¿Qué me apasiona?

musician-2148871_960_720Yo creo que la pasión es el motor de la vida. Y que, definitivamente, uno de los descubrimientos más tenebrosos que hacemos, es constatar que nada nos apasiona… por lo tanto, concluyo: ¿para qué vivo?
Así la pregunta fundamental a la hora de evaluar nuestra existencia es: ¿qué me apasiona?... Para identificar luego, aquello por lo cual vale la pena vivir. Entonces, si la pasión es el motor, eso quiere decir que el deseo es, en última instancia, el directo encargado de darnos la suficiente energía para ir en pos de lo que queremos; pues en la vida es muy importante saber lo que queremos, para ir por ello y en ese propósito,la pasión y el deseo son obligatorios para lograr metas y objetivos.
Trabajar con pasión por aquello que queremos, es lo mejor que nos puede pasar. Desear intensamente algo para conseguirlo es la razón de la existencia. Levantarse diariamente con un propósito, nos da la motivación necesaria para darle sentido a la vida.
En otras palabras, estamos hablando del “sin sentido” que tiene la existencia, en sí misma, si no le encontramos horizontes. Cada minuto que pasa puede ser vacío, si no encontramos el propósito.
Por lo tanto ¿por qué no siento pasión? Porque desde niño me robaron toda posibilidad de soñar al confrontarme desde muy temprano con la realidad. Recordemos que el tiempo del niño es el tiempo para soñar. Porque como adolescente me cortaron las alas de la imaginación, donde era poderoso y capaz, para sumirme en la tristeza de la incomprensión y la soledad selectiva, merced al rechazo de quienes, por el contrario, deberían haberme acompañado, pese a mi rebeldía. Porque castigaron mi “niño interior”, obligándome a madurar y a comportarme como un hombre serio, antes de tiempo, afectando mi proyecto de felicidad.
En definitiva, me apasiono porque tengo sano y libre el “niño interior”, que todo lo puede, todo lo quiere, todo lo sabe y todo lo sueña y lo consigue para su propio deleite, y para enriquecer de sentido su propia vida, con la capacidad de disfrute y goce que todo niño posee.
Yo creo que lo que me apasiona es todo aquello que puedo y me permito disfrutar pues, al fin y al cabo, disfrutar es la consecuencia lógica de hacer las cosas… con pasión.

Cuestión de disciplina

Yo creo que el secreto está en la disciplina. Y descubro que a la base de muchas actividades humanas se encuentra la capacidad de controlar nuestros pensamientos y comportamientos. Y si desde chicos nos educamos en el autocontrol, tendríamos, no solo una cultura mejor, sino unas generaciones de seres humanos más competentes y productivos.

Para la muestra este botón, que nos enseña el poder de la concentración y el trabajo dedicado, de quienes saben aprovechar el potencial de los jóvenes. Ya que no solo se trata de niños talentosos, sino también de maestros especiales que saben cómo lograr procesos educativos, que valgan la pena.

En el fondo, la idea es ponderar el valor de nuestros talentos, que bien canalizados pueden hacernos cambiar nuestra perspectiva del mundo. Pues, en vez de quejarnos tanto, podríamos enfocar todos nuestros esfuerzos en lograr la transformación de nuestras realidades.

Vinimos a la tierra para hacer cosas grandes.Y para ello es fundamental reconocer que los seres humanos tenemos mucho para dar; demasiado por hacer y sobre todo, metas por alcanzar.

Y si no es ahora, ¿cuándo?

Definitivamente, yo creo que es cuestión de disciplina y por supuesto de método.

La lógica del “para qué”

sunset-2448433_960_720Yo creo que para poder vivir se necesita un para qué. Y tiene sentido cuando me despierto cada mañana, con la motivación por el logro, con el deseo de la meta por alcanzar.  Pues una vida sin objetivos, gracias al pensamiento sin propósito, produce un vacío existencial debido a la carencia de rumbo.

Entonces, surge la pregunta depresiva: ¿para qué vivo? Y con razón, aquel que ha perdido el horizonte, no encuentra más remedio que refugiarse en sus pensamientos tristes y derrotados, para encontrar en la muerte la única salida posible, al cerrado laberinto de su desmotivación.

Tener un “para qué”, ayuda a vislumbrar un mañana hipotético, para mantener viva la esperanza en algo o en alguien.

El “para qué” sirve de aliciente para quien sueña con ver crecer a sus hijos, por ejemplo.

Diseñar un “para qué” colabora al crecimiento de una empresa, que tiene en sus creadores la ilusión del futuro, o si no para qué todo este esfuerzo creativo.

