Todo por un “like”.

girl-1792944_960_720Yo creo que he perdido el rumbo, si dependo de un “like”.

Se que el dedito parado, es el indicador ficticio de la autoestima. Ese “like”, en cuanto a cantidad, es el que determina, debajo de la foto, si subo al cielo de la vanidad, o bajo al infierno de la ansiedad y la desesperación, y pierdo mi tranquilidad, porque me hace depender de la aprobación de los demás, y de esta forma castigo mi valía, o premio mi ego. Al hacer un inventario en las redes sociales,  yo creo que todas ellas, conforman una egoteca.

La foto del perfil y las demás, son una mentira. Solo se sube aquella que ha pasado por la evaluación y la censura de la estética. No hay espacio para los feos, para los escenarios pobres, o las imperfecciones del cuerpo; pues se ocultan gracias a los trucos incorporados a las cámaras que también sirven para hacer llamadas telefónicas. Todos quedamos eternizados, en esas imágenes con “botoxshop”, y cirugías electrónicas tan impresionantes, que hasta me sorprendo con tanto estiramiento cutáneo y colores de piel inverosímiles.

El texto pasa a un segundo plano. El bombardeo de imágenes se torna intenso y abrumador, debido a que satura con información narcisista, que sólo importa al autor y protagonista de la foto, quien al mismo tiempo pretende despertar la envidia en los demás, con la supuesta felicidad en la que vive, llena de alimentos, paseos, fiestas, y grupos de amigos sonrientes, eso sí, porque la foto se repite hasta que queden todos bonitos y con expresión feliz, proceso difícil de lograr en la primera toma.

“Virtualmente” vivimos en un mundo falso, para ocultar nuestro infierno interior.

La foto tiene la magia del recuerdo, desde la posibilidad de congelar el tiempo. Sólo le interesa a quien vivió esos momentos. Porque para los demás, es una expresión de exhibicionismo psíquico de la intimidad de cada persona, que permite darle rienda suelta a su voyerismo social.

¿Por qué nos gusta publicar intimidades, para después disgustarnos por la reacción libre, espontánea y perversa de los demás?

Si me atrevo a publicar, es porque estoy dispuesto a recibir comentarios de todo tipo. Para eso, entonces más bien me abstengo de la exposición, pienso yo.

Todo por un “Like”, por lo tanto, yo creo que no puedo vivir, desde el qué dirán. Porque si así fuera, mi vida estaría limitada al permiso y el juicio de los demás.

De por sí, el proceso de vivir ya es complejo, y se enturbia más, cuando creo que cada paso que doy debe obtener el beneplácito de los otros.

Ahora, el respeto por la persona, su dignidad, y el amor propio, así como todo su valor moral y espiritual, no pueden ponerse en tela de juicio. Lo doy por descontado. La palabra, la opinión y el criterio del otro son valiosos de por si, siempre y cuando cumplan con unas reglas mínimas de convivencia. La agresividad, la violencia y el matoneo en redes, dice mucho del miedo profundo de los agresores y detractores que, desde su inferioridad, esperan acobardar al otro; sin embargo, en algunos casos, se encuentran con la inteligencia emocional de aquellos que están más allá de los comentarios mal intencionados.

Estamos enajenados, condicionados por el sonido y el destello de las pantallas, que indican que ha llegado un mensaje. Parecemos zombies caminando sin mirar hacia adelante, clavados en el dispositivo móvil, esperando que la vanidad se alimente.

Nos estamos quedando solos, todo por un “like”; sin conversaciones valiosas y significativas, con temas tan superficiales, que son sintomáticos en una cultura ligera, que escribe y habla rápido en una carrera contra el tiempo.

Las redes sociales nunca reemplazarán la presencia física del otro, su abrazo y calor fraterno.

Propongo una desconexión electrónica, para lograr un contacto más humano existencial y significativo, por ejemplo en pareja, a partir del sagrado placer de la conversación, a la luz del sentimiento en vivo y en directo, con la calidez de un beso y un abrazo, muy diferente a lo que me hace sentir un frío emoticón.

Lo terapéutico de las noches oscuras.

tree-736885_960_720Yo creo que, al caminar por la vida, es posible pasar por noches oscuras.

En cada paso que doy, percibo que el camino está iluminado por fuentes de luz que tienen un toque de paranormales, por el mensaje espiritual que portan y porque debo leerlos desde la fe y la esperanza, entonces me asombro por el milagro que está más allá de la mirada normal. Continuar leyendo

¿Soy competente?

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Yo creo que existe diferencia entre ser competente y ser competitivo. Mientras que el primero se refiere a ser capaz desde el talento y la suma de habilidades, logradas a pulso y fruto del esfuerzo sostenido, el otro está asociado al proceso de vencer, midiendo fuerzas con un oponente para determinar quién es mejor, incluyendo la posible trampa que se haya maquinado para alcanzar la meta; pues para estos individuos, lo importante es llegar primero, no importa si se ha alcanzado, utilizando métodos fraudulentos.

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La hermosa ingenuidad frente a la verdad.

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Yo creo que nuestra ingenuidad evita que veamos la realidad. Y creo que a veces preferimos vivir en un mundo de fantasía, antes que enfrentar los horrores del mundo real.

