Centrado en el ahora.

salad-742569_960_720Yo creo que estar centrado en el ahora, es la clave fundamental para aquietar la mente.

Centrarse en el ahora, se logra realizando actividades cotidianas como, por ejemplo, comer.

En la familia y a través de la madre, aprendemos a consumir alimentos. Para los niños y sus padres, sentarse a la mesa puede ser el momento más sublime, o el más angustiante, debido a que los regaños, las amenazas, los castigos y los malos momentos, son los ingredientes que sazonan la cena familiar.

En contraste con otras familias que viven momentos de alegría, placer y deleite al comer deliciosos platos, preparados con amor. Además, porque al momento de compartirlos, lo hacen con generosidad y sin angustia, sin temor, y sin estrés.

Una madre ansiosa, al servir los alimentos, salpimienta las viandas con sus propias preocupaciones; pues está más pendiente de la disciplina y de la compostura en la mesa, que interesada en el valor nutritivo que se gana al compartir en familia y de manera feliz, el pan de cada día.

De otro lado cuando se come en familia, podemos aprender de la convivencia y de la importancia de los significados de la mesa servida.

De las experiencias más gratas que tengo, cuando era pequeño, recuerdo la de estar almorzando con la abuelita Carlina. Comía de una manera tal, que me abría el apetito. Ella saboreaba cada alimento, pues se regalaba el tiempo necesario para disfrutar lo que comía. A juzgar por su cara, cada sabor la transportaba a un mundo de placer infinito, dado que, hasta un tinto era celebrado, lenta y pausadamente. Como niño pretendía que me sirvieran lo mismo que estaba almorzando mi abuelita, para luego, desde mi asombro infantil, darme cuenta de que, era el mismo plato, el que tenía frente a mí.

Hoy descubro que mi abuela Carlina, meditaba, mientras comía. Se concentraba tanto en lo que estaba haciendo, que indefectiblemente estaba conectada, con el aquí y ahora del acto de comer.

Se me ocurre, tomando la experiencia meditativa de mi abuela, que puedo elaborar un manual para comer, centrado en el aquí y ahora.

Antes de comer cierro los ojos durante dos minutos. Elevo mi agradecimiento al Universo por mi vida, por la comida que voy a ingerir y por las personas y plantas que han participado en el proceso de cocción y de esta forma creo un ambiente de tranquilidad y serenidad.

Contemplo la comida que hay en mi plato. Observo su aspecto, sus colores, sus aromas, la manera como los alimentos están servidos.

Comienzo por comer de manera consciente, para darme cuenta de cómo uso los cubiertos. Entonces observo cómo mi mano corta pequeños trozos y toma alimentos con el tenedor; luego me doy cuenta de cómo sumerge la cuchara en la sopa y cómo mi brazo se mueve para llevarla a la boca.

A continuación, presto atención a la manera cómo muerdo; soy consciente del trabajo de mis dientes y de los movimientos de la mandíbula inferior. Me percato del trabajo que hace la lengua, al detectar temperatura, sabores y texturas, en complicidad con la saliva, para conservar en mi memoria, el recuerdo de cada bocado.

Al consumir los alimentos, soy consciente del descenso por la garganta y el esófago hasta llegar al estómago.

Me libero de todo tipo de juicio debido a los pensamientos, evaluaciones, comparaciones y sentimientos que construyo en relación con lo que estoy comiendo.

Me limito a observar y observarme disfrutando el placer de comer.

Finalmente me tomo un momento para sentir mi cuerpo y él me dice si he tenido suficiente, si estoy saciado, entonces dejo de comer, para con absoluta conciencia, levantarme de la mesa.

Yo creo que, en el acto de comer, puedo meditar, porque estoy centrado en el ahora.

Los regalos del universo

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Yo creo que el universo me regala sus dones, pero a veces no estoy preparado para verlos.

Recuerdo que mi vida ha estado llena de regalos de felicidad, como la vez que me encontraba en la casa de mi mamá, un domingo, en una reunión familiar. En esa época, ella vivía en un segundo piso, pues siempre adoró la idea de tener un balcón para sentarse allí, y sentir la frescura del aire y de esta forma tener la sensación de libertad y de poder, al mirar a las personas, sin ser observada. Continuar leyendo

Con olor a mamá

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Yo creo que el lugar más encantador de la casa materna es la cocina. Allí las tertulias, tienen el calor de la intimidad de la familia, que se van cocinando con los olores típicos de la sazón de la mamá. Continuar leyendo

¿A quién quieres más?

Yo creo que a propósito de la celebracion de los días del padre y de la madre, en los hijos se genera una competencia por agradar a sus progenitores en estas fechas especiales. Pero lo más curioso, es encontrar esa misma competencia entre los padres por obtener el amor de los hijos. Y con frecuencia escuchamos su angustia cuando le preguntan al niño a quien de los dos quieren más: ¿si a la mamá o al papá?

