Desestresándome

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Yo creo que más allá de la práctica de un conjunto de técnicas y estrategias para manejar y controlar el estrés, es importante reconocer los elementos componentes de dicho proceso, para saber a qué nos estamos enfrentando, debido a que muchos de nuestros procesos estresores se deben a la manera como vivimos…es decir a nuestro estilo de vida. Continuar leyendo

Soy el pintor, frente al lienzo en blanco de mi propia vida

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Yo creo que soy responsable de las experiencias que vivo. Y que lo que pienso, imagino, sueño y deseo, son los materiales que van creando mi futuro.

Es por esto por lo que, como un pintor frente al lienzo en blanco de mi vida, voy dándole pinceladas a las condiciones dañinas del resentimiento, la crítica, la culpa y el desamor por mí mismo. Mi sufrimiento viene de la manera como pienso, sin embargo, como al fin y al cabo son pensamientos, los puedo cambiar, antes de que se conviertan en decretos. Continuar leyendo

La mente del mono

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Yo creo que focalizar el pensamiento es muy importante para el logro de la paz y la serenidad interior; sobre todo si nuestra mente salta de rama en rama, en el árbol del sufrimiento. La “mente del mono”, se caracteriza por pensamientos divagantes, que pueden canalizarse sí se practica la meditación. Continuar leyendo

Las limitaciones están en la mente.

buddhist-315297_960_720Yo creo que las limitaciones están en la mente. Y se, que el cambio es posible cuando aplico el conocimiento, en obras concretas que luego puedo verificar, medir, y evaluar. Continuar leyendo

Soy sabio cuando cambio.

statue-55570_960_720Yo creo que todo está sujeto al cambio.
He descubierto que todo cambia, y que eso quiere decir que también es lógico que yo cambie.
Y sé que negar el cambio, es imposible cuando veo de frente mi propio proceso de envejecimiento.
Un día me di cuenta de los cambios, cuando experimenté de cerca la enfermedad, la vejez y la muerte de los seres más querido y cercanos en mi vida. Así como cuando observé mis propias debilidades físicas, al confirmar que ya no podía hacer actividades como antes.
Fue allí mismo cuando desperté de la inconsciencia en relación con el sufrimiento, el dolor y la fragilidad de la vida misma. Y por supuesto la crisis existencial, que llega impregnada de sufrimiento.
Entonces aparecieron las preguntas importantes para poder comprender y explicar nuestro lugar en el mundo:
¿De qué se trata la vida?
¿Qué es vivir mejor?
¿A que hay que renunciar?
¿Qué necesito para lograr el autodescubrimiento?
¿Qué es lo permanente frente a lo no permanente que me ofrece la vanidad, el orgullo, y el ego?
¿De qué nos debemos liberar?
Definitivamente existen experiencias transformadoras como la muerte, que nos indican, que sí es posible iniciar cambios para darle sentido a nuestra existencia.
Nuestra mente determina nuevas experiencias. Modifica la manera como experimentamos el mundo. Por lo tanto, se trata de interrogar el funcionamiento interno de la mente. Para comprender como funciona y en consecuencia utilizar ese computador para diseñar un proyecto de vida pleno, amoroso, saludable, feliz, generoso, lleno de paz y armonía.
El mundo externo cambia y nosotros también cambiamos constantemente. Dicho esto, es pertinente a veces, cambiar de rumbo para ser congruentes con nuestro proyecto de felicidad.
Todo es transitorio. No hay un ser permanente en mi… sino alguien que continuamente cambia.
El ser permanente no es la solución… es más bien la raíz del problema, sobre todo cuando tenemos preocupaciones terrenales, que por lo mismo son transitorias.
El deseo, la ambición, el odio, la ignorancia son engañosas y no nos permiten ver las cosas como realmente son.
Cuando nos auto-conocemos logramos la auto-transformación. Y solo cuando desde la humildad aceptamos la posibilidad de nuestro cambio, para renacer, logramos vivir con sabiduría y compasión.

Mente de piedra.

waterlily-2787638_960_720Yo creo que es tiempo de vaciar la mente con la ayuda de un Koan.
Este se llama la mente de piedra y cuenta que Hogen, un maestro Zen chino, vivía solo en un pequeño templo en el campo. Un día, cuatro monjes peregrinos llegaron y le pidieron permiso para hacer un fuego en el patio para calentarse.
Mientras preparaban todo para dicho fuego, Hogen los escuchó cuando hablaban acerca de la subjetividad y la objetividad. Motivado por el tema se les unió con la siguiente pregunta: “Supongan que hay una piedra muy grande, ¿la considerarían fuera o dentro de su mente?”.
Uno de los monjes contesto: “Desde el punto de vista del budismo todo es una representación mental, por lo tanto, diría que está dentro de mi mente.”
“Debes de sentir tu cabeza muy pesada, observo el maestro Hogen, “si vas por ahí cargando con una piedra como esa en tu mente.”
He meditado sobre este Koan, y creo que el problema está en lo que pensamos y cómo lo pensamos.
He confirmado que el universo no premia el pensamiento. El universo premia la acción. Por más vueltas que le dé en mi cabeza, a un mismo asunto, si no lo realizo….es decir si no lo vuelvo “real…idad” …de nada me vale pensar, pues pensamiento y acción deben ir de la mano.
De otro lado, pensar estorba el proceso de sentir. Y hay momentos y circunstancias en la vida donde es más importante sensibilizarse que evaluar con lógica.
Sin embargo, no puedo desconocer la importancia de la cabeza fría para enfrentar ciertos eventos importantes en nuestra existencia.
Intuyo que la sabiduría consiste en eso. Lograr un maravilloso equilibrio entre pensamiento-sentimiento y acción para tener éxito en el sagrado arte de vivir.
Cargar con ciertos pensamientos, me produce angustia, depresión y enojo, y me sorprendo con esa curiosa correspondencia emocional. Es decir, mientras más pretendo manejar la situación desde la razón, más efectos siento en mi emoción. Y finalmente el cuerpo se encarga de representarlos con algún trastorno de tipo psicosomático.
Entonces el trabajo consiste en aligerar el equipaje de la mente, vaciándola de tantos prejuicios, creencias y falsas expectativas sobre todo en relación con los demás, y conmigo mismo para evitar frustraciones y malentendidos y conectarme desde el principio con mi sentimiento, con preguntas facilitadoras como: ¿realmente qué es lo que me molesta? ¿Realmente que me tiene tan enojado? Para luego descubrir, que no es el otro, sino mi expectativa del otro, lo que se ha vuelto un lío, muy pesado, en mi cabeza.
En resumen, he decidido a partir de hoy, sentir más la vida, que pensarla, porque de tanto pensarla… me he olvidado de vivir.

