El movimiento de la inmovilidad.

pexels-photo-92870Yo creo que es tiempo para aprovechar los momentos de ocio que me regala esta cuarentena, y meditar un Koan.

Cuentan que hace mucho tiempo, había un monje llamado Yao Shan discípulo durante tres años del maestro Ma Tsu, quien enseñaba Ch’an, que es el nombre que recibe el Zen en China.

Un día el maestro lo probó preguntándole:

¿Qué has logrado a través de la mente?

Maestro -respondió el monje-, he comprendido que sólo existe la Verdad.

Entonces Ma Tsu dijo: – me doy cuenta, de que no necesitas estudiar más-.

Y continuó el maestro, -como tu mente se ha unificado, a partir de este momento, necesitas entrar en acción, por lo tanto puedes ir a la montaña para convertirte en maestro en un templo-.

El discípulo protestó, -Maestro, no vez que soy un simple monje… no me atrevo-.

Escucha, le animó Ma Tsu, -no hay movimiento sin inmovilidad para siempre; no existe la inmovilidad eterna sin movimiento-.

Si luchas para obtener la ventaja, debes ser guiado por la desventaja. Entonces al actuar necesitas aceptar la inacción.

Por lo tanto, imagina que eres un barco grande y duradero, que va de una orilla a otra llevando gente y que nunca alcanza un puesto permanente.

Al intentar explicar este Koan encuentro que el “movimiento sin inmovilidad” no tiene sentido por si mismo, porque es muy importante la quietud de la acción y de la mente, para poder observar, desde la serenidad, la existencia de todo y de esta forma descubrir la verdadera naturaleza del ser.

Y de otro lado “la inmovilidad sin movimiento” es el resultado de no aprovechar las capacidades de la naturaleza; pues en el fondo muchas potencialidades humanas no están totalmente empleadas y menos aún si me quedo quieto.

Aquí la verdadera iluminación se fundamenta en la búsqueda de la ventaja dónde se encuentra la desventaja.

A veces lo más recomendable es quedarme quieto; algo así como actuar a través de la no acción, porque, es preferible quedarme observando, en vez de actuar de manera desesperada.

Yo creo que este aislamiento voluntario, me está ayudando a comprender la sabiduría de la inmovilidad, al observar la esencia del movimiento.

Porque si comprendo la esencia del movimiento, puedo alcanzar el entendimiento de la inmovilidad, como elemento preparatorio para continuar la marcha, ahora que tengo la esperanza de que esta cuarentena, en algún momento termina y debo salir a enfrentar lo que viene.

 

La cuarentena obligatoria y voluntaria.

pexels-photo-3952248Yo creo que esta cuarentena es un tiempo maravilloso para hacer un alto en el camino y tomar conciencia de la fragilidad de la vida.

En este mes, todo ha sido atípico. Mas allá del efecto negativo sobre la salud y la economía, las circunstancias me han obligado a detener la marcha.

Percibo distinto todo, al estar en cuarentena de manera obligatoria y voluntaria. No son vacaciones, pero tampoco he trabajado normalmente. Me ha quedado demasiado tiempo para mí. Debo aceptar que no estaba preparado para este alto tan prolongado. Me asusta la inactividad, comentario importante viniendo de un tipo tan “ocupado” como yo.

Al estar en casa, todo el tiempo, si me descuido, podría entrar fácilmente en conflicto intrafamiliar. Tampoco hubo preparación para la convivencia permanente. Ahí es cuando tomo conciencia de la importancia de tener, de vez en cuando, espacios para la soledad.

Observo a mis allegados haciendo sus respectivos teletrabajos, y certifico que al menos la pasamos entretenidos. Pero llega un momento en que en la casa se respira un aire tenso, ya por la preocupación en torno a la salud, al desabastecimiento, a la situación económica. Y por qué no, frente a la pregunta sobre nosotros mismos como familia, como pareja.

Siento que la muerte puede llegar en cualquier momento. Certeza que se incrementa al observar a los miembros mayores de la familia. Si bien es cierto, es un paso natural, dada su edad, nunca sospeché que fuera a consecuencia de una pandemia. Ni con ayuda de las películas más catastróficas sobre el futuro, se me pasó por la mente que eso pudiera ocurrir de verdad.