Vivir con un “para qué”,  nos dá la certeza de que el presente vale la pena por la construcción misma del proceso. Porque con mi presente, voy construyendo futuro.

Sin los “para qués” la vida no tiene sentido. O si no: ¿Para qué me caso? ¿Para qué estudio? ¿Para qué trabajo? ¿Para qué gano dinero?, ¿Para qué discuto o defiendo mis derechos? ¿Para qué estoy viendo este atardecer frente al mar?. ¿Para qué escribo este blog?

La vida en sí misma no tiene sentido. Necesita de nosotros para que le demos un sentido, apoyados en nuestra capacidad creativa.  Pues nuestro pensamiento, puede lograr que cada amanecer sea glorioso o cada despertar sea la peor pesadilla.

Todo depende de nuestra percepción de la vida. Porque el para qué solo tiene lógica para quien se da permiso de apostarle al futuro. Para quien tiene esperanza y no permite que otros se la arrebaten. Para quien a pesar de las condiciones adversas, es capaz de ver la luz al otro lado del túnel, por oscuro y negro que esté el camino.

Yo creo que el “para qué” es muy importante, cuando se ha descubierto el poder creativo de la mente proyectada hacia el logro de metas y objetivos.

Entonces la lógica del para qué, es un asunto demasiado subjetivo, que sólo puede encontrar quien tiene ojos para ver y comprender la gramática del deseo; desde el poder, desde el saber o desde la pasión.

¿Qué sentido tiene vivir?

Yo creo que la intensidad del deseo es proporcional a la claridad de la meta. Es decir, cuando desde el fondo del corazón deseamos algo y tenemos claro lo que queremos, vamos creando oportunidades para lograr nuestros objetivos.

Sin embargo la cosa no es tan sencilla. No basta con desear; se necesita trabajar, intensa, amorosa y creativamente por lo que queremos.  Las cosas no “caen” del cielo si no se ha construido el respetivo merecimiento. Si no se ha sembrado la semilla adecuada para el crecimiento de nuestros sueños.

Yo creo en los sueños. Creo en el poder de los sueños. Creo que la vida tiene sentido cuando nos proponemos metas e ilusiones. Cuando hemos visualizado nuestro objetivo y lo creemos real. Cuando desde la fe nos anticipamos y declaramos que ya existe, que ya es.

Creo en el campo de todas las posibilidades.  Creo que la palabra decreta y creo que el pensamiento es poderoso cuando se proyecta no solo desde la creatividad, sino en la materialización de consecuencias concretas; pues creo que la palabra tiene poder cuando se convierte en acción.

Este es el motivo, el para qué, el sentido que mueve mi vida. Si no, de lo contrario, levantarme cada mañana sería una experiencia vacía, pues ¿para qué un nuevo día?

Creo que siempre hay un nuevo amanecer; creo en la esperanza de una puerta que se abre; en la posibilidad de una mano que se tiende cuando la necesitamos. Y principalmente creo que teniendo metas, cada día se llena de motivos para vivir.

Toma tiempo para descansar y meditar

Yo creo que es importante tomar tiempo para                                                        descansar y meditar

Yo creo que es fundamental, tomar tempo para uno mismo.

Te invito a que hagas este ejercicio. Busca un sitio que sea íntimo y muy tranquilo, que esté protegido de distracciones.

Respira lentamente, procura que nada aprisione tu cuerpo, suelta tu ropa y descansa.

Toma aire profundamente por la nariz y luego lo expulsas por la boca, muy lento, muy despacio.

Este ejercicio se podría llamar “un alto en el camino”. Es muy importante que seas honesto contigo mismo.

Imagina que tienes el poder de detener tu vida hoy, aquí mismo.

Revisa entonces que “cosas” has amado en la vida….”cosas”… no personas.

Qué te has dado el permiso de saborear, contemplar, oler, ver, tocar, escuchar, sentir.

Repasa un poco qué experiencias complicadas y difíciles has vivido y qué personas te han ayudado a liberarte.

Qué “programaciones” has dejado atrás.

Piensa por un momento, con qué creencias y convicciones has caminado.

Cuáles han sido tus ideales hasta el momento.

Qué es para tí, el amor, la justicia, el equilibrio, la paz.

Piensa y siente, qué riesgos has corrido y en qué peligros te has metido, porque tú los has buscado.

Piensa, qué experiencias dolorosas o que te hayan hecho sufrir, también te han ayudado a crecer como persona.

Ahora piensa y siente, de qué te culpabilizas o te hace sentir, que no has cumplido.

Siente y piensa qué metas has alcanzado y qué deseos no has logrado satisfacer.

Piensa y siente, a qué le tienes miedo.

