y me siento muy joven e inexperto en relación con la vida por vivir. Por ello me refiero a El Colombiano como un joven centenario, que está iniciando un largo recorrido.

También es cierto que en cien años, son muchos los acontecimientos locales y mundiales por reportar así como los hechos por venir. Entonces es necesario reinventarse cada día para poder responder a las nuevas generaciones y a sus nuevas tecnologías y de esta forma seguir a la vanguardia formativa e informativa.

En este primer centenario de trabajo, la maestría se impone y por lo tanto todos sus lectores encontramos en El Colombiano el referente informativo con la seriedad que caracteriza sus contenidos.

Que estos cien años sean el estímulo para evaluar lo cosechado y en esta condición lograr que cada día sea una preparación para los desafíos del futuro.

Felicitaciones para todo el equipo de El Colombiano y para el diario leer de los antioqueños.

Educar es preparar hijos para el futuro

Yo creo que educar es preparar hijos para el futuro. Y como padres, nuestro sagrado encargo, es acompañarlos hasta que estén en capacidad de seguir su propio camino. Mientras tanto nos preguntamos ¿cómo hacer ese acompañamiento en los tiempos actuales, si definitivamente no estamos preparados?

Sospecho que el secreto está en el manejo de la autoridad desde la ternura.

Algunos papás, a partir del temor, dirigen a sus hijos, desde los gritos y la violencia, sin pensar que precisamente esa actitud, muestra el propio pánico de los padres.

Además, siento obligatorio, el conocimiento de cómo son los jóvenes en la postmodernidad, pues obviamente,  son muy diferentes a la juventud que nosotros vivimos. Por lo tanto es un error decir: ” hijo, yo a tu edad…”, porque los signos de los tiempos han cambiado. 

Tenemos miedo de equivocarnos. Tenemos miedo de no ser buenos papás.  Realmente no existen buenos o malos padres, más bien existen hombres y mujeres quienes desde el amor, buscan formar hombres y mujeres de bien para el mañana, pero debemos reconocer, con humildad que nos falta mucho por hacer como constructores del futuro.