En un principio nos educaron para creer en todo lo que decían los libros de texto, como una verdad incuestionable. Principalmente los de historia, en donde aparecían héroes maravillosos, que habían conquistado territorios y aumentado sus imperios, pero que nunca declaraban los costos de estas gestas y las consecuencias en vidas humanas y ecosistemas afectados. Continuar leyendo

“Después lo hago” no existe

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Yo creo que soy un gran mentiroso cuando me digo: “luego lo hago”. Yo creo que “después”, no existe.

El tiempo pasa inexorablemente y pierdo el tiempo, mi valioso y escaso tiempo, cuando dejo para más tarde lo que puedo y debo hacer ahora mismo. Desde lavar los platos, terminar el informe, organizar el papeleo contable, o la llamada telefónica para solucionar un problema menor, hasta postergar esa conversación importante: todo esto es procrastinar si lo dejo para mañana pudiéndolo hacer ahora, pues, si no es ahora, ¿cuándo?

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Padres: ¿culpables o inocentes?

Yo  creo que no existen padres perfectos…y mucho menos culpables o inocentes; sólo existen hombres y mujeres que desde el amor buscan la felicidad de sus hijos; sin embargo en el cuidado y conducción de muchachos adolescentes cometemos errores que pueden evitarse, si contamos con herramientas eficaces.

A continuación  ofreceré un pequeño listado de algunos de los “pecados” que cometemos los padres. Y que no tiene por objeto desarrollar sentimientos de culpa, sino por el contrario, iniciar una reflexión seria y profunda en relación con nuestro papel como educadores de hijos adolescentes. Esto quiere decir, tomar conciencia de lo qué hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos en materia educativa juvenil.

Pecado No. 1  Evitar que se rebelen.

La adolescencia es la época propicia para la rebeldía y el desacato. Lo normal es que los hijos se rebelen y estén opuestos a muchas de nuestras decisiones en materia de autoridad. Lo importante saber conciliar y vencer con el poder de los argumentos.

Pecado No. 2 Desconocer los nuevos paradigmas del aprendizaje.

Hoy la forma de estudiar y aprender no es la misma del pasado. El libro como lo conocimos hace parte de los museos; ahora el computador es el nuevo paradigma y por supuesto todo lo que se puede hacer con él.

Pecado No. 3 Restarle importancia al ambiente familiar

Para un adolescente, la familia es lo más importante, porque a pesar de discutir y pelear, es su punto de referencia y lugar de acogida y amparo. Lo peor que le puede pasar a un adolescente es tener una familia destruida.

Pecado No. 4 Negar la nueva cultura.

Pelear contra el reguetón  y todas aquellas formas culturales de expresión juvenil, va en contravía de lo que el adolescente gusta y busca. Los padres de familia podemos sacar provecho de esa cultura, para educar.

Pecado No. 5 Compararlos

Nada tan dañino y poco educativo que el acto de comparar a lo hijos adolescentes y mucho más cuando el padre se ofrece como ejemplo a imitar. La frase: “es que yo a su edad ya”… no tiene validez, ni es útil con el joven de hoy. Continuar leyendo

¿ Va el Niño-Dios de compras?

christmas-2979751__340Yo creo que el Niño Jesús no va de compras a los centros comerciales.  Estoy seguro que son los papás y las mamás quienes sí lo hacen.

Desde hace muchos años, conozco la controversia surgida en torno a la pregunta de si es conveniente o no, ilusionar a los pequeños con el regalo del Niño Jesús. Más allá de la pérdida de fe, que genera la desilusión posterior al descubrir la verdad; lo más grave creo, es asociar el nacimiento de El Hijo de Dios, con regalos materiales.

Para quienes creemos en los regalos de la espiritualidad, es suficiente con sentir la presencia del amor encarnado, naciendo en el corazón de cada uno de nosotros.

El Dios Niño, no sabe de marcas de bicicletas, ni distingue cual es la muñeca que lo puede hacer todo… y curiosamente sí conoce muy bien, la talla de los uniformes del año entrante y tiene una letra muy parecida a la de mi papá o a la de mi mamá.

El Niño Jesús que yo conocí era muy injusto…pues, frente a la promesa que vendría con un regalo si me portaba bien, éste nunca llegaba con lo “pedido”, a pesar de mis buenas notas en el colegio. Y sí dotaba de excelentes obsequios, a mis familiares quienes habían perdido el año.  Era un Niño Jesús “clasista”, que permitía divertirse, a mis amigos de la “estratosfera”, con juguetes importados.

No me imagino al Niño Dios apurado el 24 de Diciembre, con una lista de regalos sin comprar.

Yo creo que a los niños en Navidad, les podemos enseñar a dar regalos y viandas deliciosas como un acto humano de generosidad propio de la época…

Yo creo en los aguinaldos que se dan sin compromiso, como una forma de compartir en este mes y creo en las compras navideñas para festejar y vivir en familia y con amigos.

Pero, no creo en un Niño Jesús que, en forma selectiva, obsequia a unos y despoja a otros.

Creo que la navidad es un tiempo de fiesta y reflexión, de amor y compartir, sin excesos y gastos innecesarios, para evitar que esta maravillosa época se asocie con depresión como en el síndrome del villancico.

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