Ser inteligente o creativo… ¿qué es mejor?

Los árboles de GaudíYo creo que mi creatividad se incrementa cuando enfrento la adversidad.

En varias ocasiones me he preguntado si es más importante ser inteligente o creativo y si ambas posibilidades humanas, van de la mano.

Aún me ronda la cabeza el descubrir cómo se gesta la creatividad.

Hace muchos años atrás, para optar el título como psicólogo, presenté una tesis sobre el origen y desarrollo de la creatividad en los seres humanos. En su momento, los descubrimientos y hallazgos que obtuve en mis pesquisas fueron sorprendentes pues me encontré con que las personas cuando no alcanzan un nivel intelectual alto entonces desarrollan su creatividad divergente, en tanto los intelectuales super cultivados, trabajaban con la lógica convergente.

Esto quiere decir que cuando no se tiene la cuadrícula del intelecto, se es libre para jugar con goce en el campo de todas las posibilidades. Porque para quien no maneja el paradigma intelectual, todo es posible, porque crea desde el cerebro emocional y, además, porque no necesita responder a las expectativas de los demás.

Precisamente hoy y a propósito del tema de la creatividad, me encuentro en Barcelona visitando la Sagrada Familia, del arquitecto Antoni Gaudí.

Ya desde afuera es impactante… porque mi alma se sobrecoge al contemplar la obra inconclusa de un hombre sobrenatural que dedicó su vida a sus cuatro pasiones: la arquitectura, la naturaleza, la devoción religiosa y su amor a Cataluña.

La Sagrada FamiliaLa increíble obra de Gaudí, la disfruto porque su genio creativo se manifestó más allá de lo posible, rompiendo el paradigma de la arquitectura.

Gaudí desde niño padeció de reumatismo, lo que hizo que desarrollara un carácter retraído y reservado.

Cursó arquitectura en la Escuela de la Lonja y en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde se graduó en 1878. Sin embargo, su rendimiento académico fue regular. Decían sus profesores que Gaudí se preocupaba más de sus propios intereses que de las asignaturas de la carrera.

Este es GaudiCuentan que el director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, al momento de entregarle el diploma dijo: – “Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá”-.​

Gaudí, tenía un sentido del humor, bastante irónico. Para pagarse la carrera, trabajó como delineante para diversos arquitectos y constructores, por lo que, al recibir el título, comentó a su amigo el escultor Llorenç Matamala: – “Llorenç, dicen que ya soy arquitecto”-.

Debido a su capacidad creativa y análisis deductivo, Gaudí construía sus edificios de una manera integral, brindando al mismo tiempo soluciones estructurales, funcionales y decorativas.

Gaudí pocas veces realizaba planos detallados de sus obras; prefería trabajarlas directamente sobre maquetas tridimensionales, moldeando todos los detalles según los iba construyendo en su mente. En otras ocasiones, iba improvisando sobre la marcha, dando instrucciones a sus colaboradores sobre lo que debían hacer.

Yo creo que cuando veo la obra de Gaudí quedo extasiado al observar en tres dimensiones el poder de la mente creativa, que activada por la adversidad y tal vez por un intermedio desempeño académico e intelectual, es capaz de plasmar todo su talento en este caso, a través del arte arquitectónico.

Las ventajas de hacerme el loco.

sunflower-846995_960_720Yo creo que cuando me conviene, me hago el loco, el de las gafas.

El día que descubrí las posibilidades del  psiquiatra, del neurólogo y del psicólogo, decidí que estudiaría la conducta humana, empezando por la mía.

No soy, ni estoy loco; pero me hago el loco, cada vez que las situaciones se presentan tan abrumadoras, que prefiero la “sonrisa epistemológica”, al llanto desconsolado de la impotencia.

Se que hay momentos, eventos y circunstancias que no puedo controlar, y aunque lo intento, también descubro que es más loco, pretender el control de todo.

Hace mucho rato que no veía un orate en la calle. Fue un momento muy impresionante, porque sus gestos, expresiones y palabrotas lograron nuevamente impactarme.

Con la capacidad mágica del recuerdo, me transporté a mi barrio, donde era común toparse con ellos en la calle. Andaban sueltos, sin bañarse, despeinados y desvestidos o cubiertos con andrajos. Entonces alguien llamaba a la policía y al rato, los recogían en medio de gritos impresionantes y manotazos al aire.

También teníamos un vecino que le decían el loco. Mi mamá nos pedía que no habláramos con él. Su locura consistía en consumir sustancias psicoactivas, hablar incoherencias, perder la conexión con el presente y dar malos ejemplos a los jóvenes del barrio.

Y más tarde en la universidad, conocí profesores locos, quienes, a través de sus discursos, invitaban a experimentar una vida que se salía de toda inocencia, a pesar del presupuesto moral que traíamos del colegio.

Hay locos felices… me gusta ser uno de ellos. Cuando estoy frente a la adversidad, se que soy resiliente y que todo pasa, porque tiene que pasar y es bueno que pase, para mi aprendizaje. Al fin y al cabo, hay que gozarse la vida, para que ella no se lo goce a uno.

Como también existen locos soñadores, que esperan que la contaminación cese, que los compatriotas tomemos conciencia del valor de la paz y que el universo no sea gobernado por el dinero.

Locos espirituales que meditan, comen sano, y hacen ejercicio todos los días, para morirse de todas maneras a consecuencia, por ejemplo, de un accidente, a temprana edad y cuando nadie lo pronostica, por su estilo de vida saludable.

Por todos lados encontramos locos enamorados de su pareja, sus familias, sus hijos, y sus amigos, con la esperanza de abrazarse y darse apoyo en los momentos difíciles.

Así como aquellos locos que creen que todo se compra con dinero.

También encontramos locos hermosos, que pintan, escriben, componen canciones, esculpen, trabajan la tierra, y aportan su grano de arena a la utopía de un mundo mejor.

Y locos que tiranizan a otros, impulsados por su sed de poder, y que creen que la estrategia está en la fuerza y terminan solos, porque quienes le rodean, no los respetan, sino que les temen.

Como la “locura” puede ser una opción, tengo la certeza de que de “músico, poeta y loco tengo un poco”, como dice la expresión popular y que a veces me aprovecho de eso para evadir la realidad.

Me pregunto entonces: ¿Lo cuerdo es hacerse el loco, o lo loco es jugar a la cordura?

Pienso que ya es de locos vivir en un planeta donde lo más importante es aparentar éxito económico, belleza física, fama y prestigio y lograr que el celular no se quede sin batería, o que a donde vaya, pueda conectarme a la red inalámbrica, para subir la foto a la egoteca.

Yo creo que no puedo hacerme el loco cuando se trata de darle sentido a mi existencia a partir del encuentro con el otro, para abrazarlo y disfrutar del sagrado arte de conversar en vivo y en directo, mientras disfruto la cálida compañía de los seres que amo.