Ser paciente

Yo creo que es importante el cultivo de la paciencia, esta maravillosa virtud que puede ser educada con el paso del tiempo y que al entrenarla nos permite lograr metas y objetivos si sabemos esperar.

Sin embargo educar la mente y el cuerpo para la paciencia, no es tarea fácil, más aún cuando en esta contemporaneidad todo se hace rápido y sin conciencia.

El primer paso consiste en tomar conciencia de todo aquello que nos invita a ser impacientes. ¿Por qué tenemos tanta prisa? Si debido precisamente al afán, perdemos la capacidad de disfrutar de cada momento y nuestra carrera contra el reloj, solo consigue un resultado mediocre, sin calidad.

Luego, es importante identificar los factores y personas que nos hacen perder la paciencia, para preguntarnos: ¿por qué? Así, de una manera poderosa, la lista de circunstancias disparadoras de la ansiedad, nos va dando luz en torno a aquello que nos produce tensión y frustración por la manera inmediata en que queremos resultados instantáneos, sin darnos cuenta del valor fundamental del tiempo, para que cada proceso se dé en el momento adecuado.

De otro lado, es una buena estrategia determinar los patrones de pensamiento que nos acompañan al momento de perder la calma o la paciencia. Pues de esta forma re-estructurarmos la manera de pensar y conseguimos esquemas de pensamiento mas lógicos y aterrizados en relación con la realidad de esa situación en particular, que requiere tiempos de espera.

En resumen hasta aquí, el secreto está es ser y estar conscientes, en primer lugar de nuestro sentimiento frente a la paciencia y por esta vía, observar nuestras acciones y reacciones como resultado de la impaciencia, para en segundo lugar buscar objetivamente los eventos que la provocaron y así tomar cartas en el asunto.

La realidad nos dice que cada cosa toma su tiempo. Estar impaciente viene como resultado de querer que todo se haga en forma inmediata, sin otorgarle el tiempo necesario para que se produzca. La vida nos enseña que algunos procesos no deben apresurarse y que muchas cosas buenas de le vida, toman su tiempo y requieren de un proceso a veces lento y tedioso, y que la meta que deseamos alcanzar necesita trabajo en el tiempo. Porque saber esperar es obligatorio si se quiere ser exitoso en las relaciones con otros seres humanos, en los negocios o si se busca alcanzar metas de tipo económico.

Yo creo que mantenerse en contacto con el presente, aquí y ahora en la tarea que se está desarrollando, puede ser una herramienta muy útil para comenzar a desarrollar la paciencia. Esta focalización nos ayuda a desprendernos de la carrera contra el tiempo. Lo único que tenemos está aquí y ahora. Entonces, ¿para qué adelantarse a un futuro que no ha llegado y por lo tanto no existe? Y que ¿apenas lo estoy construyendo en el presente?

De otro lado entender la naturaleza de los demás, es otra forma de desarrollar la paciencia. Como nadie es perfecto, y cada quien tiene su propio tiempo para desarrollar tareas y encargos, no puedo pedir inmediatez en la ejecución de algo, si esa persona no tiene los recursos físicos o mentales para lograr dicho cometido. Este puede ser el principio del padre sabio, del buen jefe, la esposa comprensiva o el amigo tolerante.

Así cambiar la impaciencia por paciencia es un ejercicio complejo en el presente, que de practicarse todos los días, a futuro, nos ayudará a superar cualquier meta, sin importar cuánto dure o qué tipo de dificultad implique.

Sabemos que no es fácil desarrollar la paciencia y que se requiere de enormes cargas de motivación y trabajo concentrado, por supuesto paciente, para lograrlo. Las investigaciones con personas que practican la oración, el yoga y/o técnicas de meditación como método para desarrollar la paciencia, demuestran cómo se pueden reducir los procesos estresores y mejorar los estados de salud y así conseguir vivir más tiempo.

Yo creo que ser paciente me hace más feliz. Y que cuando soy paciente, soy fuerte y soy capaz de comprender el odio, la ansiedad, el enojo, la tristeza y el miedo.

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