Esto, de alguna manera, demuestra la inseguridad misma en la relación que se establece con los hijos, pues no se trata de ganarse el amor de ellos, sino más bien, llenarlos de nuestro amor… por supuesto sin esperar que ello signifique que uno de los dos, padre o madre salgan ganadores.

También deja ver, la aparente rivalidad por medio de la cual, se pretende demostrar cuál de los padres es el mejor, por el tipo de afiliación, nexo o cercanía con el niño, desconociendo que el amor es fluctuante y que va mutando dependiendo de la edad y de las necesidades que tiene el menor. Es decir, habrá momentos en donde la madre se hace indispensable y otros donde el papá es el protagonista.

Así, no tiene sentido hacer la pregunta, además porque el niño siente culpa, primero, porque no tiene respuesta y segundo, porque no quiere defraudar a ninguno de los dos,menos generar polémica familiar. De otro lado los amores que se sienten son muy distintos y cada uno, padre o madre cumplen una función diferente en relación con el niño.

Entonces, sería bueno no hacer esta pregunta y más bien dedicarnos a nuestra labor de padres sin esperar reconocimiento y mucho menos “pagos” afectivos por parte de nuestros hijos. Pues las consecuencias psicológicas y emocionales pueden ser fuente de angustias, si se utilizan estos tipos de “chantajes emocionales”.

Si ya ha ocurrido y quiere enmendar el error, entonces abrace a su hijo y simplemente reitere que lo más importante es el amor que usted siente por él o por ella y que nada en el mundo hará cambiar ese sentimiento. Y enseñe que el amor que se siente por el padre, es diferente del amor que se siente por la madre y que cada amor es importante, profundo y verdadero y que se puede querer a ambos sin ninguna preferencia y que a futuro no se va volver a repetir la pregunta porque ambos papás, están seguros del amor que el niño siente por sus padres.

La ley del padre

baby-22194__340Yo creo que es muy importante la “ley del padre”. Y esto cobra fuerza debido a la ausencia del mismo, en virtud a la cultura en la que vivimos, donde el madre-solterismo está a la vuelta de la esquina y no solo debido al abandono físico y real de los papás, sino a la ausencia, en algunos casos, de los padres en el proceso formativo y educativo de los niños, porque sus ocupaciones, deberes y compromisos, los alejan de la función paterna.

La presencia efectiva y viva del padre, educa y por lo tanto forma en el uso de la autoridad.

El padre ya sea biológico o no, (pues para la psicología padre es aquel quien cumple la función de cuidado, alimentación educación y acompañamiento afectivo de un niño) tiene la tarea de encarnar y representar la ley, el orden y la norma para el niño. Es él quien lo introduce en el mundo de lo social y le enseña cómo hacer parte de ese grupo. Entonces el comportamiento, la conducta y los límites en lo social, tienen su representante válido en la figura del padre.

Es a la madre a quien corresponde darle su lugar al padre. Es precisamente la madre quien autoriza o desautoriza la palabra del padre. Entonces, descrito así el panorama, vamos entendiendo el cómo y el porqué de muchas conductas sociales des-adaptadas donde no hay respeto por la norma o los límites.

Si el padre es el representante de la ley, ¿dónde están los padres?

Ahora que se aproxima la celebración de este día clásico, rindamos un homenaje a los verdaderos padres. A aquellos que han asumido el reto y se han hecho presentes en la educación de sus hijos. Hombres que con amor y disciplina han asumido el papel maravilloso de formar nuevas generaciones de ciudadanos, respetuosos de los principios y valores del buen vivir.

Hombres que con su inteligencia emocional han sabido acompañar el proceso evolutivo de sus hijos biológicos, adoptivos y ocasionales que la vida les regala y les encarga.

Y hombres que con su ejemplo generoso, han asumido papeles casi de mamás, porque la viudez, la separación o las circunstancias así lo han dictaminado.

Así como yo creo que le debo rendir también, un homenaje a mi padre, quien de manera inteligente supo conducirme por el camino de la ciencia de la argumentación y la lectura. De quien heredé sus dotes de orador, contertulio y ameno contradictor. Así como el gusto por las bellas artes en todas sus expresiones, teatro, poesía, música, cine, pintura y escultura.

A mi padre, el agradecimiento por enseñarme a disfrutar de la vida y sobre todo por desarrollar en mí la capacidad para leer la conducta humana; esperando, dentro del campo de todas las posibilidades, cualquier comportamiento, pues siempre ha dicho que: “todo es posible, si viene de un ser humano”

Por bajarme el cielo y mostrarte el sagrado arte de vivir. Por apoyarme, valorarme y respetarme…Y por traerme a la tierra, como una forma de perpetuarse y no morir. Por todo ello y más: ¡Gracias papá!