El tiempo pasa lento. La ciudad cada vez se observa más y más sola. Sin la alegría, el ruido, el estrés y las carreras de los que la transitan para trabajar, estudiar o hacer turismo y relaciones sociales en los lugares públicos.

Entiendo que el universo quiere decirme cosas muy importantes relacionadas con la inestabilidad de la economía, con mi estilo de vida, con la manera como me siento útil mientras produzco dinero, con la fragilidad de mi cuerpo, con la importancia de abrazar, besar, compartir con otros, socializar, intimar, festejar, pasear, viajar, conocer regiones del mundo, hacer negocios y discutir asuntos importantes que requieren la participación de varias personas al mismo tiempo y en el mismo lugar y que por ahora están suspendidas.

Por el oficio que profeso, cada actividad que realizo requiere contacto humano y masivo. Todo se ha cancelado, de manera presencial. No clases, no conferencias ni talleres, no consulta. La prevención del contagio así lo manda. Queda el recurso de la virtualidad, pero es tan frío y distante, que me cuesta adaptarme a ello.

Nunca he entendido como funcionan las relaciones a través de un video. Para mí, parte de la magia consiste en bailar muy cerca, para sentir el calor, el aroma, y la deliciosa proximidad que produce el hablar al oído mientras me estremece la acelerada respiración de mi pareja.

Es tiempo de conciencia universal. Es tiempo de cambio en los hábitos y costumbres. Es tiempo de austeridad y de encuentro familiar para replantear el rumbo del proyecto de vida y hacerlo más amigable con la naturaleza y hacerme más consciente de la responsabilidad que tengo con los demás.

En esta cuarentena obligatoriamente voluntaria…si yo me cuido…te cuido. 

Este tiempo de aislamiento me regala la maravillosa oportunidad de orar y meditar.

Sé que el costo que voy a pagar por este renacer es alto, pero los rendimientos y las ganancias serán proporcionales a la inversión realizada.

Todo beneficio, requiere de un sacrificio, y creo que cosas muy buenas están por venir.

¿Confiar o no confiar?…ese es el dilema.

robin-2103461_960_720Yo creo que observar en silencio es una experiencia maravillosa.

Me gusta detenerme a mirar el comportamiento de la naturaleza, pues para mí, es casi un acto meditativo.

Hace poco, descansando en una finca hotel, en el sector del eje cafetero colombiano, ese día en particular, disfruté mucho el estar acostado en la hamaca y observar el movimiento de un pájaro que, gracias a mi silencio y quietud, se acercaba sin temor.

Iba y venía repetidamente, portando en su pico pedazos de paja para construir un nido. El lugar era estratégico, había elegido la parte alta del techo de la finca, donde se forma un ángulo de noventa grados y entonces sobre la viga, construía como el mejor arquitecto.

Lo seguí con la mirada durante un buen rato, sobre todo para identificar de dónde sacaba la materia prima para su obra. Por un momento, se detuvo en una rama muy débil, la cual se partió por el peso de su propio cuerpo. Sin embargo, el pájaro extendió sus alas y sorteó fácilmente el impase, al salir volando. En ese instante, tuve una iluminación poderosa. Pensé -el problema no está en dónde se para, sino en la confianza que tiene en sus alas-.

Es un tema de confianza. El secreto no está en lo que hago, sino en lo que me permito hacer; porque sé que puedo hacerlo, desde mis propias capacidades. Y para creer en mis capacidades, debo hacerlo obra, es decir, darme cuenta de que sí puedo hacerlo. La ecuación no puede ser: primero creo en mí para hacer algo; más bien, la fórmula es, hago algo y cuando veo el resultado…creo en mí.

Lo asemejo a ese cuento del dragón que cojea, quien se encuentra con un ciempiés y al verle tantas patas le pregunta: -Cómo haces para manejar esa cantidad de pies? pues al menos yo, tengo muchos problemas para controlar esta sola pata que me queda-.