Luego de un rato de meditación y reflexión, has un buen propósito de cambio e inicia el proceso de reconciliación contigo mismo…porque creo que siempre hay amanecer, existe la esperanza de que podemos volver a comenzar

En el camino del éxito

Yo creo que Al Wang tiene razón cuando dice que “El éxito depende más del sentido común que de la genialidad.” Y para poder entrar en el camino del éxito es necesario elaborar un proyecto de vida creativo.

Además de presentar el proyecto, será obligatorio acompañarlo de una propuesta de liderazgo situacional. Es decir, cada proponente, deberá liderar su proyecto, para lograr las metas esperadas.

En palabras de Leon Tolstoi, “Todos sueñan con cambiar a la humanidad…  pero nadie sueña con cambiarse a sí mismo”. Esto significa que no podemos esperar que los demás cambien, sino comenzar con el propio cambio. Con razón se dice por ahí, que “si yo cambio, los demás cambian”. Y la sabiduría popular pregona: que “con tu cambio haces que los demás cambien“. Entonces se hace obligatorio, que quien quiera tener éxito, trabaje de manera personal en su propio cambio, para luego invitar a otros a hacer parte del proceso.

Ser exitoso es un proceso largo y continuado donde intervienen las capacidades intelectuales, emocionales y físicas de la persona y por supuesto el aporte de la genética a partir de la herencia y todo lo que se aprende a lo largo de la vida.

Un exitoso se conoce porque orienta sus acciones, trabajos y tareas hacia el logro de metas y objetivos.

Para tener éxito, es importante auto-conocerse.  Saber quién soy, qué quiero y qué puedo lograr.

De otro lado se necesita experticia en la toma de decisiones y habilidades para resolver problemas.

Y talento para formar equipos de alto rendimiento. El secreto está en saberse rodear de personas claves. “El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija” dicen las mamás con sabia frecuencia.

En síntesis, el éxito comienza con la pregunta ¿qué quiero?; para luego trabajar intensa, amorosa y creativamente por lo que se quiere.

El broche de oro lo pone la oportunidad.

Recuerdo al profesor, aquella mañana del primer día de clase, cuando, luego de mirarnos en silencio, escribió esta fórmula en el tablero: E = P+O. Y luego, con tono solemne sentenció: El éxito, es la suma de la preparación para aprovechar la oportunidad.

Qué podemos y qué no, en la formación de los hijos

Creo que, entre los padres de familia, gravita una constante preocupación en torno a nuestro papel en el proceso formativo de los hijos.

Por estos días asistí a un taller de padres de familia, organizado por un importante colegio de la ciudad y gracias a las variadas actividades propuestas esa noche, me llamó la atención un texto, que precisamente por lo sencillo, posee esa profundidad característica, solo perceptible para quienes tienen ojos para ver y oídos para oír.

Al texto original, le he hecho algunas modificaciones gramaticales y de forma pero no de fondo, para hacer más fluida la lectura.

Al mismo tiempo, como desconozco el autor del mismo, pido a mis lectores, me iluminen, el origen del escrito.

El texto comienza así:

Hijo, hija:

Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti.

Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprenderlas.

Puedo dirigirte, pero no responsabilizarme por lo que haces con tu vida.

Puedo instruirte en lo qué es malo y bueno, adecuado e inadecuado; pero no puedo decidir por ti.

Puedo darte amor, pero no puedo obligarte a aceptarlo.

Puedo enseñarte a compartir, pero no puedo forzarte a hacerlo.

Puedo hablarte del respeto, pero no te puedo exigir que seas respetuoso.

Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo seleccionarlas por ti.

Puedo educarte acerca del sexo y la sexualidad, pero no puedo dirigir y controlar tus conductas sexuales.

Puedo hablarte acerca de la vida, pero no puedo construir una reputación para ti.

Puedo decirte y mostrarte que el licor es peligroso, pero no puedo hacer que te abstengas de consumir, si no es una decisión tomada por ti.

Puedo advertirte acerca de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.

Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas, pero no puedo alcanzarlas por ti,

Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.

Puedo darte pistas en cuanto a la ética, pero no puedo hacerte una persona moral.

Puedo explicarte cómo vivir, pero no puedo vivir por ti.

Hijo, puedes estar seguro de que hago todo esto… porque te amo. Sin embargo, lo que hagas con tu vida, dependerá de ti…

Y aún cuando esté a tu lado, como padre, las decisiones trascendentales de tu vida, solo tú podrás tomarla.

Yo creo que, al menos el texto ilustra qué podemos hacer los padres y que no, en relación con la formación nuestros hijos. Y confrontarnos día a día con la pregunta: ¿qué estilo parental requieren nuestros hijos hoy?

Espero comentarios, para enriquecer la reflexión.