La verdad, responde el ciempiés, -yo no las manejo, ni las controlo…eso sí, confío en que se van a mover, cuando lo deseo-.

Si lo analizo desde otra perspectiva, la confianza se fortalece cuando no tengo a nadie en quien confiar, salvo en mí mismo. La presencia permanente del maestro dificulta la maestría del alumno. El maestro se debe ir, para que el discípulo pueda ver.

Narran que hace mucho tiempo, los alumnos en un áshram estaban muy angustiados por la futura muerte de su maestro. Le preguntaron en su lecho de muerte: -Dices que, si no te vas, no veremos-.

¿Qué es aquello que no somos capaces de ver, mientras tú estás entre nosotros? Y ¿Qué es lo que vamos a ver cuándo te hayas ido? -.

El maestro respondió: -Todo lo que he hecho ha sido sentarme en la orilla del río y darles agua. Cuando me vaya, espero que puedan ver el río-.

No es un asunto de controlar desde el miedo, es un tema de desear y creer.

Yo creo que, cuando confío en mi potencial, puedo lograr grandes cosas.

 

El tiempo de todo…en su momento.

michoacan-2207313_960_720Yo creo que es importante descansar. Todo tiene su tiempo y cada cosa llega en su momento.
Detener la actividad es básico para darse cuenta y hacerse cargo. Tomar una pausa, permite la conciencia necesaria para reorientar y/o confirmar si la ruta que llevamos nos permite estar alineados con el universo. Continuar leyendo

Un alto en el camino

Yo creo que de vez en cuando es necesario hacer un alto en el camino para descansar y si es posible, también para meditar.

Sin embargo, en tiempo de vacaciones sacamos pocos momentos para la reflexión y el análisis; pues nos dedicamos a las actividades frenéticas y comerciales de comprar regalos y elementos para las fiestas de fin de año. O nos sumergimos en el mundo placentero y corporal de la alimentación lipídica, aumentando así los niveles de colesterol con el firme propósito, pero culposo, de retornarlos a sus medidas normales; además de ingerir bebidas embriagantes, de manera obsesiva, como si se sospechara que los manantiales de alcohol se fueran a agotar en corto tiempo; dejando de lado la importancia de hallar en las vacaciones, un descanso para el cuerpo y una maravillosa oportunidad para encontrarse consigo mismo.

Entonces para  muchos, este “tiempo de descanso”, se convierte en una maratón física y emocional, obteniendo como resultado un cansancio mayor y la solicitud expresa del cuerpo, de unas vacaciones urgentes, para descansar de las mismas vacaciones.

De otro lado, la vacancia y el tiempo libre, también deben planearse, más aún cuando se realizan en familia, dado que es importante darles gusto a todos y cada uno de los miembros de la misma, debido a que por sus diferentes edades, tienen expectativas distintas.

Así planteado, el objetivo del descanso de las actividades académicas y laborales se ve alterado por la avalancha de ruido, merced a las detonaciones y a la música característica y los abusos de quienes pasados de licor, pretenden que los demás soporten sus eufóricas manifestaciones etílicas, ofendidos porque no les seguimos el ritmo.

Yo creo que festejar es importante y que agradecer por un año de trabajos y alegrías, consecuencia de los logros cumplidos, es bueno… pero es importante reconocer, que también como todo, tiene un límite.

Es fundamental, darle tiempo y espacio a la reflexión, a la calma y a la meditación para hacer un alto en el camino y evaluar de una manera juiciosa, a guisa de balance, qué se logró durante el año y qué correctivos son necesarios, para el que comienza.

Los excesos en gastos de tipo económico y los abusos en materia de alimentos y bebidas, pueden ser manejados y controlados, para realmente darle un descanso al bolsillo, que grandes compromisos tiene, a partir de enero.

O será que toda esta parafernalia navideña, es una máscara desesperada, que busca anestesiar nuestros dolores y sufrimientos; procurando por unos días en medio de bailes, piscinas, fincas y asados, inducir una amnesia, para hacernos creer en paraísos ficticios.

Decía Cicerón: “…ni aún deseándolo o ansiándolo se nos ha dado el poder de gozar de tiempo libre…” y siguiendo su pensamiento, yo creo que tenemos problemas en la administración no sólo del tiempo, sino del dinero.

Que entonces, en estas vacaciones por un momento, hagamos un alto en el camino, para reflexionar, hacer la pausa y encontrarle sentido al descanso.

Toma tiempo para descansar y meditar

Yo creo que es importante tomar tiempo para                                                        descansar y meditar

Yo creo que es fundamental, tomar tempo para uno mismo.

Te invito a que hagas este ejercicio. Busca un sitio que sea íntimo y muy tranquilo, que esté protegido de distracciones.

Respira lentamente, procura que nada aprisione tu cuerpo, suelta tu ropa y descansa.

Toma aire profundamente por la nariz y luego lo expulsas por la boca, muy lento, muy despacio.

Este ejercicio se podría llamar “un alto en el camino”. Es muy importante que seas honesto contigo mismo.

Imagina que tienes el poder de detener tu vida hoy, aquí mismo.

Revisa entonces que “cosas” has amado en la vida….”cosas”… no personas.

Qué te has dado el permiso de saborear, contemplar, oler, ver, tocar, escuchar, sentir.

Repasa un poco qué experiencias complicadas y difíciles has vivido y qué personas te han ayudado a liberarte.

Qué “programaciones” has dejado atrás.

Piensa por un momento, con qué creencias y convicciones has caminado.

Cuáles han sido tus ideales hasta el momento.

Qué es para tí, el amor, la justicia, el equilibrio, la paz.

Piensa y siente, qué riesgos has corrido y en qué peligros te has metido, porque tú los has buscado.

Piensa, qué experiencias dolorosas o que te hayan hecho sufrir, también te han ayudado a crecer como persona.

Ahora piensa y siente, de qué te culpabilizas o te hace sentir, que no has cumplido.

Siente y piensa qué metas has alcanzado y qué deseos no has logrado satisfacer.

Piensa y siente, a qué le tienes miedo.

Luego de un rato de meditación y reflexión, has un buen propósito de cambio e inicia el proceso de reconciliación contigo mismo…porque creo que siempre hay amanecer, existe la esperanza de que podemos volver a comenzar

La importancia del silencio

woman-2915271_960_720Yo creo que el silencio es muy importante. Además lo considero obligatorio para meditar. Lo difícil es, vencer el parloteo mental. Eliminar, por así decirlo, esos pensamientos parásitos que nos rondan cada vez que intentamos encontrarnos en el silencio.

En una cultura como la nuestra, donde no hay espacio para el vacío, le tenemos miedo al silencio; entonces la soledad del habitáculo que llamamos hogar, léase un pequeño apartamento, se llena de fantasmas acuciantes y encendemos la radio y la televisión y conectamos el computador y hasta el dispositivo de música y todo aquello que haga ruido, para no sentirnos tan solos y evitar el encuentro con nosotros mismos.

Le tenemos miedo al silencio porque nos conecta con nuestra interioridad. El silencio nos obliga a reflexionar, a escuchar lo que no queremos oír, a confrontarnos con nuestros propios fantasmas o como diría Jung, con nuestra sombra.

En el silencio podemos ser creativos gracias al vacío fértil. Sin embargo nos recuerda la muerte como significación del silencio absoluto.

Y qué angustia no escuchar nada. No sentir que a nuestro alrededor, se mueve el alboroto de los semejantes.

El silencio también nos permite escuchar la naturaleza de las cosas y de la vida, por ejemplo en un día de campo.

Y finalmente nos ayuda a escuchar la palabra del otro cuando tiene algo para compartir. Pues, hacer silencio es un acto de respeto y un ejercicio valiente cuando se trata de controlarnos, para no soltar la ira acumulada o la opinión inoportuna e impertinente.

Y es un acto terapéutico porque sana al escuchado, quien se siente acogido.

En definitiva, el silencio es importante, porque nos ayuda a examinar y comprender nuestros sentimientos, para crecer en sabiduría.

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